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Surat Ta-Ha (Oh Hombre)

La guía que Dios ofrece al hombre

16/07/2014 - Autor: Redacción - Fuente: Webislam
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Surat Taha | Duración: 00:30:10 | Idioma: Árabe

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Taha

Ta-Ha (Oh Hombre)

A cerca de la traducción del título de este sura por “Oh Hombre”, véase la nota 1 más abajo. Al igual que el sura anterior, su posición en la cronología coránica no es difícil de establecer. A pesar de las vagas aseveraciones de algunas autoridades de que fue revelado durante la última fase (o aun en el último año) de la estancia del Profeta en Mecca, sabemos con certeza que era bien conocido por sus Compañeros en fechas tan tempranas como el año sexto de su misión (o sea, al menos siete años antes de que abandonara Mecca camino de Medina): porque fue precisamente este sura el que cayó por esas fechas en manos de Umar ibn al-Jattab --hasta entonces enemigo implacable del Profeta-- accidentalmente, y fue instrumento en su conversión al Islam (Ibn Saad III/1, 191 ss.).

El tema central de Ta Ha es la guía que Dios ofrece al hombre a través de Sus profetas, y el hecho de que las verdades fundamentales que se postulan en todas las religiones reveladas son idénticas: de ahí, la larga historia de Moisés en los versículos 9-98, y la referencia a la “clara evidencia de la veracidad de esta escritura divina”, e.d., el Qur’án, que se deduce de “lo que contienen las escrituras anteriores” (versículo 133).

بسم الله الرحمن الرحيم

¡OH HOMBRE! (1) No hemos hecho descender este Qur’án sobre ti para hacerte desgraciado, (2) sino como exhortación para todos los que temen a Dios: (3) una revelación de Aquel que ha creado los cielos y la tierra -- (4) el Más Misericordioso, asentado sobre el trono de Su omnipotencia. (5) De Él es cuanto hay en los cielos y cuanto hay en la tierra, y también cuanto hay entre ambos y cuanto hay bajo la tierra. (6) Y si dices algo en voz alta, Él lo oye -- pues, ciertamente, conoce hasta los secretos pensamientos del hombre y también cuanto es aún más recóndito en él. (7) ¡Dios --no hay deidad sino Él; Suyos en exclusiva son los atributos de perfección! (8) Y, ¿HA LLEGADO a tu conocimiento la historia de Moisés? (9) He ahí, que vio un fuego en el desierto; y dijo a su familia: “¡Quedaos aquí! Puedo distinguir un fuego a lo lejos: quizá pueda traeros de allí una tea, o encuentre guía en el fuego.” (10) Pero cuando se aproximó a él, una voz exclamó: “¡Oh Moisés! (11) ¡En verdad, Yo soy tu Sustentador! ¡Quítate las sandalias pues, ciertamente, estás en el valle dos veces sagrado, (12) y te he escogido como enviado Mío: escucha, pues, lo que se te revela. (13) “¡Ciertamente, Yo --sólo Yo-- soy Dios; no hay más deidad que Yo! Así pues, ¡adórame sólo a Mí, y sé constante en la oración para recordarme! (14) “Ciertamente, aunque he dispuesto mantenerla oculta, la Última Hora ha de venir, para que cada ser humano sea recompensado por lo que se esforzó en conseguir. (15) Así pues, ¡no permitas que nadie que no crea en su venida y que sigue sólo sus deseos te aparte de creer en ella, no sea que perezcas! (16) “Y, ¿qué es eso que tienes en tu mano derecha, Oh Moisés?” (17) Respondió: “Es mi vara; en ella me apoyo; y con ella vareo los árboles para mis ovejas; y tiene otros muchos usos para mí.” (18) Dijo: “¡Tírala, Oh Moisés!” (19) Entonces la tiró --y, he ahí, que era una serpiente que se movía con rapidez. (20) Dijo: “Cógela, y no temas: la devolveremos a su condición primera. (21) “Ahora pon tu mano en tu costado: saldrá luminosamente blanca, sin mácula, como otro signo de Nuestra gracia, (22) para mostrarte algunos de Nuestros más grandes portentos. (23) “Ve a Faraón: pues, en verdad, ha excedido todos los límites de la equidad.” (24) Moisés dijo: “¡Oh Sustentador mío! Abre mi corazón a Tu luz, (25) y facilítame mi misión, (26) y suelta el nudo de mi lengua (27) para que puedan entender bien mis palabras, (28) y nombra, de entre mi gente, a uno que me ayude a llevar mi carga: (29) Aarón, mi hermano. (30) ¡Refuérzame con él, (31) y hazle partícipe de mi misión, (32) para que juntos alabemos mucho Tu infinita gloria (33) y Te recordemos sin cesar! (34) ¡Ciertamente, Tú ves dentro de Nosotros!” (35) Dijo: “¡Se te concede todo lo que has pedido, Oh Moisés! (36) “Y, en verdad, te dimos Nuestro favor en otra ocasión, (37) cuando inspiramos a tu madre con esta inspiración: (38) ‘Ponlo en un canasto y luego ponlo en el río, y entonces el río lo llevará a la orilla, y alguien que es enemigo Mío y enemigo suyo lo recogerá.’“Y ya entonces derramé Mi amor sobre ti --y lo hice para que fueras formado bajo Mi mirada. (39) “Y estabas bajo Mi mirada cuando tu hermana fue a la gente de Faraón y les dijo: ‘¿Queréis que os indique a una mujer que puede hacerse cargo de él?’ Y así te devolvimos a tu madre para que se alegraran sus ojos, y no estuviera triste por más tiempo.“Y siendo ya adulto, mataste a un hombre: pero te libramos de la desgracia, si bien te probamos con diversas pruebas.“Y luego pasaste algunos años entre la gente de Madián; y ahora has venido aquí tal como fue ordenado por Mí, Oh Moisés: (40) pues te he escogido para Mi servicio. (41) “Id, pues, tú y tu hermano, con Mis mensajes, y no os canséis de recordarme: (42) id, ambos, a Faraón: pues, ¡en verdad, ha excedido todos los límites de la equidad! (43) Pero habladle con suavidad, para que pueda recapacitar o al menos se llene de aprensión.” (44) Dijeron ambos: “¡Oh Sustentador nuestro! Tememos, en verdad, que se propase con nosotros, o que continúe excediendo los límites de la equidad.” (45) Respondió: “¡No temáis! En verdad, estaré con vosotros, oyendo y viendo todo. (46) Id, pues, ambos a él y decidle: ‘Ciertamente, somos enviados de tu Sustentador: deja, pues, que partan con nosotros los hijos de Israel, y no les hagas sufrir más. Hemos venido a ti con un mensaje de tu Sustentador; y debes saber que Su paz será sólo con aquellos que siguen Su guía: (47) pues, ciertamente, nos ha sido revelado que en la Otra Vida el castigo recaerá sobre aquellos que desmienten la verdad y se apartan de ella’” (48) Pero cuando le fue transmitido el mensaje de Dios, Faraón dijo: “Y, ¿quién es ese Sustentador vuestro, Oh Moisés?” (49) Respondió: “Nuestro Sustentador es Aquel que da a todo lo que existe su verdadera naturaleza y forma, y luego lo guía hacia su plenitud.” (50) Faraón dijo: “Y, ¿qué ha sido de todas las generaciones pasadas?” (51) Moisés respondió: “Sólo mi Sustentador sabe de ellas, y está escrito en Su decreto; mi Sustentador no yerra, ni olvida.” (52) ÉL ES QUIEN ha hecho de la tierra vuestra cuna, y os ha trazado en ella vías para que os ganéis el sustento, y quien hace caer agua del cielo: y mediante ella hacemos brotar diversas clases de plantas. (53) Comed, pues, de estos frutos de la tierra, y apacentad en ella a vuestros ganados.Ciertamente, en todo esto hay en verdad mensajes para quienes están dotados de razón: (54) de esta tierra os hemos creado, a ella os devolveremos, y de ella os haremos surgir de nuevo. (55) Y, EN VERDAD, hicimos a Faraón consciente de todos Nuestros mensajes --pero los desmintió y rehusó darles crédito. (56) Dijo: “¿Has venido a expulsarnos de nuestra tierra con tu magia, Oh Moisés? (57) En ese caso, ¡ciertamente, produciremos ante ti una magia igual! ¡Fija, pues, una cita entre nosotros y tú --a la que ni nosotros ni tú faltemos-- en un lugar apropiado!” (58) Moisés respondió: “Vuestra cita será el día de la Fiesta Mayor; y que se convoque a la gente a media mañana.” (59) Entonces Faraón se retiró con sus consejeros y decidió su plan a seguir; y luego acudió a la cita. (60) Moisés les dijo: “¡Ay de vosotros! ¡No inventéis mentiras contra Dios, no sea que os destruya con un castigo: pues, ciertamente, quien inventa tales mentiras fracasará lamentablemente!” (61) Entonces debatieron entre ellos sobre qué hacer; pero mantuvieron secreto su consejo, (62) diciéndose unos a otros: “Ciertamente, estos dos son magos que se proponen expulsaros de vuestra tierra con su magia, y acabar con vuestra forma de vida, consagrada por la tradición. (63) Así pues, Oh magos de Egipto, decidid vuestro plan a seguir, y luego acudid como un solo cuerpo: pues, ¡en verdad, quien sea superior hoy, ciertamente prosperará!” (64) Los magos dijeron: “¡Oh Moisés! Arroja tú tu vara o arrojaremos nosotros primero.” (65) Respondió: “¡No! ¡Arrojad vosotros primero!”Y, he aquí, que por efecto de su magia, le pareció que sus cuerdas y varas mágicas se movían con rapidez: (66) y Moisés sintió aprensión en su corazón. (67) Pero dijimos: “¡No temas! ¡Ciertamente, tú serás superior! (68) Y ahora arroja esa vara que tienes en tu mano derecha --se tragará todo lo que han hecho: ¡pues lo que han hecho es sólo artimaña de mago, y el mago no alcanzará bien alguno, cualquiera que sea su propósito!” (69) Y así ocurrió -- y los magos cayeron al suelo, postrándose en adoración, y exclamando: “¡Creemos en el Sustentador de Aarón y de Moisés!” (70) Faraón dijo: “¿Creéis en él antes de que yo os dé permiso? ¡En verdad, él debe ser vuestro superior, el que os ha enseñado la magia! Pero, ¡ciertamente, haré que os corten las manos y los pies en masa, por vuestra perversidad, y, ciertamente, os haré crucificar en masa sobre troncos de palmera: y haré esto para que sepáis con certeza quien de nosotros dos es capaz de infligir un castigo más severo, y quien es más perdurable!” (71) Respondieron: “¡No hemos de preferirte a ti a toda la evidencia que nos ha llegado, ni a Aquel que nos ha creado! ¡Decreta, pues, lo que vayas a decretar: tú sólo puedes decretar en lo relativo a esta vida! (72) En cuanto a nosotros, ciertamente, creemos en nuestro Sustentador, esperando que nos perdone nuestras faltas y toda esa magia a que nos has obligado: --pues Dios es mejor como expectativa, y Aquel que es realmente perdurable.” (73) CIERTAMENTE, quien comparezca ante su Sustentador en el Día del Juicio hundido en el pecado –ciertamente, tendrá por destino el infierno, donde no podrá morir ni vivir; (74) mientras que quien comparezca ante Él como creyente, habiendo hecho buenas obras --esos tendrán posiciones de eminencia en la Otra Vida: (75) jardines de felicidad perpetua, por los que corren arroyos, en los que residirán: pues esa será la recompensa de todos los que se purifican. (76) Y, EN VERDAD, llegado el momento inspiramos esto a Moisés: “Parte con Mis siervos de noche, y ábreles un camino seco a través del mar; y no temas ser alcanzado, y no tengas miedo al mar.” (77) Y Faraón les persiguió con su ejército: y se vieron arrollados por el mar que estaba destinado a arrollarles (78) porque Faraón había extraviado a su pueblo y no les había guiado rectamente. (79) ¡Oh hijos de Israel! Así os salvamos de vuestro enemigo, e hicimos luego una alianza con vosotros en la ladera derecha del monte Sinaí, e hicimos descender sobre vosotros el maná y las codornices, diciéndoos: (80) “¡Comed de las cosas buenas de que os hemos proveído, pero no excedáis en ello los límites de la equidad no sea que caiga sobre vosotros Mi condena: pues, aquel sobre quien cae Mi condena se ha arrojado en verdad a su perdición total!” (81) Pero, aún así, ciertamente, perdono todos los pecados de aquel que se arrepiente, llega a creer, hace buenas obras, y luego se mantiene en el camino recto. (82) Y DIOS DIJO: “¿Qué hizo, Oh Moisés, que dejaras atrás a tu pueblo tan aprisa?” (83) Respondió: “Ellos vienen siguiendo mis pasos y yo me he adelantado hacia Ti, Oh Sustentador mío, por complacerte.” (84) Dijo: “Pues sabe que, ciertamente, hemos puesto a prueba a tu pueblo durante tu ausencia, y el samaritano les ha extraviado.” (85) Entonces Moisés regresó a su pueblo lleno de ira y pesar, y exclamó: “¡Oh pueblo mío! ¿No os hizo vuestro Sustentador una hermosa promesa? ¿Es que el cumplimiento de esa promesa os parecía excesivamente remoto? ¿O queréis, acaso, que la condena de vuestro Sustentador caiga sobre vosotros, y por ello habéis roto vuestro compromiso conmigo?” (86) Respondieron: “No hemos roto nuestro compromiso contigo por nuestra propia voluntad, sino que esto fue lo que ocurrió: se nos hizo cargar con las cargas impuras de las joyas del pueblo egipcio, y por eso las arrojamos al fuego, y también este samaritano arrojó la suya.” (87) Pero luego, --dijeron a Moisés -- el samaritano les había hecho con el oro fundido la efigie de un becerro que emitía un mugido; y entonces dijeron entre ellos: “¡Este es vuestro dios, y el dios de Moisés –pero él ha olvidado su pasado!” (88) ¿No veían acaso que esa cosa no les daba ninguna respuesta, y no tenía poder para dañarles ni beneficiarles? (89) Y, en verdad, ya antes del regreso de Moisés les había dicho Aarón: “¡Oh pueblo mío! ¡Sólo estáis siendo tentados al mal por medio de este ídolo –pues, ciertamente, vuestro único Sustentador es el Más Misericordioso! ¡Seguidme, pues, y obedeced mi orden!” (90) Pero respondieron: “¡No dejaremos de adorarlo hasta que Moisés vuelva a nosotros!” (91) Y ahora que había vuelto, Moisés dijo: “¡Oh Aarón! ¿Qué te impidió, al ver que se extraviaban, (92) abandonarles y seguirme? ¿Has desobedecido deliberadamente mi orden?” (93) Aarón respondió: “¡Oh hijo de mi madre! ¡No me agarres de la barba, ni de la cabeza! En verdad, temí que fueras a decir a tu regreso: ‘Has provocado una escisión entre los hijos de Israel, y no has acatado mis instrucciones!’” (94) Moisés dijo: “¿Cuál era tu propósito, Oh samaritano?” (95) Respondió: “He podido desvelar algo que ellos han sido incapaces de ver: y tomé entonces un puñado de las enseñanzas del Enviado y lo deseché: pues eso fue lo que mi mente me incitó a hacer.” (96) Moisés dijo: “¡Vete, pues! Y, ciertamente, tendrás que decir durante toda tu vida: ‘¡No me toquéis!’ ¡Pero, en verdad, en la Otra Vida te aguarda un destino del que no escaparás! Y ahora mira a esta deidad tuya de cuyo culto has sido tan devoto: ¡ciertamente, la quemaremos y luego esparciremos sus cenizas por el mar! (97) ¡Vuestra única deidad es Dios –Aquel aparte del cual no existe deidad, y que abarca todo en Su conocimiento! (98) ASÍ TE CONTAMOS algunas de las historias de lo que ocurrió en el pasado; y así te hemos dado, de Nuestra gracia, un recordatorio. (99) Todos aquellos que se aparten de él, habrán de llevar en verdad una pesada carga el Día de la Resurrección: (100) en ese estado permanecerán, y ¡qué horrible les resultará el peso de esa carga en el Día de la Resurrección! – (101) el Día en que se soplará la trompeta: pues ese Día congregaremos a todos los que habían estado hundidos en el pecado, nublados sus ojos por el terror, (102) susurrándose unos a otros: “No habéis permanecido sino diez días en la tierra....” (103) Pero Nosotros sabemos perfectamente lo que dirán cuando el más perspicaz de ellos diga: “¡No habéis permanecido allí sino un día!” (104) Y TE PREGUNTARÁN sobre qué será de las montañas cuando este mundo llegue a su fin. Di entonces: “Mi Sustentador las demolerá, esparciendo su polvo, (105) y dejará la tierra llana y lisa, (106) de forma que no verás en ella curva alguna, ni terreno escarpado.” (107) En ese Día, todos seguirán la Voz convocante de la que no habrá escapatoria; y se acallarán todas las voces ante el Más Misericordioso, y no oirás sino un leve murmullo. (108) En ese Día, no beneficiará más intercesión que la de aquel que sea autorizado por el Más Misericordioso, y cuya palabra de fe Él haya aceptado: (109) pues conoce cuanto está manifiesto ante los hombres y cuanto les está oculto, mientras que ellos no pueden abarcarle a Él con su conocimiento. (110) Y en ese Día todos los rostros se humillarán ante el Viviente, la Fuente Auto-Subsistente de Todo Ser; y fracasará lamentablemente quien arrastre una carga de iniquidad -- (111) mientras que quien haya hecho buenas obras, y haya sido además creyente, no tiene por qué temer injusticia ni menoscabo en sus merecimientos. (112) Y ASÍ hemos hecho descender esta escritura divina como un discurso en lengua árabe, y hemos dado en él múltiples facetas a toda clase de amonestaciones, para que los hombres se mantengan conscientes de Nosotros, o para que suscite en ellos una conciencia nueva. (113) Sabe, pues, que Dios está sublimemente exaltado, es el Supremo Rey, la Suprema Verdad: y sabiendo esto, no te precipites con el Qur’án, antes de que te sea revelado por entero, sino di siempre: “¡Oh Sustentador mío, auméntame en conocimiento!” (114) Y, EN VERDAD, impusimos antaño Nuestro mandamiento a Adán; pero lo olvidó, y no hallamos en él firmeza de propósito. (115) Pues así fue: cuando dijimos a los ángeles: “¡Postraos ante Adán!” –se postraron todos, excepto Iblís, que se negó a hacerlo; (116) y entonces dijimos: “¡Oh Adán! En verdad, este es un enemigo tuyo y de tu esposa: no dejéis que os expulse del jardín y te haga desgraciado. (117) Ciertamente, en él no pasarás hambre ni te sentirás desnudo, (118) y no pasarás sed ni sufrirás el ardor del sol.” (119) Pero Satán le susurró, diciendo: “¡Oh Adán! ¿Quieres que te indique el árbol de la vida eterna, y por medio de él un dominio que no se extingue?” (120) Y comieron ambos de él: y entonces se hicieron conscientes de su desnudez y comenzaron a cubrirse con hojas del jardín. Y así desobedeció Adán a su Sustentador, y así cayó en el extravío. (121) Luego, no obstante, su Sustentador lo eligió para Su gracia, aceptó su arrepentimiento, y le concedió Su guía, (122) diciendo: “¡Descended todos de este estado de inocencia, y sed en adelante enemigos unos de otros! Sin embargo, os llegará una guía procedente de Mí: y quien siga Mi guía no se extraviará, ni será desgraciado. (123) Pero quien se aparte de Mi recuerdo –tendrá una vida de estrechas miras; y en el Día de la Resurrección le haremos comparecer ciego.” (124) Y, en el Día de la Resurrección, el pecador preguntará: “¡Oh Sustentador mío! ¿Por qué me has hecho comparecer ciego, si en la tierra estaba dotado de vista?” (125) Dios responderá: “¡Así es: te llegaron Nuestros mensajes, pero te olvidaste de ellos; y así hoy serás tú relegado al olvido!” (126) Pues, así recompensaremos a quien se dilapida a sí mismo y no cree en los mensajes de su Sustentador: y, ¡en verdad, el castigo de tales pecadores en la Otra Vida será más severo y más duradero! (127) ¿ES QUE NO pueden esos que rechazan la verdad aprender del recuerdo de tantas generaciones como hemos destruido antes de ellos, –gentes por cuyas viviendas caminan ellos ahora? ¡Ciertamente, en todo esto hay en verdad mensajes para los dotados de entendimiento! (128) Pues de no ser por un decreto previo de tu Sustentador, que fija un plazo para el arrepentimiento de cada pecador, sería consecuencia ineludible que quienes pecan fueran castigados de inmediato. (129) Así pues, soporta con paciencia lo que digan quienes niegan la verdad, y proclama la infinita gloria de tu Sustentador y alábale antes de la salida del sol y antes de su puesta; y proclama Su gloria, también, en el transcurso de la noche así como durante las horas del día, para que obtengas satisfacción. (130) Y no dirijas tu mirada con anhelo hacia ese esplendor mundano que hemos permitido disfrutar a tantos otros para así ponerles a prueba: pues el sustento con el que tu Sustentador te provee es mejor y más duradero. (131) Y ordena a tu gente la oración, y persevera en ella. Pero recuerda: no te pedimos que Nos proveas de sustento: somos Nosotros quienes te proveemos. Y el futuro es de los conscientes de Dios. (132) PERO los que están ciegos a la verdad suelen decir: “¡Si Muhámmad tan sólo nos mostrara un portento de su Sustentador!” Pero, ¿no les ha llegado una prueba evidente de la veracidad de esta escritura divina en lo que contienen las escrituras anteriores? (133) Pues así es: si les hubiéramos destruido por medio de un castigo antes de que esta escritura divina fuera revelada, ciertamente habrían podido decir en el Día del Juicio: “¡Oh Sustentador nuestro! ¡Si tan sólo nos hubieras mandado un enviado, habríamos seguido Tus mensajes antes que vernos humillados y degradados en el más allá!” (134) Di: “Todos aguardan esperanzados lo que el futuro les depare: ¡aguardad, pues, al Día del Juicio -- qué entonces sabréis quién ha seguido el camino llano, y quién ha encontrado guía!” (135)




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