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Versos sobre la verdadera amistad y su ausencia por Ibn Arabi

Sobre la amistad

02/01/2012 - Autor: Yasmin Matuk
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Retrato de Ibn Arabi
Retrato de Ibn Arabi

“Anâ man ahwâ wa man ahwâ anâ”.

(Soy uno con quien amo y quien amo es uno conmigo)

(Hallây*)

En los siguientes versos, Abū Bakr Muhammad Ibn ‘Alī Ibn al-’Arabi (560-638 de la Hégira), más conocido como Ibn Arabi, (filósofo, poeta y místico sufí nacido en Murcia) describe con las palabras más delicadas y justas, su decepción al no poder encontrar un verdadero amigo que posea los valores más altos y estimables de fraternidad, virtuosismo y compañerismo. Percibe que cada ser humano está complacido con lo que hay en el dunya (mundo) y no alcanza a ver ni sus propios defectos que lo arrastran cada vez más al plano terrenal, ni los de su hermano. Considera que una persona con estas características no puede ni ser un leal amigo ni tampoco acceder a algún estadío espiritual que lo eleve hacia Allah.

En este poema se puede apreciar la cantidad de alegorías y referencias coránicas y recopiladas del hadiz, además de su inspiración de carácter filosófico-religioso, donde abundan reiteradas veces el conocimiento de Allah como poder supremo inigualable e inagotable y la inferioridad del ser humano como mero receptor de todas las bondades de su Señor.

Poema

Recuerdo mis faltas, que me agobian y me sumen en el llanto,

porque me destierran de la proximidad con Dios.

¿Cómo puede haber salvación en la forma en que malgasté mi vida?

Mi Señor me interrogará sobre ello el Día de la Resurrección.

¡Ojalá los oídos no hubieran oído las palabras de la pasión!

¡Ojalá los ojos no hubieran visto ninguna belleza!

¡Ojalá ni mis manos ni mis pies hubieran sido creados,

ni hubieran existido mi lengua y mi corazón…! (1)

Por el contrario, he sido creado para una vida dichosa,

luego mi Señor, pública o privadamente, me hubiera concedido el futuro,

y no habría adorado nada de lo que no beneficia. (2)

Cuando el Día de la Resurrección, el Misericordioso me pregunte por ello:

¡Ojalá no me lamente por los lugares que frecuentaba!

¡Ojala no añore ciertas moradas y campamentos!

¡Ojalá no haya seducido a bellas mujeres,

que cantan sobre divanes lamentando mi triste destino!

¡Ojalá no haya bebido esa cosecha de vino,

almacenada desde la época de Ibn Abi Yazan! (3)

¡Ojalá no haya ansiado cosas inalcanzables!

¡Ojalá no haya desperdiciado mi tiempo en causas de destrucción!

¡Ojalá no haya dado discursos sobre la ciencia y el conocimiento,

hasta que me llamaron un sabio erudito!

El maldito Iblis todavía juguetea conmigo,

y la agonía de mi pecado me quema interiormente.

¿Cuánto tiempo continuaría pecando y lamentándome por ello?

¡Tú -exaltado sea Tu Nombre- protégeme!

¡Cuántas mañanas y tardes malgasté en cosas

que me condujeron a la desgracia y me apartaron de la ventura!

¡Cuántas veces combatí con él (Iblis), oculto a los siervos de Dios,

mientras el ojo de Dios me observaba!

Ni siquiera la vergüenza ante el Misericordioso me disuade

de pecados que, si Él quisiera, podrían destruirme.

Y no hay amigos entre los hermanos que puedan despertarme

del sueño que me conduce al castigo de Dios.

No tengo más amigo que el que ve mi error

y me ofrece consejo de tiempo en tiempo.

El verdadero amigo es como el jabón que lava las prendas limpiándolas

del polvo, la inmundicia o la miseria.

Luego -desde mi derecha- escucho a mi compañero (4)

aguijoneándome, advirtiendo y conteniéndome:

“Amo, quiera Dios protegerte, escúchame por favor,

muchas veces he venido y el portero me ha impedido el paso”.

No es un ser humano que tú puedas golpear o lastimar,

pero tus actos serán elevados con la mortaja (del cadáver).

Míralo y mejora la imagen que Él crea.

Él es cortés si te vuelves un extraño en el mundo.

Es Él quien mantiene a tus dos enemigos (Satanás y el mundo) acorralados

cuando te atraen; y ésta es una de las mayores bendiciones.

Siguiendo su consejo, mi alma lo añoró,

y dijo: “¿Me aceptará el Misericordioso?”

“Oh alma, repliqué, cualquiera sea el curso que tomes,

Él vendrá corriendo hacia ti con bondad y bendiciones”. (5)

¡Amigo mío, que Dios te preserve!

Temía que dijeras, en tono amargo,

como alguien que, en su meta, se ha extraviado del camino correcto:

“Lo siento por mí mismo, lloro por mi negligencia,

y me lamento por el corazón que se ha apartado del camino del bien”.

Si la proximidad de mi Dios pudiera ser medida,

por la proximidad a Él de mi corazón, estoy por cierto muy lejos.

Si Él fuera a recompensarme por lo que he hecho,

entonces esa recompensa sería para devolverla.

Pero tengo esperanza en Él, abierta y secretamente,

y si esta pasión me es útil, ¡qué afortunado seré!

Soy como una luna llena cuya luz fue atenuada por la ignorancia,

pero luego Dios me devolverá Su felicidad.

Ni mi pecado, ni mis actos errados, me apartarán de Él.

Pues mi ofensa está más acorde conmigo en cuanto siervo.

Así como la generosidad, la hermosa clemencia, junto con Su aprobación,

son más dignas de coexistir con la Majestad de Dios.

La graciosa majestad es el atributo constante del Creador,

y la fe verdaderamente mora en mi. ¡Haz pues mía la dicha!

(Ibn al-Arabi)

(*). Abu`Abd Allah al-Hallây, famoso místico persa. Discípulo de al-Tustari y al-Yunayd, rompió con el sufismo tradicional para consagrarse a la predicación pública. Su actitud le trajo la inquina general: la de los esoteristas por difundir sus doctrinas al pueblo llano; la de los literalistas por sus ideas heterodoxas, y la de los políticos por considerarlo un agitador social. Finalmente, tras años de prisión, fue condenado a muerte por ateísmo y ajusticiado en la cruz; según se dice, lo condenó su famosa afirmación “Yo soy Dios”. Para él, el fin último de todos los seres es la unión con Al-lâh a traves del amor. Se destacó entre los místicos musulmanes por su renuncia a los placeres de la vida mundana y a los signos externos de la religiosidad.
1. Corán, 24:24 donde se afirma que la legua, las manos y los pies darán testimonio de las faltas en el Día del Juicio, incluso contra la voluntad de su dueño.
2. Corán 10:18 Adoran en lugar de Allah a algo que no los perjudicará ni los beneficiará.
3. Soberano yemení preislámico famoso por su poder y suntuosa vida.
4. Alusión o bien al angel de la derecha, que registra las buenas acciones, o al al-nafs al-lawwama(alma reprochadora).
5. Alusión al hadiz qudsi donde Allah afirma: “…y si él (mi siervo) viene hacia Mí caminando, Yo voy hacia él corriendo”, (Sahih Muslim).

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