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Poesía del «Mahyar» (2)

22/10/2007 - Autor: Zahra Contreras - Fuente: Verde Islam
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Poesía del Mahyar
Poesía del Mahyar

Igual

Igual es que escuches el consejo o lo desoigas,
¡oh alma!, pues el futuro es como el pasado.
La vida, cuando cesa, es como la vida cuando hace sufrir.
Quien vive tiene algo del que muere.
La pureza no se acerca y el libertinaje no se aleja.
El vaso, si rebosa, es como el vaso a medio llenar.
Las perlas auténticas permanecen sin mácula.
¡Cuántas mujeres livianas fueron vírgenes a la tumba!
Obra como quieras, corazón, no tengas temor:
Si fuiste oro no te hará daño el crisol.

(NASIB ´ARIDA, Emesa, Siria,1988-1946)


¡Oh, hermano mío!

¡Hermano mío! Tú que buscas la gloria, no seas obstinado,
camina conmigo por la Tierra, olvida la riqueza, el honor y tu ambición.
Yo estoy satisfecho con el cayado, ¡oh tú, que lanza llevas!
Y seré feliz con tu negro pan en el amor, y con tu sal.
Y olvidaré la herida de mi corazón siempre que vea tu herida.
Y cuando peques contra mí, yo te pediré perdón.

(Del mismo)


Embriaguez sin vino

Se fue la juventud y toda su alegría,
y la vida, tras su marcha, permanece cautiva.
Marchitáronse las flores de nuestros jardines
y el vergel sin flores es un desierto.
Nuestras jarras están vacías y su aspecto
es dolor amargo para quien se lamenta de tristeza.
No queda más que la poesía que vertemos
como vino hasta que la vida acaba.
¡Ay de los poetas! ¡Cuántas veces os saciasteis
de hambre! ¡Cuántas veces os embriagasteis sin vino!

(NADRA HADDAD, Emesa, Siria, 1882-1951)


Mi Patria

¡Oh patria de las estrellas! Estoy aquí. Mira: ¿Recuerdas quién soy?
En el lejano pasado viste un muchacho inexperto, alocado,
que alegre correteaba por tus campos como el céfiro, tarareando.
Todo lo comprado, lo poseído, no eran para él más que
lugar de sus juegos.
Trepaba por los árboles sin sentir cansancio ni fatiga
cogía las ramas afilándolas como espadas, como lanzas,
chapoteaba en el fango de la lluvia contento y feliz
sin temer la maldad de los ojos, sin que le amedrentara la maledicencia.
¡Cuántas diabluras hizo para que se hablara de él!
Yo soy aquel niño cuyo mundo estuvo aquí.
Yo, en tus aguas soy gota que se desbordó en riachuelos de luz,
yo soy un átomo de tu tierra que se agitó en cortejo de deseos;
yo soy, de tus pájaros, ruiseñor que cantó tu grandeza enriqueciéndose,
llevándose la sonrisa y la dulzura de tus regiones al resto del mundo.
¡Cuántas veces abracé tus colinas y aplaudí en el abismo!
Tus hijos extendieron la civilización y cultura a través de tu mar.
Tu noche reza, tu mañana llama a la oración
y el sol desciende lentamente por tus cumbres para no entristecerte.
La luna de abril ennegrece sus ojos con luz
y disuelve en la pupila de las vacas salvajes un suave y dulce hechizo.
El campo habla emocionadamente de las maravillas en nardos y azucenas,
el rocío cubre tus pastos, las ramas se llenan de frutos.
La Belleza vivía errante por la Tierra buscando un hogar
hasta que al aparecer tú ante ella, halló su morada y se instaló.
El Arte buscó la Belleza y tú fuiste la más hermosa.

(ILIYA ABU MADI, Líbano 1889-1957)


El bien y el mal

He oído en mis sueños, ¡oh maravilla!,
he oído a un diablo hablar dulcemente con un ángel
diciendo: -¡Ay y mil veces ay, hermano mío!
Si no existiera mi infierno, ¿dónde estaría tu cielo?
¿No somos gemelos hermanándose
en nosotros el secreto de la eternidad y el secreto de la
destrucción?
¿No hemos sido modelados de una sola esencia?
Aunque la gente me olvida, ¡olvidarás tú a tu hermano?-
Y meditó el hijo de la luz evocando
recuerdos de un tiempo antiguo,
y se llenaron de lágrimas sus ojos al inclinarse
implorando perdón a Dios y, abrazando al hijo del infierno
dijo: -¡Ay y mil veces ay, hermano mío,
de tu fuego ardiente me llegó la felicidad!
Y volaron los dos, costado
a costado, perdiéndose entre el bordado del mundo.

(MIJAIL NU´AYMA, Biskinta, Líbano, entre 1889 y 1984)


Si...

Si supieran las flores amantes del aire
las heridas de amor que hay en mi corazón,
disolverían el bálsamo de su perfume
para sanarme.

Si el ruiseñor viera entre las ramas
el fuego de mis entrañas en el agua de los párpados,
transformaría la tristeza de su poesía
en cantos que me consolasen.

Si la Luna, enamorada de las estrellas, supiera
cuántas preocupaciones me aquejan,
abandonaría las estrellas fugaces y desde su alcázar
bajaría para distraerme.

Si supiera la aurora que estoy velando
desde el céfiro del amanecer, por el largo desvelo,
humedecería los costados con sus gotas
para hacerme llorar.

(FAWZI MALUF, Zahla, Líbano, 1899-1930)


Mi madre

Aunque soplen con violencia los vientos de la preocu-
pación,
aunque rujan, furiosos, los truenos de la muerte,
en mis oídos, en la agonía, una voz
transforma para mí el silbido del diablo en melodía
y me alegra: es la voz de mi madre.

Aunque para mí se llenen las copas de acíbar,
y aunque el vaso de la vida se me escancie lleno de
amargura,
en mis labios un manantial maravilloso
transforma para mí los vasos de vinagre en vino
y me embriaga: es el nombre de mi madre.

Aunque la desgracia asalte mi corazón
y la aflicción destruya el muro de mis esperanzas,
en la puerta del Paraíso un ángel
desenvaina su espada contra la muerte
y me vigila: es el espectro de mi madre.

Aunque me abata la pérdida de mis bienes,
de mis amigos y de mis bellos poemas,
poseo un tesoro -¡Dios lo conserve!- más valioso
que corona guarnecida de perlas:
es la ternura del pecho de mi madre.

Aunque, ¡oh Dios!, en el día terrible
decretes para mí, con tu justicia, el fuego eterno,
tengo la esperanza de que llegará un día
en que perdonarás en el infierno a un culpable:
tu corazón no será menos piadoso que el corazón de mi madre.

(RASID SALIM JURI AL-QARAWI, Barbara, Líbano, 1887)


El grano de trigo

Del grano de trigo aprende a ser generoso,
¡oh tú que de la generosidad te abstienes!
Es un grano que te dará diez espigas
para que tú ofrezcas un grano a tu semejante.
Él sueña con vivir en el pan de la hospitalidad
y danza para la muerte en tu molino.
Es como si en la hendidura que lo parte
alguien te dijera: "La mitad de mí pertenece a tu hermano."

(Del mismo)


Recuerdo de España:
Por los caminos de la nieve


"El guía de turismo que nos acompañaba dijo, mientras
marchábamos con dificultad por el camino que asciende a las
cumbres nevadas que dominan Granada: -Los árabes fueron
los primeros que treparon a estas cumbres, utilizaron sus re-
servas y condujeron las aguas al llano mediante canales. Sin
ellos, Andalucía no hubiese conocido ni sus tierras fértiles,
ni sus huertas de flores, ni las fuentes en el palacio de la
Alhambra."

¡Oh caída blanca en el sendero
después de tantas caídas negras!
Ha devuelto al viejo la impetuosidad de la juventud
que se había hundido en la nieve sin ahogarse.
No temo que mi pie tropiece, pues
¿quién teme en la embriaguez de la aventura?
El horizonte blanqueado bajo el sol del mediodía
me hace renunciar al horizonte azul.
Cualquier cielo acongojaría a quien
lo buscara si se sintiera desgraciado como yo.
Pero mi cielo es infinito
y en su centro está la atmósfera brillante.
Subo hacia él, pero no veo que Pedro
esté en la puerta regañando a quien trepa.
Si no fuera por las rocas que surgen
olvidaría la faz de este estrecho mundo
y mi pensamiento no correría hacia un reino
que ya pasó, y hacia un trono caído en el foso:
Granada está a mis pies. Y eso que no capituló
ante el conquistador que de Damasco vino.
Por su Alhambra mis pupilas se han vuelto
rojas, por las lágrimas por ella derramadas.
Y la nieve, a mi alrededor, inmaculada,
se derrite bajo el sol ardiente.
La cogí susurrándole al oído:
-¿Te atormento o te apartas de mi cabello?

(YURY SAYDAH, Damasco, 1893-1978)


Natividad de Muhammad

1

Es un rostro que sobresale por encima del tiempo
que ha quedado iluminado al desgarrarse las nubes.
En él confluyen los rayos de los astros
y el aroma del Paraíso.
Coraix no está contento con él.
¿Es que no basta a Coraix con el Sol y la Luna?
¿Quién ha visto a un niño que
recite a Dios las siete lecturas?
No ha tenido amuletos ni cuando estaba
en la cuna, ni en la lactancia, ni en la edad de la
circuncisión.
¡Oh mis dos amigos! ¿qué
favores del cielo negaréis?

2
Dios es todopoderoso. Es aquel que
dice: -Sé- a una cosa, y es.
Dio una orden al desierto y
las arenas de Yatrib dieron flores de azahar.
Los profetas se acreditan con los milagros. Y este
niño tiene por milagro la elocuencia.

El Espíritu le dicta lo que él
traduce. ¡Y qué excelente traductor es!
En pura lengua árabe le instruyó su Señor,
y en esa lengua se conserva eternamente la llamada a la plegaria.
¡Oh mis dos amigos! ¿Cuál de los favores del Profeta negaréis?

(Del mismo)


El cartero

El cartero no deja de pasar.
Todas las puertas tiene abiertas.
Va corriendo con un montón de hojas cerradas
de las que se desprende el perfume de las citas.
Tras las ventanas hay párpados ansiosos
que, buscándole, palpitan de emoción y de insomnio.
Aparece, y al acercarse vibran los collares de las hermosas
como hace vibrar la brisa los granos de los racimos.
¡Cuántos besos de la boca de los enamorados transporta
en sus manos y los conduce a las bellas!
¡Oh, cartero! Con sonrisas los repartes
en los labios, sin favor ni insistencia.
¡Cuántos rostros de ancianas madres, cuando ante ellos
te presentas,
quedan sin rastro de arrugas!
Su mano toma la carta que le entregas
y la estrecha contra su pecho
como si todos los sobres que traes envolviesen
a un hijo arrancado del pecho de aquella madre.

(CHAFIQ MA´LUF, Zahla, 1905-1976)


Cuartetas

Nuestra actuación no ha cesado de estar bajo las tinieblas
de la ignorancia
hasta ser iguales, para nosotros, el diamante y la concha.
¡Cuánto embustero halló nuestra buena acogida
y cuánto insensato se ha visto rodeado de alabanzas!
Benevolencia que es debilidad y nos hace desgraciados.
¡Ojalá no estuviésemos mediatizados por la benevolencia!
El hombre no recibe honores de quienes son viles
sin que en ello pierda derecho y honra.

¡Oh poeta que fuiste brasa
que encendía el horizonte! Te has convertido en ceniza.
La desgracia de Jerusalén no perduraría si
nos lanzásemos contra el temor y pidiéramos justicia.
Envía tú a la poesía a las almas como nueva vida.
¡Cuántos poemas han vivificado lo que ya casi estaba seco!
Quien desesperado debilita los deberes para con Dios
es tan criminal como el que traiciona a la patria.

Pasó el tiempo en que viví
Y conveniente es prepararle una tumba.
A tu suspiro ofendido no le hace caso
nadie, mas no sigas comentando:
ahora nos hallamos en una época nueva
que traza nuestros pasos en cuerpo y alma
y, o caminas por su senda, o mueres.

(ILYAS QUNSUL, Yabrud, Siria 1911/1914 -1981)


En Homenaje a Alberto Adib

Escritor del país, sostén de la pluma,
yo te saludo como el céfiro perfumado.
Has trabajado mucho en esta vida.
Eres como fuego en la cima de una altísima montaña.
Sembraste la belleza por todos los caminos
y los pájaros canoros revolotearon por encima de ti.
Obtuviste la perfección con tu suave canto
y con tu poesía inflamaste a las mismas piedras.
No hay por qué maravillarse de que tus amigos te sirvan de rescate
Y se interesen por tus cosas las gentes más importantes.
Hiciste grandes sacrificios
para elevar a tu pueblo entre las naciones,
pero solo obtuviste, como respuesta, negativas.
La desobediencia hace encanecer las sienes.
Dicen: -Es un gran escritor, pero
por amor a los árabes ha perdido el sustento
Los árabes -¡si los ignorantes supieran!-
son los más virtuosos de los hombres desde la Antigüedad:
bravos guerreros, protectores de las ciencias,
generosos en la desgracia, excelsos en nobleza.
Con el correr del tiempo, la desgracia se ha abatido sobre ellos
y la maldición del enemigo se ha instalado entre ellos:
los judíos se les han echado encima, los monos giran a su alrededor,
el Iraq grita y los lugares sagrados se tambalean.
Querrían aniquilar a un pueblo noble,
de gran porvenir, de noble contextura.
Pero tu Señor no permitirá la destrucción
de una gente que incubó una gran cultura;
transformará este tiempo con generosidad
y le hará rico en dones, escaso de privaciones:
la noche se plegará ante la aurora,
y después de este declive ocupará de nuevo las cimas.
Volveremos a ser los dueños de nuestra época,
repararemos las partes dañadas de nuestra gloria.
Eso no es difícil para una gente
generosa que está marcada por el temor de Dios.

YURY AL-KADI (JORGE KEHDY, Biskinta, Líbano, 1911


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