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Memoria de la palabra oscura

¿Triunfo de la palabra sobre la palabra?

24/01/2001 - Autor: Abdennur Prado - Fuente: Webislam
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¿Triunfo de la palabra sobre la palabra? (Imagen www.mediateletipos.net)
¿Triunfo de la palabra sobre la palabra? (Imagen www.mediateletipos.net)

I

Piedra de toque, mundo sinuoso
y a comenzar, y a estar como de paso
amando la erosión que te hace otro,
y a recordar y a respirar de nuevo
aroma negro que en tu mente habita.

... manto de nieve negra,
capa de amor deshecho,
abrigo a destiempo, deshilvanada grasa,
deshilvanado tiempo, manto amargo,
manto de tierra sobre negra nieve,
capas y capas de espera,
capas y capas y el ser enterrado...

Son las palabras que el poema evoca.

II

Ya no recuerdo nada:
del pasado (perdido) sólo queda un eco.

Eco del no saber la fuente mana,
sigue lo mismo, el mismo tiempo ahora,
el mismo instante que se perpetua
a costa de un olvido.

Eco negro de la luz primera,
la fuerza sinuosa
de la caída al mar roto en pedazos,
mil fragmentos de mar crucificada,
piezas de un puzzle blanco como el rayo
en la memoria, piezas sin un centro,
máscara que ha olvidado el rostro que cubría.

De lo pasado solo queda un mito,
mito de muerte y escritura,
de lo imposible como único camino deseable,
mito matriz del aire a la cadena,
del fuego al tiempo del no ser que vino.

Mito del monte y en la cumbre nada,
¿mito de la caverna?,
mito de la caída en el lenguaje.

Mito de la caverna y al salir de ella
de la nueva caverna (metonimia),
caverna de los símbolos y el sueño,
de la pureza en brazos de la nada,
en brazos de la piedra como amada.

III

Presagios del paisaje,
lugar de siempre donde estuvo el todo,
vida sin desarrollo,
vivir sin tiempo como lo obtenido
en un instante: no recuerdo nada.

Cuerpo disuelto dice.
Años y años de vida sin vida.
Vida sin decisiones,
sin objetivos más que el humo
y una señal que recordar ahora.

Años de cuerpo pasivo,
cuerpo disuelto sobre el cuerpo vivo,
sobre fragmentos de un cuerpo habitado
por un suicida quieto en la semilla
de su acto.

Ninguna decisión en el pasado,
ninguna decisión en el futuro.
Vida en el movimiento como ajeno,
moverse por inercia,
dar la respuesta a tiempo, antes de ser cogido,
dar la mano con pasión de fiera
y huir antes de verse definido.

Pasión de fiera y víscera suicida,
entrega del ego a su ruina,
separación total del ego y el suceso.

Vivir como saberse separado
de la vida.

No avance, no hay camino,
los días no se suman uno al otro,
tan solo se amontona
siempre ese mismo día que se suma
y su cifra es cero.

Cero de redención,
cero redondo en un espacio cero.

IV

Agua sin pensamiento,
torrente de ilusiones disecadas,
estratosfera roja
como la sangre que no afloja
y no ha manado todavía.

Furia del cieno, rostro de la negra
caridad sin reflejo,
caída caridad del solitario,
rectángulo de amor muerto en su trono.

Mi pensamiento es onda salvaje dada al nulo
fluir de la guadaña,
mi desmemoria es ánfora sellada,
es persistencia de lo no logrado,
de la ilusión que no se sabe
y al no saberse sigue en pie de guerra
noche tras noche hiriendo lo imposible,
noche tras noche en negro
reptando como anciano pez de hielo.

V

Por fin viene un recuerdo:
de como una noche
(para ser más poética de insomnio)
vagando alrededor de la palabra rayo
vino a mi su sentido.

Como otro día en la montaña,
subido sobre un risco solitario
grité a los vientos la palabra nicho
y me vino al encuentro su motivo.

Es un recuerdo múltiple:
de como las palabras iban cobrando vida,
ni todas ni ninguna,
pero todas enlazadas por un poder de imago,
de aliento y desmesura,
sobrenaturaleza del vocablo lentamente dicho,
pronunciado como si fuera eterno
y no un producto derivado de la necesidad humana.

Este es el recuerdo:
de cómo las palabras
al ser arrancadas del diccionario cobran vida,
vida entre sí, se aman a destajo,
las unas con pudor - como la arena -,
las otras con violencia - como el hueso.

VI

Entonces era fácil goce
mezclarlas por su fuerza milenaria,
dejarlas aparecer sobre el papel en blanco
propiciando el encuentro
súbito de un planeta con el otro,
el encuentro inaudito, la cadencia increada,
la potencia primera en movimiento infuso
a través de la lengua liberada
y vuelta hacia su ser intempestivo.

El rayo no era rayo - fenómeno atmosférico -
sino el crepitar del cielo en la cabeza fulminada,
un resplandor que abrasa,
de Júpiter la azada,
la aparición del fuego en la mirada
por un azar que sólo el fuego sabe.

Dejarse poseer por el azar del rayo
era entregarse a no se sabe que de lo invisible.

Y como el rayo, el manto y la caída,
la dispersión y el salto en la fijeza,
lo cenital y el viento y el caballo,
las plantas y lo sucio y la tristeza.

VII

Todo es potencia pura en el poema,
todo es potencia, abrumadora masa
de símbolos que abruma,
que anega al ego en pliegues de sentido
y en espirales de materia viva,
más viva que la vida animal de paso,
vida de la materia más viva que la vida del cretino,
sobrenaturaleza,
sobresalto del ser ante lo elemental desentrañado.

Así el lenguaje desgajado y flujo
de versos me decía,
decía donde estaba,
me mostraba tal cual como cualsea,
mostraba mi carencia como fuga.

Fluían las palabras como flecha,
palabras de las cuales yo no sabía el modo,
no sabía más que la sombra del sentido,
y muchas veces el fluir del verso
trastocaba esa sombra en luz que sobrevuela
la tiniebla en que entonces yo vivía.

VIII

Recuerdo haber amado la palabra catarata,
y haber propiciado ese amor la aparición,
(o el descubrimiento),
de cataratas en mi mente,
haber podido nombrar a través de mi amor
por la palabra catarata
lo que en mí sucedía,
nombrarlo sin discurso,
plasmarlo en un papel como si un sello
del alto cielo se clavase en mí,
como música antaño enterrada que ahora surgía
sin solución ni pensamiento.

Recuerdo ya mil sombras:
haber sentido un día
en una estación de tren,
la vida de la catarata,
la caída del agua brutal sobre la roca,
erosionando el cuerpo, mutilando el fuego.

Ese agua furiosa aplacaba el deseo
pero dejaba intacto el furor necesario
para volver a la ciudad un día.

No era solo sensación, era el presagio
de un caer de la luz que iluminase al cabo
lo posible,
de lo intenso hasta el ente depurado
la sombra desvanece el dato
para verlo surgir como destino.

IX

Las primeras palabras fueron siempre ruina,
cementerio, insomnio, guerra, oscuro,
miseria, abismo, crimen y vacío.
y no se sabe bien porqué
pero el papel donde escribía
era un árbol cortado
y no ese objeto blanco cargado de futuro
donde ponerse a salvo de la ruina.

Entre la vergüenza del esclavo
y el despertar del ciego
yo iba dejando signos de una fábula,
iba escalando la escalera de humo,
iba tentando al cielo,
sumando sombra a sombra a la deriva,
sombra del sol al ser cosificado.

X

... la consideración del presente como ruina,
como carencia ... revelación de una insatisfacción innata,
de un deseo de cumbre, de ser, de enhorabuena,
deseo de ...

...deseo frustrado rastrea...
la joi che mai non fina

...flotaba en la antesala ...

¿Quién puede decir el porqué de la palabra oscura?

...muerte simbólica ...

la muerte era muerte del tiempo,
la ruina era un triunfo geológico
sobre la obra humana,

el vacío el lugar donde se deposita la semilla,
la cavidad que el rayo nos dejó en la mente

A través de la palabra,
por la palabra,
como un umbral,
para la vida nueva.

XI

El amor a la vida si es violento no entreteje
la substancia,
pasa de largo para estrellarse contra el ego
como un meteoro fabuloso
que solo el mas áspero soñador retiene
para deleite de su ruina.

Entonces las palabras no son signo, modus essendi,
sino sustitutos del contacto,
como una humanidad furiosa
dejándose entrever como sustrato,
capa golosa de nieve capaz de derretirse al tacto.

La humanidad y las palabras, la humedad y el pozo,
la perpetua cadencia o fuerza bruta
con su timbre propio,
ritmo de salvación que aun bocaabajo suena,
obligan a fruncir el ceño,
a atolondrarse un rato,
y al final dan la forma de la desmedida,
dan la cifra de un espacio deseoso
de futuro,
espacio al sonido rítmico que arropa,
a la cadencia perfecta que dice el camino.

He dicho dan la cifra:
aun sabiendo que esa cifra es infinito
como un número sumando
que sumado a la raíz da su buen fruto
y sumado como fruto la medida del orgullo.

Entonces el deseo ya era risa,
ya iba quedando claro que escribía
por esto y por lo otro,
y el prestigio de la ruina - zapato en la vitrina -
no era mas que lo propio del sesgado,
del tierno animalito emancipado
que se quiere creer cuando se vea victorioso.

XII

¿Triunfo de la palabra sobre la palabra?
Mas bien triunfo del mono,
del simio sabedor del gran trasiego,
de las trampas de su ego,
de las algas y quimeras que lo impulsan desde abajo
a torturar al tiempo
buscando una reliquia.

Se ve el fundamento irónico del caso:
de la aporía al triunfo del fracaso,
de la erección al ente devorado,
tan solo unificado por la risa.

Podéis reíros como yo me río,
podéis despreciar mi trabajo,
mi arquitectura de humo,
mi estiércol perfumado,
podéis morder el agua (que se puede)
pero al hacerlo sabed una cosa:
un poema, aun siendo cosa, no es algo comparable,
no es falso o verdadero,
sino carga de energía que espera recibir del otro
la presencia.

Se refiere a un mundo de integridad en juego,
de intensa busca de otro en el espejo,
a un mundo que transfiere su sentido
de cuerpo a cuerpo como de oca en oca.

Es un trozo de espacio que el infierno cede
forzado por la mano del poeta,
si esa mano no tiembla es que ha creado
y si ha creado miente a la mentira,
pero si tiembla es porque se abre paso.

Un poema es un rectángulo de niebla
fabricado por nadie para nadie,
pero que al insertarse en la madeja,
al dejarse caer sobre el meollo
del lenguaje
rompe el discurso de la línea recta
tanto como el de la esfera
y las pone a charlar sobre la nueva tierra
donde ese nadie somos tu y yo.

De la raíz irónica se va sacando el modo,
del modo una potencia o un conejo
y del conejo un símbolo de tierra
que se abre penetrado
con suavidad de araña.

XIII

Por eso estoy hablando
del extraño modo de comportarse en el poema
que tiene la palabra oscura,
y de la capacidad - sea estúpida o valiosa -
que tiene el poeta de penetrar esa tiniebla
como algo propio,
capaz de arder durante largo rato
y convertirse en puerta de su goce.


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