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Córdoba: La fe, el sustento en el mes sagrado de Ramadán

Los musulmanes viven un periodo de abstinencia, ayuno y oración

16/08/2011 - Autor: Beatriz Serrano - Fuente: El Día de Córdoba
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Salat en la Mezquita Almorabito, Córdoba
Salat en la Mezquita Almorabito, Córdoba

La luna marca el inicio del Ramadán para los musulmanes. Al finalizar el Shaabán, el octavo mes del calendario árabe, aparece la nueva luna creciente, señal del comienzo del mes sagrado. Un tiempo de ayuno, de recogimiento, de acercamiento al Corán y de reflexión en el que la fe es el único sustento.

Son alrededor de 3.000 los musulmanes que celebran el Ramadán en la capital. La mayoría lo viven alejados de sus familiares, por lo que las comunidades y asociaciones cobran más fuerza que nunca para ellos. Suponen pequeños núcleos en los que compartir las vivencias y alegrías de estas fechas tan señaladas en la tradición musulmana. El no poder contar con el apoyo familiar es lo que más pesa a los musulmanes que vivirán este mes en la ciudad. "Lo que más nos cuesta es estar sin la familia, que es un pilar fundamental para nosotros y más en el Ramadán", contó Abdalaziz, el imán de la mezquita del Morabito, en la plaza de Colón. "Pero creamos ese ambiente familiar entre nosotros porque somos hermanos en el Islam", prosiguió Yasser, un marroquí afincado en Córdoba, sentado a las puertas de la mezquita.

El Ramadán es uno de los pilares de la religión islámica, junto con la profesión de fe, la oración cinco veces al día, el dar limosna a los pobres y la peregrinación, al menos una vez en la vida a las ciudades santas de la Meca y Medina. Si en el día a día cotidiano de un musulmán se dedican cinco momentos a la oración, durante el mes sagrado, el número asciende hasta ocho. Antes de cada rezo, los musulmanes se asean a las puertas de la mezquita.

A las 05:00 se lleva a cabo el primer rezo y a partir de ese momento "no se puede comer absolutamente nada", comentó Yassene, un musulmán cordobés de 48 años convertido al Islam desde hace un año. La vida para él no ha sido fácil, después del abandono de su mujer y sus hijos, Yassene se refugió en el Islam. Ahora, compagina su vida de conductor de autobuses urbanos con el ayuno y los deberes de su religión. Además, está comprometido desde hace un año con una musulmana y pronto contraerán matrimonio. "Éste es mi primer Ramadán y pensaba que iba a ser más difícil no poder comer ni beber, sin embargo llevo unos días que le rezo a Alá, le pido que me dé fuerzas y que me quite las ganas de comer" aseguró Yassene. "Es la fe la que te permite no sentir ansiedad por comer ni debilidad en el trabajo, más allá de tu actividad diaria, es la fe"

Yasser se ha acostumbrado a pasar el Ramadán fuera de casa. "Al aceptar el Islam como religión aceptamos que vivamos donde vivamos tenemos que acostumbrarnos al entorno en el que estemos, a la sociedad y al clima que nos rodee", comentó. Pero son palpables las diferencias entre las sociedades y de costumbres, desde la forma de vestir, que es lo más externo, hasta la manera de vivir la religión, algo más interno y personal.

Además del ayuno desde que sale el sol hasta que se pone, durante el Ramadán no se pueden mantener relaciones sexuales, decir palabras malsonantes ni tener pensamientos obscenos, en definitiva, no se pueden practicar actividades que supongan un vicio para la persona. "Es lo más grande, para mí el Ramadán significa que durante un mes vivo intensamente mi religión", afirmó Yassene.

El mes de ayuno purifica el cuerpo de quien lo practica, al igual que pasa cuando enfermas. "El ayuno contribuye a que el cuerpo sane y expíe todos los pecados cometidos a lo largo del año", explicó Abdullah, un joven musulmán que vive en Córdoba.

El Ramadán es para aquella persona que esté bien física y mentalmente y quien no cumpla con una serie de requisitos no se le exige su cumplimiento. Los niños menores de 14 años, la mujer mientras tenga el periodo, o si está embarazada, los ancianos, los enfermos son excepciones a la práctica del mes del Ramadán. En el caso de que la mujer tenga el periodo, no tiene que reestablecer después los días en los que no ha ayunado ni tenido oración". En cambio, si yo bebo agua hoy, tengo que recuperar ese día una vez acabado el mes", explicó Yassene.

Las circunstancias concretas de cada persona también son tenidas en cuenta. "Por ejemplo, si alguien tiene que realizar un viaje largo, no se le exige que cumpla con el Ramadán. Si una persona ve que no puede cumplir, no tiene que hacerlo", comentó Yasser. "Alá es misericordioso con nosotros y entiende quien debe y quien no debe practicarlo", afirmó Yassene mostrando absoluta convicción y certeza al pronunciar las palabras.

El Ramadán no es una penitencia, es un mes de clemencia. Son alrededor de 30 días, entre luna y luna, también de reflexión, sobre la forma de interpretar el Corán, para orar y para buscar la paz interior y compartir con la familia.

Al caer el sol, se rompe el ayuno. Para que el estómago, después de tantas horas sin comer, no sufra daños se sigue un procedimiento. "Obligatoriamente, según el ritual, se comen primero dátiles y después leche. Posteriormente, lo más recomendable es algo caliente como una sopa, después ya se puede comer de todo", explicó Yasser. El aire de la mezquita se colma del aroma a menta y hierbabuena del té que rebosa espumoso de entre los vasos. Las comidas se extienden en la mesa para compartirlas entre los musulmanes que acuden al Morabito después del último rezo, sobre las nueve y media de la noche. Es el rezo más concurrido, porque "es cuando Alá más nos quiere, ya que a última hora del día es cuando más cansados estamos y cuando más calor hace", aseguró Yassene.

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