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Bashar Al Asad muestra al mundo su puño de hierro

El presidente sirio despertó esperanzas hace once años, ahora olvidadas

04/04/2011 - Autor: Marta Martínez - Fuente: El País
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Desde el pasado día 15 el presidente sirio, Bashar Al Asad, está reprimiendo con mano de hierro una serie de protestas y manifestaciones en varias c
Desde el pasado día 15 el presidente sirio, Bashar Al Asad, está reprimiendo con mano de hierro una serie de protestas y manifestaciones en varias c

Siria ha esquivado durante casi tres meses las protestas ciudadanas que recorren el mundo árabe, hasta el pasado 15 de marzo. Entonces decenas de personas desafiaron la prohibición de manifestarse y tomaron las calles de la capital, Damasco, en demanda de la liberación de los presos políticos del país. La protesta fue organizada a través de facebook por el grupo La revolución siria contra el presidente Bashar al Asad. Un llamamiento similar un mes antes no había logrado convocar a los sirios, pero esta vez, era el inicio de un movimiento popular que se extendería por el país, convirtiéndose en la mayor ola de protestas contra el presidente Bashar Al Asad en los once años que lleva en el poder. Un día después, 150 personas volvieron a manifestarse en Damasco, fueron reprimidas por la Policía y alrededor de 35 manifestantes fueron arrestados, entre ellos un niño de 10 años. Pero el punto álgido se vivió dos días después, el viernes 18 de marzo, bautizado como el día de la dignidad. Miles de sirios salieron a las calles de la capital, así como a las ciudades de Homs, Banyas y Deraa, donde fueron asesinados 4 manifestantes.

Este hecho fue el último ingrediente para detonar la mecha de la rebelión. Los días siguientes, ciudadanos furiosos quemaron edificios gubernamentales y se manifestaron por varias ciudades, principalmente en Deraa, al sur, que se convirtió en el epicentro de las protestas. Los manifestantes protestaban por la corrupción y exigían las reformas políticas y económicas tantas veces prometidas, pero lo que se encontraron fue más represión. Hasta el momento han muerto al menos 115 personas, según organizaciones de derechos humanos, un hecho que ha radicalizado más las demandas. Ahora, muchos exigen directamente la caída del régimen de Al Asad.

El sistema

El sistema político en Siria es considerado uno de los más cerrados de Oriente Medio, con estrictas limitaciones a la libertad de expresión, asociación y prensa. Desde 1963 está vigente una ley de emergencia que prohibe las manifestaciones y que otorga amplios poderes a las fuerzas de seguridad para arrestar a los ciudadanos. El partido Baaz domina todos los poderes del Estado y la vida política del país. La oposición política del país se compone, principalmente, de los Hermanos Musulmanes, los comunistas, grupos kurdos y liberales, sin embargo, la mayoría de sus integrantes están o en la clandestinidad, en la cárcel o fuera del país. Todos ellos, además, son incompatibles ideológicamente, lo único que les une es su deseo de derrocar a Bashar, por lo que una unión entre ellos parece más que difícil, por no hablar de la debilidad en la que se encuentran tras años de represión.

Asimismo, Siria, al igual que sus vecinos Líbano o Iraq, es una mezcla de etnias y confesiones. Los musulmanes suníes representan la mayoría de la población, el 75%, sin embargo, el poder está en manos de la élite alauí, que ha dominado el país desde hace 40 años. Los alauíes tienen sus cuna geográfica en el noroeste, en Latakia y sus alrededores, una zona donde también se han registrado protestas en las últimas semanas. Al contrario, Deraa, casi como la mayoría de la ciudades sirias, está poblada mayoritariamente por musulmanes sunníes.

Deraa es una ciudad que el Gobierno sirio no puede permitirse perder. Es la principal ciudad de la región histórica Hawran, que incluye las provincias de Deraa, Sweida y Quneitra, la última de las cuales está en parte ocupada por Israel. Su población es abrumadoramente musulmana sunní, lo que lo convierte en un territorio potencialmente hostil para la minoría alauí, como la familia Asad y sus aliados. Otro de los grandes desafíos para el régimen de Al Assad en la zona sería una pérdida del control sobre la frontera con Jordania.

La primavera de Damasco

El presidente de Siria, Bashar Al Asad llegó al poder en el año 2000 tras la repentina muerte de su progenitor, Hafez Al Asad. En principio no estaba estipulado que fuera él quien sucediera a su padre, sino su hermano Basil. Bashar se centró en sus estudios de medicina, se especializó en oftalmología y en 1992 se mudó a Londres a completar sus estudios. Sin embargo, tuvo que regresar precipitadamente dos años después tras el fallecimiento de su hermano Basil en un accidente de tráfico. Entonces el actual presidente ingresó en la academia militar, de donde salió cinco años más tarde con el grado de coronel. Bashar Al Asad asumió el cargo de mandatario el 17 de julio de 2000 con tan solo 34 años. A ojos de muchos era alguien ajeno al sistema, y su juventud y sus promesas democráticas despertaron esperanzas entre la ciudadanía. En sus primeros meses, inició una leve apertura al liberar a centenares de presos políticos e introduciendo internet. Sin embargo, la maquinaria del partido Baaz terminó asfixiando los escasos brotes democráticos de la que se conoció como primavera de Damasco. El régimen fue desmontando escalonadamente los foros políticos y las ONG de defensa de derechos humanos que surgieron en los meses de apertura, encarceló a multitud de activistas por la democracia y sometió internet a la censura. La esperanza se esfumó en menos de un año.

En junio de 2005, el partido Baaz sugirió algunas reformas políticas, entre las que se incluían la creación de una ley de partidos, de prensa y la revisión de la ley de emergencia, que abría la posibilidad a su derogación. Sin embargo, seis años después, esas promesas no se han materializado aún y la gente, harta de esperar, se ha echado a las calles para exigir cambios. Ante la ola de protestas, Bashar Al Asad ha ordenado la creación de un comité legislativo que estudie el levantamiento de la ley de emergencia y ha abierto una investigación sobre las muertes de civiles y fuerzas de seguridad en las manifestaciones. Sin embargo, vuelven a ser, de nuevo, promesas y no hechos.

La decepción

Tras una década en el poder, el presidente sirio ha defraudado a quienes esperaban una apertura política y reformas económicas. A pesar del crecimiento, el desempleo sigue siendo alto, especialmente entre los jóvenes -en torno al 21%-. Asimismo, la mitad de la población trabaja en el sector público con unos índices de corrupción altísimos. Mientras, el estilo de padre e hijo se parecen más cada día. Bashar Al Asad ha mostrado en esta crisis su mano de hierro, al igual que hiciera su padre. Hafez tenía a sus espaldas la masacre de más de 10.000 personas en 1982 en Hama, cuando el entonces presidente envió tropas a la ciudad para aplastar un levantamiento armado de los Hermanos Musulmanes. Ahora, su hijo Bashar tiene a sus espaldas una centena de muertos en Deraa, Latakia y Damasco. El actual presidente, con maneras de terciopelo, está resultando tan duro como su propio padre.

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