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Los regímenes de Libia y Bahréin reprimen a tiros las protestas

Libia amaneció ayer sin conexión a Internet y HRW denuncia que 84 personas han muerto en los últimos tres días

20/02/2011 - Autor: Ángeles Espinosa - Fuente: El País
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Manifestantes antigubernamentales trasladan a un compañero herido en las protestas de ayer en Manama. (Foto: Associated Press).
Manifestantes antigubernamentales trasladan a un compañero herido en las protestas de ayer en Manama (Foto: Associated Press)

Libia amanece el sábado sin conexión a Internet como prueba de que la guerra está abierta y el poder va a utilizar todas las armas a su alcance para ganarla. En tres días de represión han muerto al menos 84 personas, según ha anunciado esta sábado HRW tras consultar con varias fuentes hospitalarias. La cadena Al Yazira informa que en estos momentos se están produciendo protestas en las ciudades de Benghazi, donde ha ardido una comisaría de policía, Darnah, Baida, Ajabiya, Quba, Tobruk, Zentan, Tripoli, Tajoura y Shahhat.

En la jornada del viernes, el régimen de Muamar el Gadafi sacó a la calle al Ejército en Bengasi y Derna para tratar de acabar con la mayor oleada de protestas desde que hace casi 42 años llegó al poder. Amnistía Internacional señaló ayer que la represión, en la mayoría de los casos por disparos de la policía, había causado desde jueves la muerte de al menos 46 personas. HRW sin embargo eleva hoy esta cifra a 84, después de consultar fuentes hospitalarias.

Las autoridades no han facilitado todavía ningún balance de víctimas y las televisiones ignoran por completo las protestas. Sí ofrecieron ayer, en cambio, imágenes de Gadafi rodadas por la mañana en la plaza Verde, en el centro de Trípoli. El líder aparecía rodeado de sus partidarios, pero no pronunció palabra alguna. Por la tarde, en cambio, cientos de jóvenes irrumpieron en la céntrica calle de Gumhuria de la capital para criticar al líder libio.

La rebelión ha alcanzado también a los imanes, nombrados por el Ministerio de Asuntos Religiosos y a los que el Gobierno remite todos los viernes las directrices de los sermones que deben pronunciar en las mezquitas. El texto oficial para la predicación exhortaba al pueblo a ignorar las informaciones "sionistas e imperialistas" sobre las revueltas procedentes del extranjero. Testimonios coincidentes de varios lugares de Libia, pero sobre todo de Bengasi, indicaban que muchos de ellos desobedecieron las instrucciones.

La situación debe de ser lo suficientemente grave para que Libia, que ostenta la presidencia de turno de la Liga Árabe, haya anunciado que aplaza la próxima cumbre de jefes de Estado árabes prevista para finales de marzo en Bagdad. El Gobierno iraquí afirmó no tener constancia de esta decisión, e insistió en que cualquier cambio de fecha debe ser aprobado por la secretaría general de la Liga Árabe, en El Cairo.

Disparos en Bahréin

En el reino de Bahréin, el pequeño Estado del golfo Pérsico, y el régimen de Muamar el Gadafi, el dictador más antiguo de África, empleó también ayer a los militares para intentar ahogar en sangre las manifestaciones a favor de las reformas democráticas. El Ejército de Bahréin abrió fuego contra la multitud cuando volvía de celebrar el funeral por las víctimas en la jornada de protesta de la víspera y trataba de ocupar la plaza de la Perla, en el centro de Manama. Al menos una persona murió y más de un centenar resultaron heridas, desbordando la capacidad del hospital Salmaniyah de la capital.

La dura respuesta del régimen de Bahréin a los manifestantes que reclamaban mayores libertades políticas está transformando a los reformistas en revolucionarios. Durante el funeral de tres de los muertos el día anterior, volvieron a oírse los gritos de "muerte a los Al Jalifa", en referencia a la familia real. Cuando algunos de los participantes quisieron dirigirse a la plaza de la Perla, de donde fueron desalojados a sangre y fuego el día anterior, las fuerzas de seguridad (en concreto el Ejército, según la mayoría de las fuentes) abrieron fuego para impedírselo. El príncipe heredero, Salman bin Hamad al Jalifa, pidió a los ciudadanos que vuelvan a sus casas y prometió dialogar con la oposición una vez que se restablezca la calma. El rey le concedió ayer plenos poderes para llegar a un acuerdo.

"Muerte a Al Jalifa. Abajo el Gobierno", repetía la multitud que volvió a congregarse anoche en el hospital Salmaniyah, a donde trasladaban a los heridos en el choque con las fuerzas de seguridad. Fuentes hospitalarias dijeron que estaban desbordados, aunque resultaba difícil obtener una cifra de víctimas. Según un responsable médico citado por Reuters, 66 personas habían sido hospitalizadas y cuatro se encontraban en estado crítico. Ayer se registró al menos un muerto, que se suma a los siete identificados desde que comenzó la revuelta. Los heridos superan los 100.

"El Ejército ha disparado con munición real contra más de 1.000 personas que querían llegar a la plaza de la Perla", denunciaron varios diputados de la oposición chií. También algunos testigos citados por las agencias de noticias atribuían los disparos a miembros de las Fuerzas de Defensa. La manifestación, la primera desde que la policía desmantelara la acampada que pedía reformas políticas y los militares tomaran el lugar , se organizó al concluir los funerales por tres de los muertos en ese asalto.

"No han podido llegar a la plaza porque los antidisturbios han establecido tres anillos de seguridad", explicó a este diario un residente en la zona, que para llegar a su casa tuvo que demostrar que vivía allí. A última hora de anoche, medio centenar de coches de policía permanecían en la plaza, junto a los carros de combate y los blindados, según podía ver desde la ventana de su casa.

Por la mañana, decenas de miles de personas acudieron a la isla de Sitra, una de las 30 que forman este pequeño archipiélago, de donde eran originarios los tres fallecidos. Los asistentes agitaban banderas negras y rojas, símbolo del martirio, y repetían los eslóganes antigubernamentales. La policía se mantuvo alejada. Casi a la misma hora, miles de partidarios del Gobierno se congregaron en la avenida costera para expresar su apoyo al rey. A última hora de la tarde, muchos de ellos todavía recorrían las calles de Manama y de la vecina isla de Muharraq agitando banderas de Bahréin. Los sucesos de los últimos días han abierto una peligrosa brecha entre la población de este pequeño pero estratégico país.

"Bahréin atraviesa hoy un estado de división que es inaceptable", declaró el príncipe Salman durante una entrevista en la televisión estatal. "No hago ninguna diferencia entre un bahreiní y otro; todos son nuestros hijos", aseguró el heredero, que insistió en que "Bahréin nunca ha sido un Estado policial", pidió una y otra vez que vuelva la calma y ofreció diálogo con la oposición "desde esta misma noche si es posible".

Pero tal vez sea demasiado tarde. Si el lunes, cuando se convocó la primera protesta, los manifestantes reclamaban una monarquía constitucional, la indignación por los muertos y la represión les ha radicalizado y ahora piden que se cambie por completo el sistema. Tanto la mayoría chií como la oposición liberal suní llevan tiempo quejándose de que bajo la pátina de democracia que dan las elecciones, el rey Hamad sigue gobernando como un monarca absoluto. De hecho, la familia real copa todos los puestos de decisión, entre ellos 11 de las 23 carteras ministeriales, y designa a los miembros de la Cámara Alta, que actúa de freno del Parlamento electo.

De hecho, muchos de los asistentes al sermón del viernes del jeque Isa Qasem se mostraron decepcionados al ver que no hacía un llamamiento expreso a que continúen las manifestaciones. Qasem, el más respetado clérigo chií de Bahréin, calificó de "matanza" la actuación policial del jueves en la plaza de la Perla y dijo que las autoridades habían cerrado la puerta al diálogo.

"La matanza tenía como objetivo matar y herir, no dispersar una manifestación", declaró el religioso, que sigue la línea quietista del chiísmo. Pero la denuncia se quedó corta para los miles de fieles que habían acudido a escucharle esperando que condonara un reforzamiento de las protestas. "El pueblo quiere la caída del régimen", le interrumpieron repitiendo el eslogan acuñado durante las revueltas populares de Túnez y Egipto.

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