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El día que el cielo se apagó en Argelia y los hombres lloraron

Testigos de los ensayos atómicos franceses en los años 60 relatan la angustia vivida y las devastadoras secuelas que dejaron

23/02/2010 - Autor: Paula Rosas - Fuente: EL CORREO
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Oficiales franceses observan un ensayo nuclear en Argelia. AFP
Oficiales franceses observan un ensayo nuclear en Argelia. AFP

Visto desde el satélite, lo que queda del Centro Sahariano de Experimentaciones Militares (CSEM) es la imagen misma de la desolación. A unos 60 kilómetros del oasis de Reggane, en Argelia, decenas de barracones abandonados desde hace más de cuatro décadas apenas destacan sobre la inmensidad del desierto. Arena y más arena que hoy cubre el punto cero donde explotó el primer ensayo nuclear francés, Gerboise bleu hace ahora cincuenta años.

Los ancianos del oasis -1.700 kilómetros al sur de Argel- recuerdan bien aquel día, 13 de febrero de 1960, en el que, según evoca Chennafi, hoy septuagenario, la intensa luz de la explosión le quemó los ojos. «Vimos un humo, negro, amarillo y marrón que subía muy alto. No entendíamos nada, pero supimos que se trataba de un día negro. Los hombres lloraron», rememora Mohamed Belhacen en las páginas del diario argelino El Watan. Poco antes de la detonación, los militares franceses habían pedido a los lugareños que salieran de sus casas por miedo a que éstas se incendiaran, y que se tumbaran boca abajo con las manos sobre la cabeza.
Francia, como el resto de países del entonces reducidísimo club atómico, conocía los prejudiciales efectos de la radiación nuclear sobre los seres vivos. Aun así, utilizó a sus propios soldados como cobayas, como desveló el diario galo Le Parisien. Y no sólo eso. Cuando en 1967 desmanteló el CSEM en Reggane y, más al sur, el Centro de Experimentaciones Militares del Oasis (CEMO) en Hoggar, a las afueras de In Ekker, no descontaminó el lugar, según llevan denunciando años las autoridades en Argelia.

La arena vitrificada por las potentes detonaciones satura aún hoy los contadores Geiger, utilizados para medir la radiactividad, y seguirá así durante los próximos 24.000 años, el tiempo estimado para que los efectos del plutonio utilizado en la bomba atómica se reduzcan a la mitad. La lluvia radioactiva de las cuatro detonaciones atmosféricas que Francia llevó a cabo en el sur argelino llegó a países como Mali y Níger e incluso a otros más alejados como Senegal o Sudán.
Aunque los desechos nucleares fueron enterrados, miles de utensilios contaminados como el plomo que recubría los búnkeres desde los que se tomaron imágenes de las explosiones fueron abandonados. Cables, metales y otras herramientas han sido durante décadas un jugoso objeto de pillaje para lugareños, ignorantes del peligro.

Francia eligió para sus ensayos nucleares el sur de Argelia por su aislamiento. Miles de kilómetros cuadrados de puro desierto que albergaban, no obstante, poblaciones de tuaregs asentados, así como cientos, quizás miles, de nómadas. Según calcula la Asociación Argelina de Víctimas de Ensayos Nucleares, la región afectada por la radioactividad estaba habitada en los sesenta por entre 16.000 y 20.000 personas. La población nómada es imposible de cuantificar.

Casi 90 abortos en un año

Las consecuencias de los ensayos nucleares sobre la población han sido devastadoras. Según el doctor en física nuclear Abdelkadhim el-Abudi, «se registraron 87 abortos en un año en una pequeña comuna de la región de Adrar». Las asociaciones de víctimas aseguran que la incidencia del cáncer, las enfermedades de tiroides, los abortos y las malformaciones de recién nacidos es muy superior a la de otras regiones aunque, hasta la fecha, no se han realizado estudios oficiales.

«No hemos podido siquiera determinar el número de víctimas de los ensayos. Muchas personas han muerto sin que podamos probar que su fallecimiento o enfermedad se debió a la exposición a las radiaciones radiactivas», se lamenta el presidente de la Fundación 8 de mayo de 1945, Jeiredin Bujerisa, en las páginas de El Watan.

Entre 1992 y 1995, muchos años después de que las instalaciones del CSEM y CEMO fueran abandonadas, el Gobierno argelino las utilizó como prisión para miles de sospechosos del pertenecer al Frente Islámico de Salvación en plena guerra civil. Entre 18.000 y 24.000 reclusos pasaron por estas cárceles del desierto, a pesar de que las autoridades sabían que no habían sido descontaminadas. Nurredin Belmuhud recuerda el olor a manzana y a vinagre que desprendía la tierra en las montañas de Hoggar. Belmuhud tiene hoy unos granos rojos por todo el cuerpo que cambian de lugar, y que achaca a los años que pasó expuesto a las radiaciones. Cincuenta años después, los ensayos nucleares franceses siguen dejando víctimas.
 

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