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Garzón, cumple con tu promesa

No somos terroristas. El islam significa paz. Si asesinas a una persona es como si acabaras con toda la humanidad

01/12/2008 - Autor: Juanjo Oliva - Fuente: El Faro de Ceuta y Melilla
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Aquella noche helaba. Era 12 de diciembre de 2006, una fecha que ha convertido a este grupo de mujeres en cautivas del recuerdo de la ‘Operación Duna’. Sus maridos, prometidos, hermanos y nietos cumplirán el mes que viene dos años en prisión, medida provisional que la Audiencia Nacional ha prorrogado dos años más en un auto para los siete presuntos integrantes de la organización terrorista ‘Salafia Yihadia’, supuestamente integrada en ‘Al Qaeda’.

Las familiares de los imputados conocieron el auto en los alrededores de la Audiencia Nacional, ya que no pudieron estar presentes en la vista. “Acudimos porque pensábamos que quedarían en libertad”, confiesa Nisri Abdeselam Abdelá, mujer de Abdelkrim Chaib, ex militar de las fuerzas armadas.

Ante el cumplimiento del periodo de cárcel previsto por la Ley de Enjuiciamiento Criminal, el Juzgado Central de Instrucción Número 5 argumentó que, vista la gravedad de la pena, existe “riesgo fundado de fuga o reiteración delictiva (...) y su puesta en libertad podría suponer la ocultación de pruebas para la instrucción”, según un extracto del auto al que ha tenido acceso ‘El Faro’. Fatima Hamido Mohamed, madre de Abdelkrim, se pregunta por qué va a escaparse, si tiene a su mujer esperándole para casarse. Nisri y su hijo tenían previsto contraer matrimonio a comienzos de 2007.

“Que busquen la manera de que puedan estar con nosotros mientras contrastan las pruebas, los necesitamos”, lamenta Turía Madani Tahar, esposa de Ahmed Abderrayat, quien por entonces empleaba su garaje como almacén de bultos para unos porteadores conocidos de su marido, “buenas personas”, apostilla Turía.
Diez minutos. Ese fue el tiempo que les permitieron reunirse con los detenidos el pasado 12 de noviembre, separados por una pantalla de cristal, tras una solicitud formulada por los letrados encargados de la defensa al juez que instruye el caso, Santiago Pedraz Gómez, explican las familias afectadas por la intervención policial en la barriada Príncipe Alfonso.

La espera, que en palabras de Nayt Mustafa Mohamed, esposa de Mohamed Fuad, supuesto líder intelectual del grupo por su “labor de proselitismo y captación de futuros jóvenes para hacer la Jihad”, como figura en las diligencias previas del caso proporcionadas a esta redacción, es una “injusticia”.

“No somos terroristas. El islam significa paz. Si asesinas a una persona es como si acabaras con toda la humanidad”, explica Warda Mustafa Mohamed, hermana de Nayt y prometida de Hiasin Mustafa Mohamed que, en el mismo documento, aparece como el responsable de obtener “libros relacionados con el estudio del Corán, y del seguimiento y el control del comportamiento adecuado del buen musulmán y de los ritos y costumbres”. Ellas defienden la inocencia de sus familiares encarcelados en prisiones de distintos puntos del país, de Huelva a Badajoz y de ahí a Madrid, sin olvidar Jaén, Córdoba y la ubicada en Algeciras.

Baltasar Garzón, magistrado del Juzgado Central de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional, participó en mayo en el congreso sobre tráfico ilícito de pesonas organizado por la UNED. Las familiares, que se personaron en las inmediaciones del centro asociado para trasladarle su inquietud acerca del retraso en la sentencia sobre la ‘Operación Duna’, aseguran que el propio Garzón les comunicó que “no hay pruebas evidentes y que estaban todavía investigando”.

Señor juez Garzón, cumple con tu promesa”, lee Warda en una carta redactada en nombre de todas junto a Fatima, que baja la mirada a su regazo adoptando un semblante triste, a propósito de la resolución del caso que, insisten, no puede ser desfavorable para sus familiares porque “no existe pruebas contra ellos”, en sus palabras.

El material intervenido no contenía mensajes fundamentalistas, desmiente Fatima, “eran vídeos familiares y el mismo Corán que se puede encontrar en la casa de cualquier musulmán”. No había propaganda yihadista, añade Warda, “por ejemplo Hiasín, junto a los juegos de PlayStation tenía una colección de DVD sobre religión islámica meramente informativos. ¿Qué fundamentalista juega al videojuego?”. Lo mismo ocurre con la música, toma el relevo en las declaraciones Nayt: “A Fuad le encanta la música turca, no me concuerda con la organización de atentados”.

El grupo coincidió en que su presunta vinculación con redes fundamentalistas responde a los “prejuicios por nuestra forma de vestir”, ellas con hiyab y ellos con chilaba por encima de los tobillos o pantalones pirata, describen. “Ya no solo creamos recelo en la ciudad, sino que por ser religiosos nos miran mal incluso en la barriada”, comenta Nayt.

En la mezquita Darkawia, ‘zaouia harrakia’, según figura en las diligencias previas del caso, Fuad y Karim realizaban presuntamente “labores de proselitismo y reclutamiento para hacer la Jihad con conexiones internacionales y la delincuencia para su financiación”.

“Flipé cuando ví el auto y ponía que Hiasín era el ideólogo del grupo. A él le gusta el fútbol e ir a la playa, no le haría daño a nadie”, explica Warda. “Iba a la mezquita para las festividades del calendario musulmán”, asegura su hermana.

Sin embargo, critican, “recibieron el mismo trato que si fueran terroristas”. Nayt, de rodillas en el suelo, escenificó cómo colocaron a sus hijos y maridos con las manos esposadas a la espalda. “Se burlaron de ellos durante la detención, le hicieron fotografías con los móviles y les gritaron que los llevarían a Guantánamo”, concluye.

Dos años después de la ‘Operación Duna’, las familias aún no se han recuperado y sólo mantienen la esperanza de que, esa respuesta del juez Garzón, se produzca lo antes posible .

"La Udyco se hizo pasar por médicos y enfermeros en el hospital militar”

Hiasín Mustafa, marido de Warda Mustafa, trabajaba como fontanero en las obras del nuevo hospital de Ingesa en Loma Colmenar, explicó su esposa. “Unos días antes, Hiasín me dijo que un hombre se había acercado a él para preguntarle si estaba cómodo en su trabajo y cosas sobre nuestra familia”, recuerda su mujer quien aclara que, más tarde, interpretaron que podría tratarse de los ‘brigadillas’, para muchos vecinos del Príncipe agentes de la Unidad de Drogas y Crimen Organizado, Udyco. Por su parte, Mohamed Fuad, que durante el año y medio previo a la ‘Operación Duna’ se encontraba “a diario cuidando de su padre ingresado en el hospital militar”, en palabras de Nayt Mustafa. “Los policías se hicieron pasar por enfermeros y médicos, hacían demasiadas preguntas e incluso le pudieron tomar alguna fotografía en la zona de aparcamientos del hospital, pero en aquel momento no sabíamos lo que iba a suceder”, describe Nayt.

“Sabían demasiado de nuestras casas, conocían hasta la peluquería”

El ambiente se torna más distendido con la intervención de la abuela de Hiasín Mustafa, Mina que llegó a dar leche a un chivito que criaba en el patio pese a la negativa de los agentes, según expuso de pie mientras Turía Madani y Fatima Hamido se recuperaban del trago de rememorar los sucesos de aquel frío 12 de diciembre de 2006. “Sabían demasiado de nuestras casas, conocían hasta la peluquería que tengo junto a mi casa”, comenta la abuela. La figura del testigo protegido cobra cierta relevancia en esta parte de la reconstrucción de los hechos, aunque prefieren no profundizar en este aspecto. “Sabían dónde estaban las habitaciones y hasta los cuartos de baño”, declara Nayt Mustafa. Al final, Mina acabó ofreciendo a los agentes un té, dando paso a la risa colectiva del grupo de mujeres reunido.

Mensaje íntegro para el juez de la Audiencia Nacional

Señor Juez Garzón, cumple con tu promesa y pon la mano en el corazón, primero como hijo y después como padre. Pedimos justicia y clemencia hacia nuestros hijos y maridos, que son españoles. El motivo por el que el fiscal pide dos años de prórroga de la prisión provisional es porque no existen pruebas contra ellos. En Ceuta, es casi imposible que haya musulmanes españoles integristas, porque la mayoría no sabe escribir ni leer en árabe. El Corán está escrito en esa lengua. Desgraciadamente, los jueces se dejan intimidar por los medios de comunicación y muchas veces las sentencias están politizadas. El mismo juez Garzón, durante su visita a Ceuta, nos dijo que no hay pruebas evidentes y que están todavía investigando. Mientras tanto, nuestros hijos y esposos se pudren en esa escuela de delincuencia que es la cárcel, y nosotros como familiares muriendo poco a poco, día a día y minutos a minuto. Por lo tanto, pedimos que se haga justicia y confiamos en ella. Como padres, madres y mujeres nos hacemos responsables de nuestros hijos y maridos.

Turía Abdeselam (hermana de Karim) “La Policía Nacional los maltrató”

Las presentes destacaron los malos modos con los que la Policía Nacional trató a los presuntos terroristas durante la ‘Operación Duna’. “A mi hermano se lo llevaron con las chanclas de la mujer y sin pijama a pesar del frío que hacía fuera”, señala la hermana de Karim, quien añade que lo trataron como a “un perro” e incluso “le metieron la cabeza en el wc”. La sorpresa de la actuación policial en mitad de la noche impidió a las mujeres que tuvieran tiempo para tocarse con el ‘hiyab’. “A la mujer de mi hermano no le dejaron que se pusiera el pañuelo y la empujaron a la cama cuando preguntó qué pasaba”, afirma su cuñada, que considera que dos años es tiempo suficiente para emitir un veredicto.

Fatima Hamido (madre de Abdelkrim) “Pensaban que un saco de escayola era pólvora”

Las lágrimas interrumpen el relato de Fatima Hamido, madre de Abdelkrim, sobre lo ocurrido en la intervención policial de aquella madrugada. “Al menos 16 policías irrumpieron en la casa destrozándolo todo. Tardé tres meses en recogerlo, tiraron hasta las especias”, lamenta. “Me obligaron a tumbarme en al suelo y, al principio, no querían escuchar que tengo una enfermedad en la espalda que me impide hacer esfuerzos”, comenta. Entre los detalles de aquella noche destaca, además del suelo lleno de cristales, cómo un agente confudió un “frasco de formol para trabajos manuales con veneno” y que “pensaban que un saco de escayola era pólvora”. No obstante, la detención de sus hijos ha sido el peor trago de aquel día, reconoce.

Las esposas de Ahmed, Fuad, Yassin y Abdelkrim “No sabíamos qué era la injusticia”

Las esposas de Ahmed Abderrayat, Mohamed Fuad y Yassin Mustafa coincidieron en que, al principio, pensaban que la Policía Nacional estaba en sus casas buscando a un ladrón. “Creí que un delincuente había entrado y no me había dado cuenta, pero en realidad venían por mi marido”, explica Turía Madani Tahar, la esposa de Ahmed, junto al que procedió a la recuperación de la mezquita Darkawia, afirma la mujer, y donde se convocaban las supuestas reuniones de contenido fundamentalista. Nayt Mustafa, esposa de Mohamed Fuad, dice que cuando sus hijos ven a los agentes en el zoco del Príncipe, “piensan que vuelve a pasar lo mismo”, hasta el punto de que reciben asistencia de una psicóloga, continúa. “No sabíamos qué era la injusticia hasta aquel día”, comenta Nyat mientras su hermana Warda Mustafa, prometida de Hiasín, asiente junto a Turía. “¿Por ir a la mezquita ya eres terrorista?, se preguntan. Nisri Abdeselam, pareja de Abdelkrim, recuerda que a él no lo detuvieron en casa sino que se entregó voluntariamente a la Policía Nacional tras conocer lo ocurrido. La mujer de Karim, Batul Alilou, y tanto Nasiha como Nayt, hermanas de Yusef Abderrahaman y Mustafa Abderrahaman, suscribieron sus palabras.

 

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