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Boricuas en el Islam

Al principio mi mamá me dijo que yo estaba loca, pero ahora viene a acompañarme a la mezquita

29/09/2008 - Autor: Eliván Martínez Mercado - Fuente: El Nuevo Días
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Wilfredo Ruiz e Irso Reyes, boricuas convertidos al Islam oran en mezquita de Vega Alta, Puerto Rico.
Wilfredo Ruiz e Irso Reyes, boricuas convertidos al Islam oran en mezquita de Vega Alta, Puerto Rico.

Sintieron curiosidad de investigar sobre la religión musulmana tras los ataques terroristas del 11 de septiembre. Y hoy celebran el ramadán con un riguroso ayuno de 30 días.

Llevan casi catorce horas sin comer y sin beber una gota de agua. Boricuas como Wilfredo, Sumayah, Irso y Gloribel hacen este sacrificio durante un mes para ofrendarlo a Alá. Desde que sale el primer rayo del sol hasta que se oculta el último, tampoco pueden sostener relaciones sexuales. Y es que celebran la costumbre islámica del ramadán, que termina pasado mañana. Al momento de romper el ayuno se congregan en la mezquita de Vega Alta y se saludan con un ‘assalam ailekum’, que significa ‘la paz sea contigo’.

Luego se lavan las manos, la cara y los pies, y asisten descalzos a la oración que recita el imán, líder de la congregación. Este se pone delante para que los demás le sigan en sus movimientos y sus rezos en árabe, entonados como si fueran una canción. Los hombres en un lado y las mujeres en otro, se arrodillan y ponen la frente en el suelo, en señal de humillación ante Alá, con la cabeza en dirección a la ciudad santa de Meca, en Arabia Saudí. Ahí nació en el año 570 el profeta Mahoma, fundador del Islam. Después empiezan a comer dátiles, aceitunas, pepino y aguacate, y pasan al banquete de arroz con gandules, ensalada de papa, pollo, frutas... Y degustan el menú internacional que traen los demás miembros de la comunidad musulmana, compuesta de unos 5,000 miembros, sobre todo de inmigrantes de Palestina, Egipto, Líbano y Siria.

Decenas de boricuas se han convertido. Los ataques del 11 de septiembre y el inicio de la llamada guerra contra el terrorismo, de la que se cumplen siete años el próximo 7 de octubre con el aniversario de la invasión estadounidense a Afganistán, levantaron la curiosidad por la religión entre quienes estaban en búsqueda de dar un sentido a su vida espiritual. “El Islam es duro para aceptar, porque si lo aceptas tienes que tomarlo en serio”, señala el restaurador de antigüedades Irso Reyes. “Tienes conciencia de Dios todo el día por lo que padeces”, añade el abogado Wilfredo Ruiz.

¿Cómo van a dar con la religión? Primero se informan consultando el Corán, el libro sagrado musulmán, o encuentran un folleto informativo en alguna tienda de inmigrantes, o leen sobre la religión en internet y portales de interacción social como Facebook y MySpace. Entonces visitan alguna de las siete mezquitas en el país, situadas en San Juan (una en Río Piedras y otra en Cupey), Fajardo, Ponce, Hatillo y Jayuya, además de la de Vega Alta. Antes de dar el paso definitivo están meses asistiendo a clases los sábados en casa del imán, por ejemplo. Hay hombres y mujeres, jóvenes y viejos, universitarios y trabajadores.

Practicada por el 21 de la humanidad (1.5 mil millones de creyentes), es la religión con más fieles después del cristianismo (2.1 mil millones) y ya sobrepasa al catolicismo (1.1 mil millones de practicantes). El Islam sostiene que hay un solo dios, y que Mahoma, que vivió durante el Siglo VII, es el último de los profetas enviados por Alá, entre los que se encuentra Jesús. La denominación que predomina en la isla es el sunismo, que practica el 90 de los musulmanes en el mundo.

Pero no es fácil abrazar esta religión en países como Puerto Rico o Estados Unidos, donde existen prejuicios tras los ataques del 11 de septiembre. “Lo que hayan hecho la red Al Qaeda y los talibanes en Afganistán es un extremismo cultural, y no tiene nada que ver con el Islam”, sostiene el egipcio Mahmud Anís, imán de la mezquita de Vega Alta.

Reyes añade: “a veces me ven por la calle y me gritan terrorista. Pero yo dejé de beber, me quité las prendas de oro, me casé con mi mujer, dejé de robar. Ahora mi familia me quiere con delirio”. El rechazo familiar ahonda el problema. “Mis padres lo vieron como una vergüenza, la gente les puso presión diciendo que habían fallado conmigo”, añade la antropóloga e ingeniera en computadoras Sumayah Soler. Es una de las pocas boricuas que se había convertido antes de los ataques del 11 de septiembre.

Ella está casada con Mahmud Anís. En la marquesina de su casa en Bayamón, todos los sábados, dan clases de esta religión a los convertidos. Enseñan a entender el Corán y los cinco pilares de la religión. Y sobre todo, a que separen el grano de la paja. “Son las culturas árabes, que componen un por ciento muy pequeño de los musulmanes del mundo, las que discriminan contra las mujeres”, asegura Anis, insistiendo en la contaminación del “Islam puro” por componentes culturales.

Entre esas manifestaciones culturales se encuentra mutilar los genitales de las mujeres en países del cuerno de África y algunos de Oriente próximo, lapidarlas si cometen pecados como hacían los talibanes en Afganistán... “Lo que dice el libro revelado es una cosa y la costumbre local es otra. Todas las culturas tienen expresiones pobres, es como si creyéramos que los estadounidenses son unos xenófobos terribles porque en ese país existan los extremistas del Ku Klux Klan”, sostiene Luce López Baralt, profesora de literatura islámica en la Universidad de Puerto Rico, y autora del libro ‘Un Kama Sutra español’ (Siruela, Madrid), que reflexiona sobre los manuscritos de un morisco que trata la unión de la sexualidad como una manera de sentir la experiencia de Alá.

“Un musulmán auténtico que siga el Corán se horrorizaría de que se mutilen los genitales de una mujer, porque no sólo implicaría agredir el cuerpo, sino quitarle la fuente de placer, que en el Islam se ve como algo divino, siempre que se lleve a cabo dentro del matrimonio”, agrega López Baralt. “En la Edad Media, cuando el Islam estaba en su esplendor, las mujeres eran grandes poetisas, consejeras de califas, profesoras, abogadas, y estaban absolutamente por delante de cualquier mujer cristiana de la época”.

Pero Soler insiste que, aunque tenga que llevar paño en la cabeza, eso no significa estar pisoteada. “Supuestamente somos tristes y oprimidas y nos pasamos todo el día llorando”, dice con ironía en medio de las risas de las demás muchachas que asisten a la clase. “Tenemos unas ventajas que los hombres no tienen”, sostiene Gloribel Alicea, asistente de maestros de educación especial. “Cuando amamantamos a nuestros hijos se nos perdonan los pecados. Y respecto a que los hombres se pueden casar con otra mujer, eso sólo se puede hacer si una acepta dentro de un contrato matrimonial. Si no aceptamos no se puede. Al principio mi mamá me dijo que yo estaba loca, pero ahora viene a acompañarme a la mezquita”.

Los boricuas llegan a la casa de Soler asegurando que quieren convertirse, pero el imán los para en seco. “Les digo que lo tomen con calma. No es fácil tomar la decisión. Muchos lo hacen porque están cansados de buscar, y cuando lo hacen es porque están bien convencidos”. De ahí el ímpetu de muchos que llegan a ser más estrictos que alguien nacido en Palestina. “Nosotros leemos más, porque nos convertimos por decisión propia, y tuvimos que tomar una decisión importante dentro de nosotros”, añade Ruiz. “Estoy tratando de recuperar el tiempo perdido”, añade Juan Ramos, que suele frecuentar la mezquita de Cupey. En el proceso muchos se dejan la barba o comienzan a usar trajes árabes, pero eso no es importante para ser musulmán, sostiene Anís. “No tienes que cambiarte nada. Lo que es importante es que seas tú mismo. Lo que necesitamos es que sigan los pilares y sean buenos musulmanes puertorriqueños”.

“Esta es la verdad”

José Santiago, 22 años

Sintió curiosidad de saber cuáles eran los derechos humanos de los niños y las mujeres tras los ataques del 11 de septiembre. José Santiago, estudiante de educación en historia de la Universidad de Puerto Rico, llevaba años buscando dar un sentido a su vida espiritual. “Me di cuenta de que esta es la verdad, y que si es la verdad pues tenía que entrar”. Su familia católica lo apoyó y hasta lo acompañó a la mezquita de Hatillo cuando abrazó públicamente la religión hace año y medio. Se casó con otra boricua musulmana y ahora están esperando un bebé.

“Soy un ser humano nuevo”

Christian Bonilla, 21 años

Su mamá le advirtió que no fuera a la mezquita a convertirse en terrorista. Christian Bonilla, convertido hace dos años, le respondió que eso no tenía nada que ver con su religión. Había sido monaguillo católico, había leído la Biblia sin sentir que encontraba las respuestas a sus interrogantes. El estudiante de enfermería en la Universidad del Sagrado Corazón en Santurce sostiene que la conversión le ha cambiado la vida. “Me siento lleno, un ser humano nuevo”.

“Sientes la grandeza de Dios”

Ivelisse Larregui, 31 años

Acababa de abrirse una cuenta en el espacio de interacción cibernético MySpace cuando un africano le habló sobre el islam. La cialeña Ivelisse Larregui comenzó a rebatirle sus creencias, pero a la vez empezó a leer. Se conectó con otros practicantes boricuas en Facebook, que le indicaron a dónde ir para aprender más. “En ese momento ya yo sentía que había aceptado el islam en mi corazón”, cuenta la ayudante de bibliotecaria. “Lo que más me gusta es que nos tratamos como en una gran hermandad, y sientes la seguridad de la grandeza de Dios”.

“Las mujeres no somos menos”

Cecile Méndez,  25 años

La gente cuchichea o se ríe a sus espaldas cuando ella está en público. Y es que Cecile Méndez cubre su cabeza con un velo, como lo indica su religión. “¿Quién soy yo para reclamar contra lo que Alá me ha pedido? Las mujeres no somos menos. Simplemente somos diferentes”, sostiene la estudiante de negocios. “Para mí es normal que no entiendan. Veo esto como una manera de despertarles la curiosidad, para que lean y lleguen a su propio juicio”. Su familia todavía lo está digiriendo.

Los pilares del islam

1. La profesión de fe: no hay más divinidad que Dios, y Mahoma es su mensajero.

2. La oración: rezar cinco veces al día en dirección a la ciudad santa de la Meca.

3. La limosna: dar cada año el 2.5 de los ahorros a los pobres.

4. El ayuno: practicar el ayuno durante el mes del ramadán.

5. La peregrinación a la Meca: ir a esta ciudad santa de Arabia Saudí al menos una vez en la vida.

Ver vídeo: "Los boricuas que abrazan el Islam"

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