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Terrorismo olímpico o la coartada de China para la represión definitiva de los uigures

Los uigures siguen la rama más liberal y moderada del islam.

15/07/2008 - Autor: Juan Pablo Cardenal - Fuente: Ecodiario
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Uigures de Xinjiang, el Turkestán Oriental.
Uigures de Xinjiang, el Turkestán Oriental.

¿Lucha antiterrorista o represión en todos los frentes? China anunció esta semana que durante los primeros seis meses del año, la policía detuvo a 82 sospechosos de una de sus provincias díscolas, la musulmana Xinjiang, porque supuestamente tramaban acciones terroristas contra los Juegos Olímpicos de Pekín. El comunicado oficial del responsable policial de la capital regional, Urumqi, no tiene desperdicio.

"La policía también detuvo a 66 miembros de una banda de las tres fuerzas diabólicas que practican el terrorismo, el separatismo y el extremismo, y destruyó 41 bases de entrenamiento de la guerra santa de enero a junio", declaró Chen Zhunagwei a la agencia Xinhua. No aclaró si los "66 miembros" se incluyen dentro de los "82 sospechosos".

La represión de los uigur

Aunque, en verdad, mucho más sospechoso está siendo el proceder de la dictadura china que, con la coartada de la amenaza terrorista, está aprovechando para reprimir con dureza a la minoría uigur. Pero vayamos por partes: ¿qué se cuece en Xinjiang? El llamado Turkestán Oriental, renombrado como Xinjiang, pasó a formar parte definitiva de la República Popular en 1949, tras sendos Estados independientes fugaces en los años 30 y 40.

La colonización de los "Han"

Desde entonces, la provincia no ha dejado de recibir oleadas de chinos de la etnia mayoritaria "Han" procedentes del resto de China. La colonización, aseguran los uigures, está destinada a diluir la influencia de la cultura e identidad uigures y a romper su hegemonía étnica. Ejemplo de ello es la capital, Urumqi, convertida ya en una ciudad de marcada cicatriz "Han". Peor es la situación en Kashgar.

Epicentro de la Ruta de la Seda y cercana a la frontera paquistaní, está viendo cómo los centros comerciales, restaurantes, karaokes y prostíbulos chinos están sustituyendo, en el corazón de la ciudad, la fisonomía de calles enteras donde durante generaciones vivieron y trabajaron los uigures en sus pequeños oficios artesanos. La "hanificación" está siendo arrolladora.

Ansias de independencia

Todo ello despertó unas ansias independentistas que hoy continúan, aunque es importante matizar que las razones que esgrimen para reclamar la separación de China son más de índole económica y cultural que religiosa.

Por ejemplo, los uigures denuncian que la Administración local está enteramente dominada por chinos "Han" -beneficiando en exclusiva a éstos- mientras que la riqueza generada en las últimas décadas ha caído, casi exclusivamente, en las mismas manos.

Contaban con el apoyo de EEUU hasta el 11-S

En los años 90 brotó, por tanto, un movimiento nacionalista que reclamaba un Estado independiente y que tenía en el Movimiento Islámico del Turkestán Oriental a su brazo radical armado. Hasta principios del nuevo milenio, perpetraron unos 200 atentados que dejaron alrededor de 170 víctimas mortales. Hasta los atentados de Nueva York del 11-S de 2001, el movimiento uigur contaba con un aliado diplomático muy valioso: Estados Unidos. Hasta que los aviones derribaron las Torres Gemelas.

Para conseguir el apoyo de Pekín en su guerra contra el terrorismo internacional, EEUU abandonó a quienes hasta entonces había apoyado y quién sabe si también financiado: Estados Unidos y la ONU, consecutivamente, clasificarOn al Movimiento Islámico del Turkestán Oriental como organización terrorista internacional. China aprovechó el regalo.

Represión

Con esa coartada, lanzó una campaña de represión y persecución sin límites contra los uigures, cerrando mezquitas y restringiendo la lengua y la cultura autóctonas. Las organizaciones pro-Derechos Humanos denuncian desde entonces que China ha metido en el mismo saco a terroristas y a la disidencia, sin apenas distinguir entre actos de violencia y los de resistencia pasiva.

La organización Amnistía Internacional señaló en uno de sus informes que "las autoridades chinas han utilizado los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos como justificación para impulsar nuevas medidas represivas contra los uigures, utilizando la guerra contra el terrorismo internacional como pretexto para reprimir la disidencia pacífica". Quizás fruto de ello, en los últimos siete años apenas ha habido actos terroristas.

Y bien, ¿cómo ha influido el factor Juegos Olímpicos? En general, la cita olímpica está siendo utilizada por la dictadura para apretar aún más las tuercas a la provincia rebelde. Después de la revuelta en Tíbet, el Gobierno anunció que había desbaratado a un grupo terrorista uigur que supuestamente planeaba derribar un avión o secuestrar atletas o periodistas durante los JJOO de Pekín. No presentaron ninguna prueba que respaldara dicha amenaza.

Lo mismo ha ocurrido esta semana con el anuncio de las detenciones en Xinjiang. "Es casi imposible conocer la naturaleza de las amenazas terroristas provenientes de Xinjiang porque todas las fuentes de información son oficiales y no hay información independiente", explica telefónicamente a Ecodiario.es un responsable de Amnistía Internacional (AI) en Hong Kong, Mark Allison.

Contradicciones

En sus comunicados oficiales, China ha sido especialmente incongruente y poco transparente, contribuyendo a la confusión y las sospechas en su contra. De entrada, en su servicio de noticias en inglés, Xinhua, la agencia oficial, menciona que los supuestos terroristas han impulsado la "guerra santa", un término de impacto inmediato en las audiencias occidentales pese a que de todos es conocido que los uigures siguen la rama más liberal y moderada del islamismo.

Pero, sorprendentemente, en su servicio de noticias en chino, Xinhua no menciona ni una sóla vez el término "guerra santa" sino que habla de "actos criminales". "China debe explicar por qué hay esa diferencia. La sospecha es que el Gobierno está justificando la represión con la amenaza terrorista a los JJOO", asegura Mark Allison. Pero no es éste el único desliz detectado por AI.

Un represión justifica a otra

"Hablan de que son terroristas pero los describen como violentos con cuchillos. En cualquier caso, la guerra global contra el terror sigue usándose para justificar la represión. Sabemos que han encarcelado a religiosos, académicos y periodistas pacíficos. Pero los juicios no son públicos y no podemos saber lo que ocurre en ellos. No hay garantías judiciales?, continúa Allison.

Por su parte, Dilxat Raxit, un portavoz del exiliado Congreso Mundial Uigur, negó las acusaciones vertidas por Pekín contra los uigures. Querer boicotear los Juegos Olímpicos no es lo mismo que querer dañarlos", declaró a las agencias. Mark Allison, de AI, va razonablemente más lejos: "las violaciones de los Derechos Humanos en Xinjiang son generalizadas", concluye. El Comité Olímpico Internacional y Occidente guardan silencio.

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