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¿Las mujeres musulmanas llevan el velo porque quieren?

Las mujeres musulmanas -progresistas y conservadoras- se quejan de la obsesión occidental por un trozo de tela que aseguran nadie se lo impone

29/06/2008 - Autor: Ana Carbajosa - Fuente: Diario Uno
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Dos mujeres llevan el velo en Madrid.
Dos mujeres llevan el velo en Madrid.

Las mujeres musulmanas llevan velo porque les da la gana. Nadie se lo impone. Así de tajantes han respondido las autoridades islámicas en España a las nuevas declaraciones de Bibiana Aído, la ministra de Igualdad, dispuesta a desafiar a la corrección política con tal de hacer llegar su mensaje. Aído criticó las restricciones que el Islam impone en la indumentaria de la mujer (no en la del hombre, que puede vestir a la occidental), destapando una vez más la caja de Pandora del hiyab (velo) y los derechos de la mujer; una cuestión que preocupa a los políticos europeos, que sin embargo no se ponen de acuerdo en cómo abordarla.

El deseo de defender la identidad musulmana ante la islamofobia occidental, junto a algo tan trivial como la moda, ha animado a muchas mujeres a cubrirse la cabeza

Las mujeres musulmanas -progresistas y conservadoras- se quejan sin embargo de la obsesión occidental por un trozo de tela que consideran parte de su cultura y que aseguran nadie se lo impone ni les quita derechos. Pero estas decisiones --adoptadas más o menos libremente-- están muy condicionadas no tanto por las órdenes directas de ningún familiar, sino sobre todo, por el clima político y social reinante en el mundo musulmán tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York. El deseo de defender la identidad musulmana ante la islamofobia occidental, junto a algo tan trivial como la moda, ha animado a muchas mujeres a cubrirse la cabeza y ha contribuido a que los velos triunfen como nunca en todo el planeta.

Esta historia de los Gobiernos europeos y el velo es contagiosa. Francia ha conseguido contaminar incluso a España, un país más cercano que otros al mundo musulmán, se queja desde Rabat Nadia Yassine, líder del movimiento islamista Justicia y Espiritualidad, perseguido por el Gobierno marroquí. Yassine cuenta que es verdad que a algunas chicas sus familias les obligan a ponerse el velo, pero muchas lo deciden libremente. Lo que en Europa no se dan cuenta es que más allá de cuestiones políticas o religiosas, el velo es una moda que arrasa en el mundo árabe. Las jóvenes ven a las modelos árabes en la tele y les gusta, sostiene Yassine.

Desde luego, a mí nadie me obligó a ponérmelo; es más a mi familia no le hizo demasiada gracia, confiesa Angelica Oballe, una alemana de 21 años, que hace apenas unos meses decidió convertirse al Islam, calzarse el pañuelo y emigrar a Oriente Próximo. Hoy Oballe pasea por la ciudad vieja de Jerusalén, mimetizada con el entorno. Con los ojos emborronados de Kohl, falda larga y colorido pañuelo en la cabeza, nadie diría que procede de una familia que nunca tuvo nada que ver con el Islam. Decidió ponerse el pañuelo a los 20 años porque el Corán lo ordena, pero sobre todo porque me siento más protegida y respetuosa con Dios. Fue una decisión libre que tiene que ver con mi forma de relacionarme con Dios, pero también es una manera de demostrar que estoy orgullosa de ser musulmana, que no tengo porqué esconderme.

Menos entusiasta se muestra Mina Chebaa, que a sus 38 años resopla cuando se le pregunta porqué y cómo decidió ponerse el velo. Dice no entender la cansina obsesión occidental por liberarlas del yugo textil. Estamos hartas. Si les preocupan los derechos de las mujeres, que se preocupen de las maltratadas, o de impedir que las mujeres con velo no tengan acceso a los trabajos en la Administración --como en el caso de su ciudad, Amberes, en Bélgica--. Explica que sí se dan casos en los que los maridos obligan a sus mujeres a ponerse el velo, pero que constituyen una pequeña minoría. Chebaa decidió libremente cubrirse con el velo y lo hizo muy tarde, a los 25 años, cuatro años después de casarse. Fue una decisión estrictamente personal, fruto de un proceso de búsqueda de mi identidad, explica Chebaa, miembro de la Plataforma para la emancipación de las mujeres musulmanas en Bélgica. Muchas mujeres musulmanas se ríen cuando escuchan a una mujer occidental preocuparse por ellas, porque van veladas. Consideran que si algún colectivo de mujeres está oprimido no son precisamente ellas, sino más bien las occidentales, presas del culto a la imagen y al cuerpo. Algunas musulmanas presumen de que en su cultura, lo que cuenta es la belleza interior y no las nuevas mechas o el bronceado de unas piernas al aire. En Líbano, en Marruecos, en Egipto... a lo largo y ancho del mundo musulmán se escuchan parecidos argumentos de boca de mujeres de distinto signo político o fervor religioso.

En el caso de Samah, una veinteañera beirutí, casada con un clérigo de Hezbolá y a la que ni se le pasa por la cabeza la posibilidad de no cubrirse la cabeza, la religión fue claro, un factor determinante a la hora de cubrirse. Un chador negro, de la cabeza a los pies, no deja que se adivine ni una curva en su cuerpo. Su rostro, muy dulce queda enmarcado por la tela negra desde el nacimiento del cabello hasta la barbilla. Es de las que cree que el chador es un arma de protección indispensable ante la incontrolable biología masculina. Ellos son diferentes. Siempre tienen ganas de sexo. Por eso, no hay que provocarles. Si una mujer va con escote y con una minifalda, ¿Qué va a hacer el hombre, pues violar a la primera que pille, es normal. Así hablaba Samah poco antes de que las bombas israelíes destrozaran su barrio del sur de Beirut. Preocupada porque la periodista que la visitó anduviera con la melena al aire, la obsequió con un libro en francés: La question du hiyab (La polémica del hiyab, velo), un argumentario a favor del uso del pañuelo, editado por la organización para la propagación islámica de Teherán.

El manual en cuestión explica que el hecho de que la mujer se cubra de acuerdo con los límites que fija el Islam, le permite adquirir prestancia y respeto y la protege de los individuos frívolos e inmorales. Como complemento al argumento del pañuelo como moda, como instrumento de liberación y de protección ante el frenesí masculino, ha cobrado fuerza en los últimos años el del velo como símbolo de identidad frente a lo que consideran agresiones de Occidente. Si Occidente no les quiere, ellas vuelven la espalada y se aferran a las tradiciones. Los años setenta del siglo XX que pusieron de moda la minifalda y el ir de discoteca en Marruecos han quedado atrás, de la misma manera que las cabezas cubiertas avanzan sin freno en la tradicionalmente laica sociedad palestina. Turquía, Egipto, las segundas y terceras generaciones de musulmanes en Europa, siguen el mismo camino y sobran los ejemplos.

Y a medida que las corrientes colectivas ganan terreno, las decisiones individuales pierden peso. Es un fenómeno transfronterizo, que se extiende no sólo por el Magreb u Oriente Próximo, sino también por Bangladesh, Indonesia... Las mujeres se han convertido en el campo de batalla entre Oriente y Occidente tras el 11-S, sostiene la feminista turca Liz Erçevik cuya asociación forma parte de la coalición para los derechos sexuales y corporales de las sociedades musulmanas. Cree que el debate sobre el velo se plantea en términos muy simplistas velo sí o velo no y cree que hay que ver porqué cada vez mujeres deciden más o menos libremente enfundarse el pañuelo. Por un lado Occidente invade países como Kuwait o Afganistán para liberar a las mujeres y por otro, los líderes musulmanes instrumentalizan a las mujeres para reforzar la identidad nacional en el mundo musulmán. Este debate polarizado lo único que hace es menguar los derechos de las mujeres, sostiene Erçevik en conversación telefónica desde Estambul.

En Turquía, probablemente más que en ningún otro país está claro que la batalla política --en este caso entre la oposición laicista y el Gobierno-- se libra en el guardarropa de las mujeres. El Tribunal Constitucional turco acaba de anular la ley reciente ley que permitía ir con velo a la universidad, hasta ahora prohibido. La prohibición constitucional obliga a algunas mujeres a ocultarse o a ponerse encima pelucas o gorros para sortear la vigilancia de los guardas universitarios, mientras que otras renuncian a estudiar. Como feministas no estamos dispuestas a renunciar al derecho a la educación de las mujeres. Además, es una medida que profundiza en la discriminación porque sólo afecta a las mujeres, añade Erçevik. El ataque a la igualdad que denuncia esta feminista turca, más allá de las consideraciones religiosas o de hasta dónde es aceptable el relativismo cultural fue precisamente la idea fuerza que se escondía tras las palabras del discurso pronunciado esta semana por la ministra Aído en el Congreso de los diputados español y que tanto revuelo han causado.

El laissez faire (dejar hacer) español, como el británico o el alemán dista de las restricciones francesas al uso del pañuelo, imitadas parcialmente por otros países europeos. Francia, la gran valedora del laicismo prohibió en 2004 el uso de signos religiosos --el velo-- en las escuelas públicas, lo que suscitó una marea de rechazo en el mundo musulmán. Países tradicionalmente menos intervencionistas como Bélgica u Holanda se han decantado también por poner coto a los dictados religiosos. Mientras la ciudad belga de Amberes ha prohibido el uso del velo a las funcionarias públicas que trabajan de cara al público, en Holanda no se permite vestir el burka en las escuelas y centros oficiales. Lo que está claro es que de momento, los países europeos no han sabido o no han querido adoptar una postura común sobre esta cuestión. Y que los intentos de regulación han levantado ampollas como en el caso francés o el belga.
En Estados Unidos, donde no se restringe el uso del pañuelo, las mujeres musulmanas no corren mucha mejor suerte y en general, como en el resto de Occidente se asocia la cabeza cubierta a una restricción de sus derechos y a una cultura democrática cuando menos deficiente, lejos del poder liberador que alguna de estas mujeres le atribuyen al velo. Y si no, que se lo pregunten a Hebba Aref y a Shimaa Abdelfadeel, a las que se les prohibió subir al escenario en un reciente mitin de Barak Obama por llevar el velo puesto. El senador cristiano no quiso dejarse ver con esas mujeres, no fueran a creer sus votantes que tiene algo que ver con las oprimidas musulmanas.

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