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Carta de cuatro rabinos a Su Excelencia Sayyed Hassan Nasralá, Secretario General de Hezbolá

Rabinos Moshe Dov Beck, Yisroel Dovid Weiss, Meir Hirsh y Ahron Cohen.

12/03/2008 - Autor: Introducción y traducción de Manuel Talens - Fuente: Rebelión
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De izquierda a derecha: Rabinos David Shlomo Feldman, Moshe Dov Beck y Yisroel Dovid Weiss. (Beirut 2005)
De izquierda a derecha: Rabinos David Shlomo Feldman, Moshe Dov Beck y Yisroel Dovid Weiss. (Beirut 2005)

Introducción: La rebelión de los rabinos

El músico, escritor y activista propalestino Gilad Atzmon, que nació judío y abandonó más tarde esa identidad política de sí mismo para defender la causa del pueblo palestino desde una posición humanista y universal, investigó hace años el concepto de “identidad judía”, y su trabajo tiene la virtud de definir y analizar la judeidad desde una perspectiva social, no racial. Según Atzmon, y cito textualmente, “quienes se denominan judíos pueden dividirse en tres categorías principales: 1. Los que practican el judaísmo; 2. Los que se consideran como seres humanos de origen judío y 3. Los que sitúan su judeidad por delante de todas sus otras características. Obviamente, no tengo ninguna dificultad con las dos primeras categorías, pero la tercera es bastante problemática. La tercera incluye, por ejemplo, a un judío que vive en Estados Unidos (en vez de a un estadounidense de origen judío), a un judío que toca el saxofón (en vez de a un saxofonista de padres judíos), a un judío antisionista (en vez de un antisionista de ascendencia judía). Para el judío de la tercera categoría, la pertenencia racial es una cualidad primaria y ésa es, de hecho, la propia esencia del sionismo.”

Atzmon ha repetido en otras ocasiones que siente un gran respeto por las personas religiosas en general y eso incluye a los judíos religiosos. Éstos, es evidente, pertenecen a la primera de sus tres categorías identitarias. Ni que decir tiene que las feroces críticas atzmonianas contra el carácter racista, supremacista y criminal del sionismo le han valido y le siguen valiendo el calificativo de antisemita por parte del colectivo sionista mundial, y ello a pesar de que en ninguno de sus escritos hay connotaciones raciales basadas en la sangre o en el origen étnico, pero es bien sabido que el Estado de Israel y todos sus defensores se preocupan sobremanera de hacer equivalentes dos parejas de palabras que en realidad no lo son: por un lado, semitismo y sionismo y, por el otro, antisemitismo y antisionismo, de tal forma que quien critique al estado sionista se convierte de inmediato en culpable de antisemitismo, lo cual no es ninguna broma, pues las legislaciones europeas incluyen éste entre los delitos tipificados en sus respectivos códigos penales. Por supuesto, una cosa es acusar a alguien en los medios y otra muy distinta que un tribunal lo condene, porque para ello hacen falta pruebas. De hecho, muchísimos de los calumniados públicamente por el sionismo como antisemitas –Atzmon entre ellos– no han tenido nunca problemas con la justicia, pero es bien sabido que cuando se calumnia, algo queda.

Regreso ahora a las tres categorías de Gilad Atzmon. La primera de ellas, como hemos visto, se refiere a los judíos religiosos, cuyos líderes espirituales son los rabinos. En nuestras sociedades occidentales de cultura cristiana –y específicamente católica– estamos acostumbrados a que la jerarquía eclesiástica, desde los obispos para arriba, repita incansablemente que su reino no es de este mundo, pero al mismo tiempo se alíe con los sectores más reaccionarios. Tenemos, quizá, la equivocada percepción de que lo mismo ocurre en las otras religiones monoteístas. Falso, acaban de respondernos los cuatro rabinos que firman la autoría de esta carta que hoy traduzco y que pertenencen al movimiento ortodoxo Neturei Karta - los Guardianos de la Ciudad - Judíos unidos contra el sionismo, que, sobre la base de una lectura estricta de las Sagradas Escrituras judías rechazan el Estado de Israel como herejía.

Confieso que desconozco casi todo de la religión judía –pues no pertenece a mi cultura– y que desde mi posición de marxista militante hasta ayer mismo creía imposible verme traduciendo de forma entusiasta un texto teñido de religión. Pero es que en esta carta hay algo más que un ejercicio retórico de fe. Se trata, más bien, del testimonio político más extraordinario a favor de los pueblos palestino y libanés que ha caído en mis manos desde hace mucho tiempo, testimonio que repite, palabra por palabra y con toda su radicalidad, el del discurso de Gilad Atzmon: a) el sionismo no tiene nada que ver con el judaísmo y b) el Estado de Israel (es decir, los aparatos políticos e institucionales de Israel –nada que ver con la raza, sino con la política) es un sinsentido racista y guerrerista, legal pero ilegítimo, que desde su implantación no ha hecho otra cosa que crear dolor y destrucción a sangre y fuego.

No sé hasta qué punto es peligroso para estos cuatro rabinos firmar unas manifestaciones tan comprometedoras, sobre todo en un momento como el actual, en que la organización palestina a la que dirigen su carta –Hezbolá– y su líder –Sayyed Hassan Nasralá– están en la lista oficial del terrorismo unilateralmente establecida por los poderes occidentales. Esta intrusión tan desacostumbrada en la res pública de miembros de alto rango pertenecientes a un estamento religioso, lejos de las habituales elucubraciones metafísicas del clero y, sobre todo, a contracorriente y a favor de los -en apariencia- perdedores en el conflictivo Oriente Próximo, es algo tan inhabitual que sólo por eso debería merecer el respeto de quienes nos consideramos a la izquierda. La fraseología religiosa utilizada en su redacción, por muy ingenua que les parezca a muchos, permite vislumbrar todo el amor, la compasión, la solidaridad y el profundo pesar de estos cuatro hombres buenos del judaísmo ante las injusticias del sionismo. La lectura de esta carta valiente me ha recordado a otro hombre bueno de nuestra orilla cristiana, que también se atreve a defender lo indefendible en Occidente: el Padre Luis Barrios, de la iglesia San Romero de las Américas de Nueva York. Compárese esta carta de los rabinos con el artículo de Barrios que publicamos el mes pasado en Rebelión y, luego, ambos textos con uno de signo totalmente opuesto, de extrema derecha, a cuyo autor, para no manchar estas páginas, preferí llamar El innombrable. Son el día y la noche.

Con gente como Barrios y como estos cuatro rabinos rebeldes, lector amigo, es aún posible soñar que la liberación está al alcance de la mano.- Manuel Talens

* * *

A continuación, la carta enviada por Neturei Karta: 19 de febrero de 2008

A su Excelencia Sayyed Hassan Nasralá, al distinguido pueblo de Líbano

Assalam Alaikum,

¡Que el Altísimo os bendiga, a vuestras familias y a todos nuestros queridos hermanos en Líbano!

Somos la voz y los mensajeros de la judeidad, del pueblo judío de todas las partes del mundo, que es fiel a la Torá del Altísimo.

Hace menos de un mes que publicamos una carta abierta a Dr. al-Zahar y al pueblo de Gaza y del resto de Palestina. En aquella carta, con la ayuda del Altísimo, expresábamos nuestro dolor, nuestra pena y nuestra frustración ante las atrocidades cometidas por el Estado de Israel (un estado absolutamente ilegítimo según la ley judía de la Torá). En ella le dábamos nuestro pésame personal al Dr. al-Zahar y lo acompañábamos en su sentimiento. Añadíamos que, en verdad, a quien deberíamos dar el pésame era a cada familia que ha sufrido una pérdida a causa de esa entidad inicua que es el Estado sionista de Israel, pero la lista de las víctimas es trágica y desoladoramente larga, lo cual nos impedía escribir y visitar personalmente a todos y a cada uno de los habitantes de Gaza y Palestina para expresarles los sentimientos de nuestros corazones y de todo nuestro ser, la pena que sentimos ante el sufrimiento de esa nación inocente a manos de una entidad que la santa Torá y nuestras autoridades rabínicas declaran, establecen y condenan como absolutamente prohibida.

Añadíamos, además, que todo el pueblo palestino, sus familiares y sus descendientes a lo largo y ancho del mundo deben escuchar y sentir nuestra empatía, nuestro apoyo, las constantes e intensas oraciones que por ellos rezamos al Altísimo. Porque, al fin y al cabo, sabemos que cada una de esas personas se ha visto profundamente afectada por el Estado sionista.

Sayyed Nasralá, Excelencia, sepa que nuestros sentimientos por el pueblo de Líbano son exactamente los mismos.

Lo hemos escuchado hablar recientemente a usted en el funeral del asesinado Imad Mughniyá y otras muchas veces con anterioridad. Por eso, sabemos que usted y su organización son profundamente conscientes de la diferencia abismal que existe entre el sionismo y el judaísmo y de que un gran número de judíos, ya sea en la Palestina ocupada o en el resto del mundo, se oponen por completo al sionismo y al Estado de Israel.

Además, invitada por Hezbolá, una delegación de nuestros rabinos se desplazó a Líbano, su magnífico país. Fuimos allí para asistir a la conferencia del sindicato internacional de parlamentarios para la defensa de la causa palestina.

El respeto y la amabilidad con que allí recibieron a nuestro grupo fueron más que ejemplares. En aquel momento, gracias al Altísimo, tuvimos la oportunidad de ver y experimentar en persona que los pueblos árabe y musulmán, a pesar de su largo sufrimiento a manos del sionismo, no han sucumbido a las influencias del mal.

Por dondequiera que fuimos encontramos amor y amistad. En cualquier parte de Líbano que visitamos, la prioridad de todas y cada una de las personas era agasajarnos. Sólo entonces, una vez que aquella buena gente estaba segura de nuestro bienestar, se nos mostró el sufrimiento que les ha causado la ocupación sionista. Para nuestra sorpresa y como muestra de su honorabilidad, nadie profirió acusación alguna contra nuestros rabinos o la nación judía.

Es obvio que los pueblos árabe y musulmán todavía recuerdan que entre nosotros no existe un conflicto religioso y que hemos vivido centenares de años juntos y en armonía. Está claro que muchos comprenden cuál es la diferencia entre sionismo y judaísmo.

Permítanos relatarle tres experiencias muy conmovedoras que tuvimos en Líbano y que dejaron una impresión indeleble en nuestros corazones.

Fuimos al antiguo centro de detención de Khiam y allí vimos las terribles torturas que los libaneses sufrieron durante años y que el mundo ignora. (Hemos oído que los sionistas destruyeron por completo este centro de detención en su reciente incursión en Líbano para borrar cualquier recuerdo de aquellas torturas.)

Visitamos los tristes confines de los campos de refugiados de Sabra y Chatila; hablamos allí con palestinos y encendimos velas en la Plaza de los Mártires, donde se perpetró la infame masacre. En estos dos lugares nuestros ojos se llenaron de lágrimas por aquellos sufrimientos innecesarios y trágicos, que aún perduran y son contrarios a cualquier lógica o derechos humanos (esos derechos que para nosotros son divinos).

Luego tuvimos la oportunidad y el privilegio de asistir a una manifestación contra el sionismo y el Estado de Israel en la Puerta de Fátima, el lugar que vincula a Líbano con el territorio ocupado por el sionismo. Por supuesto, muchos de nuestros hermanos que residen en territorio ocupado se manifiestan sin cesar contra ese Estado, y ello con un gran coste personal. Se los apalea o detiene brutalmente.

Asimismo, queremos que usted y nuestros hermanos de Líbano sepan que, tras el reciente ataque sionista contra su país, muchos judíos en todo el mundo participaron en manifestaciones a favor del pueblo libanés. Los rabinos de la comunidad religiosa judía de Canadá, Reino Unido y USA asistimos a casi todos los principales mítines para expresar allí nuestra condena más efusiva y nuestra oposición al ataque cruel y homicida contra Líbano. Esto fue aparte de las manifestaciones organizadas exclusivamente por nuestras comunidades religiosas judías en todo el mundo 1.

Excelencia, siempre humilde Sayyed Nasralá, ahora nos dirigimos a usted y le pedimos que acepte nuestras palabras y las transmita a los ciudadanos de Líbano y al pueblo palestino que vive en los campamentos de refugiados de su país, junto con el mensaje que viene a continuación.

Le reiteramos que somos la voz y los mensajeros de la verdadera judeidad, del pueblo judío en todo el mundo que es fiel a la Torá del Altísimo.

A pesar de que las barreras del lenguaje limitan la expresión de nuestros sentimientos más profundos y verdaderos, el pueblo judío le ofrece humildemente a usted, a todo Líbano, a Gaza y la totalidad de Palestina, unas breves palabras que tratan de transmitirle nuestro apoyo, nuestra pena más profunda y la simpatía que nuestro corazón siente por todos ustedes en estos tiempos trágicos y traumáticos que vivimos.

De nuevo le repetimos que lo más correcto y apropiado sería que escribiésemos y nos dirigiésemos personalmente a cada uno de los que han sido víctimas del Estado sionista de Israel. Por desgracia –¡y cuán trágico es!–, la lista de las víctimas es desalentadora.

¡Ojalá estas breves y humildes palabras sean un mensaje de consuelo, amistad, lealtad y apoyo a usted, al pueblo de Líbano y al pueblo de Gaza y de toda Palestina!

Los verdaderos judíos de todo el mundo, incluidos por supuesto los de Palestina, nunca han aceptado la ideología del sionismo ni, con la ayuda del Altísimo, reconocerán nunca la realización de su herético plan, el Estado de Israel.

Nuestro único vínculo es con el Altísimo y su Torá. Nuestros sabios dicen que debemos imitar al Altísimo: “Así como el Altísimo es compasivo, nosotros debemos serlo”.

Nunca nos hemos vinculado y, con la ayuda del Altísimo, nunca nos vincularemos y seguiremos siendo ajenos a esa aberración satánica que es el sionismo y el Estado de Israel.

Permítanos recordarle a usted que tras la destrucción del templo, hace unos dos mil años, el Altísimo nos ordenó clara y explícitamente que nosotros, el pueblo judío, debíamos ser ciudadanos humildes y leales en cada país que residiéramos. Además, no debemos rebelarnos contra naciones, no debemos intentar acabar con nuestro exilio. Tenemos prohibido crear nuestro propio estado o entidad.

Debemos rezar, anhelar y esperar pacientemente el día en que el Altísimo revele su gloria en todo el mundo.

En ese momento, toda la humanidad irá a la Tierra Sagrada, en armonía y hermandad, para servir al Altísimo en paz y alegría.

Hace unos cien años, los sionistas empezaron a llegar a Palestina para realizar su sueño de transformar el judaísmo de una religión en un nacionalismo. Y así empezó la triste y amarga historia de la rebelión, del motín contra el Altísimo, que más tarde dio lugar al ilegítimo Estado de Israel.

Desde la creación del Estado de Israel, el pueblo palestino y, más tarde, también el pueblo libanés han sufrido de forma increíble y constante. Han sido oprimidos, apaleados, asesinados, humillados, desplazados y expulsados.

A pesar de que esta carta y la situación actual no son ni el lugar ni el momento de escarbar en nuestro sufrimiento personal a manos del régimen sionista, creemos necesario llamar la atención del pueblo árabe sobre tales cuestiones. Dicen nuestros sabios que el hecho de saber que muchas personas comparten lo que uno sufre proporciona algo de alivio. Asimismo, con esta carta queremos demostrar a todos la sinceridad de nuestra oposición frente ese cáncer que le ha crecido a la nación judía, el denominado Estado de Israel.

Por lo tanto, permítanos decirle que desde que aquellos pecadores y ateos que eran Theodore Herzl y sus adláteres alzaron sus repugnantes voces para promulgar su ideología del diablo, la herejía del sionismo, el pueblo judío también ha sufrido lo indecible, tanto física como espiritualmente.

Nuestros hermanos temerosos de Dios en toda Palestina fueron y son continuamente apaleados, asesinados, encarcelados y oprimidos desde el principio del sionismo hasta la actualidad 2. Son y han sido siempre las víctimas de estos mismos perpetradores del mal que están oprimiendo a los pueblos palestino y libanés.

Sepa usted que nuestros verdaderos líderes, los rabinos y los sabios en Palestina, Oriente Próximo, Europa y todo el mundo, han gritado con todas sus fuerzas su total oposición al sionismo y al Estado de Israel desde que fue creado. Han reprobado y condenado todos los males que fue causando, la opresión del pueblo palestino y, en fechas más recientes, del pueblo libanés. Han condenado la opresión de los judíos religiosos y los constantes intentos del Estado de Israel por erradicar y destruir lo divino y religioso. Han mostrado incansable, valiente y públicamente, con enorme sacrificio personal, su oposición a esta rebelión contra el Altísimo.

Nuestros santos líderes han emitido incontables edictos que obligan a los judíos fieles al Altísimo y a su Torá a distanciarse y separarse de ese Estado pecaminoso e ilegítimo de Israel y de todos los males que emanan de él.

Gracias al Altísimo su mensaje ha sido escuchado por muchos judíos temerosos de Dios en todo el mundo, que lo han obedecido. Más aún, miles de ellos han apoyado a sus rabinos y muchos miles se manifiestan constantemente sin miedo, incluso hoy, en la Palestina ocupada y en el resto del mundo contra el Estado de Israel.

Todo eso está perfectamente documentado, pero no sale a la luz a causa del control informativo de los medios sionistas, que intimidan a quienes se atreven a hacerles frente o a revelar la verdad 3.

Pero, aparte de los muchos mandamientos de la Torá, que obligan a hacer el bien, y del requisito de imitar al Altísimo –“Así como Él es compasivo, nosotros debemos serlo”–, y dejando de lado las claras prohibiciones en contra del sionismo, hay otro detalle importantísimo que deseamos mencionar: somos excepcionalmente sensibles a la difícil situación de los pueblos palestino y libanés porque, hasta hace muy poco, nosotros los judíos hemos sufrido una discriminación extrema y las más trágicas calamidades en los campos de concentración de Europa. Nuestros parientes cercanos padecieron lo inenarrable y murieron allí. También sabemos y hemos vivido lo que representa ser desplazados, porque nos desarraigaron de nuestros hogares y moradas en toda Europa. Estos hechos, por supuesto, multiplican nuestra comprensión y nuestros sentimientos ante la tragedia de los palestinos y los libaneses.

Como seres humanos de limitada comprensión, nos parece hasta la fecha –Dios no lo quiera– que el Estado de Israel, esa entidad maligna, no cesará nunca de existir y seguirá exudando sus iniquidades sobre los pueblos inocentes y temerosos de Dios que tiene bajo su control.

Sin embargo, confortaos, hermanos nuestros de Palestina y Líbano, pues no olvidéis que hay un Dios grande y benevolente, Creador del Universo, que de verdad controla el mundo. ¡Él puede acabar con vuestro sufrimiento, y lo hará!

En la Torá está escrito que quien peca contra el Altísimo no triunfará. El Estado de Israel, según la Torá del Altísimo, debe sucumbir y sucumbirá.

Permítanos que recemos y le supliquemos que provoque muy pronto el desmantelamiento completo, rápido y pacífico de ese estado ilegítimo, y que vivamos para verlo. Con la benevolencia del Altísimo, ojalá esto ocurra sin más dolor o sufrimiento. Amén.

Le rogamos que transmita este mensaje a todos y a cada uno de sus hermanos que sufren por la opresión del sionismo y de Israel. Pero nos parece todavía más importante que transmita este mensaje a los afligidos familiares de las víctimas caídas, de los heridos y de los mutilados, y aún más, sin duda alguna, a los que languidecen en las prisiones israelíes y a los que yacen doloridos en una cama de hospital.

Transmítales nuestra solidaridad y nuestras palabras de consuelo y apoyo. Sentimos vergüenza por los actos que se cometen en nuestro nombre y se nos parte el corazón por lo que les está pasando.

Se lo imploramos, transmítales a los pueblos de Líbano y Palestina el mensaje de que somos innumerables los judíos del mundo y de Palestina que estamos de su parte, que nos oponemos por completo al sionismo y al Estado de Israel y que rechazamos cualquier responsabilidad por los actos de los sionistas. Hágale saber a su pueblo que cuando se encuentren con judíos no deben considerarlos enemigos. Todos servimos a un solo Dios.

Se lo repetimos, rezamos sin cesar, preocupados y esperanzados por todos ustedes.

¡Ojalá se nos conceda pronto y podamos ver con nuestros ojos el desmantelamiento completo, rápido y pacífico del Estado de Israel!

Que el Altísimo traiga sobre nosotros las palabras de sus profecías, cuando todos los hombres lo servirán en armonía, paz y regocijo! Amén.

Que la paz os acompañe.

Afectuosamente suyos,

Rabinos Moshe Dov Beck y Yisroel Dovid Weiss (USA, Canadá)
Rabino Meir Hirsh (Palestina)
Rabino Ahron Cohen (Reino Unido)

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