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La amenaza ultra en Extremadura

25/11/2007 - Autor: Pablo Calvo - Fuente: hoy.es
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Manifestantes ultras
Manifestantes ultras

En Pintores, la calle comercial de Cáceres. A las ocho de la tarde. En plena celebración del Mercado Medieval. Ése es el escenario, poco probable para una agresión, en el que Jorge (nombre supuesto) recibió una paliza por parte de un grupo de ultras. Le rompieron el ligamento cruzado anterior de una patada de bota con punta de acero, parte indispensable del vestuario skin. La lesión le obligó a pasar por el quirófano, seis meses de rehabilitación y le dejó una mezcla de miedo y orgullo. «Los primeros días salía a la calle y miraba para todos lados, pero tuve el miedo en el cuerpo tres días, no más, no voy a bajar la cabeza por mis ideas» asegura Jorge, afiliado de CNT. Pese a sus palabras, no desea ni que aparezca su nombre ni su rostro. Y se entiende al escuchar el relato de la agresión.

«Íbamos cinco, dos chavalitas y tres colegas. Se debieron fijar sobre todo en uno, que era un poco punky. Al pasar al lado de ellos, (el ultra) me dio un bofetón, me tiró contra un escaparate y dijo: ¿Qué coño miras!. Salimos corriendo, tuvimos que meter los codos porque la gente ni se apartaba, la calle estaba a reventar. La cosa fue seria porque es que ni siquiera se lo pensaron. Mientras corríamos, ellos iban lanzándonos las hebillas de los cinturones, puños americanos... Miré para atrás y vi que un mastuerzo de tamaño considerable iba a agarrar a una de las chavalitas, así que me giré y me puse en medio para protegerla, tenía 16 años. El tio me saltó encima, me patearon un rato en el suelo ante la impasibilidad del resto de la gente, un rollo como el del metro de Barcelona. Rodé sobre mi mismo, salí corriendo hacia bajo y ahí noté la rodilla tocada. Me habían dejado el ligamento como un tornillo. Me refugié en un bar y ellos no debieron verme porque pasaron de largo corriendo a por los demás. Una parte eran de aquí, seis o siete. Otros habían venido de Trujillo y otros desde Madrid. De eso me enteré luego».

Desde la agresión de Jorge han transcurrido dos años, y la situación parecía que se había calmado, aparentemente. Hace seis meses le dieron dos bofetones en el Paseo de Cánovas a un chaval con rastas. El verano pasado cuatro ultras de estética skin corrieron detrás de dos chicos que iban cogidos de la mano.

La madrugada del jueves, Jorge estuvo con Carlos G.B., el joven que media hora más tarde sería apuñalado en la Plaza Mayor de Cáceres. «Se lo advertí. La semana anterior habían estado buscándole en bares de la Plaza de Santiago. Le tienen especial inquina porque es de los pocos que dan la cara y reacciona».

Carlos G.B. había participado una semana antes en una manifestación antifascista, y fue fotografiado dando una patada a un joven de estética neonazi. Resultó su perdición. «Si pegas a un tio, sabes que van a ir a por ti», asegura Gonzalo, de CNT, para resumir el ambiente de la calle. Desde el día de la manifestación, en el sindicato han tomado algunas precauciones. «Nunca se deja la puerta abierta y procuramos estar más de uno en la sede».

Durante los sietes días transcurridos entre la manifestación antifascista y el apuñalamiento, los foros de Internet han ardido de comentarios violentos de radicales. Un amigo del herido lleva desde el pasado día 16 sin acudir a su trabajo, con permiso de su jefe, y se ha puesto en contacto telefónico con la Asociación de Derechos Humanos (ADHEX) para solicitar amparo. Su nombre ha sido citado en esos foros, que el Movimiento contra la Intolerancia ha bautizado como espacios de ciberodio. «Sólo he salido de casa por el día a algún recado. El ambiente es de peligro extremo. Me han llegado por terceros las mismas amenazas que a Carlos».

Doce horas

Pese a todo, 12 horas antes de que se produjera el apuñalamiento, una fuente policial minimizaba el problema e insinuaba que los enfrentamientos entre neonazis y antifacistas era algo más mediático que real. La Delegación del Gobierno no ofrece información ni comenta la existencia de grupos extremistas en Extremadura, quizás por cautela o por desconocimiento de lo que tiene entre manos. Lo cierto es que las agresiones se producen en un ambiente de casi impunidad, en lugares conocidos por ser zonas de reunión de grupos violentos o calles muy céntricas «Se veía venir, pero hasta que no hay sangre de por medio, no se actúa», afirma un antifascista.

Jorge, agredido hace dos años, lo explica así: « Podía identificar perfectamente al que me dio, pero pregunté a los nacionales qué le iba a pasar y me dijeron que un delito de faltas por lesiones. Mientras sale el juicio, está en la calle y cuando llegue le caen 300 euros de multa. Además, con los papeles del juicio le estás dando todos tus datos: dónde vives, cómo te llamas, ....¿Para qué?, para que el próximo día esperen a mis padres a la puerta de casa». Jorge ve habitualmente a sus agresores.

El Movimiento contra la Intolerancia y el Centro de Investigación en Derechos Humanos estiman que en Extremadura existen 300 extremistas y neonazis, muchos de ellos ligados a grupos ultras de equipos de fútbol. Un informe realizado por la UEFA cifra en 50 los ultras camuflados como aficionados de equipos extremeños. El Cacereño dejó este año de pagar los viajes al Escuadrón Verdiblanco, y en la nueva temporada le ha puesto pegas para que acudan al estadio como peña.

En el Mapa del odio de España elaborado por el Movimiento contra la Intolerancia en el 2006, Extremadura sale poco. Se recogen varias agresiones denunciadas por CNT a finales del 2005, los destrozos en negocios regentados por personas de origen africano y la continua aparición de pintadas, además de «frases amenazantes de muerte para colectivos de ideología libre de izquierda y manifestaciones homófobas».

El Informe Raxen Especial del 2007 también incluye la paliza que una niña gitana recibió por parte de seis de compañeros en un colegio en Almendralejo, y la manifestación contra la construcción de una mezquita en Talayuela, convocada por las organizaciones ultras Movimiento Católico Español y Acción Juvenil Española. Se le bautiza como Islamofobia.

«De Extremadura lo que tenemos es poca información, no sabemos si hay pocos incidentes o muchos», afirma Esteban Ibarra, presidente del Movimiento contra la Intolerancia, que el viernes visitaba Cáceres. «Lo que sí es verdad es que en las principales ciudades extremeñas hemos recogido incidentes. Y crece la intolerancia de carácter religioso con partidos que son anti-inmigración». Ibarra reclama la creación de una fiscalía especializada que persiga los delitos de odio. «Los partidos políticos empiezan a reaccionar lentamente. Les pedimos que se tomen el problema en serio. En Cáceres ha habido un joven apuñalado, pero era un crimen anunciado en internet».

Conexiones

La violencia entre radicales parece focalizada en la capital cacereña. Sus ultras, un grupo de entre 30 y 40, siempre han destacado cuando se han reunido con los de otras ciudades extremeñas. «Los neonazis no son muchos en Cáceres, pero cuando vienen los de Trujillo y se juntan, la cosa sí es preocupante», dicen desde CNT. También es frecuente la aparición de jóvenes neonazis llegados de Madrid. Desde Trujillo sale un hilo conductor que llega hasta la Juventud Nacional Revolucionaria y Acción, Nación, Revolución, grupos conocidos por sus siglas JNR-ANR. A través de la red, por ejemplo, se puede empezar por un inofensivo video de kick boxing Trujillo y terminar en web solidarias con los presos nacionalsocialistas.

«Esta gente está muy conectada entre ellos», confirma Jorge. «La captación se hace en los institutos sobre todo. Le dicen a los adolescentes, que están hartos de recibir collejas de los mayores en los pasillos, que si se rapan la cabeza lograrán que le respeten, y pican. Se les puede ver en la puerta esperando a que salgan». Gonzalo señala que también en la Universidad hay presencia de la ideología ultra. Lo dice por experiencia propia. «Me rompieron un folleto en la cara cuando repartía propaganda en la puerta de Filosofía y Letras. Era un tío normal, pero con chapas ultras en la cazadora».

Los últimos sucesos se han desencadenado a raíz de la muerte, en Madrid, de Carlos Javier Palomino a manos de un joven de estética neonazi. Fue el pasado día 11 de noviembre, y en Cáceres se celebraba de nuevo el Mercado Medieval.

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