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Quieren borrar del mapa el morabito de Gandía

31/10/2007 - Autor: José López - Fuente: Webislam
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El director del Museu Arqueològic de Gandia, Joan Cardona y el concejal de Inversiones Josep Miquel Moya.
El director del Museu Arqueològic de Gandia, Joan Cardona y el concejal de Inversiones Josep Miquel Moya.

En Valencia, más concretamente en la turística ciudad de Gandía se prepara el último capitulo de falsificación de nuestra propia historia. El proposito: la manipulación ideológica que unos pocos ejercen perseverantemente contra la razón y la lógica.

Me refiero el alucinante intento de denominar ventisca-morabito al morabito de Gandia y toda la serie de actuaciones que de esta nueva y falsaria denominación pretenden perpetrarse, y que resultarían cómicas si no no corriese peligro nuestra memoria histórica.

El consistorio de Gandía, con gran coraje y visión de futuro emprendió hace poco la adquisición y rehabilitación del popular "morabito de la Marxuquera” monumento singular descubierto a mediados de los años sesenta y que registrado como bien cultural, forma parte del patrimonio artístico de la Safor y de toda la Comunidad Valenciana.

A tenor de las noticias publicadas por la prensa, un informe elaborado por el director del Museu Arqueològic de Gandia, Don Joan Cardona, y el arqueólogo Paco Blay, han abierto una nueva teoría que no tiene fundamento alguno, proclamando que el morabito, que lo es, se trataría en realidad de una nevera.

Esta teoría peregrina, proviene de un empleado del Ayuntamiento, y pretende desmontar la creencia tradicional que relacionaba el edificio con el culto islámico y no tiene otro objetivo a nuestro entender que desvirtuar la historia para satisfacción y beneficio de oscuros intereses sectarios.

La realidad histórica no es otra que los moradores de estas tierras conservaron sus costumbres y su religión en secreto, a pesar del acoso de la intolerancia religiosa y de las amenazas reales de la Inquisición, manteniendo viva la costumbre de edificar morabitos en los lugares donde fallecían los santones, hombres de vida ejemplar, que gozaban del aprecio de la comunidad.

La teoría de estos arqueólogos, aún sin haber podido acceder a su estudio más que por los medios de comunicación, no tiene asidero posible alguno:

Considerar nevera medieval a este monumento no supera el más somero análisis científico. Es paradigmático que Don Jorge Cruz Orozco, cuya tesis sobre el comercio de la nieve en las provincias de Castellón y Valencia se publicó en 1985 y que junto al otro gran experto de la historia del comercio de la nieve en la Comunidad, Don Jose María Segura, publicó en 1.996 el inventario completo de todos los pozos de nuestra Comunidad, ya que nevera y pozo son sinónimos, no siendo posible una nevera sin un pozo dentro de ella...

Y precisamente Don Jorge Cruz Orozco, conocedor de la nueva y estrafalaria teoría, ha puesto en duda esta línea de interpretación por la no presencia en el edificio de un pozo o cava para recoger hielo, como él mismo dice "universal en estas instalaciones”. Sin embargo D. Joan Cardona y Paco Blay negando las sentencias de los expertos en la materia no han tenido otra ocurrencia, en un rasgo de creatividad inusual en hombres de ciencia, que inventar para el caso una nueva categoría de neveras, no conocidas con anterioridad, que el uno, arqueólogo y el otro funcionario público, han denominados “neveras de transición” de las que solo existe según nos dicen, un ejemplar único en el mundo, precisamente el Morabito de Marxuqera. Parece evidente que algunos no estaban muy copntentos con la denominación que desde su descubrimiento, y de forma oficial, se le ha dado a este bellísimo monumento.

Para cualquier persona medianamente informada, la polémica que se quiere suscitar no existe: nuestro venerable morabito no puede ser en modo alguno una nevera salvo que algunos, quizás guiados por algún grupo con intereses encarnizados en contra de la historia, disconformes con la evidente probabilidad de que el monumento sea lo que a todas luces parece, es decir, un verdadero morabito de los miles que se sabe que edificaron nuestros antepasados a lo largo y ancho de la Comunidad Valenciana, remuevan Roma con Santiago para ocultar toda traza de nuestro paado común.

Para negar la evidencia, obviamente se ha hecho necesario inventar una nueva modalidad de nevera -“de transición”- nunca antes vista ni documentada, para poder bautizar como nevera una construcción que no dispone de foso, desagües ni ningún otro elemento esencial de los que caracterizan a las neveras, de las de verdad o de las de “transición” según la nueva terminología inventada para el caso….

Además nuestros arqueólogos, con las prisas por crear nuevos tipos de neveras que oculten la denominación oficial del morabito, no han tenido tiempo para mirar en las hemerotecas -estas no engañan- ignorando que en el momento de ser descubierto, el morabito se hallaba acompañado de otros dos morabitos de menor tamaño situados en la parte alta del montículo adyacente.

Esto confirma algo característico de los místicos musulmanes andalusíes: que su presencia atraía a otros místicos que deseabanser enterrados en el mismo lugar, con edificios cuyo desigual tamaño expresaba la veneración que el pueblo les profesaba. Existe todavía que yo sepa, una foto de uno de los 2 morabitos menores que el propietario del terreno derribó a mazazos nada más realizarse el hallazgo y desde luego el tamaño, como la escarpada ubicación hablan a las claras que el conjunto no se corresponde con ningún propósito comercial, si bien los promotores de la desternillante denominación “ventisca-morabito” aún disponen de teimpo para descubrir ahora a toda prisa una nueva categoría de nevera diminuta de transición en lugar inaccesible, suponemos que de bolsillo, una especie de nevera medieval para ir a la playa….

Ni que decir tiene que la recién inventada categoría de “nevera de transición” está llena de sin sentidos e incoherencias de descomunal calibre, como serían el costoso trabajo de descargar, colocar, almacenar, sacar y volver a cargar la mercancía en altura (al no existir foso), o quitar y volver a poner los aperos de las monturas, que suponemos que serían asnos o mulas que acabarían casi tan mareadas como sus dueños, que preferían repetir las pesadas operaciones de cargar y descargar, enjarretar y desenjarretar a sus caballerías en lugar de dejar andar unos pocos metros más a sus animales... ¡que dificil se nos hace, creer a estos arqueólogos!

La peregrina idea de una nevera de transición es algo que no se le había ocurrido a nadie nunca antes, y algo ilógico estando el destino final de la mercancía y el comprador con el dinero en la mano tan cercanos, como también el mercado de Gandia, para aprovechar el viaje y gastar los humildes beneficios obtenidos en tan sacrificado negocio.

Por si alguien todavía no lo sabe, los morabitos eran además de tumbas, lugares secretos a los que los moriscos acudían para ser enterrados y coincide que este hallazgo se produjo por casualidad, ya que se hallaba inaccesible entre un profuso bosque mediterráneo que solo los movimientos de tierra de las últimas décadas en busca de nuevas parcelas para cultivo de la naranja pusieron al descubierto.

Así que tanto por no ser una nevera, ni siquiera de esa inventada y novedosa categoría llamada de “transición”, por su ubicación a tan baja cota de altitud, como por tratarse de un conjunto de tres morabitos, tan habitual en la tradición islamico-sufí propia de nuestras tierras y por supuesto de nuestros antepasados, la nueva e insostenible teoría debe ser contundentemente desmentida y descartada por las autoridades culturales –como ya lo ha sido por los expertos en la materia- y reconsiderar seriamente rehabilitar el conjunto como lo que es, con los dos morabitos que la falta de sensibilidad del propietario hizo demoler en su día, tal vez inspirado por consideraciones intolerantes y totalitarias, tan en boga en aquella época y que parece que nunca van a llegar a su fin.

Existe por si ustedes no lo sabían un maravillosos trabajo que explica el origen de éste y de muchos otros morabitos que existen en nuestra Comunidad que se titula “los morabitos del oriente de al-Andalus” que ustedes pueden conseguir si investigan un poco. En el mismo se indican datos sobre del santón de Marxuqera y dos de sus más allegados discípulos. Sin duda convendría echar un vistazo a ese estudio, realizado por un experto en la materia, y poner en valor el morabito como lo que realmente es, y de integrarse en una ruta, que sea en una que enlace el resto de vestigios arqueológicos islámicos que forman parte de nuestra historia real, y no en la de un conjunto de neveras, por mucho que les pese a quienes quisieran borrar de un plumazo con teorías insostenibles, un pasado entrañable, emotivo, sincero y popular, que ni tan siquiera el anterior régimen pretendió ignorar.

Perseverar en el error, llamando al morabito ventisca sería un luctuoso e imperdonable suceso que la ciencia y la justicia les reclamarían a nuestros representantes al paso de los años, llenando de oprobio a nuestra casa consistorial. Las cosas son como son, no como algunos quisieran que fuesen. Ya el arzobispado de Córdoba inauguró en plena democracia la mala costumbre de denominar “Mezquita-Catedral” a la mezquita de Córdoba contrariando al turista que desea visitar esa joya de nuestra cultura y que se ve sorprendido con aviesas intenciones propagandísticas. Seguir el ejemplo de Córdoba con nuestro viejo morabito, obligaría a la catedral de Valencia a llamarse también “mezquita-catedral” pero ahí ya todo cambia, pues resulta evidente el origen y propósito de estas nuevas denominaciones. El intento de desvirtuar en Valencia a nuestro querido morabito de Marxuquera para hacerlo pasar de ser una pieza romántica y legendaria a un incoherente y fraudulento almacén de hielo debería haber llegado ya a su fin para cualquier persona dotada de entendimiento.

Le pedimos encarecidamente al alcalde de Gandía que desde su responsabilidad como máxima autoridad en el consistorio, se paren todas las actuaciones que se están realizando para crear una denominación nueva tan inconsistente, que resta valor al monumento, que tergiversa la historia y que sinceramente pensamos que tan solo deshonrará a quienes la secunden y amparen.

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