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La comunidad de los desfavorecidos

La exclusión económica que afecta a la población musulmana se convierte en un reto de futuro para Melilla, una ciudad que ha normalizado la participación del Islam en la vida política española

03/05/2007 - Autor: Miguel Pérez - Fuente: El Correo Digital
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La diputada Salima Abdeslam Aisa, de Coalición por Melilla (CpM), jura su cargo en el pleno de la Asamblea de Melilla
La diputada Salima Abdeslam Aisa, de Coalición por Melilla (CpM), jura su cargo en el pleno de la Asamblea de Melilla
«No hay ahora más velos que antes en Melilla. Lo que sucede es que se hacen más visibles». La investigadora Elena Arigita es una de las grandes especialistas españolas en el estudio del comportamiento de la autoridad religiosa en las comunidades musulmanas. Y lo que ella menciona es lo que ya se conoce entre los expertos como la «islamización de la inmigración», un fenómeno desencadenado a raíz de los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York y que se acentúa cada vez que Al-Qaida vuelve a atacar.

El proceso supone la pérdida de la identidad étnica y su sustitución por una única religiosa. Es decir, marroquíes, argelinos, tunecinos y afganos se convierten automáticamente en musulmanes o islamistas. Basta un repaso a la multitud de declaraciones surgidas a raíz del refuerzo de la seguridad en la frontera melillense tras los atentados de Argel y Casablanca para comprobarlo. Apenas nadie alude a la comunidad bereber como tradicionalmente se conoce a los rifeños, pero sí se habla de ellos como «los musulmanes de Melilla». Cuando, por otra parte, «son nacidos en la ciudad y españoles de hecho».

«La cuestión islámica ha dado una conciencia identitaria a los colectivos. Volvemos a lo de los velos: la identidad musulmana quedaba más en segundo plano y desde hace unos años es más visible», apostilla Arigita.

De primera o de segunda

Ahmed nació junto a Tres Forcas. Asegura que se siente «cómodo» en la vieja colonia; más que cuando viaja a Madrid porque «en Melilla soy un vecino más, un español musulmán, mientras allí me hacen sentir como un musulmán extranjero bajo sospecha. Y nosotros somos españoles desde antes de que Colón viera América». A su juicio, la convivencia local entre las dos creencias mayoritarias «se lleva sin problemas», aunque sí advierte que los pobladores de origen marroquí se encuentran «más desfavorecidos». Y previene que dónde hay precariedad, «hay descontento y eso es tierra abonada para el fanatismo».

Antonio, también melillense, coincide en la «elevada calidad de vida» de una urbe «tolerante por costumbre», que goza de un nivel económico bueno, playas extraordinarias y un turismo en auge. «Los niños de diferentes religiones van juntos a clase y no nos tienen que educar para la conviviencia, sino que ya lo somos». Sin embargo, también le preocupa la marginalidad de barrios como la Cañada de la Muerte, donde «no hay gran control».

Elena Arigita, coordinadora de investigación de la nueva Casa Árabe de Córboba, tiene 35 años. Hizo las maletas en 1994 y se marchó a trabajar a las universidades de El Cairo y Al-azhar (islámica). Después de esta experiencia y de su paso por un instituto de investigación holandés, recaló en la Universidad de Granada. Conoce profundamente la realidad musulmana de Ceuta y Melilla. Y desde esa magnífica atalaya coincide con Ahmed: «El problema que pueden tener estas ciudades es que surjan españoles de primer y segundo rango. El desempleo, la inseguridad y el fracaso escolar afectan más a la comunidad musulmana. No se puede hablar de segregación en Melilla, pero sí de desfavorecidos».

Si crece esto, que a nivel local equivale metafóricamente a una semilla, Arigita advierte de que el conflicto se agudiza hasta perder su naturaleza. «Cuando surge una cuestión de exclusión social porque te apellidas Abderramán y no Pérez, el problema acaba islamizándose. Se dice que esa persona es musulmana y que eso dificulta su adaptación. No. Es preciso identificar los problemas como son y no como nos interesa que sean».

El identificador de problemas reside en la Plaza del Primero de Mayo. Con gran acierto, Comisiones Obreras tiene aquí su sede sindical melillense. «Hubo ocasión y nos dijimos: ¿Qué mejor lugar para instalarnos?», cuenta su secretario general, Ángel Gutiérrez. Con la misma ironía, manifiesta que la «angustia» y la más inmediata «perspectiva de enfrentamiento» entre los vecinos de la ciudadela consiste en «averiguar quién llega primero a por el billete de barco o avión. En fecha punta yo he hecho noche en el vehículo esperando al ferry. Y los precios son desorbitados».

Pero detrás de su fino humor, Gutiérrez esconde una esclarecedora visión de la realidad local y de un equilibrio numérico entre cristianos y musulmanes -éstos son casi 27.000 de los 66.000 habitantes de la ciudad- que los índices demográficos van decantando a favor de éstos últimos. «El problema no es la religión. En Melilla siempre nos hemos sentado todos juntos a la mesa, ha habido jamón, vino, huevos y pasta y cada uno ha sabido lo que tenía que comer. El dilema real es el eterno de ricos y pobres. Como sucede en cualquier ciudad con los inmigrantes, los proletarios de toda la vida son ahora los musulmanes. Pero el problema no es que alguien sea musulmán; es que es pobre».

La reclamación marroquí

Este activo sindicalista conoce a numerosos ciudadanos fronterizos, «gente curtida que sabe defender lo suyo» y cuya «concepción de los europeos es que somos unos onegeistas, unos blandos». Preocupado, «como todos», por la amenaza del terrorismo internacional, considera que el Gobierno no debe desdeñar la capacidad de socavar que posee la desigualdad económica. «Aquí mismo están consolidándose zonas cristianas y musulmanas; es decir, se pauta una sociedad que siempre ha sido multicultural. Y ocurre lo siguiente: todos los años ante la ONU Marruecos reclama como suyas a Ceuta y Melilla. Podemos poner una valla y decir que somos la puerta de Europa, pero no ignorar que esta tierra nuestra está reclamada por otro Estado. ¿Qué va a ocurrir el día de mañana? Esa duda no incentiva la inversión».

El futuro quizá pase por un velo en las instituciones. Arigita considera un «buen síntoma» la presencia de musulmanes en la política melillense; es decir, en la española. Coalición por Melilla tiene siete representantes y, para quienes están sujetos a ideas atávicas, sepan que llevará a las elecciones de mayo un 50% de mujeres en sus listas.

«¿Hacia dónde va la ciudad? Depende de los acontecimientos mundiales, pero por parte de la comunidad musulmana hay una madurez y un nivel que hacen posible su participación en la política. Esto es algo que, a día de hoy, las duras condiciones de la inmigración dificulta en otras partes de España. Melilla puede ser el avance. Y me alegraré el día en que en otros partidos españoles se vea un velo; estaremos ante la normalización del islam en el espacio público»
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