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Revive en el Museo de Antropología la gloria de la legendaria Persia

Fue uno de los primeros imperios multiculturales en la historia del mundo.

08/01/2007 - Autor: Arturo Jimenez - Fuente: La Jornada
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Aspecto de la reproducción de un relieve persa (Foto: José Carlo González)
Aspecto de la reproducción de un relieve persa (Foto: José Carlo González)
Territorio de la legendaria Persia y de ciudades esplendorosas como Persépolis, Bam y Susa, antiguo puente entre Oriente y Occidente a través de la ruta de la seda, imperio conquistador de Babilonia o Egipto, y conquistado a su vez por Alejandro Magno (siglo IV aC) o por el ejército mongol de Gengis Kahn (XIII dC), la milenaria historia de la actual República Islámica Constitucional de Irán, sin embargo, aparece para la mayoría como algo desconocido.

Irán, más ubicado en el presente como potencia petrolera y, erróneamente, como un "país árabe", o por asuntos como la guerra con Irak en los años 80 y la tensión actual con Estados Unidos debido a su programa nuclear, fue, desde milenios antes de la era cristiana, cuna de diversas civilizaciones y culturas.

Fueron sociedades que florecieron en variados contextos geográficos y climáticos y que ahora integran el mosaico presente: persas (más de la mitad), kurdos, baluches, azeríes, turkmenos y árabes, además de armenios, judíos y asirios.

Ese "primer imperio multicultural" en la historia de la humanidad, como le han llamado, por reunir en su arquitectura y arte influencias de babilonios, griegos, turcos, indos y otros, hizo diversos aportes al mundo, como el concepto de "paraíso" y planteamientos sobre lo que ahora se conoce como "derechos humanos", además de palabras como espinaca, azafrán y azul.

Una idea mucho más clara y maravillada sobre esa nación del Medio Oriente resulta tras el recorrido de la exposición Persia: Fragmentos del paraíso. Tesoros del Museo Nacional de Irán.

Se trata de una gran muestra de 367 piezas, sin precedentes en toda América, y que permanecerá abierta hasta marzo en la sala de exposiciones temporales del Museo Nacional de Antropología, a la que en un mes, de fines de noviembre a fines de diciembre, acudieron más de 43 mil personas, aunque las filas fluyen de manera constante.

Un atisbo de la Apadana

La ruta de objetos, mapas, cédulas informativas, videos y audios con literatura persa comienza en la entrada misma del museo, al toparse con una reproducción en piedra caliza de un capitel de casi cuatro metros de altura. Este se colocaba en la parte superior de las 72 columnas de más de 20 metros de altura con que contaba el edificio conocido como la Apadana (sala de audiencias), en la ciudad de Persépolis (550-330 aC).

Antes de entrar a la sala de exposiciones temporales, llama la atención una base de columna del periodo safávida (1501-1736 dC), originario de Isfahán y con cuatro figuras y cabezas de león persa, el cual hoy se encuentra en extinción.

Luego de varios sellos y monedas de plata y oro, como las del rey sasánida Josró II (590-628 dC), destaca la reproducción de una estatua de Darío I en granito negro y con escritura cuneiforme y jeroglíficos egipcios, los cuales fueron algunos de los muchos elementos que Persia retomó de las civilizaciones que conquistaba.

Además de una variedad de cuencos y vasijas de metal y cerámica de diversas épocas, sobresale la joyería, con brazaletes, collares y pendientes de oro, plata y hueso, así como figuras en miniatura.

De una maqueta de casa en cerámica del año 5000 aC y una pequeña escultura de águila creada 2 mil años después en la zona montañosa de Kermán, desde donde se comerciaba con Mesopotamia y China, se pasa a una copa en plata de Marvdasht, decorada con dos deidades femeninas vestidas con piel de oveja.

Un toro como la Luna

Hay varios ritones o tipo de vasos en forma de cebúes, venados, aves o de saigas, especie de antílopes del Asia central. Los visitantes muestran interés por unas figurillas femeninas en terracota o hueso.

Llama la atención, y es una de las piezas principales, una copa en oro con dos toros alados que trepan por el árbol de la vida, creada mil años aC en Marlik, Gilán. "Según la mitología iraní ­se informa­, el primer ser del mundo fue un toro blanco y resplandeciente como la Luna".

Cuatro bellezas en plata dentro de una vitrina, originarias de Kalmakaré y creadas en el siglo VI aC capturan la atención: una escultura de león devorando una gacela, un recipiente con vertedera y cabeza de toro, un ave con una liebre en el pico y un arquero.

Una de las sorpresas fundamentales al recorrer estos fragmentos de paraíso, aparece cuando el visitante se entera de que la mayoría de los habitantes del Irán actual no son árabes, sino indoeuropeos y que hablan, sobre todo, el persa, además de otros idiomas, como el kurdo.

Es decir, Irán es un país con una vertiente particular del Islam: el chiísmo, que profesa casi 90 por ciento de la población actual. Pero en el mundo islámico sólo 10 por ciento es chiíta, mientras el resto es sunnita.

La gran Persépolis

La gente se detiene a ver el video y escuchar el audio, en persa y en español, que presenta la placa fundacional, en escritura cuneiforme, de la capital del imperio aqueménida, Persépolis, mandada a hacer por el rey persa Darío I (521-469 aC).

Después de información sobre el florecimiento y expansión del imperio auqueménida y del perfil de las religiones principales en esa época: el mitroismo (del dios Mitra, sol y guerrero) y mazdeísmo (del dios creador Ahura Mazda), se llega a la exposición de una enorme pieza colocada en la pared y con varios metros de largo.

Es la reproducción del relieve inferior del muro norte de la Apadana (sala de audiencias), en Persépolis, hoy Patrimonio de la Humanidad, en el que se representa a las 23 delegaciones de las regiones del imperio aqueménida. A un lado se encuentran maquetas de edificios de esa ciudad imperial, como la del salón de las Cien Columnas de piedra o de la propia Apadana.

Enseguida, en la pared opuesta, la reproducción de la escalinata de la fachada oeste del palacio de Darío I, en la que aparece la imagen por muchos reconocida de un león saltando y mordiendo los cuartos traseros de un toro. En ella aparece también una inscripción en persa antiguo acerca de la construcción de la escalinata por el rey Artajerjes III (359-338 aC).

Otra reproducción que atrae las miradas es la de un disco solar alado del que emerge la deidad Ahura Mazda, el cual se encuentra en la parte superior de la jamba del Palacio de las Cien Columnas.

Tras la sorpresa de enterarse que Alejandro Magno decidió incendiar Persépolis y de que los tesoros saqueados tuvieron que trasladarse en 20 mil mulas y 5 mil camellos, se informa que años después se consolidaría el imperio parto. Los partos, de origen persa, tuvieron a la ciudad de Ctsifonte como capital.

La llegada de los árabes

Vendría después el dominio de la dinastía persa sasánida (predominó del siglo III aC al VII dC), que derrotó a los partos, resistió y venció a los romanos e hizo florecer el mazdeísmo. De esa época se muestran, entre otros objetos, cuencos, platos y tenedores en plata con cabeza de carnero, que dan cuenta del esplendor de la corte sasánida.

En el siglo VII los sasánidas fueron conquistados por los ejércitos árabes, bajo las órdenes del califa omaya Omar ibn al-Jatab, y a partir de ahí comenzó la etapa musulmana de la gran Persia.

El islam permeó a una población cansada de la estratificación social, pues no hacía distinción de raza ni de niveles. Los musulmanes mostraron tolerancia y, además, adoptaron el sistema monetario y elementos arquitectónicos persas, con los que construyeron impresionantes mezquitas, bazares y jardines, que luego exportaron al mundo árabe.

La población adoptó la vertiente chiíta del islam, pero resistió a la introducción cultural y política árabe, pues conservó su lengua y sus festividades y desconoció a los califas. Fue el comienzo de un periodo rico y diverso que continúa hasta el presente.

Sobre tapetes persas, los visitantes aprecian un video sobre la etapa musulmana de Persia. Al terminar la proyección, se observa en la pared un hermoso Mihrab, especie de nicho en cerámica vidriada del siglo XIII dC, con textos coránicos. La pieza está orientada hacia La Meca.

A un lado destaca una bellísima puerta en madera del siglo XVI dC, tal vez parte de una mezquita, con caligrafía estilo nasj para inscripciones del Corán, el libro sagrado del Islam. A unos metros una vitrina resguarda un ejemplar del Corán del siglo XIV dC, hecho con papel, tinta, colores y oro.

Entrar a un palacio persa

De ahí viene una amplia serie de objetos en metales, vidrio, cerámica, como un yelmo del periodo qayar (1795-1925 dC) y un escudo con damasquinado. También, un incensario en bronce en forma de felino y un pavorreal de acero y oro. O una alfombra en lana con escenas de la corte de Nader Shah (XIX dC), de Kerman.

Contrario al mito que impide la creación de imágenes, se muestran varias pinturas. Cerca se encuentra una réplica del interior de un palacio persa, donde, en video y audio, una princesa cuenta una historia. La escucha también el rey Bahram. Los visitantes pueden sentarse en cojines sobre una alfombra.

Como un descanso, en una fuente sin agua se pueden leer libros como Poesía mística y lírica, Layla y Majnún o La historia de Josró y Shirín. En la última sala la vista es atraída por una foto de gran formato con una panorámica de la legendaria ciudad de adobe de Bam, antes centro de rutas comerciales entre el Mediterráneo y China, y hoy Patrimonio Cultural de la Humanidad.

La despedida es un video con imágenes de los ciudadanos actuales de Irán, de sus ciudades y monumentos antiguos y modernos, como Teherán, su capital, y un texto del gran poeta persa del siglo XII dC, Saadi:

"Todo hombres es como un hueso, siempre ligado a otro... Si la vida causa dolor a un miembro, ninguno de los otros permanecerá indiferente. Si a ti no te provoca nada el dolor de los demás, no podremos llamarte ser humano."
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