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Fraga avala que se controlen las actividades religiosas de las comunidades islámicas y augura otras restricciones

10/10/2006 - Autor: Agencias
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Manuel Fraga
Manuel Fraga
El senador del PP Manuel Fraga cree muy razonable un cierto control de las actividades religiosas de las comunidades islámicas en España y augura otras limitaciones. En el volumen Sociedad y Valores (Planeta), el ex presidente gallego enmarca el 11-M en el terrorismo islámico y ve legítima pero equivocada la retirada de tropas de Irak. En el capítulo dedicado a ETA, en el que no se cita el proceso de paz, se muestra optimista sobre el final de la banda terrorista.

El político gallego incluye el 11-M en lo que denomina hiperterrorismo, que se construye a partir de una interpretación radical y violenta del islam. La red terrorista islámica se ha adaptado a la nueva situación, primando la existencia de grupos que permanecen aislados entre sí, integrados cada uno en los más diversos países de acogida, en los que pueden llevar a cabo atentados de gran magnitud, como aconteció el 11 de marzo en Madrid, explica. En otro momento, también indica que el atentado fue financiado mediante la venta de hachís y éxtasis por los delincuentes comunes que formaban una de las tres células que lo ejecutó.

Tras indicar que no es acertado platear la lucha contra el terrorismo islamista como una manifestación de un choque entre civilizaciones, opina que las acciones del terrorismo islamista obedecen a una clara finalidad estratégica, en la que el terror es el medio para la consecución de fines políticos. Así, Fraga expone que los atentados del 11-M tuvieron lugar tres días antes de las generales, que obviamente fueron condicionadas en su resultado por el atentado.

Para luchar contra el fundamentalismo terrorista islámico, Fraga propone ahondar en tres líneas de actuación: concienciación social, cooperación internacional y reformulación de las políticas de seguridad y la exclusión de las bases ideológicas y de las circunstancias sociales y económicas que favorecen la expansión del fundamentalismo islámico.

En primer lugar, Fraga indica que en España, pese a haber sido objeto en reiteradas ocasiones de amenazas expresas del terrorismo islamista, la opinión pública interpretó el atentado del 11 de marzo de 2004 como una represalia por la política exterior española y la presencia de un pequeño contingente de nuestras tropas en Irak.

El propio José María Aznar --añade el senador del PP-- ha reconocido que tal vez la opinión pública española no era lo suficientemente consciente, hasta el 11 de marzo, del alcance de la amenaza del terrorismo islámico o por lo menos, no tanto como lo ha sido la amenaza del terrorismo de ETA.

Con estas bases, opina que la opinión pública española debe ser consciente de que la amenaza terrorista islámica era una realidad antes de que las fuerzas anglo-británicas invadiesen Irak y que lo sigue siendo después de que nuestro Gobierno (legítima, pero creo que equivocadamente) haya retirado unilateralmente las tropas españolas desplegadas en suelo iraquí.

Para el ex presidente gallego, en España, además se acentúan los factores de riesgo que la hacen figurar entre los objetivos del terrorismo islámico. En el imaginario de los terroristas figuramos como uno de los territorios que en el pasado vivió bajo el dominio del islam; su proximidad geográfica al Magreb favorece flujos inmigratorios que asientan en nuestras ciudades comunidades musulmanas muy numerosas que facilitan que los activistas fundamentalistas pasen desapercibidos; y, como no podía ser de otra manera, nuestros jueces y policías han perseguido y detenido en el pasado a numerosos colaboradores de las organizaciones terroristas en España, dice el parlamentario.

Estábamos, estamos y desgraciadamente seguiremos estando en el punto de mira de los terroristas y reconocerlo es necesario para podernos enfrentar a ellos, dice.

A su juicio, sólo así la sociedad podrá asumir el necesario sacrificio que conlleva la limitación en el ejercicio de determinados derechos. En este sentido, cree muy razonable la propuesta del ex ministro de Interior, José Antonio Alonso, de un cierto control de las actividades religiosas de las comunidades islámicas en España.

Para Fraga, posiblemente, en aras de la eficiencia policial, en el futuro sea necesario aplicar alguna limitación adicional a otras libertades, además de a la libertad de culto. Pero sólo desde la conciencia de la amenaza que combatimos se aceptarán pacíficamente por nuestra sociedad restricciones a la libertad de comunicaciones, de movimientos o de asociación, por muy livianas que puedan ser tales restricciones, augura, apostando, por reforzar la cultura de la defensa nacional.

Otra de las cuestiones en las que incide el senador popular es la necesidad de tomarse muy en serio la integración en la sociedad de los jóvenes musulmanes europeos de segunda y tercera generación. Se trata de combatir con decisión y fuerza a las organizaciones terroristas, utilizando para ello todos los medios del Estado de Derecho, pero también de convencer, aliarse y colaborar con las autoridades musulmanas que no comparten las bases ideológicas del radicalismo islámico, señala
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