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El martirio de Gaza

30/06/2006 - Autor: Donald Macintyre - Fuente: The Independent - Rebelión
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Como ejemplo de manual de un bombardeo de precisión de alta tecnología resultó impecable. Ayer el humo seguía emergiendo aún de los restos calcinados de los seis transformadores con que contaba la única central eléctrica de Gaza, cada uno de ellos destruido por impacto de un misil disparado unas 10 horas antes desde un avión de guerra israelí.

Si hubieran alcanzado el enorme tanque cilíndrico lleno de combustible diesel situado a 100 metros de distancia toda la central habría sido pasto de las llamas. Pero el ataque resultó ser cínicamente efectivo, pues consiguió dejar sin electricidad a los 700.000 usuarios de Gaza, amenazando así el suministro de agua y dejando a la población sin posibilidad de cocinar, de recibir noticias y --aspecto vital para hacer frente a las temperaturas abrasadoras del verano—, de hacer funcionar los ventiladores.

“Me sorprende mucho que hayan hecho esto”, declaró el doctor Abu Sisi, gerente de operaciones de la planta eléctrica de Al Nusirat. “Hemos pasado por los peores momentos de la Intifada, pero nunca había ocurrido algo así”. Se necesitaría, dijo el doctor Abu Sisi, “un mínimo de tres a seis meses” para restaurar componentes con un costo estimado de entre 5 y 7 millones de dólares. “La Convención de Ginebra estipula que no se pueden atacar infraestructuras utilizadas por la población civil”, añadió. “Sería concebible que la infraestructura económica fuera objetivo de ataque en las últimas fases de una guerra. Pero esto es diferente”.

Los daños provocados a la red eléctrica de Gaza fueron condenados por la oficina de Mahmoud Abbas como “un inaceptable y bárbaro castigo colectivo inflingido a la población civil, incluidos mujeres, niños y ancianos”. La misma oficina deploró que el ataque sólo acrecentaba las dificultades que ya está experimentando en sus intentos de conseguir la liberación del cabo del ejército israelí de 19 años Gilad Shalit, capturado el pasado domingo por milicianos entre los que se encontraban miembros del ala militar de Hamas.

La crisis aumentó en intensidad ayer cuando Hamas propuso un intercambio de presos que hasta el momento Israel ha rechazado. Otra facción responsable del rapto del cabo Shalit, Los Comités de Resistencia Popular, amenazaron con matar a Eliahu Asheri, de 18 años, un colono judío que asegura tener en su poder, si Israel no pone fin a su campaña militar en Gaza. Por último. los Mártires de Al-Aksa, anunciaron haber capturado a un hombre de 62 años de la ciudad de Rishon Lezion, en el centro de Israel.

Como respuesta, soldados israelíes arrestaron anoche en la ciudad cisjordana de Ramallah al ministro de Trabajo Mohammed Barghouthi, miembro del Gobierno palestino encabezado por Hamas, informaron funcionarios de seguridad palestinos.

A lo largo de toda la noche el ejército israelí disparó andanadas de salvas de artillería sobre el norte de Gaza, incluyendo entre sus objetivos a la universidad islámica de la ciudad de Gaza, al tiempo que se aprestaba a instar a la población a abandonar sus casas antes de entrar masivamente en Beit Hanoun para atacar a unidades de lanzamiento de cohetes Kassam.

Los israelíes también atacaron carreteras en la ciudad gazatí meridional de Khan Younis. El ejército israelí dijo que su intención era impedir que trasladaran al soldado secuestrado y cortar el acceso a milicianos responsables del lanzamiento de cohetes contra Israel.

El primer ministro israelí Ehud Olmert declaró que el ejército no dudaría en llevar a cabo “acciones extremas” en los próximos días a fin de devolver a su familia al soldado secuestrado.

El ataque aéreo contra la central eléctrica fue uno de los cuatro que tuvieron lugar ayer por la mañana. Los otros tres tuvieron como objetivo puentes del centro de Gaza. El ejército israelí dijo que la finalidad de esos ataques era impedir que los captores del cabo Shalit pudieran moverlo en el interior de Gaza de sur a norte.

Sin embargo, ayer una carretera lateral que discurre por la parte más oriental y que cruza el lecho reseco del Wadi Gaza por la carretera principal Salahadin, que va en dirección norte-sur, aparecía atestada de vehículos que se habían desviado para sortear el puente destruido y continuar sin obstáculos su viaje hacia la ciudad de Gaza procedentes del sur.

Otro objetivo israelí fue un viejo puente ferroviario situado a unos 200 metros al oeste y que según el ejército israelí puede ser utilizado por vehículos, pero que servía para conducir una tubería de agua —ahora destruida— hasta dos campamentos de refugiados.

Zakri al-Ouh, de 62 años, un trabajador de la construcción que vive en las proximidades y ayudó a construir el puente de dos carriles bajo supervisión egipcia en 1965 y 1966 declaró: “Cuando llueva será imposible utilizar la carretera, pero de momento no veo de qué manera esto le pueda servir de ayuda al soldado israelí capturado”.

Y añadió: “Al principio yo era partidario de devolver al soldado israelí lo más rápidamente posible. No podemos ignorar el poder de Israel y nuestra debilidad. Sin embargo, ahora que ellos han hecho esto pienso que debería producirse un intercambio de prisioneros antes de entregárselo”. La ciudad de Rafah, situada en el extremo sur de la Franja de Gaza, y cuyas carreteras aparecían considerablemente menos atestadas que lo normal, aún tenía electricidad ayer ya que recibe su suministro de Israel.

Sin embargo, Rafah, que era la ciudad que más debía haberse beneficiado de la retirada israelí del pasado mes de agosto por ser la ciudad más devastada de todos los territorios ocupados durante los cuatro años de Intifada, ahora teme el regreso del conflicto.

Ayer por la mañana, con las tropas y tanques israelíes ocupando el aeropuerto en desuso situado a dos kilómetros del centro de la ciudad, Maher Abu Ermana, de 21 años, estaba haciendo un buen negocio con la venta de sacos de harina, aceite, azúcar y alubias originalmente donadas por diversas agencias de ayuda a empobrecidos refugiados que se las habían revendido para conseguir unos shekels extra. Sacos y envases aparecen invariablemente marcados con la etiqueta de “Prohibida su venta” .

El ciclo económico de Gaza ha alcanzado tal grado de dislocamiento que el señor Abu Ermana vende ahora sus mercancías a compradores que hacen acopio de ellas por temor a la escasez de la guerra. Hasta hace dos días, después de que el cabo Gilad Shalit fuera capturado, dijo, “Vendía dos sacos al día. Ahora estoy vendiendo entre 20 y 40”.

“Todos estamos preocupados”, dijo Zakia Mahmoud, de 40 años de edad y padre de 10 hijos. “Espero que las cosas no se pongan como estaban antes. Si lo hacen vamos a perder a la mitad de nuestros hijos”.

El elemento más audible del “mensaje” que Israel afirma estar enviando a Gaza para conseguir la liberación del cabo Shalit, circunstancia que, asegura, provocaría el repliegue de sus fuerzas de la Franja, son las bombas sónicas provocadas por los aviones de guerra israelíes al volar sobre Gaza rompiendo deliberadamente la barrera del sonido.

Las explosiones de ayer producen un ruido semejante al estremecedor estampido de una explosión cercana, comenzaron a las cinco de la madrugada y fueron las primeras que se escuchaban en varios meses después de que dos grupos de derechos humanos presentaron una petición ante el Tribunal Supremo alegando que constituían un “castigo colectivo” ilegal.

Sin embargo, el impacto más poderoso causado hasta el momento por la “específica y limitada” campaña militar israelí es probablemente el de los cortes de electricidad. El hospital Shifa, el principal hospital de la ciudad de Gaza, comunicó que su generador estaba funcionando 24 horas al día pero que debido a la escasez de combustible sólo podría continuar trabajando durante dos semanas más.

Mark Regev, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores israelí, insistió en que los ataques contra las centrales eléctricas y los puentes estaban justificados por la necesidad de rescatar vivo al cabo Shalit.

La agencia israelí pro derechos humanos Btselem advirtió de que los cortes de electricidad pondrían en peligro el suministro de agua y la atención sanitaria, y subrayó que a Israel le asistía el derecho de adoptar “todas las medidas legales” necesarias para conseguir la liberación del cabo Shalit, pero no medidas que vulneren las prohibiciones impuestas por la legislación humanitaria internacional y que se lleven a cabo contra “objetos indispensables para la supervivencia de la población civil”
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