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Sólo para mujeres

08/06/2006 - Autor: Agencias - Fuente: BBC
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En un centro cultural ubicado en el sur del Quito un grupo de mujeres conversa animadamente mientras toma el desayuno: té o café, pan con jamón y un plato de maíz. Algunas parecen muy tranquilas, otras tienen en el semblante una expresión nerviosa.

Es la primera clase del taller de la Escuela de Formación de Líderes Indígenas Mujeres Dolores Cacuango, un espacio en donde se dan cita mujeres indígenas de todo el país, todas ellas con un mismo objetivo en mente: aprender a ser buenas dirigentes y trasladar sus conocimientos a su comunidad.

Para venir a la escuela, "algunas tienen que caminar durante horas hasta llegar a una carretera para tomar un bus, otras tienen que hacer gran parte del trayecto en canoa", me cuenta Victoria Carrasco, religiosa de la Providencia y asesora académica y pedagógica de la institución.

Esta institución que comenzó a funcionar con regularidad en 1998, se propuso devolver la confianza en sí mismas a las mujeres indígenas, ayudarlas a recuperar su autoestima y a compartir y expresar sus conocimientos a los demás integrantes de su comunidad y otras comunidades.

Las materias que dictan los profesores son variadas, las alumnas aprenden desde ecología, historia, medicina tradicional, hasta contabilidad y cómo administrar proyectos de desarrollo.

"Las mujeres hemos venido acompañando silenciosamente a los compañeros desde hace muchos años, sin embargo hemos sido invisibles. Y por muchas razones como el estar ocupadas con los quehaceres de la casa, el trabajo en el campo y los hijos, no hemos tenido la posibilidad de ampliar nuestros conocimientos", me dice Blanca Chancoso, una de las dirigentes más radicales que tiene Ecuador y coordinadora de la escuela.

"Las mujeres estamos muy atrasito de los hombres. Por eso vimos la necesidad de crear un espacio donde podamos también intercambiar nuestros conocimientos y participar más activamente en el proceso organizativo de los pueblos indígenas", agrega.

Mientras charlamos en el patio de la escuela, las alumnas siguen llegando. "De Saraguro hasta aquí tengo doce horas. Después del viaje me siento cansada y se me hinchan los pies", me cuenta Carmen Gualán, una de las alumnas que por nada del mundo se pierde una clase.

"Yo vengo porque aquí aprendo muchas cosas que me permiten construir un mejor futuro para mi comunidad. Ahora no estamos bien, cada vez somos más pobres por la dolarización. Yo quiero que eso cambie. Pero cada vez que aprendo más cosas, me siento más ignorante", dice Carmen con humildad.

Machismo

Según Victoria, el problema de la discriminación de la mujer, no es un tema que atañe únicamente a las sociedades occidentales, "este fenómeno también se produce en los pueblos indios".

Como ejemplo, me cuenta la historia de dos figuras históricas de Ecuador, la de Dolores Cacuango (en cuyo honor se bautizó a la escuela) y Tránsito Amaguaña, "dos mujeres que lucharon por la educación y la tierra, pero que nunca llegaron a desempeñar roles en la dirigencia, ni en las de base, ni en las nacionales".

Por otra parte me hace notar que la CONAIE (Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador) "nunca ha sido dirigida por una mujer".

Más allá del discurso de maestras y organizadoras está el testimonio de las propias alumnas, "salir por primera vez de la casa fue muy difícil, tuve que luchar con los dirigentes, con mi esposo y a mis familiares les da mucha desconfianza cuando salgo de la casa. Los hombres piensan que ya no vamos a regresar", me confiesa Martina Guamán, de la provincia Cañar. 

"Mi marido a veces me dice para qué vengo a los talleres, qué gano con eso. Yo le digo que es importante para tener un futuro. Y a veces él se pone bravo", me cuenta Martha Alarcón, de la provincia Esmeralda, mientras mece en sus brazos a su niña de 9 meses que no para de llorar.

No todos se muestran dispuestos a hablar abiertamente del problema del machismo dentro de las comunidades indígenas, para algunos éste -junto con otros temas como el sexo y las drogas- es un tema tabú.

Lealtad, servicio y transparencia

Para el mediodía, el número de alumnas ha aumentado. En este y otros sentidos la escuela tiene una política de gran tolerancia y adaptación a la situación de las alumnas. Muchas por ejemplo no acuden todos los días de la semana o vienen con sus hijos, que se entretienen jugando en el patio con los demás niños que acompañan a sus mamás a la escuela.

A diferencia de una escuela de un sistema de educación formal, aquí no son las alumnas las que han tomado la decisión de asistir a clases, "es la comunidad la que decide quien va a ir a la escuela, las decisiones (en las comunidades indígenas) no se toman de forma individual sino mediante el consenso", señala Victoria.

Tampoco las cualidades que desde un punto de vista occidental serían las más obvias (capacidad de expresión, liderazgo, carisma, etc.) son las que se buscan en un líder indígena.

"La lealtad a la comunidad y a la organización son clave, sobre todo en un tiempo de tanta politiquería", dice Victoria. "Otro punto es la disposición y capacidad de dar tiempo y servicio a su comunidad, así como la transparencia en el manejo de fondos. Y por último, viene la capacidad", agrega.

Sin embargo, Blanca Chancoso admite que la escuela es sólo una parte en el proceso de formación de una dirigente, "una líder no se forma aquí exclusivamente. Lo que nosotros hacemos es darle una dirección a ese liderazgo para que no sea utilizado y en cambio, pueda convertirse en una luz para la comunidad".

María Dolores

El curso tiene una duración de tres años, aunque me encontré con muchas mujeres que ya se habían graduado, pero seguían asistiendo a clases "porque tenían mucho todavía que aprender", como me dijo una de las alumnas más ancianas que por nada del mundo se pierde una clase.

María Dolores ya se graduó pero continúa viniendo a las clases para aprender más.
Ella se llama María Dolores Segovia Mendieta y tiene 77 años. Muchos la conocen como Mama Lola.

"Yo soy partera desde los 15 años. Traje al mundo miles de niños. Decidí venir a la escuela para aprender a hablar, a leer y a escribir un poco más y a ganar más experiencia. Ya pasé seis años aquí, ya me graduaron. Algún día me gustaría poner una escuela en mi tierra.

Tal vez el caso de María Dolores sea una muestra de que la escuela está logrando algunos de sus objetivos.

"Yo me creía una persona insignificante. Aquí en la escuela aprendí a valorar mi trabajo y lo que me están enseñando todos los instructores. Quiero enseñarles a los demás todo lo que yo sé, como preparar remedios, agüitas y como estoy viejita, quiero empezar a pasarle mis conocimientos a mi comunidad".

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