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Para el ex presidente argelino Ahmed Ben Bella la liberación de los pueblos del Sur aún no ha terminado

04/05/2006 - Autor: Silvia Cattori - Fuente: Red Voltaire - Rebelión
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benbella
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Cuando en Francia se abre un debate enfermizo sobre los beneficios de la colonización y sobre la responsabilidad de los árabes en el estancamiento de sus sociedades, el ex presidente Ahmed Ben Bella recuerda algunas verdades históricas: la ilegitimidad del dominio de un pueblo sobre otro -ayer en Argelia u hoy en Palestina-, la realidad mundial -y no árabe- de la colonización y de las luchas de liberación nacional, la injerencia occidental para deponer a los gobiernos nacionalistas y revolucionarios del Sur y mantener las secuelas de la colonización. Además, señala que actualmente quien exporta la violencia es el fundamentalismo evangélico.

Ahmed Ben Bella es una de las figuras fundamentales del nacionalismo árabe. Fue uno de los nueve miembros del Comité Revolucionario Argelino que fundó el Frente de Liberación Nacional (FLN). Tras ser detenido por el ocupante francés en 1952, consiguió evadirse. Fue nuevamente arrestado en 1956, junto a otros cinco compañeros, permaneciendo en la prisión parisina de La Santé hasta 1962. Tras la firma de los acuerdos de Evián, se convirtió en el primer presidente electo de la Argelia independiente. Aplicó una política socialista que se caracterizó por un amplio programa de reforma agraria. En el ámbito internacional, incorporó a su país a la ONU y lo comprometió en el movimiento de los no alineados. Su influencia creciente en la lucha contra el imperialismo condujo a las grandes potencias a apoyar su destitución mediante un golpe de Estado militar. Estuvo bajo arresto domiciliario desde 1965 hasta 1980. Desde entonces, permanece al margen de los asuntos internos de su país, pero sigue desempeñando un papel internacional importante, sobre todo como presidente de la Campaña internacional contra la agresión a Iraq. Ben Bella, protagonista de cambios históricos, responde a las preguntas de Silvia Cattori para la Red Voltaire.

Silvia Cattori: Cuando no está de viaje, ¿reside normalmente en Suiza?

Ahmed Ben Bella: No, vivo en Argelia, pero viajo frecuentemente a Suiza. Viví aquí durante diez años después de mis problemas con el gobierno de los militares argelinos. En Argelia me acosan los periodistas. Así que cuando necesito un poco de calma y de distancia respecto a lo que pasa en mi país, vengo a Suiza, donde conservo un piso pequeño. No sé si lo sabe ¡tengo 90 años!

SC: ¡Pues conserva el aspecto de un hombre joven! ¿Sabe que ha grabado en el corazón de gente de todo el mundo una imagen realmente hermosa?

ABB: (Ríe) Es cierto que he tenido una vida un poco especial. Participé en la liberación de mi país. Fui uno de los organizadores de la lucha por la liberación. Y he participado también de forma activa en todas las luchas de liberación.

SC: Es usted de origen árabe-marroquí. ¿Qué vínculos conserva con sus raíces?

ABB: Si, soy argelino de origen marroquí por mis padres, pero Argelia es toda mi vida. Nací allí. Soy un hijo de campesinos pobres que se fueron a vivir a Argelia siendo muy jóvenes. Hasta hace poco no he conocido el sitio en donde nacieron, cerca de la ciudad de Marrakech.

SC: Al acercarme a usted, tengo la impresión de ir al encuentro de los pueblos y las causas por las que ha peleado toda su vida. Es muy emocionante conversar con usted sobre su lucha por crear un mundo más humano, más justo. ¿No encarna usted todo esto?

ABB: Sí, mi vida es una vida de lucha; puedo afirmar que no he dejado de luchar en ningún momento. Empecé a los 16 años. Tengo 90 y mi motivación no ha cambiado, me mueve el mismo entusiasmo.

SC: En 1962 usted accede a los cargos más importantes de la Argelia independiente. Todas las esperanzas están abiertas. De la Argelia colonizada a su liberación, de la escena política internacional a la lucha altermundialista, usted ha pagado caro el precio de su rebeldía.

ABB: Sí, he pagado muy cara mi lucha por la justicia y la libertad de los pueblos. Pero he hecho lo que consideraba un deber, una obligación; por lo tanto, para mí la elección no fue difícil. Cuando me enrolé en la lucha por mi país era muy joven. Mis horizontes se fueron ampliando. Me di cuenta enseguida de que los problemas iban más allá de Argelia, que la colonización afectaba a muchos pueblos, que tres cuartas partes de los países del planeta estaban colonizados de una forma u otra. Entonces Argelia era para los franceses una provincia de ultramar, era Francia en la otra orilla del Mediterráneo. La colonización francesa de Argelia fue muy larga, duró 132 años. Participé en esa lucha en Argelia. Justo después de la liberación, me uní a todos aquellos que en todo el mundo luchaban también por liberar a sus países. Así, hubo un momento en la lucha de liberación nacional en el que participé por completo. Para Túnez, Marruecos, Vietnam, Argelia se había convertido en cierto modo en la madre de las luchas de liberación; por lo tanto, apoyarlas era para nosotros una tarea sagrada. Cuando alguien nos pedía ayuda, era sagrado. Ni se dudaba. Los ayudábamos, a pesar de nuestra escasez de medios; les ofrecíamos armas, un poco de dinero y, si era necesario, hombres.

SC: En 1965 no son los franceses quienes le encarcelan, sino sus hermanos de armas. ¿Qué siente hoy por aquellos que le cortaron tan brutalmente las alas?

ABB: No siento desprecio ni odio. Pienso que participaron en algo que no era muy limpio y que fue lamentable; no sólo para el pueblo argelino, sino también para los demás pueblos que contaban con nuestro apoyo. Mi lucha por mejorar las condiciones de vida de los argelinos, sumidos entonces en una gran miseria y mi lucha por ayudar a otros pueblos todavía colonizados a recobrar la libertad, resultaba muy molesta para ciertos poderes. Desde su punto de vista, yo iba demasiado lejos. Debía desaparecer. Así que si el ejército argelino no me hubiera depuesto, otros lo habrían hecho. Debía desaparecer porque resultaba demasiado molesto. Apoyaba prácticamente a todos los movimientos de liberación, incluidos los de América Latina.

SC: ¿Ya estaba entonces en contacto con Fidel Castro?

ABB: Sí, el Che había venido a Argelia de parte de Fidel Castro, con el que yo había mantenido dos encuentros. Nos pedía que apoyáramos las luchas que se estaban produciendo en América del Sur, porque Cuba no podía hacer nada, ya que estaba bajo el control de Estados Unidos, que ocupaba la bahía de Guantánamo. Así que no podía salir nada de Cuba, ni siquiera una caja de cerillas, sin que Estados Unidos lo supiera. No dudé ni un segundo. En Argelia con la participación del Che, que permaneció en nuestro país seis meses, se creó el Estado Mayor del ejército de liberación de América Latina. Ahora ya puedo decirlo: todos los combatientes que participaron en la lucha de liberación de Latinoamérica pasaron por Argelia; desde allí salieron todos los que combatieron en ella. Los entrenamos, nos arreglamos para conseguir que las armas llegaran a su país, creamos redes.

SC: ¿En qué año llegó el Che Guevara a Argelia?

ABB: El Che llegó en 1963, poco después de yo accediera al poder. Con mi Gobierno nos comprometimos a aportar nuestra ayuda a las luchas de liberación nacional. En ese momento muchos países todavía estaban colonizados o acababan de salir de la colonización. Prácticamente toda África se encontraba en ese caso. Le dimos nuestro apoyo. Mandela y Amilcar Cabral pasaron también por Argelia. Yo los preparé; después se fueron a liderar la lucha de liberación en sus países. A otros movimientos que no estaban involucrados en la lucha armada o que sólo necesitaban apoyo político, como el de Malí, los ayudamos de otras formas.

SC: ¿Quién le derrocó en 1965? ¿El ejército argelino o fuerzas externas?

ABB: Estoy seguro de que, indirectamente, hubo intervención de las potencias extranjeras. Hemos visto utilizar el mismo sistema en otros sitios. Allí donde triunfaron las luchas de liberación nacional, una vez constituido el poder, hubo golpes de Estado militares que derrocaron a sus dirigentes. Esto ocurrió muchas veces. En dos años, hubo 22 golpes de Estado militares, especialmente en África y en el Tercer Mundo. El golpe de Estado de Argelia, en 1965, abrió el camino. Argelia sólo era el principio de algo que se estaba gestando. Por eso digo que fue el sistema capitalista mundial el que finalmente reaccionó contra nosotros.

SC: ¿Es usted marxista?

ABB: No soy marxista, pero me declaro sin vacilaciones en la izquierda. Soy árabe-musulmán, situado muy a la izquierda en mis actuaciones, en mis convicciones. Por eso, incluso sin compartir la doctrina marxista, he estado siempre al lado de todos los movimientos de izquierda en el mundo y de los países socialistas que, como Cuba, China o la URSS, promovieron la lucha anticolonialista y antiimperialista. Precisamente con ellos formamos un frente de liberación y dimos nuestro apoyo logístico a los ejércitos populares para ayudar a sus países a salir del colonialismo e instaurar un régimen interno nacional. Era la fase de liquidación del colonialismo. El colonialismo es una idea que nació en Occidente y que llevó a los países occidentales -Francia, Italia, Bélgica, Gran Bretaña- a ocupar países fuera del continente europeo. Un colonialismo en su forma primitiva, es decir por la instalación permanente de poderes extranjeros represivos, con un ejército, servicios, policía. Este modelo dio lugar a ocupaciones coloniales crueles que duraron hasta 300 años en Indonesia.

SC: Tras esta fase ¿no se implicó usted en el movimiento de los países no alineados?

ABB: Ya no hay países no alineados. Este movimiento fue creado por hombres de la talla de Nehrú, Mao Tsé-Tung, Nasser y otros grandes nombres; concretamente en una época en la que existía el riesgo de una guerra atómica. Imperaba el enfrentamiento entre la URSS y Estados Unidos. Estábamos al borde de la guerra nuclear. Los países no alineados desempeñaron un papel importante para impedirlo. Este movimiento duró unos cuantos años, pero el sistema consiguió acabar con él.

SC: Más adelante ¿no desempeñó usted un papel esencial en el desarrollo del movimiento altermundialista?

ABB: El sistema mundial que preside todo lo que hemos hablado, ha inventado otra forma de dominio: la “globalización”. “Globalización” es una palabra hermosa en sí misma. Una palabra que puede unir, conseguir la fraternidad entre los pueblos. Sin embargo, la palabra “globalización” tal y como ha sido concebida, es una palabra que hace mucho daño. Una palabra que ha llevado a la globalización de la miseria, de la muerte, del hambre: 35 millones de personas mueren de desnutrición cada año. Sí, sería una bonita palabra, si se hubiera globalizado el bien, alcanzando el bienestar para todos. Sin embargo, es todo lo contrario. Es una globalización perversa; globaliza el mal, globaliza la muerte, globaliza la pobreza.

SC: ¿La globalización sólo ha tenido efectos perversos?

ABB: La única ventaja que hemos sacado es que hoy estamos mejor informados. Nadie puede ignorar el hecho de que este sistema conduce al aumento del hambre. Se han creado riquezas, pero son ficticias. Son las multinacionales como General Motors y Nestlé, son los grandes grupos industriales, mucho más que grandes países como Egipto, los que predominan en el plano monetario. Si nos basamos en sus ganancias, General Motors, por ejemplo, es cuatro veces más rica que Egipto, que es un país con 70 de millones de habitantes, el país de los faraones, un país extraordinario, ¡el país árabe más educado! Esto da una idea de lo que significa la palabra “globalización”. Por eso he combatido este sistema que favorece a grupos que representan, en el plano económico, mucho más que un gran país y generan tantas desigualdades. Por eso nosotros debemos propiciar una mejor comprensión de los problemas, que han sido deliberadamente complicados, pero que sólo son la expresión de una cosa: la aplicación de un sistema inhumano.

SC: A pesar de la voluntad claramente expresada en 2003 por las tres cuartas partes de los pueblos del planeta, los movimientos progresistas no consiguieron impedir la guerra. ¿No tiene a veces la sensación de que los que dirigen esos movimientos han fallado en algo o que simple y llanamente tomaron un rumbo equivocado por no haber sabido identificar las verdaderas razones del adversario?

ABB: Yo, que soy un hombre del sur, noto que en el norte ha cambiado algo que es muy importante señalar. Lo que ha cambiado precisamente en esta zona que llaman avanzada del norte, que nos ha hecho la guerra, que nos ha colonizado, que nos ha hecho cosas terribles es que hoy hay una opinión que se expresa, hay jóvenes que dicen “basta”. Eso indica que este sistema mundial perverso no sólo golpea al sur sino también al norte. Antes se hablaba de pobreza, de miseria, únicamente en el sur. Ahora hay mucha miseria, muchos males que causan víctimas también en el norte. Es evidente que este sistema mundial no esta hecho para propiciar el bien de todos, sino para servir a las empresas multinacionales.

Por lo tanto, dentro de ese norte contra el que hemos luchado tanto, hay ahora un movimiento, hay toda una juventud que quiere actuar, que sale a la calle, que protesta, incluso a pesar de que la izquierda no ha sabido dar a esos jóvenes que desean cambios las claves de la solución. Esto siempre ha sido así: cualquier movimiento empieza de ese modo. El movimiento de liberación que encabecé en Argelia, la organización que creé para combatir al ejército francés, al principio era un pequeño movimiento de nada. Solo éramos unas decenas de personas en toda Argelia, un territorio que es cinco veces mayor que Francia.

SC: ¿Qué han obtenido esas generaciones de jóvenes que depositaron tantas esperanzas en Attac, por ejemplo, que proponen “reformar la globalización”? ¿No habría hecho falta quizá rechazar ese principio y adoptar medidas más radicales frente al radicalismo del sistema llamado liberal?

ABB: La gente de izquierdas cuando llega al poder no es diferente de la de otros partidos. En el caso de Argelia, intentamos trabajar con la izquierda francesa. Sin embargo no hemos conocido un poder más nefasto que el que ejerció el Partido Socialista Francés. Las cosas peores nos sucedieron con los socialistas. Ningún poder nos había combatido antes tan duramente como el del socialista Guy Mollet. Le hablo de hechos precisos. Le hablo de lo que conocí. Yo dirigía el FLN cuando el gobierno de Guy Mollet -tras comprender que Francia no podría permanecer en Argelia- contactó con Gamal Abdel Nasser para que éste nos preguntara si estábamos dispuestos a hablar con ellos. Era lo que yo siempre había previsto: que un día habría que sentarse alrededor de una mesa y definir la mejor forma de que Argelia fuera totalmente independiente. Era el objetivo que nosotros buscábamos: volver a ser libres, no volver a vivir bajo la férula de un sistema opresivo. Dije que sí, que estaba dispuesto a negociar, con la condición de fuesen ellos, los franceses, quienes lo solicitaran. Esto era importante porque siempre es el más débil el que solicita negociar. Exigí que las negociaciones tuvieran lugar en Egipto. Duraron seis meses; llegamos a un acuerdo. Con ese trozo de papel en el bolsillo, en septiembre de 1956, fui a informar a Mohammed V, el rey de Marruecos, que se había implicado en esta lucha y nos había ayudado, incluso militarmente. Después, cuando nos dirigíamos a Túnez, donde queríamos informar también a las autoridades, nuestro avión fue interceptado por la aviación francesa. Era el primer desvío de un avión de la historia. En ese avión viajaban dos tercios de los dirigentes de la revolución argelina. Querían liquidarnos enseguida. Fue un milagro que escapáramos de la muerte. Todo esto es para indicarle lo que pienso de los socialistas: fue Guy Mollet quien, nada más firmar un compromiso, lo traicionaba. Podría decir lo mismo del gobernador Lacoste, que también era socialista. No, los partidos de izquierda no nos apoyaron, más bien al contrario. A pesar de ello, nos interesaba la izquierda y sigo luchando junto a ella. Soy un hombre de izquierdas.

SC: Entonces, cuando se codea con los representantes de la Internacional Socialista, en las tribunas de los foros sociales, ¿llega a pensar que están ahí sobre todo por su prestigio personal?

ABB: Sí, a veces pienso que no son serios. Yo quiero cambiar el mundo de verdad. Quiero que este mundo cambie. Para cambiar las cosas, necesitamos sobre todo gente sincera y desinteresada.

SC: ¿Cree en la necesidad de un cambio?

ABB: Sí, desde mi primera juventud creo en esa necesidad. Retomo lo que usted decía. Es lo que me lleva personalmente a tener cierta confianza en el futuro. Quiero hablar de lo que veo aquí, en Occidente. Estoy convencido de que el sistema liberal no tiene futuro. A estos jóvenes, estos estudiantes que he visto salir a la calle, que sólo tienen un ideal de justicia; a estos jóvenes que se manifiestan, que buscan otros valores, me gustaría decirles: “Yo empecé así cuando tenía vuestra edad, dando pequeños pasos. Y poco a poco conseguí que me siguiera todo un pueblo”. Cuando voy a las manifestaciones, los observo, hablo con ellos, veo que son ellos los que tienen las cartas en la mano.

SC: La pregunta se plantea constantemente: ¿Los dirigentes de los movimientos antiimperialistas no han tratado con demasiados miramientos a Israel, un estado ideológica y legislativamente racista que desde su creación lleva a cabo una política de depuración étnica en Palestina? Y por lo tanto, ¿no han orientado mal a generaciones de jóvenes y falseado el debate, mientras Israel participaba activamente junto a Estados Unidos en la lucha contra el comunismo y contra Nasser y el nacionalismo árabe, apoyando regímenes terribles?

ABB: Estos temas están hoy sobre la mesa, son objeto de debate. No queremos una solidaridad engañosa. No queremos un Estado que, como Israel, sea la principal herramienta de este sistema global cruel dirigido por Estados Unidos, que practica una política que ha causado ya tanto daño. Para nosotros se trata de una doble traición. La traición en primer lugar de los que, en el campo de la izquierda, tendrían que haber estado a nuestro lado, leales a la causa palestina y árabe y que no estuvieron. Y después la traición de todos esos judíos que sentimos cercanos a nosotros, con los que tenemos cosas en común y con los que vivimos en perfecta armonía. Los árabes y los judíos somos primos hermanos. Hablamos el mismo idioma. Son semitas como nosotros. Ellos hablan arameo, nosotros hablamos arameo. El arameo tiene varias ramas: Etiopía habla arameo, Eritrea habla arameo, las gentes de confesión judía hablan arameo, los árabes hablan arameo. Eso es lo que más nos duele: saber que nos han traicionado los que están tan cerca de nosotros, personas que son nuestros primos hermanos, que se parecen a nosotros y que hablan arameo como nosotros. Sabemos lo que es el antisemitismo; somos semitas. Puedo añadir que incluso su profeta es nuestro profeta. Para nosotros Moisés y Jesucristo son también dos profetas.

Ahmed Ben Bella y Gamal Abdel Nasser

SC: Desde el fin del multilateralismo, la ONU está bajo la férula de Washington y de los neoconservadores. A todo país árabe que no se someta a sus órdenes se le coloca fuera de la comunidad de naciones. ¿Qué piensa de esta situación? ¿Es posible encontrar una solución? Frente al unilateralismo israelí ¿Hamas no está condenado al fracaso y a renunciar a aquello por lo que su pueblo lucha desde hace 60 años?

ABB: Pienso que la situación de Hamas es característica de lo que nos sucede. En este momento tiene un fuerte componente religioso que se cubre con el Islam. Yo, que soy un árabe musulmán, no podría vivir en un país dirigido por un integrismo islámico. Pero le diré francamente: no los culpo, pues esa necesidad de religión fue creada por las distorsiones del sistema capitalista. Es a fuerza de hacernos sufrir por lo que, finalmente, en lugar de tener frente a ellos un movimiento que sea portador de la cultura árabe y abierto, los extremistas, Israel y Estados Unidos, se encuentran frente a esta realidad. Son ellos los que han creado esta situación.

SC: ¿No quiere usted una respuesta religiosa?

ABB: Soy musulmán, pero no deseo que la respuesta sea religiosa. No es el hecho religioso en sí mismo lo que yo rechazo, no, sino el hecho que se pueda hacer una lectura que no va en el sentido de la renovación del Islam, una lectura retrógrada del Islam, mientras que en el Islam tenemos la ventaja de creer en las dos religiones: la religión judía y la religión cristiana. Para nosotros Mahoma es la continuidad de Jesucristo y de Moisés.

SC: ¿Los musulmanes actualmente no se han puesto al frente de la resistencia anticolonialista? ¿Es posible reconocer que no son los valores de Occidente lo que los árabes musulmanes combaten, sino su política agresiva? ¿El Hezbollah, por ejemplo, que tiene tan mala imagen en Francia, no hizo retroceder al imperialismo americano e israelí en el Líbano? ¿Los progresistas no deberían superar sus prejuicios sobre los musulmanes, considerarlos como un elemento dinámico en la lucha contra la opresión y apoyarlos?

ABB: Sí, sí. Aquí hay un problema de educación. Corresponde a los dirigentes de los partidos progresistas responder de manera correcta a estas situaciones. Pro no se da el caso. Nosotros tenemos una bandera, un himno nacional, pero son los occidentales, todas las tendencias confundidas, quienes deciden en nuestro lugar. Todo esto envuelto con hermosas palabras y disimulado con la ayuda de organismos como el Banco Mundial y el FMI, que no son otra cosa que instrumentos de tortura creados por Occidente para reforzar su dominación. Lo que significa que hemos salido de un sistema de colonialismo directo a cambio de algo que parecía mejor, pero que no lo es. Sin embargo, insisto, yo tengo la esperanza de que en ese norte que nos ha hecho tanto mal, su juventud esté en camino de comprender esta lógica de dominación que crea cada vez más pobreza tanto en el norte como en el sur. Aún cuando no sea la misma dominación que la que se aplica en el sur, crea una situación de indigencia que ningún ser libre puede aceptar. ¿Cuánta gente está desempleada, condenada a la pobreza, en la calle? Esto será probablemente lo que terminará por incitar los pueblos del norte a cambiar de óptica y asociarse sin prejuicios con nosotros.

SC: Pero no vemos actualmente mucha gente en Occidente protestar contra las atrocidades que se cometen en Iraq, en Palestina, en Afganistán. ¿No tiene usted la impresión que existen tantos prejuicios hábilmente mantenidos hacia los árabes y los musulmanes, que apoyar su resistencia es una idea lejana, incluso para las organizaciones anti-guerra?

ABB: Es verdad, los partidos de izquierda que esperábamos no acudieron a la cita; se desmarcan en este asunto. Cuando se habla del Islam piensan en Ben Laden. Yo no podría vivir en su república, pero no lo critico. Cuando veo lo que hace Bush no me permito criticar a Ben Laden. Lo digo francamente: yo no he condenado los ataques contra las torres de Nueva York. Yo condeno a Bush, condeno al gobierno estadounidense, pues considero que Ben Laden es el fruto de su política. Ellos han cerrado todas las puertas del diálogo a los árabes musulmanes. Les hicieron creer durante décadas que, si hacían esto o aquello, Occidente haría justicia en Palestina. Pero Israel y sus aliados no quisieron jamás la paz con nosotros. Israel no ha cesado de hacer la guerra y de aterrorizar a nuestros pueblos. Ben Laden es indirectamente la creación de Bush y de Israel. Esos dos Estados siembran la muerte y el odio en el Oriente Próximo y en el mundo; no nos han dejado ninguna alternativa que no sea la confrontación violenta. Todos esos movimientos radicales calificados de “terroristas” e “integristas” nacieron para responder a los terroristas que, en Tel Aviv y en Washington, dirigen las guerras de destrucción de los pueblos árabes. ¿Qué otra vía pueden elegir esos pueblos que ellos bombardean con semejante salvajismo? Frente a los ejércitos modernos, no tienen otras armas que sacrificar sus vidas haciéndose explotar; ahí está, en el Corán eso se llama “shahâdah”. Esa palabra expresa una idea extraordinaria. Es un estado de desesperación en el que quien lo sufre no puede soportar más tiempo vivir de esa forma. Se sacrifica, no para obtener una vida mejor para sí mismo, sino para que, al menos los suyos, puedan llegar a vivir mejor. Es el mayor sacrificio. En Occidente los llaman “terroristas”. Lo diré con toda sinceridad: yo me inclino ante quien hace estos y parecidos sacrificios, se lo aseguro.

SC: Si comprendo bien, usted dice que todo lo que hace rebelarse a la gente en Medio Oriente fue generado por Occidente. Que aquellos que luchan deben sacrificarse, sufrir por los otros, que los árabes dieron pruebas de tolerancia en el pasado.

ABB: Exactamente. La violencia que se expresa en el mundo árabe musulmán es el resultado de la cultura de odio y de violencia que Israel engendró imponiéndose por la fuerza sobre las tierras de los árabes. Son las atrocidades de ese Estado ilegal lo que obliga a los más valerosos a reaccionar. Yo no pienso que haya combate más noble que el de los Palestinos que resisten contra su ocupante. Cuando veo lo que ese pueblo ha sufrido desde hace más de un siglo y que encuentra todavía fuerza para luchar, lo admiro. Actualmente, los mismos que masacran a ese pueblo son quienes están tratando de hacer pasar a las gentes de Hamas por fascistas y terroristas. ¡No son fascistas, no son terroristas, son resistentes!

SC: Palestina es una nación prisionera. ¿Cómo se ha llegado, incluso en la izquierda, a hablar de “terrorismo” en lugar de hablar del derecho a resistir con las armas? ¿Encuentra usted más paralelismos o diferencias entre la colonización de Argelia por Francia y la colonización de Palestina por Israel?

ABB: Es peor en Palestina. Con el apartheid además. Los franceses no podían echarnos de un país cinco veces más grande que Francia. Lo intentaron creando en el norte una zona tapón, con el mínimo de argelinos posible, pero no dio resultado. Ellos no pudieron establecer un verdadero apartheid como los israelíes en Palestina. El Estado de Israel ha creado la más terrible de las dominaciones.

SC: ¿Le parece que los palestinos vivirán menos tiempo bajo ocupación que los argelinos?
ABB: Creo que sí. Primero porque el colonialismo es un fenómeno claramente definido y sancionado por las leyes internacionales. Además el problema de Palestina es un tema unánime en el mundo árabe. Mientras los palestinos no obtengan justicia, el mundo árabe musulmán no podrá sentirse tampoco libre. Es como si una parte de su cuerpo estuviese cautivo.

SC: Anteriormente la política no era más noble, pero había todavía un equilibrio. Desde el fin de la “ bipolaridad” los principios morales más elementales están barridos. Por todas partes se habla de combatir el “terrorismo”, pero apenas se habla de los 800 niños asesinados en Palestina por los soldados israelíes desde el año 2000; de los millones de niños iraquíes asesinados o enfermos, que no tienen derecho a un desarrollo normal. ¿Guantánamo, Abu Ghraïb, habrían sido posibles si la Comunidad internacional hubiera tenido la decencia de decir ¡no! a la violencia de Washington? ¿Cuál es el hombre de Estado que tiene las manos limpias en esta pretendida guerra contra “el terrorismo”?

ABB: Es tremendo lo que está pasando en Guantánamo, en Abu Ghraïb y en otros lugares. Y todo ese horror continúa propagándose y generando grandes sufrimientos. Sabemos que Estados Unidos ha instalado prisiones en Europa del Este para escapar a la legalidad de su propio país y que Europa es cómplice de todo esto. Se ha reprochado incluso a Suiza haber autorizado los vuelos sobre su territorio de esos aviones que transportan prisioneros fantasmas, secuestrados sometidos a torturas.

SC: ¿Cuáles son, para usted, los medios para enfrentar la estrategia instalada por Bush y los neoconservadores?

ABB: ¡Es un movimiento integrista, pero éste es cristiano! Ese es el problema que tenemos enfrente: la ideología de Bush es el peor integrismo que se puede imaginar. Son los famosos evangelistas protestantes quienes inspiran a Bush. Es un integrismo terrible. ¿Cuáles son finalmente los medios de que disponemos para luchar? Ya he hablado de la esperanza que pongo en la juventud aun sabiendo que ésta no tiene los medios para combatir este sistema espantoso. Lo sé, no es suficiente salir a las calles. Hay que pasar a otra cosa, inventar otros medios de acción, pero es necesario obrar y no soportar. Y cuando se tiene el sentimiento que no se avanza, hay que recordar que se pasa por fases, que es necesario un cierto tiempo antes de lograr la comprensión de la mayoría. Se comienza a obrar con aquellos que tienen una comprensión clara aunque ésta no abarque la totalidad de los problemas. Hay que pasar por encima de los obstáculos y hay que señalar que no es ni el partido socialista, por más socialista que se declare, ni tal asociación la que va a cambiar el mundo.

SC: Para llegar a un equilibrio, ¿la solución podría venir del lado de China y de Rusia?

ABB: Pienso que alguna esperanza puede venir de China. En el pasado, Rusia nos ayudó de manera extraordinaria. Pero por el momento, Rusia no está, lamentablemente, en una situación fácil. Contaría mucho más con China. Primero, porque China posee argumentos que Rusia no tiene. Es un país que está al frente de los países en expansión. Hasta Occidente va a implantarse en China para vivificar su economía. De aquí a 20 años se verá un nuevo mapa político.

S.C: Mientras tanto, ¿qué se puede aconsejar a los pueblos abandonados, Palestina, Iraq?

ABB: Nunca debemos actuar pensando que seremos nosotros los beneficiarios. Debemos actuar porque hay que hacerlo. Las grandes conquistas nunca fueron el fruto de una sola generación. En nuestro medio se dice que el que come no es quien sirve el plato. Es necesario crear redes de solidaridad que apoyen incondicionalmente la lucha de estos pueblos.

SC: ¿Qué decirle a esa juventud que usted mencionó, testigo de tantos abusos?

ABB: Es necesario que vayan adelante, que tomen iniciativas. Si no es suficiente reunirse periódicamente en las grandes concentraciones, si nada cambia, hay que pasar a otra cosa: inventar nuevas formas de lucha sin esperar.

SC: ¿No ha llegado el momento de que los árabes asuman la dirección del movimiento anti-guerra, hasta ahora en manos de los occidentales?

ABB: Ciertamente. Dada la gravedad de la situación en Medio Oriente, son los palestinos o los representantes de movimientos en el mundo árabe quienes deben movilizarse. Pienso que ese movimiento árabe, el movimiento palestino, todas sus fuerzas si se conjugan y superan sus diferencias, son una esperanza no sólo para los árabes. Podrían contribuir igualmente a cambiar el mundo, el sistema mundial tal como ahora funciona.

S.C: ¡Parece optimista!

ABB: Oh, desde luego, soy muy optimista: paso la vida actuando. No me contento con discursos, sino que consagro todo mi tiempo a trabajar para la organización Norte-Sur. Creo también que, a veces, las fuerzas de la esperanza vienen del lugar donde menos las esperábamos.

SC: El primer congreso constitutivo de la Alianza Popular Árabe de Resistencia tuvo lugar a finales de marzo de 2006 en El Cairo. Los participantes llamaron los pueblos a ponerse “bajo la bandera del internacionalismo para sostener al pueblo árabe en su lucha contra la agresión imperialista” ¿Es el punto de partida de una campaña que, si los partidos progresistas de Occidente acompañan, podría relanzar el movimiento anti-guerra en el sentido de vuestras aspiraciones?

ABB: Si, personalmente estoy a favor de esta iniciativa. Lo esencial es avanzar. No se avanza si se duda, si se piensa que ya está terminado, si nos demoramos en las cuestiones disidentes. Se avanza y sobre la marcha se corrigen los errores. La vida es así. En el campo árabe también hay muchos obstáculos que salvar. Tenemos que hacer un esfuerzo para superar las disidencias. Pues, en efecto, vemos en el movimiento árabe las mismas debilidades del movimiento antiimperialista en Occidente.

SC: Hay cerca de diez mil palestinos prisioneros, detenidos arbitrariamente, en las cárceles israelíes. No se les reconoce como prisioneros políticos. Ahmed Sa´adat -secuestrado por Israel en marzo 2006 en Jericó con cinco de sus compañeros, mientras estaba bajo guardia estadounidense-británica- está sometido a torturas desde entonces. Él ha reafirmado su voluntad de no ceder diciendo: “Cualquiera sea el lugar donde yo esté, continuaré combatiendo”. ¿Usted se reconoce en esta afirmación habiendo conocido personalmente lo que significa vivir prisionero?

ABB: Sí, he vivido 24 años y medio en prisión. Cuando los franceses me encerraron en La Santé, me pusieron con los detenidos que iban a la guillotina. Veía la guillotina desde mi celda. Es terrible lo que Israel impone como malos tratos a los palestinos. Actualmente tengo un solo proyecto: Palestina. Haré todo lo que pueda para ayudar. Para llegar a la paz, en Palestina y en el mundo, es necesario que este sistema de mercaderes se vaya. Porque los problemas son inmensos y los daños enormes. Dejar el mundo en manos de estos traficantes y asesinos es un crimen. Eso es terrorismo, no lo que hace Ben Laden.

SC: Cuando oye a jefes de Estado decir que hacen la guerra en Iraq en nombre de la libertad y de la democracia, ¿qué le gustaría decirles?

ABB: Digo que el derecho a la vida es el primero de los derechos humanos. Los derechos del hombre, primero: el derecho a la vida. Todos nuestros filósofos hablan del derecho a la vida. Salvaguardar la vida, vivir, es la primera de las cosas a las cuales uno aspira. Pero el sistema mundial no se molesta en garantizar ese derecho. Explota, mata. Y cuando no puede matar, construye prisiones salvajes, ejerce abusos que pretenden imponer la democracia. Estados Unidos hace en Afganistán, en Iraq, lo que Israel ha hecho siempre contra los palestinos. Se habla de democracia israelí, americana. Pero ¿a qué democracia se refieren destruyendo toda posibilidad de vida?

SC: ¿Sufre usted por la guerra de Iraq?

ABB: Ah, sí, Iraq es para mí… fui quince veces a Iraq (silencio) 1. Casi me costó la vida Iraq. ¡Es insoportable ver lo que le han hecho a Iraq! ¡A ese país que es la cuna de la civilización! Iraq. Fue allí donde se comenzó a cultivar la tierra, donde nació la humanidad; allí se fundaron los primeros principios, nació el alfabeto, el primer código, el de Hamurabi. Todo eso fue destruido por dirigentes incultos, por una nación que no tiene más de 250 años de historia, que fue una colonia de Gran Bretaña. Ellos liquidaron el colonialismo inglés e instauraron un colonialismo planetario. ¿Qué pasó con los 80 millones de amerindios? Nunca volveré a América, es un país de bandoleros.

SC: ¿Califica usted como racistas las guerras de Afganistán y el Oriente Medio?

ABB: Exactamente. Son guerras contra el Islam, contra la civilización árabe. Eso es evidente. De los países fuera de la ley, según Bush, sólo uno no es árabe musulmán: Corea del Norte. Los otros, Siria, Iraq, Sudán, Irán, son todos musulmanes. Las cruzadas buscaban, decían, proteger el sepulcro de Jesuscristo. A veces, para molestar a los occidentales, les digo: ¿Qué lengua hablaba Jesucristo? Hablaba mi lengua, no la de ustedes, ¡hablaba el Arameo, como yo! Cuando se lee la Biblia, Jesucristo dice: “Eli, Eli, Lama sabakta-ni” 2. Y nosotros decimos en Argelia: “Ilahi limada sabakta-ni”. Son las mismas palabras que pronunció Jesús. Jesús hablaba como yo. El Islam contiene muchas cosas del Evangelio o bien de la Biblia, que él vino a completar.

A fuerza de ver estos abusos, exploto. Nos han hecho mucho daño. Nos han agredido en nuestra dignidad. Sin hablar de ese pequeño pueblo en Palestina. ¿Cuántos palestinos están obligados a vivir bajo la férula más infame? Nuestra reacción no es la del racismo, puedo asegurarlo. Nosotros estamos hartos. Occidente nos hizo sufrir mucho. ¿No fue en Occidente donde se produjeron los peores crímenes contra la humanidad? ¿Dónde nació el fascismo? ¿Dónde nació el nazismo? ¿Dónde nació el estalinismo? La famosa Inquisición, que duró 400 años, ¿dónde se estableció? Francamente, hay que tener mucha, mucha abnegación para decir cada día que pasa: yo no quiero odiar a Occidente.

SC: ¿No hay que incriminar a los partidarios del “choque de civilizaciones”, los pro-israelíes, como los principales instigadores del odio anti-árabe, que se extiende de manera inquietante sobre vuestros pueblos?

ABB: Exacto. El lobby israelí en los Estados Unidos es algo de terrible. Hasta ahora no se podía hablar en ese sentido sin ser acusado de antisemitismo. Recientemente, varios estudios vinieron a probar con ejemplos incuestionables el peso del lobby israelita en las acciones políticas y militares que se ejercen contra nosotros 3. Actualmente nadie puede negar la importancia, el peligro de ese lobby que impregna todas las esferas estratégicas. Me siento muy implicado por este aspecto de las cosas que hacen aún más difícil el arreglo de la cuestión palestina.

Le diré algo: el Islam conoció muchas miserias, pero jamás hizo daño a otros países. En su historia, el Islam mostró una tolerancia que no existe en ninguna otra parte, mientras que Israel logró implantarse por la fuerza en un espacio y un lugar habitado por los palestinos -uno de los pueblos más evolucionados- y a crear, desposeyéndolos de su tierra, un Estado racista. Mientras perdure el rechazo de Israel a reconocer el derecho de los palestinos a existir y a regresar a su tierra, no habrá paz en el mundo.

Notas

1 En 1990-1991, el ex presidente Ahmed Ben Bella dirigió una mediación entre Francia e Iraq para intentar impedir la guerra del Golfo. Los negociadores franceses fueron Edgard Pisan y Marc Boureau d´Argonne, administrador de la Red Voltaire. Véase “Le double jeu de François Mitterrand”, Voltaire, 3 de noviembre de 2003.

2 “Eli, Eli, sabakta-ni” palabras pronunciadas por Jesús en los Evangelios pocos momentos antes de su muerte. Traducción: “Padre, Padre, porqué me has abandonado?”

3 Ben Bella se refiere, aquí, al ensayo publicado por la London Review of Books, titulado “El lobby israelita y la política exterior de Estados Unidos” (The Israel Lobby and US Foreign Policy), coescrito por el profesor John Mearsheimer, de la Universidad de Chicago, y el profesor Stephan Walt, decano de la Kennedy Scholl of Governement de la Universidad de Harvard
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