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El islam en España: brotes de islamofobia

La quema de un Corán en una mezquita de Soria y las amenazas de la extrema derecha a algunos imanes despiertan inquietud entre la comunidad musulmana

20/04/2006 - Autor: José María Irujo - Fuente: El País
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La fachada del Centro Cultural Islámico de Valencia con pintadas ultras alusivas al 11-M. (SANTIAGO CARREGUI)
La fachada del Centro Cultural Islámico de Valencia con pintadas ultras alusivas al 11-M. (SANTIAGO CARREGUI)
Neonazis enviaron a una mezquita una cabeza de cerdo y escribieron amenazas con su sangre "Prefiero que quemen el oratorio, pero nunca el Corán. Sabían muy bien lo que estaban haciendo". 

La apertura de nuevas mezquitas genera más choques entre los ayuntamientos y el colectivo musulmán. "Charlé con uno de estos salvapatrias. Me decía que ellos tenían que salvar España de los moros invasores". 

El Corán apareció tirado en una alfombra con sus espléndidas tapas verdes abiertas y 35 páginas quemadas por el fuego. Sobre los tapices de la mezquita Bilal de la Comunidad Islámica de Soria quedaron marcados los zapatos de los ultraderechistas que el pasado 28 de enero arrasaron el oratorio, quemaron el libro sagrado, derribaron la biblioteca y arrojaron a un contenedor de basura 70 libros religiosos. La violación fue descubierta a las siete de la mañana por el primer fiel que acudió a orar a la mezquita. 

Unos meses antes, Zacarías Sambou Sillah, de 36 años, el imán gambiano que dirige este centro de oración, y sus discípulos habían recibido el primer aviso: una pintada en la fachada del local, en el número 1 de la calle Campo de la Verdad, que decía "Iros de aquí" y llevaba la firma de los guerrilleros de "Crissto Rey". La doble "s" pretende emular a las SS de Adolf Hitler. 

El Corán quemado es uno de los cuatro libros que desde hace un año reposan mirando hacia La Meca en los sencillos atriles de madera que Zacarías Sambou colocó sobre la alfombra en la mezquita Bilal, un centro de oración construido en los bajos de unas viviendas a sólo 10 minutos a pie del centro de la ciudad. Frente a estos libros sagrados rezan todos los días varios centenares de los 1.000 musulmanes, casi todos ellos inmigrantes, que residen en esta comunidad. 

Kaden Jabbar, marroquí de 30 años, uno de los miembros de la comunidad islámica que ha impulsado la construcción del centro, cree que los autores de esta ofensa pretendían herir los sentimientos más íntimos de su comunidad: "Lo más grave es que quemaron el Corán, el libro sagrado. Prefiero que quemen la mezquita, pero nunca el Corán. Sabían muy bien lo que estaban haciendo". Los autores todavía no han sido detenidos ni identificados. 

La noticia de la revista Newsweek en 2005 sobre las presuntas profanaciones del Corán por soldados norteamericanos en la base americana de Guantánamo (Cuba) provocó 20 muertos en varios países, pero en este caso los responsables de la comunidad musulmana española han huido de la publicidad y reaccionado con cautela y sigilo para evitar cualquier incidente. Desde los atentados del 11-S, en septiembre de 2001, y especialmente tras la masacre del 11-M en 2004, los ataques contra algunas de las 600 mezquitas y oratorios que existen en España se han incrementado. También las amenazas telefónicas y por carta a algunos de sus imanes más respetados. Sus autores pertenecen a grupos de ultraderecha y skins heads (cabezas rapadas) que pretenden vincular al colectivo musulmán con el terrorismo yihadista. "Quieren que se produzca en España la misma reacción violenta que hubo en Holanda tras el asesinato del director de cine Teo van Gogh por un islamista o en Londres tras el atentado del 7-J. Y poco a poco están creando el caldo de cultivo", asegura un jefe policial especializado en la extrema derecha. 

Los responsables del colectivo musulmán, que integra a unas 800.000 personas, aseguran que son hechos aislados, pero no ocultan su inquietud ante los primeros brotes de islamofobia que se registran por distintos pueblos y ciudades. Los imanes comunican en secreto estos sucesos a la policía para evitar que sus fieles salgan a protestar a la calle. "Queremos huir del enfrentamiento", asegura Moneir Mahmoud, de 46 años, el imán egipcio de la mayor mezquita de Madrid. "Desde el 11-M recibimos muchas cartas con insultos como musulmanes igual a terroristas y cosas peores. ¿Sabe usted lo que hago con ellas? Las rompo y tiro a la basura". 

En el Centro Islámico de Madrid, donde está la mezquita de la M-30 que dirige Moneir, todavía recuerdan la caja de cartón que recibieron semanas después de los atentados de Al Qaeda contra las Torres Gemelas y el Pentágono en EE UU. Contenía una cabeza de cerdo, el animal prohibido por la religión musulmana, y en varios folios escritos con su sangre se anunciaba a los dirigentes de la mezquita toda clase de amenazas. La dirección del centro presentó una denuncia y la investigación la desarrollaron dos expertos en grupos de extrema derecha. "Investigamos por los mataderos de Madrid, teníamos un sospechoso, pero no logramos probar nada", reconoce un agente. El caso ha sido archivado. 

"Correrá mucha sangre", "El moro no tiene cabida aquí", "Éste no es vuestro país. Iros", decían las cartas que recibió tras el 11-S en su domicilio el sirio Riay Tatary, el imán de la mezquita Abu Baker, en el barrio madrileño de Tetuán. Tatary, responsable de la Unión de Comunidades Islámicas de España, denunció las amenazas ante Pedro Núñez Morgades, entonces delegado del Gobierno en Madrid. "Venían escritas en rojo y me lo tomé en serio", recuerda ahora. Hace cuatro meses, en una tapia próxima a la mezquita los fieles descubrieron una pintada que decía: "Islamistas más socialistas igual a cómplices". "Venir a rezar en paz y ver esta pintada frente a nuestro lugar sagrado es muy duro", dice Abdelaliz, un musulmán que acude todos los días a orar. 

Desde el 11-S la lista de agresiones y vejaciones a la comunidad musulmana es cada vez mas larga, especialmente en Cataluña, donde reside una amplia representación de este colectivo. Jóvenes neonazis pertenecientes a grupos de ultraderecha como el denominado Frente Negro han atacado con cócteles molotov y provocado incidentes en mezquitas y carnicerías islámicas de Girona, Salt, Palafrugell y San Vicens de Castellet. Las pintadas, algunas con la firma del PCI (Partido Contra la Inmigración), llevan siempre esvásticas y cruces gamadas nazis. Los Mossos de Escuadra detuvieron en Reus, en diciembre de 2004, a nueve jóvenes agazapados en dos coches con cócteles molotov y puños americanos. "Estaban a punto de asaltar una mezquita, pero llegamos a tiempo", señala un agente del servicio de información. En enero de 2005, algunas farolas y fachadas de Mataró amanecieron forradas con pegatinas contra Mahoma y el islam. 

Los agentes de la Unidad de Análisis de los Mossos de Escuadra ven con preocupación este fenómeno. Sobre todo con vistas al futuro. "Es un riesgo que debemos tener presente. Llegará un momento en que la línea de algunos partidos y el contexto del islamismo se toquen. Lo vigilamos y observamos de cerca para evitar males mayores", señala uno de sus responsables. Y pone como ejemplo la pintada que apareció junto a un instituto en Tortosa, el pasado 9 de febrero, tras la crisis de las caricaturas de Mahoma. Estaba escrita en árabe y decía así: "Nuestro profeta ha sido insultado y humillado. Demuestranos tu fuerza y tu poder para destruirlos". 

"Fuera de aquí. No es queremos. Moros, fuera". La primera semana del pasado mes de febrero, en plena crisis de las caricaturas de Mahoma, los responsables de la Gran Mezquita de Valencia dudaban si coger o no el teléfono porque durante varios días recibieron toda clase de insultos. La fachada amaneció pintada con cruces gamadas, las mismas con las que grupos de extrema derecha ensucian con alusiones al 11-M otros oratorios de esta ciudad y de localidades próximas como Torrent. En esta última, los neonazis pintaron "putos moros de mierda". 

Desde entonces, familias de sirios y argelinos que residen junto al Hospital General de Valencia han recibido en sus buzones de correos fotocopias de las caricaturas de Mahoma con insultos. Uno de ellos, un comerciante sirio que reside en España desde hace 35 años, se pregunta por qué lo han elegido a él. "Nos han puesto silicona en las puertas y persianas de la mezquita", denuncia Vicente Mota, responsable del Centro Cultural Islámico de Valencia, otro oratorio atacado. 

Imad Alnaddat, sirio de 45 años y responsable de la Gran Mezquita de Valencia donde cada viernes se concentran a orar más de 2.000 fieles, asegura que esto no pasaba antes. "Nunca habíamos tenido insultos ni pintadas desde que inauguramos este centro en 1994. Nos preocupa que haya un caldo de cultivo contra la comunidad musulmana". Abdul Tawil, el imán del centro recibió cartas amenazantes cuyo contenido omite porque "es una vergüenza mencionarlos". 

La reacción de los responsables de ésta y otras mezquitas españolas durante la crisis de las caricaturas de Mahoma fue serena y se observó con interés desde el Gobierno, cuyos responsables del Ministerio del Interior encargaron un informe reservado a la Unidad Central de Información de la Guardia Civil. "Nos llamó mucha gente que se quería manifestar frente al consulado danés en Valencia, pero decidimos hacer una protesta en el patio de la mezquita y no convocar a la prensa para que no se caldeara el ambiente. Habló el imán y les dijo a los fieles: Por favor, protesten pero sin insultos. Logramos calmarlos. A la provocación no hay que contestar con provocación", esgrime Alnaddat. En Castellón y Alicante la reacción de otros imanes fue similar. 

En Málaga, Félix Herrero, de 53 años, director de la mezquita La Unión, ha tenido la oportunidad de hablar con alguno de los ultraderechistas que colocaron pegatinas con insultos xenófobos. "Charlé con uno de estos salvapatrias porque no se podía ni imaginar que yo era musulmán. Me hablaba de la raza hispana y decía que el pueblo español estaba dormido y que ellos tenían que hacer algo por salvarlo de los moros invasores. Son casos minoritarios, pero nos preocupa que puedan crecer si no se toman medidas". El pasado mes de diciembre la policía detuvo a algunos presuntos islamistas que frecuentaban esta mezquita. Tras las amenazas pidieron protección policial. 

Las dificultades que encuentra la comunidad musulmana para la apertura o reforma de sus mezquitas en distintas ciudades, hay decenas de casos, se observa desde algunos ámbitos como un síntoma de islamofobia. "Si se abren catedrales, ¿por qué no se van a abrir mezquitas?", se pregunta Tatary, el imán de la mezquita Abu Baker de Madrid. "No hay que generalizar, pero estos problemas aumentan. No queremos denunciarlo, sino solucionarlo", dice. 

Nuria Vives, de 43 años, portavoz de la Federación Estatal de SOS Racismo, asegura que tras el 11-M observan "un aumento en el nivel de sospecha y rechazo social a este colectivo, sobre todo en la instalación de oratorios y mezquitas". Una situación que ya existía antes porque, en su opinión, éste es uno de los colectivos más discriminados.
Y explica las causas así: "Antes la actividad religiosa era casi clandestina, en casas y domicilios particulares. Pero cuando la inmigración es más antigua consigue una estructura para comprar o alquilar un local. Y entonces se visualiza más. La actitud social depende entonces de la reacción de la Administración. Si el alcalde acude a la inauguración de la mezquita el rechazo es menor, pero a veces no es así y ceden a las presiones del vecindario. Al final les complican las cosas para que acaben en un polígono industrial o en el extrarradio. Esto legitima la postura de los que se oponen y contribuye a discriminar al colectivo musulmán". "Estas actitudes favorecen y animan a los grupos de extrema derecha que atacan las mezquitas", añade un especialista policial.
Vives destaca que la consecuencia de esta discriminación, de la que SOS Racismo ha constatado varios ejemplos, es que se dificulta el trabajo de los imanes más moderados "en favor de los más radicales". 

Ana Isabel Planet, de 36 años, asesora del Ministerio de Justicia, destaca que es una obligación de la Administración local suministrar suelo para los espacios de culto: "En aplicación de la Ley de Libertad Religiosa corresponde hacerlo a los ayuntamientos, pero se ignora. Otras veces simplemente dicen que no cumplen las condiciones para abrir y les niegan los permisos. Hay un ambiente poco favorable para las minorías, no sólo para los musulmanes, también para los evangélicos. Es fácil cerrar una mezquita". El Ministerio de Justicia prepara una campaña de información con la Federación de Municipios y Provincias. 

La chirigota de policías locales en Ceuta con insultos al colectivo musulmán, más del 35% de la población, han indignado a la comunidad. ¿Se está alimentando la islamofobia en España? El marroquí Abdelkalak el Kamouni, de 50 años y nacionalizado español, asegura que después de los atentados del 11-M la asistencia a su local ha caído un 90%. "Llevo 30 años aquí y nunca vi nada igual. He cerrado otro local en el barrio de Lavapiés y han quebrado otros nueve en Madrid, Fuenlabrada, Getafe y Vallecas". 

Abdelhali, de 33 años, natural de Tetuán, mide 1,80 de estatura, viste vaqueros y tiene aspecto de deportista. Trabaja como jefe de cocina para una compañía de restauración inglesa. Pese a que sólo lleva siete meses en España, asegura que se siente rechazado por mucha gente. "Cuando voy en el autobús hay gente que se levanta y se va. A veces llevo una mochila y la escondo porque noto que la gente se asusta. Mi antiguo jefe me dijo: No hable árabe aquí porque a los clientes les da miedo. Es muy desagradable". Abderramán, un topógrafo marroquí que trabajaba en Madrid para una empresa española, confesó a un imán en Madrid que después del 11-M su jefe le llamó al despacho y le dijo: "Es mejor que te vayas, no vayamos a tener problemas contigo". 

En los sindicatos no tienen constancia de casos semejantes. El marroquí Tarek Ammih, de 40 años, trabaja para UGT y ha visitado a más de 40.000 trabajadores de la construcción en Madrid para informarles de sus derechos laborales. "Se quejan del sueldo, pero no de discriminación racial o religiosa", asegura. El egipcio Mohamed el Afifi, portavoz de la mezquita de la M-30, la mayor de Madrid, explica esta contradicción: "Claro que hay discriminación e islamofobia, pero pocos se atreven a recurrir a los cauces legales". Y añade otro elemento inquietante del que hablan muchos musulmanes consultados: la sospecha. "La inmensa mayoría de los españoles ha reaccionado de forma ejemplar, pero después del 11-M casi todos los musulmanes están bajo sospecha. Se ha socavado la confianza entre las dos comunidades", dice. "Es preocupante que hayamos llegado al extremo de evitar el teléfono para decir algunas cosas. ¿No le parece?", apunta el imán sirio Tatary. 

Planet, la asesora de Justicia, corrobora estos sentimientos: "Todos los musulmanes te dicen que se sienten rechazados. Notan más atención por parte de la Administración, pero les falta sentirse valorados". Pese a estos problemas y sensaciones, muchos imanes consultados aseguran que aquí no hay islamofobia. "La islamofobia es un fantasma. No la hay en España, salvo en casos aislados que hay que vigilar", afirma Mustafá Kamal, imán de Fuengirola. También hay optimismo. Los ojos de Tatary se iluminan cuando relata los mensajes de apoyo que ha recibido del Gobierno y de ciudadanos anónimos: "Me he emocionado". 

La pasada semana, los responsables de la mezquita Bilal de Soria blindaron las puertas y ventanas del centro. Zacarías Sambou, el imán gambiano, guarda con mimo en su dormitorio el Corán quemado por los vándalos. Su hijo de 11 años mira al periodista y pregunta: "¿Y usted por qué no rezaba hoy en la mezquita?".



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