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Un imam en Guantánamo

08/03/2006 - Autor: Revista Amanecer - Fuente: www.revistaamanecer.com
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James Joseph Yee es un chino-norteamericano de tercera generación. Él nació en Nueva York y se crió en un suburbio de clase media de Nueva Jersey. Él era inteligente, trabajador y ambicioso y decidió escoger la carrera militar. Entró en la academia militar de West Point y luego se convirtió en un oficial norteamericano, cargo que desempeñaría durante 14 años. Su futuro parecía muy prometedor.

Yee nunca había sido un hombre muy religioso, aunque había recibido una instrucción luterana. Después de la primera Guerra del Golfo, viajó a Arabia Saudí como parte de su servicio militar. Allí, fue asignado a una batería de misiles Patriot que protegía una prominente base militar saudí. Este viaje despertó su interés hacia el Islam y más tarde se convirtió a esta religión después de mantener conversaciones con algunos amigos musulmanes y llevar a cabo su propia investigación. Él escogió “Yusuf” como su nombre islámico. Más tarde, se fue a Damasco, donde aprendió a hablar árabe con fluidez y estudió el Islam con sabios tradicionales durante cuatro años. Allí se casó también con Huda, una mujer palestina cuya familia había huido a Siria. Después de dejar este país, volvió a EEUU y se convirtió en uno de los primeros capellanes musulmanes del Ejército norteamericano.

Tras los atentados del 11 de Septiembre, los musulmanes en EEUU comenzaron a vivir en un clima de constante sospecha y escrutinio, y Yee no fue una excepción. Con un impresionante historial y credenciales a sus espaldas, fue enviado a Guantánamo, donde, entre noviembre de 2002 y septiembre de 2003, proporcionó asistencia religiosa a los detenidos que habían sido capturados en Afganistán durante la invasión norteamericana de octubre de 2001. Cuando aterrizó en Guantánamo, recibió un consejo de su predecesor en el cargo, el capellán musulmán Hamza. “Hay algunas cosas en este lugar que son un poco difíciles de soportar,” dijo Hamza. “No quiero desanimarte en tu primera noche, pero necesitas estar preparado. Éste no es un ambiente amistoso para los musulmanes, y no me refiero a los presos... Necesitas vigilar tu espalda.”

Yee comprendió pronto lo que su predecesor había querido decir. Él intentó hacer su trabajo de la forma más profesional que le fue posible. Sin embargo, debido a su religión y actitud hacia los detenidos, comenzó a ser visto con una creciente hostilidad y sospecha. Los militares norteamericanos le trataban cada vez peor, intentando intimidarle.

Yee describe en su libro la monstruosidad inhumana que es el campo de prisioneros de Guantánamo. Su relato provoca un creciente sentimiento de injusticia e indignación. Él señala que había unos 660 detenidos, todos musulmanes, de más de 30 países en el Campo Delta. Muchos de ellos no tenían nada que ver con el terrorismo y su crimen era sólo el de ser musulmanes. A estos presos se les negaban derechos básicos; eran a menudo sometidos a torturas y abusos físicos y mentales, y sus guardias se burlaban de sus prácticas religiosas.

Para su consternación, Yee comprobó que el Islam estaba siendo utilizado como un arma contra los presos. Los detenidos le hablaron de las humillaciones diarias que tenían habitualmente que soportar. Un preso le dijo que los militares norteamericanos le habían obligado a sentarse en el centro de un círculo satánico formado por un grupo de velas encendidas. Ellos le ordenaron luego que se postrara cuando los interrogadores se lo ordenaran y éstos le dijeron: “Satanás es tu Dios, no Al-lah. ¡Repite eso detrás de mí.”.

Yee también corrobora los cargos acerca de la profanación del Corán. Los guardias norteamericanos comprendieron pronto la gran reverencia que los musulmanes sentían hacia el Libro y lo rompían y arrojaban al suelo. “Los detenidos se indignaban cuando los guardias tocaban sus libros sagrados, y este comportamiento dio lugar a menudo a algunos de los peores choques que hubo en los bloques,” señaló.

Yee comprendió finalmente que el suyo había sido un “nombramiento político”, “un gesto teatral, destinado a mostrar al mundo la comprensión y sensibilidad que teníamos (en EEUU) hacia el Islam.” Él comenzó entonces a escribir un diario, donde documentaba todos los incidentes de los que había sido testigo, para que existiera un registro de lo que realmente estaba pasando en Guantánamo.

El gobierno temía a Yee en realidad porque él sabía demasiados detalles y podría revelar información acerca de la vida en el campo. El 10 de septiembre de 2003, durante su viaje de regreso al estado de Washington, fue arrestado en Jacksonville, Florida. Fue acusado de espionaje, ayuda al enemigo, sedición, motín y otra serie de cargos, cada uno de los cuales estaba castigado con la pena de muerte. Se le acusó además de ser parte de una “red de espionaje”, formada supuestamente por un grupo de soldados musulmanes con los que Yee se reunía para cenar. De este modo, el gobierno y el ejército crearon una enorme tormenta mediática, que tuvo consecuencias negativas no sólo para Yee, sino también para las comunidades musulmana y asiático-americana de EEUU.

Yee estuvo mantenido en un confinamiento solitario durante 76 días. Durante su detención, señaló que había sacado sus fuerzas del Corán y de la historia del Profeta Yusuf (José), “un hombre inocente que fue injustamente acusado y erróneamente encarcelado.”

Cuando los cargos fueron finalmente retirados, el ejército le acusó de adulterio con una joven oficial de Guantánamo y de tener materiales pornográficos en su ordenador. El cargo de tenencia de pornografía fue planteado incluso aunque una investigación del propio ejército demostró que no había existido tal cosa. El cargo de adulterio estuvo basado en las declaraciones de una testigo a la que se había concedido inmunidad y a la que los abogados de Yee no habían podido interrogar. Finalmente, todos estos cargos fueron retirados y Yee fue licenciado del ejército de una forma honrosa. Sin embargo, no recibió ninguna disculpa oficial.

En su libro, Yee acusa a las autoridades norteamericanas de ir contra él pura y simplemente por ser musulmán y es particularmente crítico con la figura del general Geoffrey Miller, que fue puesto a cargo del campo de Guantánamo poco después de su llegada, y que posteriormente se convertiría en una figura mundialmente célebre debido al escándalo de los abusos a prisioneros en Abu Graib, en Iraq. Sin embargo, ninguna acción ha sido tomada contra Miller hasta ahora por su sucio papel en estos dos escándalos de torturas.

La autobiografía de Yee demuestra claramente la existencia de un enorme foso entre la suave retórica de la Administración Bush con respecto a su “guerra contra el terrorismo” y la realidad práctica que muchos musulmanes perciben en todo el mundo. Después del 11 de septiembre, Yee hizo todo lo que podía para reducir el desconocimiento e incomprensión acerca de los musulmanes y el Islam. Por tales esfuerzos, fue arrojado a una prisión y vio su carrera arruinada
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