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Un cuento a la vez: tradición viva de Marrakech

...Jabiri se detiene bruscamente y sugiere que su hipnotizado público haga un pago para poder continuar. Recoge sus monedas, entona una bendición y, con un tono más fuerte de voz, finaliza el cuento..

07/03/2006 - Autor: Marlise Simons - Fuente: NYT
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Jemaa el Fna, en Marrakesh
Jemaa el Fna, en Marrakesh
Es hora de trabajar y Mohammad Jabiri se dirige a Jemaa el Fna, la plaza principal de Marrakech.

Atraviesa las multitudes, deja atrás a los encantadores de serpientes y sus flautas, el ruido de los tambores, las porras de ánimo a los acróbatas y los gritos de los vendedores de kebab hasta tomar posesión de un sitio tranquilo.

Jabiri es un cuentacuentos, profesión que tiene más de 40 años de practicar. Todos los días conjura la presencia de pecadores y profetas, sultanes sabios y ladrones traicioneros.

Jabiri, de 71 años, es uno de los ocho bardos que todavía actúan en público en la región de Marrakech, en el sur de Marruecos. Pero la mayoría, como él, teme que su generación pueda ser la última de una línea tan antigua como la medieval ciudad en la que habitan.

Estos hombres descienden de una época —muy anterior a la radio y la televisión, las salas de cine y los teléfonos— cuando los narradores itinerantes llevaban noticias y entretenimiento a las ferias y a las plazas de los pueblos.

En una tarde reciente, Jabiri inició el cuento de la joven que se enamoró de un santo ermitaño. Pero el ermitaño la rechazó, así que tuvo relaciones sexuales con un pastor, se embarazó y dijo que era hijo del ermitaño.

La historia se desarrolló durante la siguiente hora, con giros y cambios inesperados. El público estaba compuesto únicamente por hombres. Se supone que las mujeres no escuchan cuentos descabellados o subidos de tono.

Juan Goytisolo, prominente escritor español que ha vivido en Marrakech desde los 70, es devoto de Jemaa el Fna y sus artistas. En un café que da a la plaza hablaba con admiración de los “viejos maestros” que ha conocido, de sus improvisaciones y sus bromas, y de los trucos que utilizan para capturar y retener a su público. Recordaba que “Sarouh, un hombre muy fuerte que ya murió, levantaba un burro en el aire. Cuando empezaba a rebuznar todo el mundo se acercaba a la carrera. ‘Tontos’, gritaba a la multitud. ‘Cuando hablo del Corán nadie escucha, pero todos corren a escuchar a un burro’”.

Otro narrador, al ver que perdía público, gritaba: “todos los que hayan sido malditos por sus padres deben irse”, dijo Goytisolo entre risas. “Así que, por supuesto, todos se quedaban, y pagaban”.

Al caer la tarde, el cuento de Jabiri ha llegado a un momento crítico. La joven, el ermitaño y el pastor han sido convocados para ser juzgados por el rey. El rey le dice al ermitaño que será decapitado, pero que puede expresar un último deseo.

En este punto, Jabiri se detiene bruscamente y sugiere que su hipnotizado público haga un pago para poder continuar. Recoge sus monedas, entona una bendición y, con un tono más fuerte de voz, finaliza el cuento, en el que el bebé habla y salva al ermitaño, quien se enamora de la joven
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