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La CIE y la FEERI felicitan a todos los musulmanes con motivo del Id al-Adha

10/01/2006 - Autor: Webislam - Fuente: Webislam
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Musulmanas y musulmanes españoles durante el Hach
Musulmanas y musulmanes españoles durante el Hach
La Comisión Islámica de España (CIE) y la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas (FEERI) han enviado una nota de prensa a los medios de comunicación en la que, con motivo del Id al-Adha, (Fiesta Mayor o Fiesta del Cordero), felicitan a todos los musulmanes residentes en España, América Latina y de todo el mundo, deseándoles que sea un día de alegría, paz y reconciliación. Una felicitación a la que nos unimos todos todo los colaboradores de Webislam.
El Islam establece dos días de Id o fiesta en los que tienen lugar especiales celebraciones religiosas. Uno de ellos es el Id al-Fitr, la fiesta que marca el final del mes de ayuno de Ramadan. La otra fiesta es la del Id al-Adha, que tiene lugar el día 10 del mes de Dhul Hiyya (el último del calendario lunar islámico). Esta fiesta coincide con las celebraciones de los ritos de la Peregrinación o Hach en la ciudad santa de Meca. 
El Id al-Adha (o Fiesta del Sacrificio) es un rito celebrado por los musulmanes de todo el mundo, siguiendo el ejemplo del Profeta Ibrahim, que estuvo dispuesto a sacrificar a su hijo Ismail obedeciendo el mandato de Allah, que finalmente ordenó a Ibrahim sustituir a su hijo por un cordero. El significado de esta fiesta es mostrar la disposición de los creyentes a poner a disposición de Allah y Su causa incluso los bienes más preciados y queridos que poseen y a dedicar su vida a seguir el camino que Allah ha trazado.
Y a partir de ese momento quedó establecido que en la religión no habría sacrificios humanos. Y quedó confirmado que Ibrahim era hanif: buscaba sinceramente a Dios siguiendo a su corazón y apartándose de los ídolos, y que habría de fundar un templo –la Kaaba– y que lo levantaría con sus manos, ayudado por su hijo y que el creyente es humilde y entregado.
En ese día los musulmanes que han acudido a Meca concluyen los ritos de su peregrinación y, después de la oración especial, sacrifican (o más modernamente pagan para que un matarife cualificado sacrifique en su lugar) un cordero. La alegría es doble en su caso, por la fiesta en sí y por haber terminado el hach, una empresa ardua, un viaje al fondo de uno mismo, al comienzo de la vida, tal y como la conocemos, en el valle de Arafat, en esa planicie desértica en la que cuentan que se reunieron Adán y Eva después de haber vagado por el planeta 200 años, tras su expulsión del Paraíso.
También es un viaje al final de los tiempos, borrada toda señal de identificación, cada ser humano anónimo, confundido en la multitud, que vive el momento del encuentro.
El resto de los musulmanes, más de mil millones en el mundo, casi todos pues sólo unos pocos de cada zona peregrinan a los Santos Lugares cada año, celebran en sus casas esta fiesta, acuden a las mezquitas para la oración y luego, los que pueden hacerlo, sacrifican y celebran una comida a la que se invitan mutuamente.
Es una celebración sobria, honda. Una fiesta reconfortante en la que cada creyente bebe el agua de la vida y se esponja con ella y recapitula sus actos y sus intenciones para impregnarse de las nobles cualidades de Ibrahim, a quien se conoce entre nosotros como "el amigo íntimo de Allah", porque sus miembros físicos y sus facultades están impregnados de lo Absoluto. Podríamos resumir sus cualidades en una fundamental: no poner trabas a la voluntad de Allah; dejarse atravesar por Él como el cauce de un río por el agua, y llenarse de Su designio hasta la identificación. Ibrahim, el amigo íntimo, hanif, sometido, es el ejemplo perfecto que se nos propone en esta hora del Id a- Kabir, la fiesta mayor, que festeja el establecimiento de la ley que protege la vida humana y la fusión del ser puro del hombre con sus anhelos de perfección.
El musulmán acude a la oración tras haber hecho la ablución mayor o gusl y haberse ataviado con su mejor ropa, limpia y perfumada. Recita unos versículos que sólo se cantan durante las dos fiestas anuales y en los enterramientos. Los musulmanes cantan y cantan hasta que el imam dirige la oración que -excepcionalmente- se encabeza con siete takbir (decir Allahu akbar). Dos rakás. Después, unas palabras de saludo por parte del imam a los miembros de la comunidad presentes. Por último, se disuelve la reunión y los asistentes se besan en señal de hermanamiento y se felicitan por la fiesta. Hay una alegría contenida, un suave perfume a flores, sosiego y reminiscencias de rasgos atávicos, perennes y nobleza recibida del amigo íntimo como legado.
En torno a la Kaaba se localiza un punto que se llama la estación de Ibrahim. Está allí y está además en cada lugar donde se reúnen musulmanes, se recuerda su sacrificio y se evoca la firmeza, resolución y amor con que él lo hizo.
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