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Diálogos entre un católico, un judío y un musulmán

28/09/2005 - Autor: El Corresponsal - Fuente: www.elcorresponsal.com
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Mezquita de Buenos Aires
Mezquita de Buenos Aires

Convencidos de que es mucho más lo que los une de lo que los diferencia, Marcó, Goldman y Abboud abordan en el texto, gestado desde la Secretaría de Culto de la Argentina, la problemática interreligiosa desde la experiencia propia de la fe hasta la búsqueda de un camino donde puedan confluir los valores compartidos entre católicos, judíos y musulmanes para contribuir a una sociedad menos intolerante y más justa.

"El libro fundamentalmente tiene un carácter testimonial de tres personas que aparentemente son muy distintas, pero que se pueden sentar a dialogar con la concepción de no cerrar filas en el sentido estricto. El tema es cómo hacemos para encontrar una respuesta desde las tradiciones a los problemas cotidianos que nos preocupan -pobreza, hambre, desigualdad social- para que pueda haber una sociedad con más justicia", afirma el rabino Goldman.

"Todos bajo un mismo cielo" incorpora, además de los 7 capítulos que organizan el diálogo, tres artículos de cada uno de los participantes. "Los desafíos del Islam en el mundo moderno", de Abboud (secretario de Cultura del Centro Islámico); "El dilema religioso de la desocupación: una respuesta judía", de Goldman y "La paradoja de la libertad", de Marcó.

Como anticipo, El Corresponsal reproduce íntegramente el Capítulo IV, referido a "Racismo, fundamentalismo y terrorismo".

Cambiaron los paradigmas. Aunque en las sociedades occidentales permanecen vivos los rastros de siglos de antisemitismo, hoy parece ser más difícil ser musulmán que judío. La asociación, a veces deliberada y otras por ignorancia, de terrorismo e Islam, pone a todo un colectivo de más de mil millones de personas bajo sospecha. Aunque la islamofobia todavía no se manifiesta en la Argentina, es una realidad que requiere reflexión. Los delitos no los cometen las creencias, aunque se las invoque para cometerlos, y los castigos deben ser dirigidos a los individuos y nunca a los pueblos como tales. Hoy está claro que el antisemitismo no es una opinión sino un acto de discriminación punible por la ley; pero ese salto cualitativo en el pensamiento de la humanidad no tiene todavía su correlato cuando se trata de atacar las creencias de musulmanes e inclusive de católicos.

-Así como hubo en el pasado cierto antisemitismo, ¿ahora es mucho más fácil ser judío que ser musulmán? ¿Ustedes piensan en el diálogo que desarrollan que con estas cuestiones relativas al "terrorismo islámico" se puede despertar una corriente de islamofobia en algún momento? 

Abboud: Islamofobia no es una palabra que utilicemos nosotros, ni que esté incorporada en el lenguaje de los argentinos. No hay un miedo específico al Islam ni a sus fieles porque los musulmanes de este país son una parte de su tejido social. Existe a veces desinformación por parte de la prensa, que por desconocimiento o por tomar fuentes claramente identificadas con una mala visión del Islam, difunden información errónea.

-En la prensa, la figura del "terrorismo islámico" está muy instalada...

Abboud: Sí, existe una tendencia a crear estereotipos en este sentido. Terrorismo y fundamentalismo asociado a Islam son cosa frecuente. De la misma manera que son frecuentes otras manifestaciones. Por ejemplo, el que los musulmanes hayan pasado a ser los nuevos malos de Hollywood, como lo fueron los indios, los latinos, los negros, los italianos, los vietnamitas y otros. También llama la atención poderosamente que desde ámbitos que deberían ser esclarecedores por excelencia, como lo es la Real Academia Española, se defina "fundamentalismo" como "movimiento religioso y político de masas que pretende restaurar la pureza islámica mediante la aplicación estricta de la ley coránica a la vida social". Esto es un absurdo. Con el agravante de que proviene de aquellos que tienen la función justamente de despejar dudas en cuanto al lenguaje.

-Si se piensa en los atentados en la Argentina, atribuidos a musulmanes, los del 11-S, los del 11-M, los de Londres. Todo sumado a este sello de terrorismo islámico ¿no debería abrirles los ojos, para que no se acuse gratuitamente en un futuro cercano a toda la comunidad musulmana?

Abboud: Hay que tener en claro, en primera instancia, que los delitos los cometen las personas y no las creencias religiosas. De todas maneras, desde el Centro Islámico se trabaja día a día para despejar dudas en este sentido, básicamente cuando se compromete la ideología del Islam. Tampoco es razonable permitir fomentar irresponsablemente un estado de sospecha social, ya que musulmanes viven en este país desde hace más de un siglo.

Goldman: Primero, los castigos a los delitos tienen que ser individuales, no se debe castigar a pueblos o entidades como tales. Segundo, en la medida que existan los prejuicios, éstos se combinan y ayudan a que yo someta en el castigo al colectivo. Y no es el colectivo sino el individuo el que ha cometido el delito. En la medida en que el diálogo permita conocer al otro, superar los prejuicios y apostar por la vida uno va a saber discriminar quién es quién. En ese sentido tenemos que empezar a caminar juntos alrededor de todo esto. Además, tenemos que difundir en nuestras comunidades lo que realizamos en la senda del diálogo. Dentro de cada comunidad uno sabe cuántos prejuicios existen. En mi comunidad hablo permanentemente de esto. Y en mis charlas y clases hablo de mis amigos Omar Abboud y Guillermo Marcó.

Marcó: En la Argentina de hoy, existe también un prejuicio para con la Iglesia Católica. Es curioso porque desde hace ya muchos años el episcopado se fue separando del poder político y dedicando a su misión específica, que es la pastoral. Sin embargo, muchos creen que siguen hablando con los obispos de la década del 70, que se jubilaron o se murieron en su mayoría. Es una lástima que los prejuicios les impidan ver la realidad de una Iglesia que cambia porque es muy dinámica en su vida interna, que está mucho más cerca del pobre y reclama por sus necesidades. Pero retomando lo del prejuicio, se ha instalado que está mal ser antisemita, pero burlarse de la Iglesia, de sus creencias, insultarla en público, parecería ser una moda. Hoy no se pintarrajean sinagogas, pero cada dos por tres la Catedral amanece pintada con leyendas agraviantes. Otro tanto pasa con el desprecio hacia el mundo islámico.

Abboud: La entidad (el Centro Islámico de la República Argentina) existe desde la década del 20 y siempre tuvimos un perfil bajo, más allá de la publicación de alguna columna de opinión, alguna cuestión de ayuda social, generar las fiestas, proveer el espacio de culto. De pronto nos encontramos con una avalancha de ataques desde algunos medios y la cuestión del Islam catapultada a las primeras planas de los diarios. No estábamos en muchos aspectos preparados para comunicar, ya que nunca surgió la necesidad y aún hoy estamos aprendiendo.

Goldman: Es complicado. Pero nuestro aporte no es un granito más. Nuestro aporte puede ser muy importante. Tiene que ver con aquello de que actuamos en base a nuestras creencias y en tanto que nuestras creencias son una apuesta a la vida, la cosa puede ser diferente.

Abboud: La idea de diálogo a veces no es del todo comprendida. Algunos preguntan si el diálogo es necesario. Yo creo que además de ser parte misma de la esencia religiosa, el diálogo en el mundo de hoy es un hecho imprescindible.

Goldman: Además, lo bueno de estos encuentros es que logran despojarnos de nuestra calidad representativa y responder no necesariamente en nombre de las instituciones de las cuales provenimos; nos da la posibilidad -y hasta diría de una manera bastante anárquica e independiente- de ser críticos del mundo en el que estamos viviendo y de la responsabilidad que hemos tenido o han tenido las tradiciones religiosas de llegar tarde a muchos de los acontecimientos que resultaron terribles para la humanidad. Por ejemplo: lamentarnos del Holocausto, de la Shoá, es un punto importante de reflexión, pero es algo que llega tarde. Lamentarnos de lo acontecido en Irak, también. Son errores que se han cometido y en el que las tradiciones religiosas no tuvieron la capacidad de reaccionar.

-¿Y cuál fue el error? ¿Qué tendrían que haber hecho las tradiciones religiosas antes de la Shoá o antes de la invasión a Irak?

Goldman: Uno de los grandes errores ha sido legitimar la falta de humanidad del "otro". Muchas veces las tradiciones religiosas demonizaron o satanizaron al otro sólo por su calidad de diferente. Quitarle esa entidad humana al otro permite al criminal cometer el crimen sin tener una sensación de culpa ni de responsabilidad. Porque no está eliminando al ser humano sino "lo malo" de la sociedad, como si fuese un objeto.

-Con ese enfoque, eliminar al otro pasa casi a ser necesario...

Goldman: Sí, termina siendo humanamente necesario que se lo elimine. Ése es el peligro.

Marcó: A veces prevalece el egoísmo, la idea de que mientras esto no me pase a mí, no sucede. Es algo bastante presente en la sociedad y cambia en la medida en que el otro pasa a ser alguien. Pienso, por ejemplo, en lo que sucedió con la firma del manifiesto por la AMIA (N. del A.: se refiere a un petitorio suscripto por 85 personalidades que pide a las autoridades argentinas que renueven su compromiso para el esclarecimiento del atentado contra la mutual judía, al cumplirse el 11° aniversario del ataque), en el que el cardenal Jorge Bergoglio fue el primer firmante. La realidad es que no se puede decir que esa tragedia le pasó a la comunidad judía, es algo que le pasó a toda la comunidad argentina y fue el primero de una serie de atentados internacionales que enlutan a la humanidad y que llaman la atención, pero que aquí quedó en la nebulosa y el olvido.

Entonces, en este caso, sumarnos a la memoria es un principio para intentar evitar que se repita, porque cuando uno olvida es fácil que vuelva a repetirse. Creo que lo más interesante de este movimiento que se está gestando en la Argentina es el hecho de sentirse prójimo de verdad y comprometerse en una causa mas allá de cuál sea la confesión.

Goldman: Yo quisiera profundizar lo que está diciendo Guillermo (Marcó). Hay que tener cuidado con el uso de la memoria y no terminar transformando las cosas en efemérides. Yo tengo la sensación de que la memoria no alcanza. Uno tiene que poner en actividad algo de la memoria pero también utilizar el presente para que esa memoria no sea simplemente algo del pasado. Pensemos en las atrocidades que se han cometido después del Holocausto. Y sin embargo la humanidad sigue lamentándose por el Holocausto. ¿Cuál fue la puesta a punto de todo eso? La memoria no resultó un elemento que nos haya ayudado para prevenir, o que nos haya ayudado para que los acontecimientos posteriores fueran diferentes, que la humanidad haya progresado en ese sentido. El deterioro moral continuó. Hambrunas, Ruanda, guerras fraticidas, Yugoslavia... Uno podía ver ese desfile de seres esqueléticos, las mismas imágenes que creía que habían terminado en el ’44, en el ’45. No alcanza con la memoria.

Digo algo que puede ayudar a entender esto: cuando acompaño a una familia al cementerio, uno se hace preguntas sobre la ecuación de la vida cuando está frente a la tumba. Media hora más tarde, uno se olvida de las preguntas que se hizo hasta ese momento. La memoria no sirve cuando queda en el lugar de la tumba. La memoria sirve cuando nos vemos involucrados como seres humanos en la misma denuncia que tendríamos que haber hecho en el lugar de lo acontecido. Eso significa una ética del compromiso. Lo que le falta a la época que nos toca vivir es el sentido sartreano de la ética del compromiso.

-La memoria como aprendizaje.

Goldman: Exactamente.

Marcó: Yo me refería a ese sentido de la memoria, poder rumiar el pasado no para vivir en el rencor, o en la venganza que enfrenta y separa. Quisiera tener una memoria que aproveche el pasado como advertencia, para indicarme que hacer en el presente, para que no me vuelva a pasar lo mismo y tenga que arrepentirme en el futuro de lo que no hice hoy.

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