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El maestro del Coran se estrena

06/09/2005 - Autor: Anibal Malvar - Fuente: El Mundo
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El profesor Abdelmumin Aya. Este año impartirá clases de Islam en un centro público de Sevilla. (Javi Martinez)
El profesor Abdelmumin Aya. Este año impartirá clases de Islam en un centro público de Sevilla. (Javi Martinez)

En los años 80, Vicente Haya se alojó como estudiante en la casa granadina de Mansur Escudero. Estudiaba Filosofía, se consideraba ateo desde su formación cristiana (con los jesuitas sevillanos del colegio Portaceli había cursado el bachillerato) y no imaginaba que su vida y su concepción del mundo iban a cambiar a partir del conocimiento humano del psiquiatra que lo hospedaba. Baste decir que salió de aquella casa llamándose Abdelmumin Aya tras abrazar el credo -quizá la palabra a él le disguste- musulmán.

Este año se incorpora como profesor a un colegio público sevillano. Impartirá clases de religión musulmana a los alumnos de primaria. Como él, 38 docentes se reparten desde este año por la geografía española para cubrir -aún de manera insuficiente, como todos los agentes implicados reconocen- la creciente demanda de profesores de Islam en esta España cada vez más multicultural (más de 400.000 musulmanes, 30.000 de ellos conversos). Los seguidores de Mahoma (o Muhammad) no son los únicos que se subirán a la palestra. 120 docentes evangelistas (religión que tiene cerca de un millón de adeptos en España con 2.000 iglesias) también tendrán su púlpito en las escuelas de primaria. La comunidad judía también fue invitada a participar el pasado año. Jacob Israel es secretario de la Federación de Comunidades Israelitas en España: «Empezamos a negociar un acuerdo al final de la pasada legislatura, pero se paralizó. Nunca antes nos habíamos planteado llevar la enseñanza religiosa a la escuela pública. La impartimos en nuestros propios centros. Es un sistema que lleva funcionando casi 80 años».

Los profesores de cada religión se benefician de contratos interinos por curso como los que firmaría cualquier maestro con plaza fija. Los planes de estudio los fijan las distintas jerarquías confesionales bajo supervisión del Ministerio de Educación. Los que quieren que haya planes.

Abdelmumin Aya no tiene plan de estudios. «Yo no voy a impartir doctrina. Les hablaré a los niños de la vida del Profeta. Nada más». Como Mansur Escudero, cuando acogió al joven estudiante de filosofía, le habló a Vicente Haya/Abdelmumin Aya.

-¿Cómo elige el nuevo nombre un converso?

-Puedes elegirlo tú o dejar que lo elija quien te convierte. En mi caso, Mansur. Y acertó, yo creo. Abdelmumin significa «aquel en quien puedes confiar».

La caída de la hache del apellido es más prosaica: los marroquíes la aspiraban y prefirió conservar la fonética suprimiendo la consonante.

«Aquel en quien puedes confiar» no fue captado, en el sentido sectario del término, antes de convertirse en 1987. Resulta difícil captar a alguien de su formación intelectual. Que le ha llevado a salpicar las librerías españolas de títulos como Islam para ateos (Ed. Palmart, 2004) o El corazón del haiku (Mandala, Madrid, 2002).

En un monasterio nipon

Su experiencia docente se inició en 1997, en la desaparecida Universidad Internacional Averroes de Córdoba, donde impartió las materias de Religiones Comparadas, Orientalismo, Historia del Pensamiento Islámico, Islamología y Metodología de las Ciencias Religiosas. También fue profesor de Ética y de Lengua Española en el colegio sevillano Huerta Santa Ana de Ginés. Y, por último, puede presumir de ser el único traductor directo de poesía japonesa que hay en España.

¿Japonés? La experiencia espiritual de Abdelmumin no se limita a su periplo desde el catolicismo al ateísmo y, después, al Islam. El budismo también le ha interesado. Visitó en Japón las montañas sagradas de Ominesan y Hagurosan. Y se dejó recluir seis meses, a principios de los años 90, en el monasterio de Joenji de Shinjuku para estudiar la cultura nipona. «No me pidieron ni un duro. Nunca. Ni hicieron proselitismo conmigo. No te intentaban manipular nada».

De sus 43 años de vida, «Aquel en quien puedes confiar» ha pasado 18 como musulmán discreto. Casi dos décadas durante las cuales, por ejemplo, no ha encontrado oportunidad de comunicar a sus muy católicos y sevillanos padres su conversión. «Ahora lo van a saber. Es hora de dar la cara. Se lo oculté porque no aportaba nada decirlo, sólo sufrimiento. No soy más musulmán porque se sepa». Ahora sale del almario incluso a través de la prensa. No lo cuenta para alimentar el morbo periodístico con detalles familiares. Lo hace para ahuyentar temores. «No voy a ser en las clases el imam de Fuengirola», bromea recordando a Mohamed Kamal Mustafá, que en sus prédicas y en el libro La mujer en el Islam justificaba, o más bien invitaba, al maltrato. «¿El Corán dice que hay que maltratar a las mujeres? No. Esa es una interpretación de un versículo. Yo lo interpreto de otra manera. Con otra sensibilidad. El árabe sin sensibilidad no es la lengua del Corán. Eso se lo tenemos que meter en la mollera a los árabes sin sensibilidad. Para los wahabitas es Islam es una dogmática. Para los sufíes, una metafísica. Para mí, es una forma de vida. De acción y reacción, para pasar por este mundo de una forma digna. Es un hecho humano, no un hecho intelectual». 

Abdelmumin lleva casado 14 años. Se casó por el rito cristiano cuando llevaba ya cuatro años siendo musulmán. Con Lorenza, católica: «Nunca he intentado hacer proselitismo con ella. El Profeta también tenía una mujer cristiana». Y otras dos judías.«Aquel en quien puedes confiar» descree tanto de la guerra de religiones/civilizaciones en las que parecemos estar inmersos que él, musulmán, empezará sus clases con un versículo de la Torá, el libro sagrado de los judíos: «Escoge la vida».

Los evangelistas, sin embargo, no improvisan tanto. Francisco Calvache, del consejo general de enseñanza de la Religión Evangélica, recuerda que ya hace una década que los colegios españoles de primaria y secundaria cuentan con formadores de esta confesión. «Comenzamos a impartir clases en 1994 con voluntariado. El proyecto se empezó a consolidar en el 96 y en el 98 apenas teníamos unos cientos de alumnos en toda España. Hoy son 6.000 y unos 120 profesores», comenta Calvache.

Rosa María Oreal imparte religión evangélica en la localidad madrileña de Aranjuez desde 1999. Empezó entonces con cinco alumnos. Este año las solicitudes llegan a 100. El 50% de etnia gitana, un 30% sudamericanos y el 20% restante españoles payos.

«Realmente no impartimos clases de religión. Preferimos llamarlo educación en valores. No hay mucha diferencia con una catequesis católica. Salvo en lo referido, claro, a los sacramentos», explica.

Los evangelistas, a diferencia de los católicos, se bautizan de adultos. Conscientemente y con una formación previa. De los profesores de Islam se diferencian en que ellos sí tienen un programa que impartir, y su formación es especializada: como Rosa, deben cursar magisterio y especializarse después durante tres años profundizando sus estudios teológicos.

A Rosa la escogieron sus propios convecinos. Compartían culto en la iglesia evangélica y empezaron a demandar sus propias clases de religión. Desde entonces. Está casada con un correligionario -se convirtieron hace 21 años desde el catolicismo- y su hija va este año al Seminario Protestante Evangélico de La Carlota, Córdoba, para seguir los pasos de su madre como docente.

Entre 700 Y 1.600 euros

Tanto ellos como los islámicos son cada año contratados como personal laboral interino, y el salario depende -a diferencia del de los profesores católicos- del número de alumnos solicitantes. La mensualidad puede oscilar desde un mínimo de 700 euros a un máximo de 1.600. Evalúan cada tres meses y procuran en lo posible conciliar sus programas con los católicos.

En el curso 2004/2005 había en España 75 profesores de religión evangélica. Andalucía es la comunidad que cuenta con más docentes (30), seguida de Galicia (13), Madrid (11) y Aragón (siete). Carecían de implantación en La Mancha, Navarra, Valencia, La Rioja, Baleares, Cantabria, Euskadi, Ceuta, Melilla e Islas Canarias.

Hasta la fecha, sólo Ceuta y Melilla (cada comunidad con 10 profesores) tenían centros que impartieran conocimientos del Islam. A los que se sumarán este año 11 más para Andalucía, tres para Aragón, uno para Cantabria y otro para Euskadi. Cifras todas muy distantes a la de los 10.847 profesores que enseñan religión católica en España.

Según los datos del Ministerio de Educación referentes a 2004 (últimos compilados), hay 3.338.302 alumnos de centros públicos y privados que han escogido catolicismo, 8.011 son evangelistas, 7.700 musulmanes y 1.053 judíos. Como la asignatura no es obligatoria, 1.329.933 niños optaron por actividades alternativas.

José Luis Pérez Iriarte es director general de Educación: «Es obvio que se le da cierta ventaja al catolicismo en ciertos aspectos. Como el hecho de que esta religión se imparta en horas no extraescolares, como ocurre con las otras. Habrá que esperar a que la demanda potencial se transforme en demanda real». O, como diría Abdelmumin en otro contexto: «Se trata no de adoctrinar, sino de dar recursos».

Lo que voy a enseñar

Ni dogma ni doctrina. Aya centrará sus clases en la vida de Mahoma (Muhammad), sobre la que prepara un libro.

Es posible que ninguna otra figura histórica presente en nuestro imaginario colectivo rasgos de personalidad más desdibujados que la del Profeta Muhammad. Ninguna ha sido hasta ahora tan mal definida a nivel psicológico como él. Por nuestra parte, los musulmanes, desde los propios compañeros del Profeta, hemos temido revelar todo lo que sabemos de Muhammad. Poco después de la muerte del Mensajero de Al-lâh, paz y bendiciones sobre él, los que fueron sus íntimos ya tenían conciencia de que era mejor callarse determinadas cosas. Ya Abû Hurayra afirmó que si desvelara la sabiduría interior que Muhammad le mostró le aplicarían la pena de muerte por impío.

El sanguinario

Los musulmanes hemos temido revelarlo todo de Muhammad, pero, los especialistas al servicio de los intereses del Cristianismo o del Colonialismo, que ambos venían de la mano, no han querido darnos de Muhammad otra imagen que no fuera la del profeta sanguinario de la Guerra Santa, o el profeta de la lujuria, que elaboraba revelaciones al gusto de sus conciudadanos y de sus propias pasiones. Y ahora los occidentales nos enfrentamos con el importante obstáculo para nuestra tranquilidad de que todo lo relativo al Islam es amenazante por el desconocimiento que tenemos de él. No deja de ser curioso el hecho de que la cultura occidental se haya abierto a otras formas de conocimiento -algunas tan distantes de la racionalidad occidental como las de los pueblos sin tradición escrita-, y, sin embargo, la consideración del público en general hacia el Profeta no se ha visto modificada: o fue un loco o un farsante.

Contrasistema

En una circunstancia como la actual en la que sólo el Islam se presenta como alternativa seria al Sistema, han sido muchos los intelectuales occidentales a los que no ha interesado que Muhammad fuera un hombre de una fuerza espiritual extraordiaria que vino a sanar a toda la humanidad desde la condición elemental del ser humano. Muhammad no es un profeta-estrella como Jesús o Buda; Muhammad es el marco básico de la persona humana. No se puede partir de menos que de Muhammad: huérfano, pobre, sencillo, inculto entre unas gentes toscas y primitivas y, para colmo, con una vertiginosa sensibilidad en sus nervios... Nadie nunca partirá hacia Al-lâh de más lejos de lo que lo hizo el Profeta del Islam; de ahí su carácter de «sello de la profecía». Pero, por eso mismo, nadie tiene excusa para no llegar a lo que llegó Muhammad.

Dogmas

Muhammad no era un teólogo. Todo lo que es «visión», «escucha», «experiencia» de Muhammad es más tarde transformado por los clérigos de mente en dogma: el dogma del ascenso de Muhammad a los cielos, el dogma de la unicidad divina, el dogma de la resurrección de los muertos, el dogma de la vida de ultratumba, el dogma del paraíso, el dogma del infierno No hay modo. Si dejamos de lado que todo fue suceso en Muhammad, no entendemos el Islam.

Muhammad no era un santurrón, un beato, un personaje blando representable en sfumatto, como tampoco Jesús fue el Cristo de Zefirelli. Muhammad y Jesús, y Moisés y Zaratustra eran, sobre todo, hombres que irradiaban fuerza, chamanes, seres humanos que removían las energías de lo que les rodeaba.

Cuando los musulmanes conversos de Europa dejen de perder el tiempo con Guenon, con Schuon, con Corbin, incluso con Rumi o Ibn Arabî, y vayan directamente a Muhammad, a su vida y a sus hadices, descubrirán a un Profeta que les asombrará y que en ocasiones les extrañará hasta helarles la sangre. Y, si quieren seguir siendo musulmanes, tendrán que resituar su Islam en la tradición semita. Para ello, deberemos desnudar el Islam de los sucesivos disfraces que ha ido adoptando y volver al desierto de Arabia del siglo VII, un mundo con una propuesta ética y estética diferente a aquel en el que hemos sido educados los conversos.

Curar el mundo

El Islam que le quede al converso tras sus pesquisas a duras penas podrá ser llamado religión, en el sentido en que se entiende hoy día, porque no es camino de salvación; es camino, a secas, para andar por esta tierra con dignidad. No es un pensamiento que se articule en una serie de dogmas en los que debamos creer sino que son mandatos, intuiciones, palabras, sonidos, que tratan de crear estados de conciencia con los que hacernos cada vez más dueños de nuestro mundo. No tiene por meta conseguir para el creyente una santidad con la que sirvamos de modelo al mundo; el objetivo es ser Muhammad: saber cómo relacionarnos con las cosas y los seres, crear vínculos donde no los hay y reforzar los que existan, trabajar con las energías presentes en nuestro mundo. Y curarlo.

Extracto del libro «El secreto de Muhammad», del profesor Abdelmumin Aya, cuya salida tiene prevista la editorial Keirós para 2006.


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