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El Memorando de Downing Street revela cómo EEUU y el Reino Unido fabricaron una falsa justificación para la guerra contra Iraq

06/07/2005 - Autor: Revista Amanecer - Fuente: www.revistaamanecer.com
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Tony Blair y George W. Bush
Tony Blair y George W. Bush

El pasado 1 de mayo, el London Sunday Times publicó un memorando secreto de ocho páginas que recogía algunos minutos de un encuentro celebrado por el primer ministro británico, Tony Blair, con varios altos responsables de la política de seguridad que tuvo lugar el 23 de julio de 2002, ocho meses antes de que las fuerzas estadounidenses y británicas invadieran Iraq. El memorando ofrece pruebas irrefutables acerca de la forma en que la Administración Bush tomó la decisión de invadir Iraq –sin ninguna consulta significativa, sin disponer de datos de inteligencia fiables sobre Iraq y sin el deseo de buscar posibles fórmulas que permitieran evitar la guerra- mucho antes de buscar el aval del Congreso norteamericano o un mandato de Naciones Unidas de cualquier tipo. El memorando proporciona también valiosas informaciones que señalan que los altos responsables británicos veían la decisión de la Administración Bush de ir a la guerra como inevitable, y comprendían el potencial que existía para la aparición de una fuerte inestabilidad en Iraq tras la invasión.

El 16 de octubre de 2002 el Congreso norteamericano votó para autorizar a Bush a ir a la guerra contra Iraq. Cuando Bush se dirigió a los miembros de su gobierno y los congresistas reunidos en la Sala Este de la Casa Blanca y al pueblo norteamericano dio la imagen de ser un líder franco que se dirige a su pueblo en un grave momento. En su discurso, Bush dijo que la guerra no era inevitable: "Aunque el Congreso ha autorizado ahora el uso de la fuerza, no he ordenado el uso de la fuerza. Espero que el uso de la fuerza no resulte necesario… Nuestro objetivo es eliminar de forma completa y definitiva una amenaza real a la paz mundial y a EEUU. Esperamos que esto pueda hacerse pacíficamente. Esperamos poder hacerlo sin una acción militar. Sin embargo, si Iraq desea evitar una acción militar de la comunidad internacional, tiene la obligación de cumplir con todas las demandas que el mundo plantea. Ésa es la obligación de Iraq."

En aquel momento, los iraquíes respondieron a la exigencia de Bush repitiendo sus propias alegaciones de que no poseían armas de destrucción masiva. Como sabemos hoy, los iraquíes habían destruido estas armas, probablemente años antes del ultimátum de Bush. "Los iraquíes," señaló posteriormente el jefe de los inspectores de armamento de EEUU, David Kaye, "estaban diciendo la verdad."

En un momento en el que los norteamericanos ven como sus hombres y mujeres jóvenes continúan luchando y muriendo en el tercer año de una sangrienta guerra de contrainsurgencia en Iraq –conflicto que ha matado hasta ahora a más de 1.700 soldados norteamericanos y a decenas de miles de iraquíes- pueden preguntarse qué habría ocurrido si los inspectores de armas de la ONU hubieran podido –como querían todas las grandes potencias, excepto EEUU y el Reino Unido- completar su trabajo sobre el terreno.

En realidad, gracias al memorando secreto publicado por el London Sunday Times, tenemos la respuesta a esa pregunta. Cuando Bush dijo en su discurso que esperaba que el uso de la fuerza no se hiciera necesario y que tal decisión dependía de si los iraquíes cumplían o no su demanda de que se desprendieran de sus armas de destrucción masiva, el presidente estaba, en realidad, mintiendo al pueblo norteamericano y al mundo. Él había decidido, al menos tres meses antes, optar por el "último recurso", es decir, el "uso de la fuerza." Hicieran lo que hicieran los iraquíes no tenía importancia, ya que la decisión de Bush de ir a la guerra contra ellos había sido ya tomada hacía mucho tiempo.

El memorando se refiere a un encuentro que reunió a Geoffrey Hoon, ministro de Defensa británico; Jack Straw, ministro de Exteriores; John Scarlett, jefe del Comité de Inteligencia Conjunto; Lord Goldsmith, fiscal general; Richard Dearlove, jefe del MI6 (Servicio de Inteligencia); David Manning, consejero de Seguridad Nacional; Almirante Sir Michael Boyce, jefe del Estado Mayor de la Defensa; y Sally Morgan, director de relaciones del Gobierno. El documento fue escrito por el alto consejero de Blair, Matthew Rycroft.

Scarlett abrió el encuentro con un informe de inteligencia sobre Iraq, en el que se afirmaba que el régimen de Saddam era "implacable" y cosas por el estilo. Dearlove presentó un informe sobre su visita a Washington, donde se entrevistó con el director de la CIA, George Tenet. Este pasaje dice: "C (Dearlove) informó sobre sus recientes conversaciones en Washington. Allí, constató un cambio perceptible en lo que se refiere a la actitud de los norteamericanos. La acción militar es vista ahora como inevitable. Bush quiere derrocar a Saddam (Hussein) mediante una acción militar, justificada en base a una conjunción entre terrorismo y armas de destrucción masiva (WMD). Los datos de inteligencia y los hechos están siendo amañados para que se adapten a esta política. El NSC (Consejo de Seguridad Nacional) no tiene paciencia con respecto a la ruta de la ONU y ningún entusiasmo por publicar materiales relativos al historial del régimen iraquí. Hay poca discusión en Washington acerca de cuál puede ser la situación posterior a la acción militar."

Visto desde la perspectiva actual, este corto párrafo es muy claro y establece los siguientes puntos:

1) A mediados de julio de 2002, es decir, ocho meses antes de que la guerra comenzara, el presidente Bush había decidido invadir y ocupar Iraq.
2) Bush había decidido "justificar" la guerra en base a una "conjunción entre terrorismo y armas de destrucción masiva."
3) "Los datos de inteligencia y los hechos estaban siendo ya amañados o manipulados para que se adaptaran a esta política."
4) Muchos de los altos responsables de la Administración Bush no querían buscar la aprobación de las Naciones Unidas ("ir por la ruta de la ONU").
5) Pocos en Washington parecían estar interesados en la situación posterior a la acción militar.

Hoy es sabido, gracias a Bob Woodward y otros, que la planificación militar de la guerra de Iraq comenzó en una fecha tan temprana como el 21 de noviembre de 2001, después de que Bush ordenara al secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, que diseñara un plan para "proteger a EEUU mediante el derrocamiento de Saddam si fuera necesario". Rumsfeld y el general Tommy Franks, que encabezó el Mando Central de EEUU, informaron a altos representantes de la Administración Bush de los progresos en la planificación militar a finales de la primavera y durante el verano de 2002.

Lo que confirma por primera vez el memorando de Downing Street es que el Presidente Bush había decidido, no más tarde de Julio de 2002, "derrocar a Saddam mediante una acción militar," que la guerra con Iraq era "inevitable" y que lo que quedaba era simplemente el establecer y desarrollar las modalidades de justificación; es decir, el buscar un medio de "justificar" la guerra y de "amañar" "los datos de inteligencia y los hechos para que se adaptaran a esta política." Bush no había decidido todavía si ir a las Naciones Unidas y pedir nuevas inspecciones, porque, como "C" señala, los miembros del Consejo de Seguridad Nacional –compuesto por los más altos responsables de seguridad del gobierno de EEUU- "no tenían paciencia con la ruta de la ONU y tampoco ningún entusiasmo en publicar material acerca del historial del régimen iraquí." Esto cambiaría más tarde debido, en buena medida a las preocupaciones políticas de los propios reunidos aquel día en el 10 de Downing Street.

El Almirante Boyce ofreció un breve análisis de los planes de guerra sobre la mesa y el secretario de Defensa dijo algunas palabras acerca del momento del inicio del conflicto –"la fecha más probable para la acción militar que los norteamericanos barajan es enero y el tiempo de la cuenta atrás comenzará unos 30 días antes de las elecciones al Congreso"-.

Por su parte, el ministro de Exteriores, Jack Straw, fue directo al grano: no se trata de invadir Iraq o no, sino de cómo justificar la invasión. "El ministro de Exteriores dijo que discutiría (el momento del inicio de la guerra) con (el secretario de Estado) Colin Powell esta semana. Parece claro que la Administración Bush ha tomado ya la decisión de emprender una acción militar, incluso aunque el momento no haya sido decidido aún. Sin embargo, el caso contra Iraq no es muy sólido. Saddam no está amenazando a sus vecinos y su capacidad de producción de WMD es mucho menor que la de Libia, Corea del Norte o Irán."

Dado que Saddam no estaba amenazando con atacar a sus vecinos y que su programa de armas de destrucción masiva era menos extenso que el de otros países, ¿cómo podía justificarse el ataque? El ministro de Exteriores, Jack Straw, tuvo una idea: "Debemos elaborar un plan para presentar un ultimátum a Saddam para que permita el regreso de los inspectores. Esto ayudaría a conseguir la justificación legal para el uso de la fuerza." En realidad, los británicos comprendieron que necesitaban "ayuda para conseguir la justificación legal para el uso de la fuerza" porque, como el fiscal general advirtió con sequedad, "el deseo de un cambio de régimen no es una base legal para una acción militar."

Es decir, el simple deseo de derrocar al liderazgo de una nación soberana no hace legal la invasión de un país. El fiscal general dijo que existían "tres posibles bases legales para una invasión: la autodefensa, la intervención humanitaria o la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU." Las primeras dos "no pueden ser la base legal en este caso." En otras palabras, Iraq no estaba atacando a EEUU o al Reino Unido, así que los líderes de estos países no podían pretender estar actuando en legítima defensa. Los líderes de Iraq no estaban tampoco cometiendo un genocidio, así que EEUU y el Reino Unido no podían pretender invadir Iraq por razones humanitarias. Esto dejaba la autorización del Consejo de Seguridad como la única vía para lograr una justificación legal para la guerra. Pero, ¿cómo conseguirla?

Se planteó entonces la idea de los inspectores de la ONU, como un medio de lograr el casus belli que faltaba. Si la ONU se ponía de acuerdo en un ultimátum a Saddam para que éste aceptara los inspectores, y si Saddam se negaba a hacerlo, los norteamericanos y británicos podrían ver despejado el camino para lograr una ansiada justificación legal (la tercera alternativa del fiscal general, es decir, la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU). De este modo, la idea de los inspectores de la ONU fue planteada no como un medio de evitar la guerra, como Bush repetidamente aseguró a los norteamericanos, sino como un medio para hacerla posible.

Sin embargo, existía un problema. Como señaló el ministro de Exteriores, "en la estrategia política puede haber diferencias entre EEUU y el Reino Unido." Los británicos consideraban que el encontrar una base legal para la guerra era algo trascendental –especialmente teniendo en cuenta que los planes estadounidenses establecían, como mínimo, el uso de las bases británicas en Chipre y Diego García, lo que significaba que los temas de legalidad "surgirían fuera cual fuese la opción que escogieran los ministros con respecto a la participación británica"- porque el Reino Unido, a diferencia de EEUU, es miembro del Tribunal Penal Internacional. En este sentido, el ministro de Defensa, Geoffrey Hoon, advirtió que "sería importante que el primer ministro le plantee a Bush la necesidad de crear un contexto político apropiado."

Como Woodward indicó, se necesitó una visita personal de Blair –efectuada el 7 de septiembre de 2002- y toda la persuasión de que Powell fue capaz para convencer a Bush para que acudiera a la ONU. En una fecha tan avanzada como el 26 de agosto de 2002, el vicepresidente Dick Cheney apareció ante una convención de Veteranos de Guerra y denunció públicamente la "ruta de la ONU". Él afirmó que "dicho simple y llanamente, no hay duda de que Saddam Hussein tiene ahora armas de destrucción masiva y las está acumulando para emplearlas contra nuestros amigos, nuestros aliados y nosotros mismos." Cheney, al igual que otros "halcones" de la Administración temía la "ruta de la ONU" no porque esta pudiera fallar, sino justamente porque podía tener éxito e impedir una guerra que ellos querían librar a toda costa.

Sin embargo, Saddam frustró las esperanzas de los británicos y los norteamericanos al admitir a los inspectores. Centenares de inspectores entraron en Iraq, comenzaron a efectuar registros y no encontraron nada. Enero, el mes que según el ministro de Defensa  Hoon era "la fecha más probable para la acción militar que los norteamericanos barajaban," vino y se fue, y los inspectores continuaban trabajando.

Mientras tanto, la Administración Bush conspiró a principios de 2002 para expulsar de su cargo a Jose Bustani, director general de la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPCW). Según señalaron, bajo la cobertura del anonimato, algunos subordinados de John Bolton, subsecretario de Estado para Control de Armas y Seguridad Internacional, Bustani "había decidido enviar inspectores especialistas en armas químicas a Iraq y esto podría haber contribuido a difuminar la crisis sobre las supuestas armas de destrucción masiva de Iraq y debilitar los argumentos ofrecidos por EEUU para lanzar la guerra."

Cuando el foso entre la retórica de la Administración Bush acerca de los enormes arsenales de armas iraquíes –"Sabemos donde están," afirmó Donald Rumsfeld- y la falta de hallazgo de dichas armas por parte de los inspectores de la ONU se hizo mayor, esto llevó a que desde muchas instancias norteamericanas se comenzara a cuestionar la credibilidad del propio proceso que se estaba llevando a cabo en Naciones Unidas. El fracaso de los inspectores en encontrar armas en Iraq fue utilizado para desacreditar el valor de las inspecciones en lugar de para arrojar dudas sobre las afirmaciones de la Administración Bush de que Saddam poseía grandes cantidades de armas de destrucción masiva.

Al final, sin embargo, Blair y Bush no fueron capaces de conseguir el apoyo del Consejo de Seguridad de la ONU para sus planes y la guerra fue lanzada de una manera ilegal. Este hecho debería llevar al futuro procesamiento de Bush, Blair y los miembros de sus gobiernos por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.

(Este artículo es un resumen con algunos añadidos del trabajo de Mark Danner titulado "The Secret Way to War," publicado en el New York Review of Books, Volumen 52, Nº 10, 9 de Junio de 2005).

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