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Miguel Ángel Moratinos, ministro de Exteriores de España: No podemos permitir que se agraven los prejuicios contra el Islam

06/06/2005 - Autor: Miguel Ángel Moratinos - Fuente: ABC
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Córdoba acogerá una conferencia de la OSCE (Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa) sobre «Antisemitismo y otras formas de intolerancia (entre ellas la islamofobia)» los días 8 y 9 de junio. Será una magnífica ocasión para que decenas de ministros de Exteriores, Altos Representantes estatales y más de 150 ONG reflexionen sobre una cuestión que está en la base misma de nuestra convivencia: cómo frenar la intolerancia en sus múltiples formas y cómo promover con eficacia el respeto del «otro».

Una de las grandes conquistas de las sociedades contemporáneas es el artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: todos los seres humanos tienen derecho a la libertad de pensamiento y de religión. Pero estamos observando señales preocupantes de rebrotes de intolerancia, como las frecuentes agresiones contra personas por el simple hecho de pertenecer a una religión o grupo étnico. Tenemos que hacer todo lo posible para ponerles fin.

España, cruce de caminos y civilizaciones, conoce los peligros de la intolerancia y ha sufrido sus consecuencias, pero puede también ofrecer una identidad diversa y una ejemplar historia de tolerancia entre pueblos y religiones.

Por ello, el Gobierno ha querido impulsar un debate productivo sobre las estrategias para fomentar una cultura del conocimiento y del diálogo, del respeto del otro y de la tolerancia.

En este sentido, el presidente del Gobierno lanzó en Naciones Unidas la iniciativa de la Alianza de Civilizaciones, que frente a las profecías de un «choque de civilizaciones» quiere promover un diálogo constructivo entre las diversas formas de percibir el mundo. Con esta misma intención, el Gobierno se ofreció el pasado año para organizar esta conferencia de la OSCE en Córdoba, que otorga un tratamiento diferenciado al antisemitismo, pero que se abre a otras formas de intolerancia, como la discriminación contra los musulmanes, los cristianos y los miembros de otras religiones, el racismo y la xenofobia...

La elección de Córdoba constituye en sí misma un mensaje; en esta hermosa ciudad andaluza convivieron y florecieron en paz tres religiones (el islam, el judaísmo y el cristianismo) y allí vivió Maimónides, ejemplo máximo de ese espíritu de respeto a todo lo humano, con independencia de raza, color o credo.

El primer día de la Conferencia de Córdoba se dedicará al antisemitismo. En el año en que conmemoramos el 60 aniversario de la liberación de los campos de exterminio y de concentración de la época nazi, estamos obligados a hacer un esfuerzo extraordinario y concertado para cortar de raíz cualquier brote antisemita. Y ello con la convicción, (ya recogida en la Declaración de Berlín de 2004), de que nada, incluidos los acontecimientos y la situación en Israel o en Oriente Medio, puede justificar el antisemitismo.

En Córdoba se tratará también el creciente problema de la discriminación contra los musulmanes. No podemos permitir que los problemas y los conflictos políticos agraven los prejuicios contra el Islam. Por el contrario, debemos hacer todo lo posible para integrar a las comunidades inmigrantes musulmanas al tiempo que respetamos nuestras diversas culturas.

Merece destacarse también que en Córdoba se tratará la discriminación contra los cristianos y los miembros de otras religiones, así como los problemas persistentes del racismo, la xenofobia y toda forma de discriminación.

La Conferencia de Córdoba muestra la determinación española por estar en la vanguardia de los esfuerzos contra el antisemitismo, la discriminación y la intolerancia. Podemos hacerlo, por nuestra historia y por nuestra voluntad, compartida por la gran mayoría de la sociedad, y debemos hacerlo, porque nos jugamos mucho en el empeño. La lucha contra el antisemitismo y la intolerancia es más que una aspiración bienintencionada; es -como hemos visto en demasiadas ocasiones- una batalla muy real contra peligros muy concretos. Esperamos por tanto que este próximo gran encuentro en nuestro país concluya con una «Declaración de Córdoba» que reafirme nuestra beligerancia (cero tolerancia contra la intolerancia podría ser nuestro lema) y que nos señale caminos y propuestas concretas. Las autoridades, la policía, los tribunales y los medios de comunicación deben aunar sus esfuerzos. Las víctimas deben recibir apoyo y protección. Los intolerantes deben ser aislados. Y nuestros colegios y universidades, nuestras sociedades en su conjunto, deben promover el respeto por los demás.

Ya en el siglo X, un destacado sevillano afincado en Córdoba, Al-Zubaydi, consejero del califa Al Hakim II, escribió que «el mundo entero en toda su diversidad es uno, y todos los hombres son vecinos y hermanos». Más de mil años después, esa afirmación es válida, y constituye además la esencia de nuestra civilización. La tolerancia salva vidas y las hace mejores. Vale la pena esforzarse por ella, y así lo haremos el 8 y 9 de junio en Córdoba.

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