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Afganistán: La caza de brujas del Imperio

21/07/2003 - Autor: Baheer Safi - Fuente: zmag.org.Spanish
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Sentados de piernas cruzadas en el cuarto de invitados que está modestamente amueblado y adornado con colores afganos, en la oriental ciudad de Jalalabad, en Afganistán, el imperio y sus sicarios planifican su caza de brujas. El anfitrión es un antiguo comandante de la resistencia, conocido en el lugar como "el maestro". "El maestro" fue bien conocido por su enfoque moderado de ciertos temas durante la guerra contra los ocupantes soviéticos. Los invitados son numerosos, pero entre ellos hay una excepción: un estadounidense vestido con atuendos tradicionales afganos. "El maestro" y el estadounidense se conocen bien desde los años 80, cuando este último acompañaba al maestro y a sus combatientes en las montañas del este. Cuando entré al cuarto de huéspedes el maestro y el estadounidense estaban sumidos en una acalorada discusión. En cuanto el maestro me vio, después de muchos años, interrumpió la conversación y me dio un abrazo muy acogedor. El maestro se disculpó para continuar la conversación con el invitado extranjero o Khoregi, y continuó:

"... usted ve, amigo mío; tengo un problema con su definición y concepto del enemigo y del amigo. A principios de los años 80 cuando usted vino por primera vez a Afganistán, también me presentó a Osama bin Laden, diciendo que era un gran hombre y que me sería muy útil. Yo siempre desconfié de combatientes extranjeros en mi país. De todos lados me dijeron que aceptara a Osama y al resto de sus lunáticos amigos. En aquel entonces sus mejores amigos también eran gente como Hekmatyar, Rabbani y otros. Si se acuerda, yo le dije que era gente muy peligrosa. Los que entonces eran sus mejores amigos son ahora sus peores enemigos y usted me pide que haga lo imposible, que siga su lógica. Ahora me pide que le ayude a librarse de Haji Ghafoor, que no le ha hecho mal alguno ni a usted ni a ningún otro, al que usted ya trató de matar antes sin motivo".

Reconocí al resto de personajes del drama afgano que representaban los cadáveres de millones de inocentes afganos durante más de un cuarto de siglo, pero no pude reconocer al nuevo actor, Haji Ghafoor. Sin pensarlo mucho, pregunté ¿Quién es Haji Ghafoor?. Mi pregunta fue ignorada y el invitado Khoregi pareció bastante incomodado porque yo comprendía la conversación. Impaciente, volví a preguntar "¿pero quién es Haji Ghafoor?. Luego pregunté en Dari (persa) y un primo lejano que conocía muy bien a Haji Ghafoor y el incidente me prometió contármelo más tarde.

Haji Ghafoor es el jefe de la comunidad Kantiwa, una de las cinco principales comunidades: Kantiwa, Kamdesh, Paron, Waigal y Wama, en la provincia de Nooristán, en el este de Afganistán. Nooristán es una de las provincias más remotas y menos desarrolladas, incluso según los estándares afganos. Apenas hay algunas clínicas, carreteras, escuelas, electricidad, instalaciones de agua potable o cosas que en cualquier otra parte del mundo se dan por descontadas. El viaje dentro y fuera de la provincia se hace a pie y se mide en días en lugar de medirse en miles de kilómetros. La muerte a causa de enfermedades muy ordinarias y curables es muy común en la provincia. Cuando alguien enferma y se le lleva a la clínica más cercana, un peligroso viaje de 20 a 30 horas por un terreno muy difícil, toda la comunidad reza por el alma del enfermo. Lo más probable es que el enfermo no vuelva, normalmente muere antes de llegar al hospital o clínica más cercano.

Kantiwa está construida sobre las cimas de las montañas, las aldeas parecen colgar sobre los precipicios. El terreno es bastante difícil y lleno de pinos. Sirvió como refugio a los diversos grupos de resistencia durante los numerosos ataques soviéticos en la región. Los que por aquel entonces eran los ojitos derechos del imperio, Gulbudin Hekmatyar, Masud y sus homólogos, solían frecuentar Kantiwa y otras partes de la provincia. Fue la época en la que Haji Ghafoor se hizo amigo de Hekmatyar y se alzó en armas junto con su comunidad contra la ocupación soviética. Los militares de EE.UU. y su ayuda a los rebeldes antisoviéticos estuvieron altamente correlacionados con el grado de fanatismo -mientras más fanático el grupo, mayor la ayuda del gobierno de EE.UU. Hezb-e- Islami de Hekmatyar y Jamiat-e-Islami de Rabbani (este último con comandantes como Ahmad Shah Masud e Ismail Khan) recibieron la mejor parte de la ayuda de EE.UU. y el resto, grupos relativamente moderados, recibieron lo que quedaba, entre un 20 y un 30 por ciento de la ayuda total de EE.UU. Por ello, cualquiera que tuviera que alzarse en armas contra la ocupación soviética no tenía otra posibilidad que pertenecer a uno de los grupos fanáticos. Haji Ghafoor y muchos otros como él no tuvieron otra posibilidad que unirse a las filas de Hekmatyar o Rabbani, mientras los grupos fanáticos liderados por los dos señores mencionados eliminaban sistemáticamente a cualquier grupo o individuo que se presentara como moderado, usando el dinero y las armas de EE.UU. y la ilimitada ayuda del ejército paquistaní.

Haji Ghafoor estaba desilusionado con Hekmatyar y Masud (lugarteniente de Rabbani) después de su mortífero ataque contra Kabul entre 1992 y 1996, cuando los dos individuos y sus amigos asesinaron a unas 55.000 personas sólo en Kabul y redujeron la ciudad a escombros. Masud, a propósito, recibió una medalla por haberlo hecho -un héroe nacional- y sus lugartenientes se convirtieron en los soldados de infantería del tío Sam. Sin embargo, Hekmatyar es ahora el enemigo número uno después de que esos años de apoyo incesante convirtieran a un microbio invisible en un monstruo

Haji Ghafoor prefirió quedarse fuera del atolladero político afgano y se negó a tomar las armas a favor o contra de los talibán o de Masud. Esto enfureció a Masud, mientras los talibán dejaban Nooristán librado a su propia suerte y no se molestaron por interferir mucho en la región. La caída de los talibán dejó indiferente a Haji Ghafoor, pero los soldados de infantería del tío Sam seguían enfurecidos con él por no haber obedecido las órdenes de Masud de combatir contra los talibán. La doctrina proclamada por el emperador Bush hijo de que "o estás con nosotros o contra nosotros" se aplica literalmente en el campo de batalla. Cualquiera que no esté con el imperio en su empresa asesina de controlar los recursos del mundo es marcado con el sello de al-Qaeda. Haji Ghafoor no sólo se negó a involucrarse en la caza de brujas del imperio sino que además los soldados de infantería del imperio, que estaban ajustando cuentas como en muchas otras ocasiones, le señalaron como miembro de al-Qaeda y como antiguo amigo de Hekmatyar.

A principios de otoño del año pasado, una pareja de agentes de EE.UU. junto con unos 20 esbirros locales fueron a Kantiwa, haciéndose pasar por médicos que trabajaban para una ONG internacional. Haji Ghafoor dio a los médicos una acogida muy calurosa y les ofreció comida y alojamiento en su casa de huéspedes, la única casa de huéspedes en toda la comunidad de Kantiwa. Los médicos insistieron en administrar una importante vacuna a su anfitrión; éste declinó cortésmente. Como no pudieron drogar y secuestrar al anciano, los médicos recurrieron al plan B, el método preferido del tío Sam: el uso de la fuerza. Cuando uno de los aldeanos vio que los estadounidenses hablaban frenéticamente por sus teléfonos vía satélite, se apresuró a informar a Haji Ghafoor. Este último rechazó toda especulación y dijo que puede que estuviesen hablando con sus familias o centrales, después de todo se trataba de una ONG. Minutos después el tío Sam apareció por los cielos, helicópteros artillados con inmensos focos de luz que iluminaron toda el área y comenzaron a disparar y a bombardear la aldea. Haji Ghafoor logró escapar y ordenó a su comunidad que defendiera la aldea. Los helicópteros continuaron disparando y bombardeando un rato; cuando se les acabó la munición recogieron a su equipo médico y abandonaron el área.

Al partir, los helicópteros destruyeron las pocas camionetas que el equipo médico había llevado hasta el final de la ruta. Haji Ghafoor declaró que todas las ONGs son nuestro enemigo. Una ONG francesa estaba construyendo un camino de tierra muy necesario cerca de la vecina provincia de Kunar: como venganza por la noche anterior un joven de Kantiya disparó y mató a dos jóvenes afganos que trabajaban por la ONG. Un sacrificio en nombre del Imperio, pero se desconoce si los dos jóvenes afganos conocían el motivo de su sacrificio. Al reconocer que las cosas habían ido terriblemente mal sin un motivo aparente, los agentes de la CIA volvieron a los tradicionales medios afganos de resolver disputas, Jirga o consejo de ancianos de varias comunidades. Lo que los espías estadounidenses no comprendieron fue que toda disputa tiene dos caras: aunque Kantiwa y Haji Ghafoor no tenían problemas con EE.UU., los secuaces del Imperio habían llegado sólo para asesinar a un hombre inocente y a su comunidad. Los estadounidenses convencieron a los jefes de varias comunidades en las vecinas provincias de Kunar y Ningarhar para que hablaran con Haji Ghafoor a fin de que hiciera las paces con la gente que había intentado asesinarlo y arruinar su aldea. La Jirga comenzó y se presentó el tema, Haji Ghafoor subrayó lo obvio: ¿porqué querían matarlo los estadounidenses y por qué se le pedía en la Jirga que hiciera las paces, si él nunca había comenzado ninguna guerra a favor o en contra de nadie? Preguntó a los miembros de la Jirga si alguien lo había visto fuera de Kantiwa o alineándose con alguno de los grupos beligerantes -Masud, Hekmatyar o los talibán. La realidad es que todos saben que Haji Ghafoor no ha estado implicado en ninguna operación política o militar desde que los soviéticos abandonaron el país.

Haji Ghafoor sólo quería saber dos cosas:

1. Para comenzar, por qué querían matarlo los estadounidenses, y si no tenían una buena razón para matarlo le gustaría obtener aunque sólo fuera una disculpa.

2. Una garantía de que los estadounidenses no tratarán nuevamente de matarlo a él o a alguna persona de su comunidad.

La Jirga comprendió que había sido un error comenzar yendo a por Haji Ghafoor y que se enfrentaban a una misión casi imposible. Uno de los miembros de la Jirga me contó que cuando la Jirga transmitió el mensaje de Haji Ghafoor a los estadounidenses en Jalalabad, la respuesta fue "no se preocupen, ya lo atraparemos". Esto, desde luego, quiere significar un segundo intento, tal vez aún más devastador, de asesinar a un hombre inocente, por razones que conoce muy bien el tío Sam. Lo atraparemos forma parte del plan para el que el agente de la CIA quería contratar a el maestro en Jalalabad. Estoy seguro de que los dólares estadounidenses comprarán a otro asesino a sueldo en un país marcado por la extrema pobreza y la desesperación. Estas tácticas harían estremecer a Al Capone en su tumba.

Desde este incidente, ninguna ONG ni la ONU pueden ir al área a trabajar y la gente sigue muriendo de enfermedades muy sencillas. Nooristán continúa viviendo en la Edad Media sin electricidad, carreteras, escuelas, cuidados sanitarios ni contacto con el mundo exterior, ni siquiera en su propia provincia. Las condiciones en el resto del país tampoco son tan diferentes, mientras el tío Sam sigue gastando cada día millones de dólares en su ilimitada caza de brujas. Las víctimas son casi siempre gente inocente. Haji Ghafoor no está solo: la caza de brujas del imperio apunta a cualquiera que se encuentre, en realidad o en potencia, en el camino del imperio.

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