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Crisis en las relaciones entre EEUU y Turquía

04/06/2003 - Autor: Redacción Amanecer - Fuente: revistaamanecer.com
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La crisis de las relaciones entre EEUU y Turquía se puso de manifiesto a mediados del mes de mayo cuando el secretario de Defensa adjunto, Paul Wolfowitz, visitó este último país. En una entrevista concedida al canal Türk, Wolfowitz, pidió una disculpa pública del gobierno turco por no haber aceptado las exigencias de EEUU durante el conflicto de Iraq y le censuró por haber cedido ante la presión de la opinión pública turca, que en un 94% se mostraba contraria a la guerra y a la concesión del permiso a los militares norteamericanos para que utilizaran las bases turcas con el fin de proceder a una invasión del norte de Iraq. Incluso más significativas fueron las críticas de Wolfowitz a los militares turcos, a los que acusó de haber fracasado a la hora de obligar al gobierno elegido democráticamente a apoyar las tesis de EEUU. "Pienso que por alguna razón ellos (los militares) no mostraron un fuerte liderazgo en ese tema, tal y como habíamos esperado". Cuando se le indicó cortésmente a Wolfowitz que los militares turcos (que han protagonizado en los pasados 45 años cuatro golpes de estado contra gobiernos democráticamente elegidos) son criticados en su país por su interferencia en la política, Wolfowitz respondió: "Creo que no habría sido en nada inapropiado, ni siquiera en vuestro sistema, que los militares hubieran manifestado con rotundidad que el interés de Turquía residía en apoyar a EEUU en su esfuerzo. Mi impresión es que ellos no lo dijeron con la fuerza suficiente como para producir un resultado (en la opinión del gobierno)".

 

Hasta el momento ningún representante del gobierno de EEUU había hecho una demanda pública tan brutal para que los militares turcos obliguen a un gobierno civil elegido por la población a someterse a los deseos de EEUU. Sin embargo, en lugar de expresar su protesta o irritación por lo que podría ser interpretado como una apología del golpismo militar, los medios de comunicación y la clase política de Turquía reaccionaron con una extrema cautela. La mayoría de ellos se limitó a recordar que Turquía no había mostrado oficialmente su rechazo a la guerra de Iraq y que el país era el mayor aliado de EEUU en Europa después del Reino Unido. La crisis en las relaciones bilaterales comenzó tras el rechazo del Parlamento turco el pasado 1 de marzo a conceder permiso a las tropas norteamericanas para lanzar un ataque contra Iraq desde suelo turco. Pese al apoyo del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, a la propuesta de concesión del permiso, una parte de los diputados de su partido, el islamista AKP (Partido del la Justicia y el Desarrollo), unió sus votos a los del opositor Partido Popular Republicano (CHP) para rechazarla. Los responsables de la Administración Bush culparon en privado a Erdogan de este fracaso, señalando que él no fue capaz de imponer la disciplina dentro del AKP, el partido que ostenta actualmente la mayoría absoluta en el Parlamento turco.

 

Tras el revés sufrido, el presidente norteamericano, George W. Bush, ordenó que la operación militar diera comienzo en la frontera sur y envió a Erdogan una carta, que parecía más un ultimátum que otra cosa, en la que llamaba la atención del primer ministro turco acerca del "daño" que la no cooperación de Turquía había supuesto para los intereses norteamericanos y pedía a Ankara que "al menos" permitiera que los aviones estadounidenses utilizaran el espacio aéreo turco, recordando que Turquía era el único miembro de la OTAN que todavía no había accedido a un requerimiento similar. La impaciencia de EEUU por asegurarse el derecho a utilizar el espacio aéreo turco fue reiterada por el embajador norteamericano en Turquía, Robert Pearson, que manifestó en una rueda de prensa celebrada tras un encuentro con Erdogan que Bush quería que el espacio aéreo turco quedara abierto "inmediatamente", palabra ésta que él repitió cuatro veces, a los aviones estadounidenses. Diplomáticos estadounidenses, incluyendo al mismo Pearson, han estado también visitando y recibiendo en su residencia a parlamentarios turcos con idéntico fin.

 

El Pentágono abandonó así sus planes para abrir un frente norte contra Iraq, que habría supuesto la entrada de divisiones acorazadas y de infantería en ese país a través de la frontera turca. Docenas de barcos norteamericanos, que habían estado esperando frente a la costa de Turquía para descargar tanques y suministros para la 4ª División de Infantería de EEUU —una de las principales unidades militares que iba a constituir el frente norte— se dirigieron entonces hacia Kuwait. Sólo las tropas aerotransportadas y las Fuerzas Especiales fueron al final desplegadas en el norte de Iraq. El 20 de marzo, cuando la guerra de Iraq estaba ya en marcha, el Parlamento turco autorizó por fin a EEUU a utilizar el espacio aéreo del país. Más tarde, Turquía accedió a permitir el tránsito de alimentos, combustible, agua y medicinas destinados a las Fuerzas Especiales norteamericanas que se hallaban en Iraq a través de su territorio.

 

En realidad, los dirigentes turcos, en especial Abdullah Gul —actual ministro de Exteriores y hasta hace poco primer ministro— realizaron todos los esfuerzos posibles para impedir el estallido de la guerra. Gul realizó esfuerzos para unir al mundo árabe en torno a un plan de paz patrocinado por Turquía. Este plan fue presentado en una cumbre celebrada en Estambul, pero no salió adelante debido a la negativa de Ankara a incluir en su texto una frase en la que se criticaban las violaciones de resoluciones de la ONU cometidas por Israel. Su encuentro secreto con Taha Yasin Ramadan, un estrecho colaborador de Saddam Hussein, que tenía como fin el convencer a Saddam de que optara por un exilio en Turquía no produjo tampoco resultados. Algunos en Washington creen también que el gobierno turco utilizó tácticas dilatorias, retrasando todo lo posible su decisión sobre la concesión del permiso a las tropas estadounidenses para atacar Iraq desde Turquía, con el fin de que los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU tuvieran tiempo para frenar la marcha de la Administración Bush hacia la guerra.

 

Irritación norteamericana

 

El propio Powell expresó en una visita realizada a Ankara a principios de abril la decepción estadounidense por la postura adoptada por Turquía durante el conflicto iraquí. Sin embargo, según responsables turcos, las primeras muestras de la profunda irritación de la Administración Bush hacia Turquía tuvieron lugar en la Conferencia anual del Consejo Americano-Turco, celebrada en los días 16 al 19 de marzo en Washington DC. Mientras que el gobierno turco estuvo representado por el ministro de Defensa, Vecdi Gonul, y un alto jefe militar, el secretario de Defensa norteamericano, Paul Wolfowitz, permaneció solamente en el hall del salón de actos donde se celebraba el encuentro durante menos de 10 minutos y no pronunció tampoco ningún discurso. Ni un solo general norteamericano acudió a la reunión.

 

La actitud de los empresarios y funcionarios norteamericanos fue también muy negativa —"fríos como el hielo"—, señaló un miembro de la delegación turca. La negativa de Turquía a otorgar un apoyo completo a EEUU dejó inmediatamente sin efecto la petición de la Administración Bush al Congreso norteamericano para que concediera una ayuda de 1.000 millones de dólares a Turquía (y otros 8.500 millones más en préstamos en condiciones ventajosas). Esta cantidad, sin embargo, era inferior a la prevista en un primer momento (6.000 millones en ayudas y 30.000 en préstamos). Estos fondos estaban destinados en parte a la compra de recambios militares y municiones. También iban a ayudar a Turquía a financiar un programa para la producción conjunta de 50 helicópteros de ataque AH-1Z de la empresa Bell Helicopter Textron (con sede en Fort Worth, Texas).

 

Los expertos señalan asimismo que la Administración Bush podría sentirse menos inclinada a apoyar las peticiones de Turquía ante el Fondo Monetario Internacional y ponen en duda que las empresas turcas puedan participar en las tareas de reconstrucción de Iraq. Los expertos consideran también que la cooperación en la industria de Defensa se verá dañada por la crisis. Sin embargo, nadie cree que EEUU pueda imponer un embargo de armas, ya que eso llevaría a Turquía a buscar otros proveedores, como Rusia o varios países de Europa. Los actuales acuerdos bilaterales continúan desarrollándose y funcionan bien. Muchos creen que las compañías y el gobierno de EEUU podrían intentar restringir la cooperación industrial y tratar de promover, en su lugar, las ventas directas de armas. Sin embargo, esto llevaría también a Turquía a buscar alternativas diferentes en el sector de la defensa. Casi todos se muestran de acuerdo, sin embargo, en que EEUU no apoyará de ahora en adelante la transferencia de tecnologías muy avanzadas y códigos de software a Turquía. Esto podría poner en peligro dos proyectos ya en marcha. Uno, por valor de 1.500 millones de dólares para la adquisición por parte de este país de aviones de alerta temprana (AEW&C) y el ya mencionado programa para la producción conjunta de los 50 helicópteros de ataque, que tiene un valor calculado de 2.200 millones de dólares. El otro proyecto es el que desarrollan conjuntamente la empresa BAE Systems (con sede en Nashua, New Hampshire) y Aselsan (con sede en Ankara) para la autoprotección de los sistemas de los aviones F-16 de Turquía. Dicho proyecto podría tener ahora problemas para conseguir la aprobación necesaria de la Administración norteamericana.

 

Algunos responsables de la Administración Bush sugieren que Washington podría tomar asimismo alguna represalia contra Ankara como reducir la participación turca en los programas de defensa antimisil o presionar a Israel para que reduzca o detenga la cooperación militar con Turquía. No obstante, es dudoso que medidas de este tipo finalmente sean puestas en práctica. EEUU también podría reducir sus apoyos a Turquía para la entrada en la Unión Europea. Los líderes turcos, por su parte, parecen poco preocupados por la posibilidad de represalias norteamericanas. Una gran parte de la clase política turca cree que la Administración Bush ha actuado de una forma arrogante. El propio presidente, Ahmet Necdet Sezer, criticó el ataque norteamericano contra Iraq el 20 de marzo, señalando que "no encuentro correcto que EEUU haya actuado unilateralmente antes de que el proceso en el Consejo de Seguridad de la ONU concluyera". El analista político turco Taha Akyol declaró en un artículo publicado el 26 de marzo en el periódico Milliyet que "EEUU ha cometido muchos errores. El primero de todos fue el de iniciar esta guerra... También ha dado muchos traspiés en sus relaciones con Ankara. Cuando Turquía estaba a punto de dar su visto bueno a una serie de términos (para conceder a EEUU el acceso a las bases turcas), Washington cambió al día siguiente estos términos y comenzó a plantear nuevas exigencias. Como resultado, se produjo una crisis de confianza".

 

Hay que tener también en cuenta la existencia de un importante movimiento por la paz turco que ha realizado numerosas movilizaciones en todo el país. La postura del AKP en este tema fue ambigua. No movilizó a sus seguidores para que se unieran al movimiento pacifista, pero tampoco les prohibió que participaran en las manifestaciones. Los islamistas coincidieron con la izquierda en diversas masivas, como la de apagar las luces todos los días a las ocho de la tarde. Las propias tropas norteamericanas sufrieron pronto el rechazo popular. El 31 de marzo, grupos de ciudadanos turcos apedrearon un convoy militar norteamericano rompiendo las lunas de dos vehículos. Dos días antes, otros manifestantes lanzaron también piedras y huevos contra soldados norteamericanos que habían ido a recoger los restos de un misil Tomahawk caído al este del país el día anterior. Las élites nacionalistas y laicistas de Turquía no parecieron sentirse molestas en un primer momento por la existencia de un amplio rechazo de la opinión pública hacia la guerra de Iraq. Dado que el AKP estaba en el poder, ellos creían que la opinión pública turca haría responsable a este partido de la posible concesión del permiso a las tropas norteamericanas para operar desde bases turcas y esto le restaría apoyo popular.

 

El rechazo por parte del Parlamento turco hundió estas expectativas y cambió la estrategia de estas élites y de los grandes medios de comunicación que dominan, que han empezado desde entonces a culpar al gobierno del AKP de haber deteriorado las relaciones entre EEUU y Turquía. También han comenzado a atacar al movimiento pacifista y a la "alianza entre islamistas e izquierdistas". El Partido Popular Republicano (CHP), la única fuerza de oposición en el Parlamento, votó el 1 de marzo en contra del otorgamiento del permiso a EEUU esperando ganar así apoyo popular. Sin embargo, este partido se ha aliado frecuentemente con la línea nacionalista y laicista de la élite civil y militar del país. El CHP ha adoptado una posición de dureza frente a los intentos del AKP de resolver la crisis de Chipre mediante negociaciones. Este partido y algunos otros grupos de izquierda están en la actualidad subiéndose en el carro de la reacción en nombre del nacionalismo.

 

¿Intervención en el norte de Iraq?

 

Una de las consecuencias del rechazo del Parlamento turco a permitir que las bases turcas fueran utilizadas como trampolín para el ataque norteamericano contra Iraq fue la de hacer que EEUU se echara atrás con respecto a su intención inicial de permitir el despliegue de tropas turcas en el norte de dicho país. De hecho, una de las razones por las cuales EEUU envió el 27 de marzo a más de 1.000 paracaidistas a las inmediaciones de la ciudad de Kirkuk fue la de impedir una incursión turca. Los militares turcos temen sobre todo que, pese a las garantías norteamericanas, pueda acabar constituyéndose un estado kurdo en el norte de Iraq, incluso aunque forme nominalmente parte de un estado federal iraquí. Kirkuk, que sería la posible capital de este estado, se encuentra bajo el control de los nacionalistas kurdos, que han estado expulsando de manera sistemática de la ciudad a los miembros de las minorías árabe y turcomana. Precisamente, la existencia de un millón de turcomanos en el norte de Iraq es la principal baza con la que cuenta Ankara para frenar las posibles ansias separatistas de los kurdos iraquíes.

 

Los turcos sospechan que EEUU tiene sus propios planes para el norte de Iraq. Washington ve a los kurdos, en realidad, como los únicos aliados fiables que tiene en ese país por lo que quiere garantizar que ellos tomen parte en unas futuras negociaciones sobre el diseño del futuro estado iraquí desde una posición de fuerza. Eso es por lo que los norteamericanos permitieron a los pershmergas kurdos capturar las dos principales ciudades del norte de Iraq -Kirkuk y Mosul- y tomar el control de todo el Kurdistán iraquí. Los ricos campos de petróleo del norte de Iraq están también ahora en manos kurdas y los kurdos poseen la única fuerza militar organizada en Iraq en este momento. No cabe duda de que, con todo ello, Washington quiere recompensar a sus aliados kurdos. Esto es también por lo que EEUU presionó a Turquía para que no enviara tropas al norte de Iraq. Al transgredir los límites impuestos por Ankara, EEUU quería castigar a Turquía por no haber permitido a las tropas norteamericanas utilizar su territorio para atacar Iraq. Sin embargo, al las presiones turcas consiguieron que, al menos, los pershmergas tuvieran que abandonar Mosul y Kirkuk.

 

Aunque los militares turcos habían venido amenazando repetidamente con enviar tropas al norte de Iraq para impedir este desarrollo de los acontecimientos, hasta ahora han cedido a las presiones norteamericanas y se han abstenido de hacerlo. Ésta es, al menos, la política del jefe del Estado Mayor, el general Hilmi Özköz, que refleja la fuerte dependencia que tienen los militares turcos de la ayuda militar, y también financiera y política, de EEUU. No obstante, a finales de abril, la prensa norteamericana informaron de que soldados norteamericanos habían interceptado un convoy de Fuerzas Especiales turcas en el norte de Iraq, que llevaba equipos militares destinados al "Frente Iraquí Turcomano", formado por miembros de la milicia turcomana al servicio de Turquía. Fue llamativa, sin embargo, la rapidez con que este episodio desapareció de los medios de comunicación así como la muy cautelosa reacción del gobierno de EEUU. No hay que olvidar, por ejemplo, que Irán ha sido objeto de fuertes advertencias por parte de Washington para que "no se inmiscuya" en los asuntos internos de Iraq. Sin embargo, en el caso de Irán las acusaciones no estaban basadas en hechos concretos, sino solamente en vagos "informes de inteligencia" acerca de la infiltración de "agentes iraníes".

 

El periódico de extrema derecha Tercüman, saludó, por su parte, el pasado 8 de mayo el nombramiento de Paul Bremer como nuevo "virrey" de Iraq, debido a que éste ha mostrado su apoyo a una política de firmeza contra el PKK (el Partido de los Trabajadores del Kurdistán). EEUU ha señalado, de hecho, que, a cambio del compromiso de Turquía de no intervenir en el norte de Iraq, actuaría en contra de la presencia del PKK en la zona. "El PKK es una organización terrorista", señaló Wolfowitz. "No creo que podamos tolerar la presencia de una organización terrorista en el norte de Iraq". Hasta el momento, sin embargo, EEUU no ha dejado claro cómo y cuándo piensa eliminar la presencia del PKK. Los servicios de inteligencia turcos han informado, por su parte, de que algunas compañías tabaqueras de EEUU mantienen lazos con el PKK, que les ha ofrecido su ayuda y colaboración para vender los cigarrillos norteamericanos de contrabando por toda la zona.

 

Turquía cree que EEUU está haciendo la vista gorda con respecto a este contrabando de tabaco debido a los beneficios que sus compañías obtienen de él, sin que importe el hecho de que esto sirve también para financiar al PKK. El PKK ha reaccionado ya para intentar evitar una posible confrontación con las tropas norteamericanas. El 25 de abril, la organización publicó una declaración en el periódico Kurdish Observer en la que se ponían de relieve las diferencia s que, a su juicio, separaban a George W. Bush de su predecesor, Bill Clinton. La declaración señalaba que, a diferencia de Bush, Clinton había apoyado el estatus quo respaldando al estado turco en contra de los kurdos y "permitiendo al régimen de Saddam sobrevivir". El PKK se refería  implícitamente a Turquía señalando: "La intervención de EEUU en Iraq sólo tendrá éxito si allana el camino para la mejora de los derechos humanos en toda región. Cualquier régimen similar al de Saddam, sólo traerá el caos. Por lo tanto, el único camino para EEUU es la creación y apoyo a regímenes auténticamente democráticos".

 

Presiones europeas

 

Europa, por su parte, presionó a Turquía, con anterioridad al conflicto de Iraq, en una dirección opuesta a la de EEUU, es decir, para disuadirla de que tomara parte en el conflicto o diera el permiso a las tropas de EEUU para utilizar su territorio. Los países europeos contrarios a la guerra creyeron erróneamente que la no participación de Turquía llevaría a Washington a demorar sus planes bélicos. La capacidad de presión de los europeos sobre Ankara es muy fuerte. En primer lugar, Turquía está intentando adherirse a la Unión Europea desde hace muchos años. Por otro lado, la UE tiene también la baza que supone el permitir la entrada de Chipre en la Unión, incluso sin que medie un acuerdo entre las dos partes de la isla, algo que legimitaría, a ojos de la Unión, el gobierno de Chipre (grecochipriota) sobre el conjunto de aquélla. Ankara ha amenazado con anexionarse la zona norte, la República Turca del Norte de Chipre, si Bruselas daba ese paso. Por último, Europa ha mostrado una especial atención hacia la situación y el progreso de los derechos de la minoría kurda en Turquía.

 

Tras el anuncio del secretario general de la ONU, Kofi Annan, el pasado 11 de marzo de que las conversaciones de Chipre habían llegado a un punto muerto, el Comisario para temas relacionados con la Expansión de la UE, Gunter Verheugen, advirtió que si no se alcanza un acuerdo para el 2004, las tropas turcas en el norte de Chipre pasarían a ser consideradas una fuerza de ocupación. En ese caso, Ankara podría despedirse de sus planes para entrar a formar parte de la Unión. Cualquier concesión en este punto es, sin embargo, problemática, ya que la élite nacionalista turca, empezando por el Ejército, considera el tema de Chipre como un tema de seguridad nacional y no cabe duda de que presionará al AKP, el partido más europeísta del espectro político turco, para que no realice ulteriores concesiones. Para añadir más presión sobre Ankara, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) anunció el pasado 12 de marzo en Estrasburgo que el Tribunal de la Seguridad del Estado de Ankara, que había condenado al líder del PKK, Abdullah Ocalan, "no había actuado de forma independiente e imparcial". Esta decisión del TEDH fue vista en Turquía poco menos que como un abierto llamamiento en favor de la secesión de los kurdos. El Tribunal Constitucional Turco se apresuró entonces a iniciar el proceso para disolver al Partido Democrático Popular (HADEP), representante de la minoría kurda, y a prohibir a sus líderes el ejercicio de cualquier actividad política, en lo que fue visto como una respuesta a la presión europea.

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