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El saqueo se extiende por Iraq

24/04/2003 - Autor: Agencia de Noticias Islámicas
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El saqueo que ha estado teniendo lugar en las últimas semanas en ciudades como Bagdad, Basora, Mosul, Kirkuk y otras tras el colapso del régimen baasista de Saddam Hussein no ha sido una consecuencia accidental o indirecta de la invasión militar de Iraq por parte de EEUU, sino que ha sido deliberadamente promovida por razones tanto económicas como políticas.

 

El saqueo de Bagdad empezó el 9 de abril, el mismo día que el gobierno de Saddam Hussein dejó de funcionar en la capital. Los saqueadores no sólo tomaron como blanco los edificios gubernamentales y las viviendas de la élite política del régimen, sino también instituciones públicas vitales para la sociedad iraquí, tales como hospitales, escuelas y centros de distribución de alimentos. Diversos equipos fueron robados asimismo de las plantas de energía eléctrica, lo cual retrasó la restauración del servicio eléctrico a la ciudad, donde viven 5 millones de personas.

 

Sin embargo, la pérdida más desvastadora para el pueblo iraquí fue probablemente el saqueo del Museo Nacional, que contenía el mayor número de piezas arqueológicas e históricas de todo el Oriente Medio. Las 28 galerías del enorme museo fueron presa de los saqueadores, que se llevaron más de 50.000 objetos irreemplazables, algunos de ellos reliquias de civilizaciones que existieron hace más de 5.000 años. El catálogo del museo fue asimismo destruido, haciendo imposible la identificación de los objetos perdidos. Los soldados de EEUU permanecieron impasibles ante el saqueo del museo, que ha supuesto un golpe incalculable para la cultura de Iraq y de todo el mundo, del mismo modo que permitieron e incluso alentaron el saqueo de hospitales, universidades, bibliotecas y edificios de servicios sociales del gobierno.

 

El Comité Internacional de la Cruz Roja emitió una declaración en Ginebra en la que la organización se declaraba "profundamente alarmada por el caos imperante en Bagdad y otras partes de Iraq". Tras señalar que el sistema médico de Bagdad "se había virtualmente colapsado", la declaración advertía que las tropas de ocupación británicas y norteamericanas estaban obligadas bajo la ley internacional a garantizar la seguridad básica de la población iraquí.

 

El general, Tommy Franks, comandante en jefe de todas las fuerzas norteamericanas y británicas en Iraq, promulgó una orden a los jefes de las unidades militares, que prohibía específicamente el uso de la fuerza para impedir los saqueos. Sin embargo, esta orden fue modificada días más tarde ante las protestas de los ciudadanos iraquíes. El periódico The New York Times informó de una protesta de un iraquí, Haider Daud, que permaneció de guardia durante días en el hospital Al Kindi de Bagdad. Él dijo al periódico que había pedido a las tropas norteamericanas que protegieran el hospital dos días antes, pero éstas se habían negado.

 

El papel de los militares norteamericanos ha ido más allá, sin embargo, de una actitud pasiva ante los saqueos. Ha habido informes de que los propios militares de EEUU han alentado y facilitado los saqueos, e incluso fotos que muestran a aquéllos participando directamente en las actividades de saqueo. Según un informe del Washington Post, después de que los militares norteamericanos reabrieran dos puentes en el Río Tigris al tráfico civil, "el inmediato resultado fue los saqueadores pudieron cruzarlos y saquear el Ministerio de Planificación y otros edificios que todavía permanecían intactos".

 

El mayor periódico sueco, Dagens Nyheter, publicó el pasado 11 de abril una entrevista con Jalid Bayumi, investigador sueco de origen árabe, que había ido a Iraq a servir como escudo humano. Él relató al periódico los siguientes hechos: "Fui testigo de cómo las tropas norteamericanas animaban a la multitud a que saqueara los edificios". Él describió en la entrevista la forma en la que los soldados norteamericanos dispararon contra los guardias de seguridad que custodiaban un edificio gubernamental en la Avenida de Haifa, en la ribera occidental del Tigris, y luego derribaron las puertas del edificio con un tanque. A continuación, señaló Bayumi, "desde los tanques los militares norteamericanos hicieron llamamientos en árabe animando a la gente apara que se acercara". Al principio, relata Bayumi, los residentes dudaban de salir de sus casas porque los que lo habían intentado aquella mañana habían sido tiroteados por los militares estadounidenses. "Los intérpretes de árabe de los tanques dijeron a la gente que se acercara y cogiera lo que quisiera de los edificios. Este llamamiento se difundió con rapidez y el edificio fue saqueado. Yo me encontraba a unos pocos metros de allí cuando los guardias del edificio fueron asesinados por los soldados. Poco después, el tanque norteamericano derribó la puerta del edificio del Ministerio de Justicia, que estaba al lado del anterior, y el saqueo continuó allí. "Yo estaba junto a una gran multitud de iraquíes. Ellos no participaron en el saqueo, pero tampoco se atrevieron a intervenir para impedirlo por temor a los militares estadounidenses. Había muchas lágrimas de vergüenza en sus ojos. A la mañana siguiente, el saqueo se extendió al Museo Moderno, que se encuentra medio kilómetro hacia el norte. Había también dos grupos de personas allí. Uno que saqueaba y otro que contemplaba la escena con disgusto".

 

Escenas similares tuvieron lugar en Kirkuk y Mosul, dos grandes ciudades situadas al norte de Iraq. El saqueo de los edificios públicos tuvo allí también un claro objetivo político, ya que la destrucción de los archivos del gobierno podía facilitar una campaña de limpieza étnica contra la población árabe o turcomana por parte de las fuerzas kurdas que dominan ahora la región, en alianza con las Fuerzas Especiales de EEUU. En Kirkuk, uno de los sitios petrolíferos más ricos de Iraq, la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK) ha instalado ya a sus líderes en las viviendas de los antiguos jefes del Partido Baaz.

 

Los soldados de la 173 Brigada Aerotransportada de EEUU tomaron el control de una base aérea iraquí, pero permitieron a los saqueadores salir de ella con los bienes de los que se habían apoderado, e incluso les abrieron las puertas para que pudieran pasar. Los norteamericanos no realizaron tampoco ningún intento para detener el saqueo de la planta de algodón de la ciudad ni los edificios de oficinas. Sin embargo, las tropas estadounidenses ocuparon rápidamente la sede de la Compañía de Petróleo del Norte, una empresa estatal que administra los pozos de petróleo del norte de Iraq. El coronel William Mayville, jefe de la brigada, envió también tropas para proteger tres instalaciones petrolíferas. Mayville declaró a los medios de comunicación norteamericanos que él quiso enviar un mensaje (a las milicias kurdas): "No toquéis el petróleo".

 

En Mosul, la mayor ciudad del norte de Iraq, los hospitales, universidades, laboratorios, hoteles, clínicas y fábricas fueron saqueados. Los 700 militares norteamericanos enviados a la ciudad permanecieron fuera de ella durante más de un día, mientras los saqueadores actuaban con total impunidad. Los medios de comunicación estadounidenses publicaron informaciones en las que quedaron reflejadas las quejas de los habitantes de la ciudad, que denunciaban la actitud de las tropas norteamericanas de permitir el pillaje.

 

Robert Fisk, el conocido periodista británico, escribió en el diario The Independent el pasado 14 de abril que existía una pauta fija en la respuesta de las fuerzas norteamericanas frente al saqueo de Bagdad y otras ciudades, que "muestra claramente lo que EEUU está interesado en proteger". "Tras varios días de saqueos y pillaje, tenemos una pista pequeña pero reveladora sobre las intenciones de los militares estadounidenses. Estos últimos se cruzaron de brazos y permitieron que una turba saqueara y luego incendiara los Ministerios de Planificación, Educación, Irrigación, Comercio, Industria, Asuntos Exteriores, Cultura e Información. Ellos no hicieron nada tampoco para impedir que los saqueadores destruyeran o se llevaran tesoros históricos de incalculable valor en el Museo Arqueológico de Bagdad y en el museo de la ciudad de Mosul, o saquearan tres hospitales". Fisk señaló que, sin embargo, los mandos norteamericanos enviaron cientos de soldados para proteger dos ministerios y tanques y vehículos acorazados de transporte de tropas fueron asimismo colocados en el interior y exterior de ambos edificios. "¿Qué ministerios han demostrado ser tan importantes para los norteamericanos— El Ministerio de Información, por supuesto, que contiene la mayor cantidad de información de inteligencia sobre Iraq, y el Ministerio del Petróleo. Los archivos del más valioso recurso de Iraq —sus campos de petróleo e, incluso más importante aún, sus reservas petrolíferas— están a salvo de las turbas y saqueadores, y listos para ser compartidos, como Washington desea hacer con casi total seguridad, con las compañías petrolíferas norteamericanas", escribió Fisk.

 

El interés de Washington en proteger todo lo que estuviera relacionado con el petróleo iraquí quedó ya claramente reflejado en las acciones de los militares estadounidenses realizadas justo al principio de la guerra. El mismo general Franks que instruyó a las tropas norteamericanas para que no utilizaran la fuerza contra los saqueadores en Bagdad y otras ciudades, dio la orden el pasado 20 de marzo para que la Primera Fuerza Expedicionaria de Marines invadiera Iraq, un día antes que el resto de las tropas, a causa de unas informaciones, que luego resultaron ser falsas, que decían que las tropas iraquíes estaban incendiando algunos de los pozos petrolíferos del campo de Rumaila, en el sur del país. El jefe del Mando Central de EEUU varió así sus planes operacionales originales poniendo la vida de muchos soldados en riesgo, al hacerles actuar antes de que el bombardeo hubiera comenzado, con el fin de salvaguardar uno de los principales objetivos de la guerra de Iraq, es decir, el control de sus reservas petrolíferas. Indiferencia en Washington

 

El aspecto más impactante, sin duda, del saqueo llevado a cabo en las ciudades iraquíes ha sido la actitud de absoluta indiferencia del gobierno de EEUU hacia este tema. En una conferencia de prensa que tuvo lugar el pasado 11 de abril el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, denunció a los medios de comunicación por "exagerar" la extensión del caos y los saqueos en Iraq y señaló que el saqueo era una expresión natural e incluso saludable de hostilidad hacia el antiguo régimen. "Es un desorden", señaló Rumsfeld, "y la libertad es desorden. La gente libre puede cometer errores e incluso crímenes". No existe duda, sin embargo, de que la Administración Bush adoptaría una interpretación mucho menos caritativa del concepto de "libertad" si una turba irrumpiera en los edificios del gobierno de EEUU en Washington, Nueva York o Houston y comenzara a saquearlos.

 

En realidad, el saqueo de los edificios del gobierno iraquí, unido a la devastación causada por los bombardeos norteamericanos, forma parte de un plan para destruir la infraestructura estatal de la economía iraquí, en beneficio de las compañías transnacionales norteamericanas. Han sido firmados ya contratos con empresas de EEUU, que suministrarán equipos médicos, libros de texto e incluso entrenamiento para la futura fuerza de policía de Iraq. En una nueva muestra de lenguaje orwelliano, un columnista del New York Times, William Safire, manifestó que el propósito de EEUU era el de "introducir en Iraq la libre empresa y el gobierno de la ley", un modo muy particular de calificar una invasión militar, seguida de un amplio saqueo. Toda esta destrucción sentará las bases de una futura privatización de los vastos recursos petrolíferos de Iraq y su explotación, directa o indirecta, por parte de las compañías norteamericanas. La Administración Bush está intentando también estimular el surgimiento de una nueva clase dirigente en Iraq, que estará formada por los elementos más corruptos y rapaces de la sociedad actual, algunos de ellos vinculados al antiguo régimen, y que se convertirá en una fuerza de compradores, servil a EEUU. El hecho de que estos sectores adquieran propiedades mediante el saqueo de los recursos del Estado iraquí servirá también para fortalecer los lazos entre ellos y las fuerzas de ocupación norteamericanas. Como un responsable norteamericano dijo al New York Times, en un comentario acerca del saqueo que estaba teniendo lugar, "lo que está teniendo lugar, en realidad, es la puesta en marcha de un nuevo programa de redistribución de la riqueza".

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