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La primera manifestación global de la historia

19/02/2003 - Autor: Yusuf Fernández
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Las manifestaciones del pasado 15 de febrero han constituido la mayor protesta política de la Historia y la primer gran manifestación global en contra de la guerra. Más de 10 millones de personas se reunieron en más de 600 ciudades, 60 países y los cinco continentes -incluyendo la Antártida, donde científicos y otro personal de la base norteamericana de McMurdo celebraron una manifestación- en un movimiento sin precedentes contra la guerra de agresión que la Administración Bush está preparando en Iraq.

Esta protesta mundial es un reflejo de que la humanidad, o al menos una buena parte de ella, es consciente del peligro que representa el nuevo imperialismo militarista del gobierno de EEUU, que amenaza al mundo con una catástrofe sin precedentes. Significa también una reactivación de la militancia política de las generaciones más avanzadas y el despertar político de una buena parte de la juventud. Las protestas dieron comienzo en Melbourne, Australia, donde unas 200.000 personas desfilaron por el centro de la ciudad, y terminaron en Sydney, 24 horas más tarde. En esta última ciudad se reunieron 250.000 para protestar contra el apoyo del primer ministro, John Howard, a la política de guerra de Bush. Otras 100.000 personas más participaron en las marchas de Brisbane y Adelaida.

Algunas manifestaciones más pequeñas, en las que intervinieron algunas decenas de miles de personas, tuvieron lugar en Perth, Canberra, Newcastle y Hobart. En otro país de Oceanía, Nueva Zelanda, unas 22.000 personas desfilaron por las ciudades de Auckland y Wellington para expresar su rechazo a la guerra de Iraq. En EEUU, hubo un total de 225 manifestaciones y concentraciones, en una muestra de oposición sin precedentes a la política de Bush. Sin embargo, la mayoría de estas protestas fueron ignoradas por los principales medios de comunicación norteamericanos. La mayor manifestación tuvo lugar en la ciudad de Nueva York, y a ella acudieron entre 300.000 y 400.000 manifestantes. En la Costa Oeste se manifestaron otras 200.000 personas, 100.000 de ellas en San Francisco y 50.000 en Los Angeles. En Canadá, hubo manifestaciones en 70 ciudades, incluyendo marchas de 80.000 personas en Toronto y 150.000 en Montreal, en lo que constituyó la mayor protesta colectiva en la historia del país.

En América Latina, se produjeron también protestas en numerosas ciudades como Sao Paulo (30.000), Montevideo (50.000), Buenos Aires (15.000), México (15.000), San Juan de Puerto Rico (1.000), Guatemala y Santiago de Chile. Significativamente, las mayores protestas tuvieron lugar en los estados europeos cuyos gobiernos se han alineado con la política belicista de EEUU, en un abierto desafío a la opinión pública de sus países, que se muestra mayoritariamente contraria a una acción militar.

En España, unos 4 millones de personas desfilaron en más de 50 ciudades para protestar contra la guerra de Bush, y la actitud de sumisión hacia Washington del presidente del gobierno, José María Aznar. Dos millones de personas se manifestaron en Madrid y otro millón más en Barcelona, en lo que supuso la mayor movilización de la historia en ambas ciudades. Una participación record fue registrada también en Valencia, Sevilla, Oviedo y otras ciudades.

En Roma, Italia, tuvo lugar la mayor manifestación de todo el mundo, con 3 millones de participantes, que recorrieron las principales calles de la ciudad para mostrar su rechazo a la política del gobierno derechista de Silvio Berlusconi, que apoya también la postura belicista de EEUU.

En Londres, Reino Unido, tuvo lugar asimismo la mayor manifestación de la historia del Reino Unido. Unos 2 millones de personas desfilaron por las principales calles de la ciudad para protestar por el alineamiento de Tony Blair con Bush y por el envío de militares ingleses a la región del Golfo. Además, unos 100.000 manifestantes protestaron en Glasgow, ante el edificio donde tenía lugar la conferencia anual del Partido Laborista, y en la que Tony Blair había intervenido. En Alemania, más de medio millón de personas se reunieron en Berlín en lo que fue la mayor protesta habida en el país desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Otras manifestaciones tuvieron lugar también en numerosas ciudades alemanas.

En París, Francia, unos 200.000 manifestantes mostraron su rechazo a la guerra en Iraq y exigieron al gobierno francés que ponga un veto a cualquier propuesta de resolución destinada a aprobar el uso de la fuerza militar. Varios cientos de miles de manifestantes más tomaron parte en protestas que tuvieron lugar en otras 80 ciudades francesas. Los organizadores calculan que, en total, medio millón de personas participaron en estas movilizaciones.

En Bélgica, hasta 100.000 personas se manifestaron en la capital, Bruselas. En Holanda, 75.000 personas se reunieron en Amsterdam En Austria, 30.000 manifestantes desfilaron por las calles de Viena para oponerse a la guerra contra Iraq. En Dinamarca, entre 20.000 y 30.000 personas marcharon por la capital, Copenhague. En Grecia, tuvo lugar una protesta en la que participaron unas 150.000 personas. En Irlanda, unas 200.000 personas llenaron las calles de Dublín. En Belfast, Irlanda del Norte, 10.000 manifestantes desfilaron por el centro de la ciudad. Un detalle a destacar es que en la marcha participaron juntos protestantes y católicos. En Croacia, unos de los 18 países que apoyan sin reservas la postura de la Administración Bush sobre Iraq, unas 10.000 personas se concentraron en la capital, Zagreb. También hubo manifestaciones en Osijek, Vukovar, Knin, Zadar, Sibenik, Split y Dubrovnik. En Belgrado, Serbia, varios centenares de personas realizaron una concentración para oponerse a un ataque contra Irak. En Mostar, capital de Herzegovina, unos 100 musulmanes y católicos bosnios se unieron para rechazar la guerra. En Moscú, Rusia, varios centenares de personas realizaron también una protesta.

Asimismo, tuvieron lugar diversas movilizaciones en Asia: En India, se celebraron manifestaciones en Nueva Delhi, Srinagar (Cachemira india), Madras y Bangalore. En Dhaka, Bangladesh, casi 2.000 personas desfilaron por la ciudad gritando eslóganes en contra de la guerra en Iraq. En Pakistán, hubo manifestaciones en Karachi, Islamabad, Lahore, Multan, Janewal, Rawalpindi, Peshawar, Hyderabad y Jairpur. En Sri Lanka, se celebró una concentración ante la Embajada norteamericana.

En Japón, unas 25.000 personas desfilaron por las calles de Tokio para mostrar su oposición a la política belicista de Bush. En Seúl, capital de Corea del Sur, se reunieron varios centenares de manifestantes para mostrar su oposición a una guerra en Iraq y a la política de confrontación de EEUU en la Península de Corea. En Hong Kong, tuvo lugar una manifestación que reunió a varios cientos de personas.

En Oriente Medio, unos 3.000 árabes y judíos desfilaron por las calles de Tel Aviv. Al menos, un millón de personas marcharon por las calles de la capital iraquí, Bagdad, y más de 200.000 lo hicieron en la capital siria, Damasco. En los estados del Golfo tuvieron lugar asimismo una serie de protestas. En el continente africano tuvieron lugar varias concentraciones en países como Zambia, Zimbabwe, Kenia, Ruanda, Marruecos y otros.  En Ciudad del Cabo, Sudáfrica, se reunieron unas 5.000 personas para realizar una protesta y otras 3.000 lo hicieron en Durban. Otra manifestación más tuvo lugar en Johannesburgo. 

Contra el extremismo de Bush 

Durante los pasados 18 meses, algunos expertos en política exterior han estado afirmando que el mundo no está experimentando un "choque de civilizaciones" entre Occidente y el mundo islámico, sino una especie de guerra civil en el mundo islámico entre una minoría de extremistas y una gran mayoría de musulmanes que aman la paz. Tras las manifestaciones del pasado 15 de febrero, hay que decir que existe una guerra civil similar dentro de Occidente, entre una minoría de halcones extremistas, que dominan los resortes del gobierno en EEUU, y una gran mayoría de la sociedad occidental que desea la paz y rechaza la barbarie de los círculos extremistas de Washington.

Asimismo, se ha producido un abierto choque entre EEUU y Europa (representada por el eje franco-alemán). Algunos responsables norteamericanos están ya señalando que la alianza transatlántica, representada por la OTAN, ha pasado ya a la historia, dado el creciente número de contradicciones existentes entre Europa y EEUU. La gran participación de público en las manifestaciones de Europa pone de manifiesto la existencia de un creciente rechazo en el seno de la población europea a la arrogancia belicista y el unilateralismo de Washington.

En países como España e Italia, cuyos gobiernos se han alineado con la Administración Bush en esta crisis, las encuestas muestran que entre el 80 y el 90% de la población se opone a una guerra contra Iraq. En Canadá la opinión pública se muestra también contraria a una guerra contra Iraq, en una proporción muy similar a la de Europa. Incluso en EEUU, según las últimas encuestas, una sólida mayoría cree que Washington no debe iniciar una guerra sin la aprobación del Consejo de Seguridad.

Pese a la inmensa campaña en favor de la guerra que lleva a cabo el gobierno y los principales medios de comunicación, y las alarmas de seguridad, destinadas a crear un clima de miedo y desasosiego entre la población, sólo el 37% de los norteamericanos se muestra favorable a invadir Iraq sin la sanción del Consejo. La enorme dimensión de las manifestaciones habidas en EEUU ha demostrado también la existencia de un amplio movimiento antibélico que se extiende rápidamente por todo el país y la totalidad de los sectores sociales. Esto viene a desmentir la visión propagandística de un Bush que marcha hacia la guerra con el respaldo del pueblo norteamericano. Incluso David Ignatius, un columnista del Washington Post, que defiende generalmente los puntos de vista de los halcones de la Administración norteamericana, mostró su alarma en un reciente artículo, en el que comparó la determinación de la Administración Bush de lanzar su guerra contra Iraq a la obsesión del capitán de la novela Moby Dick, de matar a la ballena, lo cual acabó llevando a la destrucción del barco y la pérdida de la vida de su tripulación, incluyendo el capitán. "La actual administración aparece dispuesta a sacrificarlo casi todo -las alianzas de EEUU, la prosperidad del país e incluso la seguridad de sus ciudadanos- por su determinación de expulsar a Saddam Hussein del poder", escribió Ignatius. En la actualidad, más de 90 ciudades y localidades de EEUU -incluyendo Chicago, Atlanta, Filadelfia, Baltimore, Detroit, Cleveland, Seattle e incluso Austin, capital de Texas (el estado originario de Bush)- han aprobado resoluciones contrarias a la guerra en las pasadas semanas.

En el frente religioso, Bush se encuentra también aislado, hasta el punto de que un prominente neoconservador católico, partidario de la guerra, voló a mediados de febrero al Vaticano para pedirle al Papa que rebajara de tono sus declaraciones en favor de la paz. Una encuesta de la cadena NBC demuestra también que el apoyo de los católicos norteamericanos a un ataque militar ha caído en picado en los últimos meses. El Consejo Nacional de las Iglesias de Cristo, que incluye a las principales iglesias protestantes ha venido mostrando asimismo su rechazo a la guerra durante meses. El obispo que preside la Iglesia Episcopaliana, a la que pertenece Bush, criticó recientemente en una entrevista la actual política unilateralista de Bush. Otro tanto, cabe decir de los musulmanes de EEUU, que se han decantado unánimemente en favor de la paz y en contra de un ataque militar contra Iraq. Los únicos apoyos de que goza Bush en este sector se encuentran en las iglesias fundamentalistas protestantes, como la de los Bautistas del Sur, y en algunas comunidades judías. 

La mayor manifestación de la historia británica 

El principal aliado de Bush en Europa, Tony Blair, se haya cada vez más debilitado políticamente en el Reino Unido como consecuencia de la enorme contestación a su política bélica que se ha venido produciendo en el Reino Unido en los últimos meses y que viene reflejada en la gran manifestación de Londres del pasado 15 de febrero. Los organizadores anunciaron hace varias semanas que esperaban una participación de medio millón de personas en la manifestación, lo que consideraban ya un éxito sin precedentes. Sin embargo, sus predicciones se quedaron cortas y en la manifestación tomaron parte unos dos millones de personas, lo cual la convirtió en la mayor de la historia del Reino Unido.

Tal participación desbordó todas las previsiones en relación a los medios de transporte y tuvieron que hacerse llamamientos urgentes desde las radios locales para que las compañías de transporte acudieran de inmediato con vehículos para poder recoger al gran número de manifestantes. Trenes especiales tuvieron también que ser habilitados en pocas horas. Incluso aunque la manifestación iba a dar comienzo a las 12:30 de la mañana, miles de personas comenzaron a reunirse allí mucho antes. Se trataba de individuos de todas las razas, edades, clases sociales y religiones, por lo que algunos comentaristas señalaron que allí se había reunido un verdadero "microcosmos de la sociedad británica". Un hecho a destacar en la protesta fue el número de jóvenes que tomaron parte en ella, estudiantes y jóvenes trabajadores.

Para muchos de ellos, se trató de su primera inmersión en la vida política. La marcha estuvo convocada por la Coalición Stop the War ?una plataforma que está integrada por políticos, grupos religiosos, activistas y simples individuos?. Sin embargo, este acto obtuvo tal éxito por haberse sumado a él un amplio movimiento espontáneo de ciudadanos que deseaban expresar su rechazo a la guerra. Los organizadores consideran también que Tony Blair fue, indirectamente, uno de los principales factores que contribuyó a dicho éxito. Sus arrogantes declaraciones de que pensaba proseguir con los preparativos bélicos con independencia de lo que pensara la opinión pública sirvieron para movilizar a cientos de miles de personas.

Muchos británicos se sintieron también arropados al ser conscientes que no estaban solos y que la protesta de Londres era sólo una parte de una movilización mundial mucho más amplia. Entre los oradores que tomaron parte en el acto estuvieron el liberal demócrata, Charles Kennedy, el reverendo Jesse Jackson, el antiguo presidente argelino, Ben Bella, el ex ministro de Trabajo, Mo Mowlem, y el antiguo diputado laborista, Tony Benn. También tomaron la palabra varios líderes sindicales.

Al igual que sucedió en otros países, los manifestantes londinenses mostraron su oposición a la política belicista de la actual Administración norteamericana. Muchos de los manifestantes declararon a los medios de comunicación británicos que les entrevistaron durante la marcha que eran conscientes de que todo el tema de las armas de destrucción masiva de Iraq era sólo una "farsa" montada para encubrir los motivos reales de la Administración Bush para lanzar su guerra contra Iraq, y que son su deseo de apoderarse del petróleo iraquí y allanar el camino para construir una hegemonía global sobre el planeta. Muchos manifestantes mostraron también su irritación hacia la postura del gobierno de Blair de participar en la guerra contra Iraq, pese a la oposición mayoritaria de la población británica. "Ellos siempre ignoran el sentir popular, pero esta vez han ido demasiado lejos", señaló un participante en la marcha. Muchos manifestantes en las marchas corearon gritos como "El cambio de régimen comienza en casa" y "No existen pruebas que vinculen a Blair con el pueblo británico".

Otro participante declaró al diario The Guardian que "creo que la idea de tratar el tema de la muerte de iraquíes como una simple estadística es algo repugnante. EEUU quiere instalar a su propia gente en Iraq como hizo en Afganistán, porque quiere controlar el petróleo. Uno tiene la impresión de que Bush está disfrutando con sus preparativos bélicos". Las encuestas realizadas en las últimas semanas en el Reino Unido muestran también que la opinión de los británicos ha ido decantándose progresivamente en contra de la guerra. Mientras que en el pasado mes de noviembre, la proporción entre opositores y partidarios de la guerra era de un 40% - 39% a favor de los primeros, esta proporción ha cambiado y se sitúa ahora en un 52% - 29%. Por su parte, la tasa de popularidad de Blair ha caído en un 23% desde el pasado mes de mayo.

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