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Enjaulados en Camp Delta, Guantánamo

15/11/2002 - Autor: Por Judith Norman - Fuente: Jewish Peace News, y The Observer
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El diario británico The Observer publicó el siguiente artículo sobre las condiciones en el campo de internamiento de EE.UU. en Guantánamo. Aunque existe un control muy estricto de la información, han estado apareciendo breves y desagradables informes sobre la vida en el campo desde que EE.UU. comenzó a encarcelar gente allí el año pasado. Hay 620 presos de 38 países, y existe creciente evidencia de que muchos de ellos no tienen conexión alguna con el terrorismo. Algunos son ancianos, uno es un niño. EE.UU. reclama el derecho a mantenerlos indefinidamente sin acusarlos, sin juicio, sin abogados o visitas, aunque no parece existir ninguna base legal para esa pretensión. El artículo describe los brutales interrogatorios y condiciones de vida que han llevado a muchos prisioneros a sufrir enfermedades mentales, a realizar huelgas de hambre o a intentar suicidarse.

El viernes, comenzaron a circular fotos de prisioneros que eran llevados por EE.UU. desde Afganistán. Se piensa que las fotos no autorizadas fueron tomadas como recuerdos por un soldado de EE.UU. Muestran a personas encapuchadas y fuertemente encadenadas, y han provocado la preocupación de los grupos por los derechos humanos de que los hombres están siendo sometidos a la privación de sentidos, que es prohibida por las convenciones internacionales y que puede constituir tortura. Para obtener más informaciones sobre las fotos vea

http://www.commondreams.org/headlines02/1109-04.htm.
Las fotos se pueden ver en:
http://artbell.com/letters88.html.
– JN

Voces distantes describen la vida de británicos enjaulados en Camp Delta

Cartas a sus familias revelan huelgas de hambre y suicidios en la prisión de EEUU para sospechosos de terrorismo.

Las cartas son breves y francas. Comprimidas en ocho líneas escritas en mayúsculas, las tarjetas postales preguntan por la familia y los amigos y desean un feliz cumpleaños a un querido hermano. Asif Iqbal, de 20 años, de Tipton en West Midlands, podría ser cualquier preso que escribe a casa a una familia preocupada.

Pero las notas de Iqbal vienen de dentro de la prisión más secreta e infame del mundo —un sitio creado para retener a los capturados en la Guerra contra el Terror de EE.UU., condenado por los críticos como un centro de brutalidad y miedo. Iqbal es un recluso en Camp Delta situado en la Bahía de Guantánamo, Cuba.

Las cartas permiten lanzar un vistazo tras las rejas de la prisión. "No han despachado unas ocho cartas mías porque he estado escribiendo la verdad sobre la manera como nos tratan y no me permiten que lo haga," escribió Iqbal.

The Observer ha obtenido cartas de tres británicos encarcelados en Camp Delta y otras de prisioneros kuwaitíes. Sumadas a las entrevistas con abogados, expertos, antiguos guardias y el testimonio de los primeros prisioneros liberados, revelan un cuadro detallado de la vida en el campo.

Es un régimen de control total; de 30 minutos pasados fuera de la celda, por semana; de grilletes y de interrogatorios; de hambre y de suicidios; de la amenaza de la caja fría; de ser atado y acarreado al hospital. Muchos reclusos han estado en huelga de hambre; 34 han intentado suicidarse o se han dañado. Otros han sufrido serias enfermedades mentales.

Casi todos los prisioneros fueron capturados por soldados y espías estadounidenses en Afganistán. Pero crece la opinión de que muchos de los 620 reclusos no son terroristas. Algunos fueron forzados a combatir por los talibán; otros simplemente estaban en el sitio equivocado en el instante equivocado.

Por la noche, el complejo es iluminado con lámparas de arco. Pero, a pesar de la luz durante 24 horas, la prisión está oculta al mundo exterior. Está en una base naval de EE.UU. y sólo puede ser vista desde 100 metros de distancia. Dentro hay hombres de 38 naciones. Algunos tienen más de setenta años, uno de sólo 15. Cada hombre tiene 30 minutos por semana para tomar una ducha y hacer ejercicio; el resto del tiempo está encerrado en una celda de 2,4 por 2 metros.

Si un preso levanta la voz, lo mandan al enfriador: una caja de metal de tamaño, suficiente sólo para alcanzar a moverse. Un ala de aislamiento encierra a 80 presos. En las alas principales, cambian a los presos de celda cada pocas semanas para impedir que establezcan relaciones con otros prisioneros. Toda visita a la clínica del campo significa que el preso es encadenado a un carrito y acarreado fuera de su celda. Después lo encadenan a la cama del hospital. Cuando hacen ejercicio, tienen grilletes en los tobillos, la cintura y las manos. Los guardias sujetan cada brazo del hombre cuando camina.

Los interrogatorios son realizados por agentes de una unidad especial llamada JTF 170, compuesta de agentes de la CIA, del FBI y de la inteligencia militar. No se ha informado sobre palizas, pero utilizan técnicas psicológicas –incluyendo la privación del sueño. Tal vez es lo que Iqbal quería decir cuando escribió sobre la visita de un funcionario británico. Le conté de los problemas con este sitio, pero no me permiten que escriba al respecto, apuntó. Los tres afganos –dos de más de setenta años- liberados la semana pasada, condenaron las duras condiciones. Nos tuvieron como animales, dijo Mohammed Sadiq cuando llegó de regreso a Kabul el martes pasado.

Ha habido cuatro intentos serios de suicidio, tres colgándose con toallas y ropa de cama, y uno cuando un recluso trató de cortarse las venas con una máquina de afeitar de plástico. Otros treinta presos han tratado de causarse heridas.

Por lo menos uno de los que fueron liberados la semana pasada parece haber sufrido un daño mental por su terrible experiencia. Cuando los periodistas le hicieron preguntas, Faiz Mohammed balbuceó como un niño. Su memoria lo traicionó cuando dijo que tenía 105 años, mientras que un brazalete en su muñeca indicaba su fecha de nacimiento como 1931.

Casi un año después de que los prisioneros comenzaron a llegar a Camp Delta, siguen envueltos en el mayor secreto. Los funcionarios de EE.UU. se negaron a confirmar los nombres de los tres afganos y del paquistaní liberados la semana pasada. Pero se han divulgado unos pocos hechos. El grupo más grande está formado por los saudíes: hay por lo menos 150. Después vienen los yemenitas, que son 85. Hay menos de 100 afganos, y el contingente occidental más grande es de Gran Bretaña, con siete.

Las cartas de los británicos —obtenidas por The Observer la semana pasada— son estrictamente censuradas. Hablan casi sólo de eventos familiares. "Dile a mamá que estoy bien y que la echo de menos. Escríbeme sobre los resultados del fútbol y vuelvo a escribirte pronto," escribe Shafiq Rasul, de años. También de Tipton. En otra carta trata de tranquilizar a su familia, que averiguó que ha perdido 19 kilos. "No se preocupen por mis problemas de peso. Está bien. Díganles a todos que me escriban, porque me aburro aquí, hago lo mismo todos los días," escribió.

Otro británico, Feroz Abbasi, de 22 años, de Croydon, escribió: "Querida familia: Confío en Al-lâh para que todos estén bien. Les he enviado muchos mensajes pero no he recibido ninguno hasta ahora... Confío en Al-lâh que sus contenidos estén llenos de buenas noticias y de bendiciones de Al-lâh. Los quiero mucho a todos, Feroz."

Algunos en Camp Delta son del núcleo duro de Al-Qaeda. Se piensa que Mullah Faisal Mazloom, el antiguo jefe del estado mayor de los talibán y Abd al-Hadi al-Iraqi, uno de los 25 principales comandantes militares de Al-Qaeda, están allí. Pero existe evidencia de que muchos de los reclusos no son terroristas.

Los interrogadores paquistaníes que visitaron el campo este verano dijeron que casi todos los 53 paquistaníes deberían ser liberados. La familia de Rasul nos habla de un hombre al que le gustaba la moda estadounidense y que había ido a vacaciones para los de 18 a 30 años. "Es ridículo. Han pasado 11 meses y es tan duro para la familia," dice su hermano Mirza.

Los esfuerzos realizados han logrado liberar a algunos de los reclusos. El abogado estadounidense Thomas Wilner, representa a 12 presos kuwaitíes que dicen que son colaboradores caritativos sorprendidos por la guerra. "De los 12, podemos responder por nueve," dijo Wilner. "Tenemos una documentación en papel de kilómetros de largo que prueba, sin duda alguna, que eran auténticos colaboradores de la caridad."

Otro kuwaití, Fawzi al-Odah, es un profesor de religión de 25 años de Kuwait City quien, según su familia y sus amigos, ha estado viajando cada año al extranjero desde 1996, para participar en esfuerzos humanitarios en Somalia, India y Bangladesh. "He estado en huelga de hambre durante 27 días y continuaré mi huelga por un período indefinido. Además, he estado en huelga de sed y de habla durante cuatro días hasta que ellos... me liberen porque soy inocente, o me lleven ante un tribunal para que me juzgue a fin de obtener todos mis derechos, o morir, ya que no puedo resistir la vida en este sitio," escribió.

Su padre, Khalid Al Odah, de 50 años, está perplejo ante el trato que se ha dado a su hijo. "Amo a EE.UU. por haber liberado a mi país durante la Guerra del Golfo. Pero no veo el sentido de esto. No puedo comprender por qué los estadounidenses están haciendo esto," dijo.

Los reclusos en Camp Delta están en un agujero negro legal. Al calificarlos de "combatientes ilegales", EE.UU. implica que las Convenciones de Ginebra no se aplican a ellos: no hay necesidad de acusarlos, no se requiere un juicio, no tienen derecho a un abogado, y no tienen derecho a visitas.

EE.UU. afirma que los puede retener hasta que haya terminado la Guerra contra el Terror. Incluso cuando sean liberados, no tendrán derecho a compensación. Los tres afganos liberados la semana pasada sólo recibieron 500 dólares en conjunto.

Los esfuerzos legales a favor de los reclusos han sido frustrados mediante un truco legal que señala que Guantánamo está fuera de la jurisdicción de los tribunales de EE.UU. Los abogados han argumentado que la base se encuentra bajo soberanía cubana. "EE.UU. está eligiendo y escogiendo qué ley obedece," dijo Jamie Felner de Human Rights Watch.

Y Camp Delta sigue creciendo. La semana pasada —aun cuando cuatro reclusos fueron liberados— un avión con 30 prisioneros de Afganistán aterrizó en la base.

El campo está siendo ampliado para llegar a una capacidad de 812 a fines de año; existen planos para una expansión a 2.000 y va a ser incluido en un plan de 20 años para la base naval de Guantánamo.

Camp Delta comienza a parecer permanente. Para al-Odah podría convertirse en un desastre. A pesar de las liberaciones de la semana pasada, hay pocas señales de que vaya a haber muchas más. "Volveré pronto, si Dios quiere. Tengan paciencia," escribió en abril. "Me gustaría ver a mi bebé recién nacido y a mis otros niños."

http://www.observer.co.uk/worldview/story/0,11581,825197,00.html
Autores: Paul Harris and Burhan Wazir, 3 de noviembre de 2002, The Observer

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