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Los crímenes de guerra en Afganistán y la censura de la CNN

Sí, censuramos noticias sobre Afganistán

12/09/2002 - Autor: Kurt Nimmo. Counterpunch - Fuente: Traducido por Germán Leyens para Rebelión
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En una información del 15 de agosto publicada por Press Gazette Online,  Rena Golden, vicepresidente ejecutiva y directora general de CNN  Internacional, admitió la censura de noticias sobre la guerra de EE.UU. en  Afganistán. Esa censura, explicó, "no fue asunto de presión gubernamental,  sino nuestra renuencia a criticar cualquier cosa en una guerra que era  obviamente apoyada por la vasta mayoría de la gente." 

No explica cómo, exactamente, se espera que el público estadounidense  juzgue la validez de la guerra de EE.UU. en Afganistán ­y, por cierto, de  toda la guerra contra el terrorismo- si las organizaciones noticiosas se  niegan a suministrar información vital. En esencia, Golden admite que la  opinión pública es formada por una fuente ­el gobierno- y los medios han  invalidado su responsabilidad de suministrar información adicional, incluso  contradictoria, sobre esos trascendentales temas.

Además, el jefe de CNN en Nueva Delhi, Satinder Bindra, dijo que muchos  periodistas se esforzaban "más de lo que debieran por una historia, "poniendo así en peligro las vidas de otros periodistas que cubren la guerra  desde Afganistán y Pakistán. Bindra no comentó cómo exactamente se puede esperar que los periodistas obtengan la información para sus historias, o lo que constituye precisamente esforzarse "más de lo que debieran." ¿Tal vez Bindra espera que permanezcan refugiados en sus cuartos de hotel en Islamabad, esperando pacientemente que les lleguen las noticias por correo?

¿O que se queden en Washington y se basen en Donald Rumsfeld como su única fuente?

Aunque numerosos periodistas se quejaron por la censura impuesta por los  militares durante la Guerra del Golfo Pérsico, parece ahora que los medios corporativos han decidido censurar por su propia cuenta las noticias, sin una limitación exterior impuesta por el Pentágono. En otras palabras, los medios corporativos se han convertido en esencia en un órgano de propaganda bastante miope y autoritario de la administración Bush. Remarcablemente, atribuyen esta conversión a perro faldero a un deseo de no ofender a la opinión pública, la que, presumen de manera arrogante, es enteramente monolítica. Pareciera que CNN es ahora la agencia noticiosa oficial del gobierno. 

Como fábricas oficiales de propaganda de la administración Bush, CNN y las otras redes noticiosas corporativas han aceptado obsequiosamente una solicitud de la Casa Blanca de no emitir observaciones de Osama bin Laden sin corregirlas. La Casa Blanca no perdió tiempo en obtener lo mismo de los periódicos en relación con la impresión de transcripciones. "En una maniobra extraña y sin precedentes," señaló Veronica Forwood, presidente de la filial británica de Reporteros sin Fronteras, "las cinco principales redes, --CNN, NBC, ABC, CBS y Fox News Channel- se han dado vuelta y han aceptado el llamado a la censura de la consejera de seguridad del presidente de EE.UU., Condoleeza Rice." 

Sin embargo, durante la Guerra del Golfo Pérsico, las cosas fueron diferentes ­algunos de los medios no se ajustaron tan fácilmente a hacer el muerto como un perro recién salido de la escuela de obediencia canina. En 1991, Harpers, The Village Voice, The Nation, y otros, iniciaron acciones judiciales, afirmando que la censura gubernamental era una violación de la Primera Enmienda. Como se podía prever, los principales periódicos corporativos y las redes de televisión se negaron a sumarse a la acción legal. En lugar de hacerlo, como ahora, simplemente se congraciaron con el Pentágono y obedientemente hicieron que el público tragara información censurada y fuertemente amputada (cuando no se trataba directamente de mentiras e invenciones). El proceso fue eventualmente descartado por un juez que no quería tocarlo ni con un palo de 3 metros de largo. Parece que los medios de hace unas décadas eran de un material más sólido que los de la actualidad. 

John MacArthur, editor de Harpers Magazine, tuvo melancólicamente la idea de litigar de nuevo, pero estaba lejos de sentirse optimista sobre las posibilidades. "Podríamos procesar de nuevo, algunos pequeños juicios, algunos partidarios de las libertades cívicas podrían hacerlo, pero no hay esperanza alguna," le dijo a la periodista alemana Gerti Schoen en septiembre pasado. "Será la guerra más censurada de la historia... No será sólo censura, sino silencio." Aunque no hemos tenido exactamente un silencio total, las noticias que gotean desde Afganistán son, por decir lo menos, muy escenificadas y ajustadas a un mundo de manipulación. 

El Pentágono está tan seguro de que tiene a los medios corporativos en el bolsillo que en diciembre pasado lanzó una exigencia, solicitando que los periodistas que cubren Afganistán formen parte de un grupo exclusivo y autorizado, conocido de otra manera como un "pool de prensa". El concepto del pool de prensa fue inventado en 1983 cuando EE.UU. invadió Granada. Fue actualizado en 1991 durante la Guerra del Golfo Pérsico después que editores como MacArthur comenzaron a quejarse de la censura militar. La relajación de las reglas del pool de prensa en diciembre, sin embargo, no impidió que los militares negaran el acceso a la zona de operaciones a los periodistas. El 6 de diciembre, cuando soldados estadounidenses fueron alcanzados por una bomba extraviada al norte de Kandahar, los reporteros gráficos fueron encerrados en un almacén por los infantes de marina para asegurarse de que no tomarían fotos de los soldados heridos.

Más recientemente, el acceso de los medios a la masacre de la fiesta de matrimonio en Uruzgan fue enérgicamente limitado. Cuando periodistas en Kabul presentaron una solicitud para unirse a los funcionarios encargados de la prensa en la base aérea Bagram ­para viajar en helicóptero al lugar- los militares rehusaron con determinación el permiso necesario. Sólo dos periodistas viajaron con los investigadores de EE.UU. a aldeas cerca de Deh Rawud- uno fue un reportero del periódico de las fuerzas armadas de EE.UU. Stars and Stripes, y el otro fue un cameraman de la Associated Press Television Network. El funcionario jefe de EE.UU. encargado de los medios en Bagram, el coronel Roger King, informó a los que quedaron atrás que no tenían derecho de acceso al trabajo de los reporteros del pool. La declaración de King fue una contradicción de las propias reglas del Pentágono para el pool de prensa. Como resultado de esta decisión, tardó cuatro días hasta que información sobre la masacre del matrimonio en Uruzgan llegara al público. Más adelante los colaboradores de las Naciones Unidas presentaron afirmaciones, acusando a los militares de cambiar las reglas del pool de prensa para limitar el acceso al área y así destruir evidencia, una acusación denegada naturalmente por el Pentágono. 

Pero la guerra del Pentágono contra la cobertura mediática en Afganistán no se limita a los reporteros y a los equipos de noticias en el terreno. En octubre, mientras los mandamases estaban activamente preparándose para la guerra, utilizaron dinero público, en montos nada de miserables de 2 millones de dólares por mes, para asegurarse derechos exclusivos a todas las imágenes de alta calidad de Afganistán de los satélites espía comerciales. Durante un debate de política sobre la puesta en circulación de imágenes satelitales, se presentó la idea que el Pentágono podría derribar los satélites comerciales si no se les permitía controlar las imágenes. A pesar de todo, el Pentágono decidió en diciembre que no continuaría el contrato exclusivo. Considerando la reciente admisión de CNN de que ajusta las noticias en deferencia a las sensibilidades del pueblo de EE.UU., el acceso a la fotografía satelital es algo debatible ­la probabilidad es que en todo caso no las publicarían. 

Parecería que los estadounidenses tienen que ser protegidos de las duras realidades de la guerra ­o, lo que es más probable, como en el caso de Vietnam, contra su aversión visceral a ella, como en el caso de Vietnam- también cuando se trata de documentales. Cuando el director irlandés Jamie Doran presentó su controvertido documental - Masacre en Mazar"- en Europa, ni un solo periódico o red de televisión importante de EE.UU. presentó la historia- lo que esencialmente resultó en un bloqueo informativo en Estados Unidos. El film de Doran documenta las repercusiones de la masacre de cientos de combatientes talibanes en la prisión Qala-i-Jangi en Mazar-i- Sharif. En el documental, se muestra a los prisioneros muertos con sus manos atadas detrás de las espaldas. Testigos oculares describen la tortura y la matanza de unos 3.000 prisioneros que después fueron enterrados en el desierto. Aunque el Pentágono ha negado toda complicidad en la tortura y la masacre de los prisioneros de guerra, muchos parlamentarios y defensores de los derechos humanos europeos han pedido una investigación independiente de las atrocidades. El abogado de los derechos humanos Andrew McEntee dijo que está "claro que existen presunciones de hecho de serios crímenes de guerra,  cometidos no sólo desde el punto de vista del derecho internacional, sino según las leyes del propio EE.UU." Sin embargo, CNN, Fox, NBC, CBS, et al,  decidieron no presentar una cobertura del film o anunciar la posibilidad de  una investigación. Más tarde, sin embargo, cuando la historia de la masacre se hizo demasiado importante para ignorarla, recibió un grado de cobertura limitada en Estados Unidos. 

Afortunadamente, la prensa en Gran Bretaña y en Europa tiene un historial excelente en la cobertura de historias que los medios de EE.UU. han ignorado consecuentemente (y deliberadamente) a pedido del Pentágono y de la administración Bush. Gracias a Internet, esas historias pueden ser leídas por estadounidenses que no tienen acceso a los periódicos extranjeros. Tanto el Guardian como el Independent de Gran Bretaña publican noticias alternativas (disponibles en la red) ­y publican también informes y editoriales de periodistas galardonados como Robert Fisk y John Pilger. Esas son historias y opiniones que el New York Times jamás llegaría a tocar. 

Ya no vivimos en un mundo de información herméticamente sellada. Para aquellos estadounidenses ansiosos de verdad de informarse ­y aquellos disgustados porque sus noticias son esterilizadas y autorizadas por el Pentágono y por presidentes no elegidos ­hay más de unas pocas fuentes de información.

Lo aceptamos. Nunca nos crecerán alas. Pero aún tenemos nuestras manos para tocar el cielo...

Una Producción de VIDA S.A. (en serena armonía)

No hay peor soledad que la que vive en medio de la multitud. c
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