webislam

Sabado 21 Septiembre 2019 | As-Sabat 21 Muharram 1441
774 usuarios en linea | Español · English · عربي

WebIslam.com

» Noticias

?idn=1324

Israel bloquea la investigación de la ONU sobre la matanza de Jenín

11/06/2002 - Autor: Redacción de Amanecer
  • 0me gusta o estoy de acuerdo
  • Compartir en meneame
  • Compartir en facebook
  • Descargar PDF
  • Imprimir
  • Envia a un amigo
  • Estadisticas de la publicación

La decisión de la ONU de llamar de vuelta a su misión que iba a investigar lo sucedido en el campo de refugiados de Yenín, donde las tropas israelíes cometieron una masacre a mediados de abril, es una prueba más del triste papel de comparsa que le ha tocado vivir a la ONU en los últimos tiempos. En una carta dirigida al Consejo de Seguridad, el secretario general, Kofi Annan, dijo que iba a pedir al equipo de 20 miembros encargado de llevar a cabo la investigación, y que estaba encabezado por el ex presidente finlandés Martti Ahtisaari, que abandonara Ginebra, donde había estado esperando la autorización del gobierno israelí para entrar en los Territorios Ocupados.

Israel afirmó inicialmente que no tenía "nada que ocultar" y que dejaría entrar al equipo, pero esto pronto demostró ser una cínica patraña. Desde que la ONU anunció la misión, el mundo fue testigo de una farsa grotesca. Un gobierno que tras arrasar un campo de refugiados densamente poblado, mantuvo dicha área sometida a un bloqueo total con tropas, tanques y helicópteros, impidió el paso a las ambulancias para que socorrieran a los heridos y ordenó disparar contra los periodistas que intentaban entrar en la zona, bloqueó, ante la pasividad internacional, la aplicación de la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que demandaba una investigación de los sucesos ocurridos en Yenín.

El primer ministro israelí, Ariel Sharon, ­acusado ante un tribunal belga por su papel en la masacre de civiles palestinos en los campos de refugiados de Sabra y Chatila­, realizó una serie de demandas sin precedentes con respecto a la composición y fines de la misión de la ONU. Uno de los objetivos israelíes era el de ganar tiempo para hacer desaparecer tantas pruebas de los crímenes como fuera posible. Numerosos testigos presenciales han narrado que los israelíes han estado enterrando cadáveres en fosas comunes, quemándolos o llevándoselos fuera del campo. Sharon estaba nervioso por la posibilidad de que el equipo de investigación encontrara pruebas que pudieran servir para incriminarle a él y a otros responsables políticos y militares israelíes en el futuro.

Al final, el ejecutivo israelí presentó seis condiciones que habrían imposibilitado de facto cualquier investigación. Sharon pedía que el equipo incluyera expertos antiterroristas que examinaran lo que tuvo lugar en Yenín "desde un punto de vista militar", que la investigación no diera lugar a diligencias encaminadas a juzgar a militares israelíes por crímenes de guerra, que Israel determinara a qué documentos el equipo de investigación tendría acceso y a qué testigos podría entrevistar. También exigía que el informe de la investigación no incluyera conclusiones generales ni recomendaciones, y que cualquier testimonio o evidencia recogida por el equipo fuera de exclusiva propiedad de la ONU y ésta no puediera entregarla a ninguna otra autoridad internacional.

Portavoces israelíes atacaron también públicamente a dos de los miembros del equipo nombrados por Annan: Cornelio Sommaruga, antiguo presidente de la Cruz Roja Internacional, y Sadako Ogata, ex Alta Comisionada de Naciones Unidas para los refugiados.

El gobierno israelí había vetado anteriormente a otros altos responsables de la ONU como potenciales miembros de la comisión. Entre ellos hay que citar a Terje Roed-Larsen, representante de la ONU en las conversaciones de paz de Oriente Medio, Mary Robinson, Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, y Peter Hansen, jefe de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNWRA). Durante una visita al campo de Yenín, tras el ataque israelí, Roed-Larsen se mostró "horrorizado" por lo que allí había visto y declaró que "combatir el terrorismo no significa tener un cheque en blanco para matar civiles". Estas declaraciones de Larsen dieron pie a una campaña en su contra por parte de la prensa israelí, que acusó al diplomático noruego, que jugó un papel clave en la firma de los Acuerdos de Oslo de 1993, de "apologista del terrorismo" e incluso de "antisemita".

Cabe recordar que cuando el presidente iraquí, Saddam Hussein, trató de vetar la participación de expertos norteamericanos ­de los que después se supo que eran espías­ en las inspecciones de la ONU sobre el arsenal iraquí, Washington declaró que Irak no podía dictar sus términos a la ONU. Sin embargo, ninguna declaración similar en este sentido ha sido pronunciada en lo que respecta al veto israelí de expertos nombrados por el secretario general de Naciones Unidas.

El gobierno de Sharon ni siquiera se molestó en responder a una serie de cartas enviadas por Annan y otros altos cargos de la ONU. Por el contrario, Annan pasó días intentando hacer arreglos en la misión para acomodarse a las exigencias israelíes. Dado que Israel había pedido que se introdujeran expertos militares, Annan hizo entrar en el equipo al general William Nash, que condujo a las tropas de EEUU durante la Guerra del Golfo de 1991. El secretario general de la ONU envió además una carta personal al gobierno de Sharon el 28 de abril en la que incluía los resultados de las negociaciones con responsables israelíes. En ella, Annan aseguraba que los soldados y otras personas entrevistadas por el equipo tendrían garantizado su anonimato y no habría tampoco transcripciones que pudieran ser utilizadas en posibles juicios por crímenes de guerra. Sin embargo, afirmó que no podía acceder a la petición de excluir del equipo a alguno de los designados por él mismo ni asignar a nuevos líderes y que tampoco podía aceptar la exigencia israelí de que el informe de la misión no incluyera conclusiones.

El 30 de abril, el gabinete de seguridad israelí reiteró la negativa a conceder el permiso para que el equipo entrara en los territorios palestinos a menos que la ONU cumpliere sus seis condiciones impuestas.

La respuesta de Annan fue anunciar la disolución del equipo de investigación. El secretario general manifestó en una carta dirigida al Consejo de Seguridad que "en estas circunstancias, no puedo permitir que esas señoras y caballeros se queden sentados en Ginebra". Sin embargo, Annan no se sintió obligado a justificar tal decisión a ninguno de los palestinos que han perdido a sus seres queridos en la masacre de Yenín y a los que la ONU había prometido que, al menos, estaría dispuesta a escuchar su historia.

Existen pocos ejemplos en la historia de la ONU en que la organización mundial haya sido humillada de tal forma. Después de todo, la decisión de enviar el equipo de investigación fue tomada por unanimidad de los 15 miembros del Consejo, hecho éste que no tenía precedentes. Ésta era también la primera vez, en el curso del actual conflicto, que EEUU respaldaba una investigación sobre la actuación de Israel. El embajador norteamericano ante la ONU, John Negroponte, declaró que aunque el Departamento de Estado quería que Israel y la ONU resolvieran el impasse "obviamente, cuando el secretario general haya tomado su decisión, la respetaremos".

No hubo, sin embargo, ninguna condena contra Israel por su negativa a cooperar con Naciones Unidas. EEUU está amenazando actualmente con ir a la guerra contra Irak debido al hecho de que el gobierno de Saddam Hussein ha rehusado hasta el momento permitir la entrada de los inspectores de la ONU encargados de controlar su arsenal de armas. Sin embargo, en el caso de Israel sus repetidas violaciones de las resoluciones de las Naciones Unidas que le atañen ni siquiera le ha hecho merecedor de una suave reprimenda.

EEUU fue quien presentó originalmente la resolución sobre el envío de un equipo de investigación a Yenín en el Consejo de Seguridad, pero su fin real era el de aliviar la presión popular de los pueblos árabes sobre sus gobiernos. Esto viene ilustrado por un artículo publicado en The New York Times por el periodista Thomas L. Friedman el pasado 1 de mayo.

En su artículo Friedman se quejaba de que "una explosión de cadenas de televisión por satélite árabes y sitios en Internet ha tenido un profundo impacto en la opinión pública árabe al mostrar en directo imágenes constantes sobre la represión israelí contra la población palestina en Cisjordania. Estas imágenes, que llegan por televisión y por email, han alimentado manifestaciones masivas a lo largo y ancho del mundo árabe, y en Egipto y Bahrein algunos manifestantes han sido heridos por disparos (de las fuerzas de seguridad)".

Todo lo anterior ha puesto las cosas extraordinariamente difíciles para los regímenes árabes. En este sentido, Friedman afirma: "Cuando cubrí la invasión israelí del Líbano en 1982, llevaba horas o días el enviar una filmación y, además, los gobiernos árabes ejercían un férreo control de lo que se mostraba al público". Ahora, sin embargo, las cosas son diferentes. Friedman cita el caso de un editor jordano que le dijo: "Oyes los gritos. Llegan hasta tu habitación. Te acuestas viendo a los palestinos ser asesinados y te despiertas también viéndoles morir".

En un primer momento, cuando Israel endureció su postura, los medios de comunicación norteamericanos parecieron indecisos sobre qué actitud tomar. No obstante, la mayor parte de ellos se alineó pronto con las tesis israelíes haciéndose eco de las afirmaciones de que la comisión nombrada por Kofi Annan era "propalestina". The Washington Post publicó un editorial el 26 de abril bajo el título de "Una misión a Yenín poco objetiva", en el que criticaba a Sommaruga y a todo el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) por haber revelado en su día datos sobre el tratamiento que los palestinos sufrían a manos de Israel. "Tanto el Sr. Sommaruga como el CICR son puntos negros para Israel y por buenas razones".

Este editorial resultaba absurdo por cuanto ese mismo día el periódico incluyó entrevistas con soldados israelíes que estuvieron en Yenín, en la que éstos reconocieron haber presenciado algunas de las atrocidades que se han dado a conocer. Un sargento declaró al diario norteamericano que "las órdenes eran de disparar contra cada casa. Las palabras que oí en la radio fueron: "Disparad a través de cada ventana". Según el militar israelí, los soldados no dudaron en cumplir la orden. "Dios sabe cuantos inocentes murieron allí".

El sargento israelí también desmintió las afirmaciones del gobierno de Sharon de que el Ejército israelí había permitido a los civiles abandonar el campo. "A los civiles no se les dio la menor oportunidad para escapar". Él reconoció también que el Ejército israelí empleó bulldozers para destruir viviendas y que los soldados israelíes habían utilizado a civiles palestinos como escudos humanos para protegerse de los disparos de los palestinos que resistían dentro del campo.

Hay que añadir a este respecto que importantes medios de comunicación del mundo han visto manchada su reputación en lo que se refiere a Yenín. Algunos de ellos publicaron editoriales que los que se decía que en Yenín no había tenido lugar ninguna masacre, incluso antes de haber llevado a cabo una investigación. Dichos medios hicieron estas declaraciones sabiendo perfectamente que Israel había impedido el acceso al lugar de la matanza durante varios días e ignorando los relatos de cientos de testigos palestinos que estuvieron presentes allí.

Todo ello contrasta agudamente con la posición que dichos medios adoptaron durante el conflicto de Kosovo, en que dieron por válidos los testimonios de los refugiados albanokosovares y los utilizaron como prueba suficiente para acusar a las fuerzas serbias de haber cometido crímenes de guerra. En aquel momento, ellos aceptaron de forma acrítica todas las alegaciones dirigidas contra el gobierno de Milosevic y pidieron una inmediata intervención occidental para detener la matanza de albanokosovares. Milosevic era entonces presentado como "el Hitler serbio".

No obstante, hay que decir que la represión de Milosevic en Kosovo fue mucho menos salvaje que la de los israelíes en Palestina. Sin embargo, el ex presidente yugoslavo ha acabado ante el Tribunal Internacional de La Haya y Sharon sigue siendo calificado de "hombre de paz" por el presidente norteamericano, George W. Bush. La diferencia estriba en que EEUU decidió que el régimen serbio era un obstáculo para sus intereses y actuó en consecuencia. Israel, por el contrario, continúa siendo uno de los principales aliados estratégicos de EEUU en el mundo.

Negociaciones detrás del telón

Así pues, aunque EEUU se vio forzado por las circunstancias a aceptar una investigación independiente sobre la masacre de Yenín, detrás del telón se enzarzó en una discusión con Arabia Saudí, por un lado, y con Israel, por el otro. Washington propuso una fórmula, que contó con el respaldo saudí, según la cual Sharon levantaría el asedio de Arafat, a cambio de la paralización de la investigación de la ONU sobre Yenín y la puesta, bajo custodia norteamericana, de seis activistas palestinos buscados por Israel. Cuatro de ellos son acusados por Israel de haber dado muerte al ministro ultra, Rehavam Zeevi. Otros dos son el líder del Frente Popular para la Liberación de Palestina, Ahmad Saadat, y Fuad Shubaki, a quien Israel acusa de ser un traficante de armas. Sharon había pedido su extradicción a Israel, pero los palestinos no aceptaron. Al final se llegó al acuerdo de que EEUU supervisara el encarcelamiento de dichos hombres.

Sin embargo, pese a los esfuerzos israelíes para obstruir la investigación y el apoyo de los medios de prensa prosionistas que afirmaban que la matanza "no había tenido lugar", las evidencias que apuntan a la comisión de graves crímenes de guerra están aumentando. Hasta el momento se han podido rescatar de las ruinas del campo unos 50 cadáveres, gran parte de ellos mujeres y niños.

Algunas organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional han comenzado también a publicar algunos datos. AI desveló hace pocas fechas que sus representantes habían "encontrado evidencias creíbles de graves violaciones  de los derechos humanos durante el ataque israelí contra el campo de Yenín entre los días 3 y 17 de abril". Aparte de las víctimas mortales, Amnistía citó concretamente la negativa israelí a permitir que los civiles abandonaran el área, la prohibición de que el personal médico y sanitario entrara en el campo para ayudar a los heridos y la destrucción deliberada de viviendas "después de que los palestinos se hubieran rendido y cesado en su resistencia".

Amnistía señaló también que la forma en que las violaciones de los derechos humanos tuvo lugar sugiere la existencia de un patrón decidido de antemano, por lo que no cabe imputar estos hechos a la posible indisciplina de los soldados israelíes. "Toda la población palestina, incluyendo los civiles", señala AI, "fue tratada como un enemigo".

El investigador de la organización pro derechos humanos Human Rights Watch, Peter Bouckaert, señaló, por su parte, que "varias personas heridas fallecieron sin recibir ningún tratamiento médico". "Una enfermera fue tiroteada y muerta por soldados israelíes durante la ofensiva militar cuando estaba tratando de ayudar a un civil herido". HRW señala que 600 viviendas en el campo quedaron completamente destruidas y otras 200 severamente dañadas, algo que ha dejado a unas 4.000 personas, que equivalen a más de la cuarta parte de la población total del campo, sin vivienda.

Bouckaert detalla varios puntos a destacar: el significativo número de civiles que fueron asesinados en circunstancias directamente relacionadas con los métodos empleados por Israel durante su ofensiva, la masiva destrucción de viviendas, el uso indiscriminado de helicópteros para atacar el campo y el uso de civiles palestinos como escudos humanos, a los que los israelíes obligaban a realizar algunas de las tareas más peligrosas en el campo ­como el introducirse en viviendas que podrían estar minadas­.

Rene Kosirnik, presidente regional de la Cruz Roja, afirmó en una conferencia de prensa que el Ejército israelí había violado las leyes internacionales tanto por la destrucción física infligida al campo de refugiados de Yenín como por impedir a los equipos de la Cruz Roja y a otros trabajadores de agencias humanitarias entrar en él durante ocho días. Indudablemente, muchos heridos que posteriormente fallecieron habrían podido ser salvados si hubieran recibido la atención médica apropiada. En este sentido, hay que decir que incluso tras la retirada de las tropas israelíes del campo, el gobierno de Sharon continuó bloqueando la entrada de ayuda. El periódico israelí Haaretz ha informado de que un equipo de 24 expertos griegos en rescate de víctimas de terremotos tuvo que permanecer en Atenas en un avión cargado con material de socorro porque el Ministerio de Exteriores israelí se negó a permitir su entrada en los Territorios Ocupados.

Así pues, no es de extrañar que la promesa de que la investigación sobre Yenín se detendría fue una baza de negociación importante frente a Sharon y sus cómplices del gobierno israelí. Se dice que durante una sesión del gabinete israelí que tuvo como fin el discutir si se levantaba o no el sitio a Arafat, Sharon declaró: "Tenemos que hacer esto porque Bush me ha prometido su ayuda en el tema del equipo de investigación sobre Yenín". Esta mención hizo que Sharon no tuviera problemas para lograr una holgada mayoría (17 a 9) a su propuesta de liberar a Arafat, al que unas pocas semanas antes quería ver muerto o exiliado.

La justicia para las víctimas de la brutal masacre israelí en Yenín ha sido, pues, objeto de un sórdido regateo político entre EEUU, la ONU, Israel y los regímenes árabes.

Arabia Saudí ha prometido ahora a Bush que presionará al máximo a Arafat para que acepte un nivel de supervisión norteamericana en cada aspecto de la vida interna de la Autoridad Nacional Palestina que no tiene precedentes. El objetivo último es asegurar la plena cooperación de las fuerzas de seguridad palestinas con las israelíes y estadounidenses en orden a quebrar la resistencia palestina contra Israel. A este respecto el ministro de Transportes, Ephraim Sneh, ha declarado que: "¿Cómo podemos rechazar una oferta así de los americanos? La batalla se está produciendo ahora en el terreno diplomático y, en él, nuestra mejor baza es el apoyo de EEUU".
Arafat sigue, pues, sometido a una gran presión. Pese a haber sido liberado del asedio al que se le sometió en su cuartel general, él es todavía un rehén de Israel y su aliado, EEUU. Gran parte de Cisjordania se encuentra ahora en ruinas, mientras continúa la agresión israelí contra diversas ciudades palestinas. Tras su liberación, el líder palestino tuvo el coraje de emitir una declaración en la que denunciaba a los militares israelíes como "terroristas, nazis y racistas" por sus crímenes contra los palestinos y, especialmente, por haber atacado e incendiado la Iglesia de la Natividad en Belén. Entretanto, Sharon ha reiterado una vez más que si Arafat sale de Cisjordania, nunca podrá regresar. "Nos reservamos el derecho de impedirle entrar", manifestó recientemente el primer ministro a la prensa israelí.

Un reguero de muerte y destrucción

La destrucción de Yenín fue el más terrible crimen cometido por los israelíes durante su reciente invasión de Cisjordania, pero ni mucho menos el único. En Nablús, los soldados israelíes asesinaron a 75 palestinos, la mayor cifra de muertos en una sola ciudad, con la excepción de Yenín. Además, los militares sionistas robaron equipos informáticos, saquearon tiendas y reventaron las cajas fuertes de los bancos. En cada hogar palestino en que penetraron los israelíes pidieron dinero y joyas, destrozaron las fotos familiares y destriparon los muebles. También pintaron insultos contra los árabes en las paredes de los edificios. Tres mezquitas, una iglesia católica y los baños turcos, que tenían 400 años de antigüedad, resultaron gravemente dañados.

En Ramallah, los tanques israelíes destruyeron edificios, carreteras, coches y farolas. Los soldados arrasaron y saquearon docenas de tiendas y demolieron algunos monumentos en la plaza central. El propietario de una tienda de ropa declaró a The Washington Post que las tropas israelíes habían entrado en su casa y robado un teléfono móvil, dinero equivalente a unos 200 dólares y un juguete de su hijo.

En un banco de la ciudad los israelíes reventaron la caja fuerte. Los ordenadores y teléfonos fueron destruidos y los archivos quemados. Los soldados dibujaron además una gran estrella de David y escribieron el número de su unidad en la puerta de entrada.

Las oficinas de todos los ministerios de la Autoridad Palestina fueron arrasadas también. En el Ministerio de Educación, los soldados israelíes destrozaron los discos duros de todos los ordenadores y se apoderaron de los expedientes de los estudiantes, las fichas de los empleados y los contratos de construcción de nuevas escuelas. También destruyeron las cajas fuertes y se llevaron dinero en metálico y los documentos oficiales. El ministro de Educación palestino, Naim Abu Hommos, manifestó a The New York Times que "la única conclusión que puedo sacar de esto es que ellos no quieren que ninguna institución palestina vuelva a funcionar jamás". En total, según el periódico Los Angeles Times, la destrucción de propiedades estatales palestinas podría alcanzar los 450 millones de dólares. El periódico señaló que "en un ministerio tras otro, los ordenadores, fotocopiadoras y otras máquinas electrónicas fueron apiladas y luego destruidas por explosiones o por el fuego. Archivos importantes se han perdido. La red telefónica ha sido destruida. Incluso los cuadros fueron arrancados de las paredes".

En el Ministerio de Obras Públicas, la destrucción incluyó actos de vandalismo que no tenían ningún propósito militar concebible. Las sillas y mesas fueron destrozadas; un mapa de Cisjordania, rasgado.... Incluso la taza del water del despacho del ministro fue arrancada.
Este tipo de vandalismo, saqueos, y destrucción expresa mejor que cualquier otra cosa el profundo odio que sienten los sionistas israelíes contra todo un pueblo: el palestino.

En este sentido, la devastación creada por los israelíes en Cisjordania el pasado mes recuerda la conducta de los nazis en el frente ruso durante la Segunda Guerra Mundial. Los nazis veían la invasión de la Unión Soviética como una guerra de exterminio contra los rusos y otros pueblos eslavos, a los que consideraban inferiores. El pacifista judío norteamericano, Adam Shapiro, ha comparado también lo sucedido en Ramallah y Nablus con lo que ocurrió en las ciudades alemanas tras la Noche de los Cristales Rotos de 1938, cuando Hitler y otros líderes nazis alentaron actos de violencia, vandalismo y saqueo contra la comunidad judía.

Anuncios



Escribir comentario

Debes iniciar sesión para escribir comentarios.

Si no estás registrado puedes registrarte en un minuto.

  • Esta es la opinión de los internautas, no de Webislam
  • No están permitidos comentarios discriminatorios, injuriantes o contrarios a la ley
  • Céntrate en el tema, escribe correctamente y no escribas todo en mayúsculas
  • Eliminaremos los comentarios fuera de tema, inapropiados o ilegibles

play
play
play
play
Colabora


 

Junta Islámica - Avda. Trassierra, 52 - 14011 - Córdoba - España - Teléfono: (+34) 957 634 071

 

Junta Islámica
https://www.webislam.co/noticias/42278-israel_bloquea_la_investigacion_de_la_onu_sobre_la_matanza_de_jenin.html