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Arafat: La Crónica de una Desaparición Anunciada

20/05/2002 - Autor: Said Alami
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Arafat ha sido puesto en libertad por Sharon....así de simple y de llano.
Arafat estaba encarcelado por Sharon a lo largo de todo el mes de abril, en condiciones humillantes, para ser puesto en libertad, gracias a la mediación de la UE y EEUU. Pero en realidad, Arafat, que desde el mes de diciembre no podía abandonar Ramala, sigue prisionero de Sharon y de Bush, y nunca podrá recuperar su plena libertad. Es un hecho doloroso para el pueblo palestino, pero así hay que aceptarlo y hay que empezar a preparar la sucesión de este viejo líder, convertido en leyenda, y que llenó la historia palestina de los últimos 35 años de más errores que aciertos.

No nos referimos, como alguno podría pensar, a los inventados errores de Arafat a los que aluden sin cesar los propagandistas del Sionismo y de Israel en Estados Unidos y la Unión Europea, incluida España. Esos errores, que no pasan de ser el resultado de la sistemática falsificación de la realidad de la que hace gala la propaganda sionista desde antes de la invención del Estado de Israel, sencillamente nunca han existido.

El resumen podría ser el siguiente: cuando Arafat no firmó Camp David II uno de los supuestos errores atribuidos a Arafat por el Sionismo y sus agentes- acertó plenamente. Y cuando Arafat entró en el juego secreto de Oslo, equivocó mortalmente.

Ahora ¿que le queda al pueblo palestino de Arafat?. Casi nada. El viejo
líder ha sido derrotado definitivamente a causa de haber creido un día en la posibilidad remota de que el Sionismo tenga un mínimo de honor y humanidad.

Y después de haber perdido más de 8 años en un laberinto de negociaciones, acuerdos y fastuosos actos para la paz cara a la galería, siempre organizados por EEUU e Israel (nunca por los propios palestinos o los Gobiernos árabes) el viejo líder terminó encerrado, por lo tanques
israelíes, en sus oficinas, en el más miserable episodio de su vida, por
mucho que estuviera rodeado de un halo de gloria y heroicidad.

Arafat cosechó lo que sus manos sembraron el día que proclamó su
reconocimiento del Estado de Israel, el 15 de agosto de 1988, en Argel, y cuando poco más tarde anunció, en la ONU de Ginebra, el abandono de la lucha armada contra Israel, para embarcarse, a partir de entonces, en una dinámica en la que, desesperadamente, buscó la paz entre los brazos de un ser abominable llamado Sionismo, olvidándose de los objetivos por los que un día fundó, junto al asesinado, en 1990, Salah Jalaf (Abu Iyad) el Movimiento Nacional para la Liberación de Palestina, FATH.

En un encuentro con Arafat, en 1979, en su primera visita oficial a una
capital europea, sentados junto a otros dos o tres jóvenes palestinos, en el hotel Ritz, de Madrid, le pregunté al viejo líder, en medio de una charla distendida e informal ¿cuando cree que habrá un Estado palestino?. Faltaban entonces 9 años para el nefasto día en el que proclamó su reconocimiento de Israel. Arafat me miró fijamente, callado, mientras todos esperábamos su respuesta. Instantes después hizo una señal para que se acercara a él un niño, el único presente en aquella habitación en aquél momento, y que estaba de pie entre las piernas de su padre, mirándonos callado. El niño tenía 7 o 8 años. El padre animó a su hijo y esté se acercó a Arafat, quien, poniendo una mano sobre la cabeza del pequeño preguntó a su padre ¿es tu hijo?. Este contestó sonriendo: sí. Arafat dijo la consabida frase para semejantes ocasiones: Que Dios te lo guarde. Acto seguido Arafat me volvió a mirar, y cogiendo con su mano derecha el extremo derecho de su bigote, a la usanza árabe-palestina, giró la cabeza distribuyendo su mirada a las otras personas presentes allí, para decir lo siguiente, solemnemente, con total seguridad en sí mismo: Por Dios juro y por este bigote que tendremos un Estado antes de que este chaval cumpla 18 años. Todos expresaron su alegría al oír las palabras del líder, en cambio yo me quedé pasmado al oírlas, hasta el punto de que nunca las olvidé, como nunca olvidé la cara de Arafat y el gesto que hacía mientras las pronunciaba.

Traigo este recuerdo a colación porque nunca entendí, ni en 1988 ni en 1991 (Conferencia de Madrid) ni en 1993 (primer acuerdo de Oslo) el mecanísmo o el resorte que hizo que Arafat cambiara su visión de su propia existencia pasando de ser un guerrillero luchador por la liberación de Palestina a un desesperado luchador por la paz con el enemigo, usurpador de Palestina y autor de la tragedia del pueblo palestino, tanto en 1948 como en 1967. Por más que busqué relación entre aquella promesa solemne, hecha por Arafat en privado, y su posterior conversión a la causa de a paz con sus enemigos, nunca la encontré.

¿Qué es lo que esperaba Arafat en 1979 para prometer un Estado palestino para el período aproximado 1988-1990?. Precisamente el período en que proclamó el Estado palestino, reconoció al Estado de Israel, y anunció su abandono de la lucha armada. ¿Era todo aquello una coincidencia?.

Ahora ¿que le espera a Arafat cuando Bush y Powell y la propia UE, desde el levantamiento del asedio que sufría, no hacen excepto instigarle a que acabe con Hamas, Jihad Islámico, y las demás organizaciones de la Resistencia palestina?.

EEUU e Israel chantajean a Arafat ya sin disimulos, rozando lo absurdo, en un cinismo sin límites, pues saben perfectamente que al viejo lider no le ha quedado de su policía y de su Autoridad Nacional excepto ruinas y hombres dispersados, desarmados y desorganizados.

Ambos, que además quieren que el presidente de la ANP reconstruya su Gobierno según el diseño acordado para la ocasión por ellos mismos, saben que Arafat ya no podrá hacer nada en contra de las otras organizaciones palestinas, pues ellos mismos se encargaron de que esto sea así mediante las matanzas, aniquilación y destrucción generalizada de localidades, instalaciones gubernamentales y de seguridad y campos de refugiados palestinos.

Tanto EEUU como Israel tienen ahora, en Palestina, precisamente lo que andaban planificando desde hacía años, mucho antes del estallido de la
Intifada. Todo se ha visto con claridad en la desmedida utilización de toda clase de armas por parte de Israel contra las instalaciones de la ANP y su policía, desde el primer día de la Intifada, que fue provocada por Sharon, con total apoyo de Barak y Clinton, con vistas a destruir la Autoridad Nacional Palestina y la Resistencia palestina. (mirar al respecto el artículo de Tanya Reinhart, profesora de las universidades de Tel Aviv y Utrecht-El País, 5 de mayo 2002).

Por lo tanto, la Administración Bush y el Gobierno de la coalición criminal, laborista-Likud, en Israel, saben de sobra que Arafat ya no va a ninguna parte, pero pretenden utilizarle para justificar la siguiente fase de su plan de aniquilación total de la causa palestina y de agresión vasta y bárbara contra el mundo árabe, basados en pretextos como la segura abstención de Arafat de atacar a sus hermanos palestinos -tal como viene haciendo desde siempre- y de desencadenar una guerra civil palestina dictada y anhelada por Israel y EEUU. El mismo pretexto que han utilizado hasta ahora en la campaña de matanzas y aniquilación que el ejército israelí lleva a cabo en Cisjordania y Gaza, ante el regocijo y satisfacción de Bush, su Administración y el Congreso.

Así las cosas, no parece que Arafat le quede más remedio que dimitir, ahora que está en la cumbre más gloriosa de su vida de político y luchador, aclamado por toda la nación árabe y considerado héroe nacional indiscutible.

Arafat no debe olvidar que en realidad no le queda nada de poder y que el poder radica ahora mismo tanto en el pueblo palestino, que luchó en Jenin y en todas y cada una de las localidades y campos de refugiados palestinos, como en las organizaciones de la Resistencia, encabezadas por Fatah, que un día fundaron Arafat y Salah Jalaf.

 

Estas organizaciones, nacidas por voluntad del propio pueblo palestino y nutridas de sus hijos, musulmanes y cristianos, fundamentalistas y laicos, marxistas y nacionalistas panárabes, han dado a Israel, a EEUU y a todos los enemigos de Palestina y de la nación árabe (incluidos muchos Gobiernos árabes) una grandísima lección de madurez, unidad nacional y determinación ilimitada a defender los derechos palestinos indiscutibles, inalienables y reconocidos hasta la saciedad por la legalidad internacional.

No sólo esto. Arafat tampoco debe olvidar que Sharon, si no le complace su comportamiento ( y nunca le complacerá) puede volver a convertirle en rehén cuando quiera, o asesinarle, o impedirle regresar a Palestina en caso de que viaje a alguna capital árabe o extranjera. Cualquiera de estos supuestos, muy probables todos, aconsejan al líder palestino que dimita cuanto antes y que deje que Fatah elija a su sucesor.

Pero, a pesar de todo lo expuesto, Arafat no dimitirá, sino que intentará
seguir luchando, de cualquier manera, hasta su muerte. Si Bush y Sharon no le han matado aun, es para no convertirle en mártir y mito de la nación árabe, y tal vez temiendo la reacción de los Gobiernos y pueblos árabes.

Sin embargo, en cualquier momento lo pueden hacer, ahora que está fuera del asedio. Lo más probable será que su muerte tenga lugar en un
incidente que parezca banal y sin elementos de heroicidad, o mediante un asesinato tipo rey Faisal que murió por disparos hechos por un sobrino suyo poco después de haber expresado su firme voluntad de rezar en la mezquita del Al-Aqsa, en Jerusalén, y tomara la decisión de utilizar el petróleo como arma en la guerra contra Israel, en 1973. O tal vez será un asesinato como el que puso fin a la vida del propio Jalaf.

Sharon no tiene el más mínimo escrúpulo que pueda reprimir su intención de matar a Arafat, máxime cuando él mismo, ministros de su Gobierno y responsables de partidos mafiosos israelíes, expresaron una y otra vez sus ;ganas de matar a Arafat. En realidad, cuando Bush acusa reiteradamente ( casi a diario) a Arafat de no luchar contra el terrorismo está allanando el camino al asesinato del líder palestino. Y más cuando califica a Sharon, asesino de millares de palestinos y potencial asesino de Arafat, de hombre de paz.

Una realidad que Bush y Sharon no deben de olvidar es que con Arafat o sin él, el pueblo palestino seguirá luchando por sus derechos legítimos
usurpados por Israel. Sólo que sin Arafat, la lucha por parte palestina será de una ferocidad sin precedente desde que Israel fue clavada en el
territorio árabe y puede que trascienda las fronteras de la zona, al estilo de los años 60 y 70. S. a.a.

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