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Avance de la extrema derecha: la responsabilidad de la prensa

29/04/2002 - Autor: Agencia Islámica de Noticias
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Quien se dice sorprendido por los resultados conseguidos por Jean Marie Le Pen en Francia o nos está engañando o está ciego. Hace ya tiempo que el avance de la xenofobia es palpable entre los políticos y los medios de comunicación de masas. Desde el 11 de septiembre la construcción del "otro" —el moro— como fuente de conflictos se ha intensificado. Que ese racismo institucional llegue a la calle y adopte una forma democrática clara y sin hipocresías no es sorprendente, sino revelador.

Los defensores de lo políticamente correcto se rasgarán las vestiduras. Quizás prefieran no reconocer su responsabilidad en los resultados electorales para la presidencia de la Republica Francesa, pero la realidad está ahí. El resultado cosechado es consecuencia del apoyo manifiesto a las tesis del "choque de civilizaciones", defendiendo la opción militar como única posible, señalando los peligros del integrismo islámico para la identidad europea, colaborando a la construcción de un enemigo colectivo. La misma lógica utilizada por el presidente Bush para justificar su guerra es la que ha llevado a los franceses a votar a Le Pen.

La democracia está sufriendo una regresión con la connivencia de los que en teoría deberían defenderla. La quiebra se ha producido en el mismo momento en que la prensa deja de ser libre, en que no ejerce de contrapeso a las políticas fascistas de los gobernantes, sean a nivel interno o de política exterior.

En otras palabras: el tratamiento dado a los acontecimientos del 11-S se ha constituido en la mejor campaña electoral que Le Pen y otros como él pudiesen haber imaginado. Resulta irónico reconocer ahora que el fundamentalismo no viene de fuera sino que forma parte del mismo corazón del sistema. En la sociedad del espectáculo todo se plantea en términos de enfrentamiento, de los unos y los otros.

Sin duda que esta no es la única causa, pero es un indicio más de que el fascismo forma parte del imaginario colectivo de los "occidentales". En cualquier situación de conflicto salta la misma respuesta unidireccional, la consideración del "otro" como el enemigo necesario. En la campaña electoral francesa el tema de la inseguridad ciudadana ha sido central, aunque, según publicaba recientemente Le Monde, Francia tiene una de las cuotas de homicidios más bajas del mundo. El candidato del LCR (izquierda) Oliver Besancenot declaraba sobre las elecciones:

Este es el resultado de la campaña desencadenada por Chirac y por la derecha sobre la inseguridad y aceptada por Jospin.

Los políticos debaten sobre como combatir la inseguridad, sobre que medidas hay que tomar contra los delincuentes extranjeros. Se acepta como un hecho la asociación entre delincuencia e inmigración sin ir a las causas del asunto. Dado que este no es un tema que afecte solo a Francia, el avance de la extrema derecha se presenta como un fenómeno global europeo.

En Huelva, en estos mismos momentos, unos diez mil temporeros inmigrantes malviven en un campo de chabolas. El gobierno español, sabiendo que estos inmigrantes están a la espera de la recogida de la fresa, ha establecido convenios para traer trabajadores de Polonia y Rumania, amparados en la ruptura de relaciones con Marruecos. Los magrebíes se quedarán sin trabajo, a pesar de que llevan años dedicándose a la recogida de la fresa, y de que las autoridades saben que esta es la única fuente de ingresos para ellos y sus familias. Es probable que algunos de ellos se vean abocados al robo como única salida. En este y otros casos similares, la actitud del gobierno se convierte en la generadora de conflictos que fácilmente podrían ser evitados, provocando esa inseguridad ciudadana a la que luego se aferrarán en sus campañas electorales.

La insistencia en la emigración como un problema en si mismo, y no como la solución a los problemas económicos de nuestras sociedades va contra el sentido común. Si nadie pone en duda que la mano de obra inmigrante es necesaria, ¿Por qué se hace todo lo posible para convertir su estancia e integración en una fuente incesante de conflictos?

El único argumento a favor de esa consideración de "la inmigración como problema" es racial: los inmigrantes ponen en peligro la identidad cultural de nuestra patria. El fascismo es, precisamente, eso: la defensa de unos determinados valores como algo esencial a un territorio.

De seguir así las cosas solo la política del espectáculo tiene asegurada la continuidad en el futuro. Los partidos tradicionales no ofrecen una alternativa que sea lo suficientemente espectacular y atractiva para las masas. Tal vez esos que se rasgan las vestiduras estén celebrando en secreto el triunfo de Le Pen, preparando ediciones especiales sobre Pin Fortuny y las elecciones en Holanda. En un mundo donde la única justificación para la existencia de algo es el beneficio, hablar de libertad de prensa es un contrasentido.

Lo cierto es que Le Pen no es un elemento de ruptura del sistema, sino una confirmación de las políticas que se vienen practicando a nivel europeo con respecto a la inmigración y la política internacional. Su avance electoral servirá para reforzar esas políticas actuales. Lejos de parecernos un acto de "buena voluntad democrática", la petición de voto de Jospin y Hue en favor de Chirac es la confirmación de que no existen diferencias esenciales entre ellos.

Lo que vende Le Pen no son temas ajenos a los padres de la patria. O sea, que la instauración de la pena de muerte (prohibida en la constitución de la UE en barbecho), la xenofobia doctrinal y militante y el aguerrido nacionalismo no van contra la esencia de la democracia. Y surge la pregunta: ¿entonces a qué vienen ahora los aspavientos, a qué jugamos?

Rafael Cid, La larga marcha de Le Pen

No nos engañemos: el avance de la extrema derecha ha sido ampliamente consensuado en los últimos meses por las fuerzas democráticas, con honrosas excepciones. Es el resultado inmediato de las políticas de inmigración y el nuevo espíritu marcial que se ha apoderado de nuestras sociedades. Leer ahora editoriales de los que contribuyeron conscientemente a esa campaña lamentándose de dicho avance resulta vergonzoso.

¿Alternativas? 

Sed justos: esto es lo más afín a la consciencia de Al-lâh.

Qur’án, sura 5, Al-Ma’ida, ayat 8.

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