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Nuevas bases militares estadounidenses ¿Efectos secundarios o causas de guerra?

15/04/2002 - Autor: Zoltan Grossman
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Desde el fin de la Guerra Fría hace una década, los EE.UU. han ido a la guerra en Irak, Somalia, Yugoslavia y Afganistán. Las intervenciones se han vendido como despliegues "humanitarios" para detener una agresión, derrocar dictaduras o poner fin al terrorismo. Después de cada intervención estadounidense, la atención de partidarios y críticos secuaces ha girado en torno a especular qué país sería el próximo. Pero lo que en gran medida se ha ignorado ha sido lo que las intervenciones estadounidenses han dejado detrás.

Al finalizar la guerra fría, los EE.UU. se enfrentaban a la competencia de dos bloques económicos emergentes en Europa y Asia Oriental. Aunque era considerada la última superpotencia militar del mundo, los EE.UU. se encontraban ante un descenso de su fuerza económica con relación a la Unión Europea y al bloque económico de Asia Oriental compuesto por Japón, China y los "Cuatro Tigres" asiáticos. Los EE.UU. se encontraban ante la posibilidad de ser excluidos económicamente en la mayor parte del territorio euroasiático. Las grandes intervenciones estadounidenses deberían ser vistas no sólo como reacciones a la "limpieza étnica" o militancia islamista sino como reacciones a este nuevo cuadro geopolítico.

Desde 1990, cada intervención a gran escala de los EE.UU. ha dejado detrás una ristra de nuevas bases militares en una región donde nunca antes habían puesto un pie. La fuerza militar estadounidense se está introduciendo en áreas estratégicas del mundo y fijando su influencia geopolítica en estas áreas en un momento muy crítico de la historia. Con el desarrollo del "bloque euro" y "bloque yen", el poder económico de los EE.UU. está quizás disminuyendo. Pero en asuntos militares, los EE.UU. siguen siendo la incuestionable superpotencia. Han estado proyectando ese dominio militar en nuevas regiones estratégicas como futuro contrapeso para sus competidores económicos, para crear un "bloque dólar" basado en la fuerza militar como una cuña situada geográficamente entre sus competidores.

Guerras por bases

Cada vez que se preparaba una intervención, sus diseñadores se centraban en construir nuevas instalaciones militares o asegurar los derechos de asentamiento en instalaciones extranjeras para apoyar la guerra venidera. Pero después de que la guerra finalizara, las tropas estadounidenses no se iban, sino que se quedaban, creando a menudo recelo y resentimiento entre las poblaciones locales, parecido a lo que las tropas soviéticas se enfrentaron después de liberar a la Europa del este en la segunda guerra mundial. Las bases militares no fueron construidas simplemente para ayudar en las intervenciones, sino que las intervenciones proporcionaban una muy conveniente oportunidad para establecer las bases.

De hecho, el establecimiento de nuevas bases puede a la larga ser más crucial para los diseñadores de guerra de los EE.UU. que las guerras en sí mismas, al igual que para los enemigos de los EE.UU. La masacre del 11 de septiembre no estaba directamente relacionada con la guerra del Golfo; Osama bin Laden había apoyado a la dictadura fundamentalista saudita contra la dictadura secular iraquí en la guerra. Los ataques tuvieron sus orígenes principalmente en la decisión de los EE.UU. de dejar bases en Arabia Saudita y otros estados del Golfo. El estacionamiento permanente de nuevas bases estadounidenses dentro y en los alrededores de los Balcanes y Afganistán podría fácilmente generar un golpe terrorista similar de aquí a unos años.

Esto no quiere decir que todas las guerras estadounidenses de la pasada década han sido el resultado de alguna conspiración coordinada para hacer a los americanos los amos y señores del cinturón entre Bosnia y Pakistán. Pero ha sido el replantear las intervenciones como respuestas oportunistas a determinados hechos, lo que le ha posibilitado a Washington poner un pie en la "tierra central" entre Europa al oeste, Rusia al norte y China al este, y convertir esta región cada vez más en una "esfera de influencia" americana. Las series de intervenciones también han asegurado prácticamente el control de las empresas estadounidenses sobre los suministros de petróleo tanto a Europa como a Asia Oriental. No es una conspiración; sólo son negocios como de costumbre.

La Guerra del Golfo

En contra de las promesas originales de los EE.UU. a sus aliados árabes, la Guerra del Golfo de 1991 trajo consigo grandes bases militares en Arabia Saudita y Kuwait, y derechos de asentamientos en los estados del Golfo de Bahrarin, Qatar, Omán y los Emiratos Árabes Unidos. La guerra también realzó el perfil de bases aéreas ya existentes en Turquía. La guerra completó la herencia americana de la región del petróleo que habían abandonado los británicos a principios de los setenta. Aun así, los EE.UU. sólo importan alrededor del 5 por ciento de su crudo del Golfo; el resto es exportado a Europa y Japón. El presidente francés Jacques Chirac vio con acierto el papel de los EE.UU. en el Golfo Pérsico como una forma de asegurar el control sobre las fuentes de crudo de las potencias económicas europea y asiática oriental. Los EE.UU. decidieron estacionar permanentemente bases alrededor del Golfo después de 1991 no sólo para hacer frente a Saddam Hussein y apoyar el continuo bombardeo contra Irak, sino para dominar potenciales disidencias internas en las monarquías ricas en petróleo.

La Guerra de Somalia

La intervención en Somalia en 1992-93 terminó con la derrota de los EE.UU., pero es importante entender por qué tuvo lugar la llamada intervención "humanitaria". En los setenta y ochenta, los EE.UU. habían apoyado al dictador somalí Siad Barre en sus guerras contra Etiopía, que contaba con el apoyo soviético. A cambio, Barre había concedido a la armada de los EE.UU. el derecho a usar los puertos navales somalíes que estaban situados estratégicamente en el extremo sur del Mar Rojo, enlazando el Canal de Suez con el Océano Índico. Después de que Barre fuera derrocado, los EE.UU. aprovecharon el caos y la hambruna resultantes como excusa para volver, pero cometieron el error de alinearse con un grupo de señores de la guerra en contra de Mohamed Aidid, el señor de la guerra de Mogadiscio, como aparece románticamente descrito en la película "Black Hawk Derribado". 18 soldados estadounidenses y cientos de somalíes perdieron la vida. Los EE.UU. abandonaron y al final obtuvieron derechos de asentamiento naval en el puerto de Aden, justo en el Mar Rojo, en Yemen, donde Bin Laden lanzó su ataque sobre el navío americano Cole en el 2000.

La Guerra de los Balcanes

Las intervenciones estadounidenses en Bosnia en 1995 y en Kosovo en 1999, fueron aparentemente reacciones a la "limpieza étnica" llevada a cabo por los serbios. Sin embargo, los EE.UU. no habían intervenido para prevenir similar "limpieza étnica" perpetrada por sus aliados croatas o albaneses en los Balcanes. Las intervenciones militares estadounidenses en la antigua Yugoslavia resultaron en nuevas bases militares en cinco países: Hungría, Albania, Bosnia, Macedonia y en el cada vez más extenso campamento Bondsteel al sureste de Kosovo. Los aliados de la OTAN también habían participado en las intervenciones, aunque no siempre con las mismas prioridades políticas. Al igual que en los conflictos del Golfo y de Afganistán, los aliados de la Unión Europea se pueden unir a las guerras de los EE.UU., no simplemente por solidaridad, sino por temor a ser completamente excluidos del diseño del orden posbélico en la región. La intervención en Kosovo, en particular, fue seguida de unos intensos esfuerzos europeos para formar una fuerza militar independiente, fuera del mandato estadounidense de la OTAN. El establecimiento de grandes bases por parte de los EE.UU. a lo largo del borde oriental de la UE, que se pueden utilizar para enviar tropas a Oriente Medio, se llevó a cabo para prevenir que un día las tropas militares europeas actuaran por su cuenta propia.

La Guerra en Afganistán

La intervención de los EE.UU. en Afganistán fue aparentemente una reacción a los ataques del 11 de septiembre, y hasta en cierto punto fue dirigida a derrocar a los talibanes. Pero Afganistán ha estado históricamente en un sitio considerablemente estratégico a caballo entre el sur de Asia, Asia central y Oriente Medio. El país también se encuentra situado convenientemente a lo largo de una ruta de oleoducto propuesta por Unocal, que va desde los campos petrolíferos del Mar Caspio al Océano Indico. Los EE.UU. ya habían situado tropas en la vecina república ex-soviética de Uzbekistán antes del 11 de septiembre. Durante la guerra, han usado sus nuevas bases y derechos de asentamiento en Afganistán, Uzbekistán, Pakistán y Kirguizistán, y en menor medida en Tayikistán. Están usando la continua inestabilidad en Afganistán (como en Somalia, más como resultado de enfrentar a señores de la guerra entre sí) como una excusa para estacionar una presencia militar permanente en toda la región, e incluso planean instaurar el dólar como la nueva moneda afgana. La nueva cadena de bases militares estadounidenses se está convirtiendo en avanzadilla para garantizar una nueva infraestructura para el petróleo del Mar Caspio.

¿Por qué la guerra?

Prioridades geopolíticas pueden ayudar a explicar por qué Washington fue a la guerra en todo estos países, incluso cuando caminos para la paz permanecían abiertos. El presidente Bush lanzó en febrero de 1991 la guerra terrestre contra Irak, a pesar de que Saddam ya estaba retirándose de Kuwait bajo el plan de retirada soviético. Bush también mandó tropas a Somalia en 1992, a pesar de que la hambruna que usó como justificación ya había disminuido. El presidente Clinton entró en guerra con Serbia en 1999 para forzar su salida de Kosovo, a pesar de que Yugoslavia ya había cumplido muchos de los términos de retirada en la conferencia de Rambouillet. El presidente George W. Bush atacó Afganistán en el 2001 sin haber puesto demasiada presión diplomática sobre los talibanes para que entregaran a Bin Laden, o dejar a las tropas anti-talibanes (como las del jefe pastún Abdul Haq) de persuadir a las tropas talibanes por sí mismas. Washington fue a la guerra no como último recurso, sino porque vio la guerra como una buena oportunidad para lograr mayores metas.

Prioridades geopolíticas pueden ayudar también a explicar la negativa de los EE.UU. de declarar la victoria en estas guerras. Si los EE.UU. hubieran desalojado a Saddam del poder en 1991, sus aliados del Golfo hubieran demandado la retirada de las bases americanas, pero su acérrimo agarre al poder justifica intensos bombardeos de Irak por parte de los EE.UU. y una constante presencia en la región petrolífera del Golfo. El hecho de que Osama bin Laden y el Mullah Omar no hayan sido capturados en cuatro meses de guerra también proporciona una oportuna justificación para el permanente estacionamiento de bases americanas en el sur y centro de Asia. Los tres hombres son útiles para los planes de los EE.UU. si están vivos y libres; al menos por el momento.

Guerras en fabricación

Irak es desde luego el primer blanco para una nueva guerra de los EE.UU., para que el presidente Bush "termine el trabajo" que su papá dejó sin terminar. Ahora que la esfera de influencia americana se está asentando en la "tierra central" entre Europa y Asia Oriental, la atención se puede volver tanto sobre Irak como sobre su ex-enemiga Irán, como las únicas potencias regionales que quedan que se interponen en el camino. Bush debe estar convencido de que las fuerzas de oposición iraquí pueden rehacerse en una fuerza pro-americana como la Alianza del Norte o el Ejército de Liberación de Kosovo. También debe estar convencido de que sus amenazas contra Irán ayudarán a los reformistas "moderados" iraníes, a pesar de que ya esté peligrosamente fortaleciendo la posición de los islamistas radicales. Una guerra de los EE.UU. contra Irak o Irán destruirá cualquiera de los puentes recientemente construidos hacia los estados islámicos, especialmente al abandonar también Bush incluso la pretensión de imparcialidad entre israelíes y palestinos.

Los diseñadores de guerra estadounidenses están también apuntando manifiestamente a Somalia y Yemen, están patrullando sus costas con barcos de la armada, aunque puede que decidan intervenir indirectamente para evitar los desastres de Mogadiscio en 1993 y Aden en el 2000. Bin Laden había apoyado a Aidid para impedir el asentamiento de nuevas bases estadounidenses en Somalia, y su padre procede de la histórica región rebelde de Hadhramust al sudeste de Yemen. Aun así, la prioridad de Washington no sería eliminar la influencia de Bin Laden, dejando ese papel principalmente a las tropas locales. Más bien, la prioridad sería recobrar acceso naval a puertos estratégicos somalíes y yemeníes.

La intervención más directa de los EE.UU. desde la invasión afgana ha sido en el sur de Las Filipinas, contra la milicia guerrillera Moro (musulmana) Abu Sayyaf. Los EE.UU. ven al pequeño grupo Abu Sayyaf como una inspiración de Bin Laden, más que como una extensión brutal de décadas de insurgencia Moro en Mindanao y el archipiélago Sulu. Los "instructores" de las fuerzas especiales estadounidenses están llevando a cabo "ejercicios" con tropas filipinas en una activa zona de combate. Su meta puede ser la de conseguir una fácil victoria al estilo de Granada sobre los 200 rebeldes, como efecto global propagandístico contra Bin Laden. Pero una vez realizada, la campaña contrainsurgente puede ser redirigida fácilmente contra otro grupo rebelde Moro o incluso comunista en Mindanao. También podría ayudar a lograr la otra gran meta de los EE.UU. en Las Filipinas: reestablecer completamente los derechos de asentamiento de bases militares, que finalizó cuando el senado filipino terminó con el control estadounidense de la base aérea de Clark y la naval de Subic, después de que terminara la Guerra Fría y la erupción de un volcán dañara ambas bases. Este movimiento de vuelta al país sería, de todas formas, vigorosamente resistido tanto por los nacionalistas de izquierda como por los de derecha.

El regreso de los EE.UU. a Las Filipinas, como las últimas amenazas de Bush contra Corea del Norte, puede ser también un esfuerzo por imponer la influencia estadounidense en Asia Oriental, al ver que China se eleva como potencia global y otras economías asiáticas se recuperan de la crisis financiera. Un creciente papel militar de los EE.UU. por toda Asia podría contrarrestar el creciente rechazo hacia las bases americanas en Japón. Estas acciones podrían también levantar temores en China de una esfera de influencia americana introduciéndose en sus fronteras. La nueva base aérea americana en la república ex-soviética de Kirguizistán está demasiado cerca de China, como para que ésta esté tranquila. (Los temores de Rusia de verse cercada por los EE.UU. se pueden volver a reavivar, aunque puede que Rusia se una a los EE.UU. usando su petróleo para menguar el poder de la OPEP.)

Mientras tanto, otras regiones del mundo están siendo objeto también de la "guerra contra el terror" de los EE.UU., especialmente Sudamérica. Así como la propaganda de la Guerra Fría definía a los rebeldes de izquierda en Vietnam del Sur y El Salvador como títeres de Vietnam del Norte o Cuba respectivamente, la "guerra contra el terror" de los EE.UU. está definiendo a los rebeldes colombianos como los aliados de la vecina y rica en petróleo Venezuela. El presidente venezolano, Hugo Chávez, es sutilmente descrito como simpatizante de Bin Laden y Fidel Castro, y como posible instigador de enfrentar a la OPEP contra los EE.UU. Chávez podría servir como el nuevo enemigo ideal si se elimina a Bin Laden. La crisis en Sudamérica, aunque no se puede relacionar con la militancia islámica, puede ser la nueva guerra en fabricación más peligrosa.

Temas comunes

Tanto si miramos a las guerras de los EE.UU. de la década pasada en el Golfo Pérsico, Somalia, los Balcanes o Afganistán, o las posibles nuevas guerras en Yemen, Las Filipinas o Colombia / Venezuela, o incluso al nuevo "eje del mal" de Bush de Irak, Irán y Corea del Norte, aparecen los mismos temas comunes. Las intervenciones militares de los EE.UU. no se pueden relacionar todas con su insaciable sed de petróleo (o más bien de beneficios económicos del petróleo), aunque muchas de las recientes guerras si que tienen sus raíces en políticas del petróleo. Casi todas ellas pueden relacionarse con el deseo de los EE.UU. de construir o reconstruir bases militares. Las nuevas bases militares americanas y el creciente control sobre los suministros de petróleo pueden, en cambio, relacionarse con el histórico cambio que se da desde los ochenta: la aparición de los bloques europeos y asiático oriental con el potencial de reemplazar a los EE.UU. y la Unión Soviética como las superpotencias económicas del mundo.

Parecido a cuando el Imperio Romano intentó usar su poder militar para reforzar su debilitado dominio político y económico sobre sus colonias, los EE.UU. están introduciéndose agresivamente en nuevas regiones del mundo para evitar que sus competidores hagan lo mismo. La meta no es terminar con el "terror" o alentar la "democracia", y Bush no logrará ninguna de estas proclamadas metas. La meta a corto plazo es estacionar bases militares donde el nacionalismo local las ha rechazado. La meta a largo plazo es incrementar el control de las empresas estadounidenses sobre el petróleo que necesitan Europa y Asia Oriental, ya se encuentre el petróleo en el Mar Caspio o en el Caribe. La meta final es establecer nuevas esferas de influencia americanas y eliminar cualquier obstáculo - militancias religiosas, nacionalismos seculares, gobiernos enemigos o incluso aliados - que se interpongan en el camino.

Los ciudadanos estadounidenses pueden acoger bien las intervenciones para defender su "tierra" de ataques, o incluso la construcción de nuevas bases u oleoductos para preservar el poder económico de su país. Pero al apreciarse cada vez más los peligros de esta estrategia, los americanos se pueden empezar a dar cuenta de que están siendo conducidos por un arriesgado camino que volverá a la mayoría del mundo contra ellos, y conducir inevitablemente a futuros 11 de septiembre.

* Zoltan Grossman es aspirante al doctorado en Geografía en la Universidad de Wisconsin, Madison y miembro del Grupo de Información del Sudeste Asiático. Se le puede contactar en zoltan@geography.wisc.edu

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