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Reservistas del ejército Israelí se niegan a servir en los territorios ocupados

02/02/2002 - Autor: Redacción Amanecer
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El pasado 29 de enero, el diario International Herald Tribune publicó un artículo en el que se señalaba que más de 70 reservistas del Ejército de Israel, incluyendo al menos dos docenas de oficiales, habían declarado públicamente que no iban a servir más tiempo en los territorios palestinos de Cisjordania y la Franja de Gaza debido su rechazo a la brutalidad de la ocupación israelí.

"No lucharemos más allá de la Línea Verde (la frontera que separa Israel de Cisjordania, establecida después de la Guerra de los Seis Días) por el objetivo de ocupar, deportar, destruir, bloquear, asesinar, dejar morir de inanición y humillar a todo un pueblo", declaró el grupo en una declaración publicada el día 28 de enero en el diario Yedioth Ahronoth, que el International Herald Tribune recoge. Tradicionalmente ha habido en Israel una minoría que ha criticado la actuación del Ejército en los territorios ocupados, pero es la primera vez que una declaración abierta de este tipo tiene lugar en el seno de las propias fuerzas armadas israelíes.

Habrá que esperar a ver si esta notable declaración sirve para abrir un debate en Israel sobre el sacrosanto papel de sus fuerzas armadas en los territorios ocupados y el propio seno de la sociedad israelí, una de las más militaristas y militarizadas del mundo. En realidad, la mencionada carta no ha sido la única manifestación de descontento dentro de las filas militares. En los meses recientes ha habido un creciente número de declaraciones de soldados israelíes en las que se ponía de manifiesto la crueldad con la que su Ejército trata a los palestinos en los territorios ocupados. Estas declaraciones han sido, en general, ignoradas por los medios de comunicación de los países occidentales, especialmente EEUU. Muchos medios de prensa de ese país se han limitado a repetir la propaganda de Ariel Sharon que afirma que el asesinato de palestinos por parte de los soldados israelíes es "una medida defensiva" para impedir "ataques terroristas".

Una de estas declaraciones es la del reservista, Shuki Sadeh, que describió al periódico Yedioth, la muerte de un muchacho palestino por un francotirador israelí que se encontraba en un puesto situado a 150 metros de su víctima. "Lo que más me impresionó fue que nuestros soldados dijeron, tras abatir al joven: "Bien, ése es otro árabe menos", dijo Sadeh.

Ariel Shatil, otro reservista que sirvió en Gaza, señaló también a la prensa que "la gente dice que los palestinos disparan primero y nosotros respondemos. Eso es falso. Nosotros empezábamos a disparar y ellos nos respondían".

Otros soldados de la reserva de una unidad a ingenieros, que sirvieron cerca de la ciudad de Nablus, en Cisjordania, describieron la forma en la que los militares israelíes eliminaban los objetos sospechosos de las carreteras. En lugar de esperar a que llegaran los equipos de demolición, los militares se acercaban al primer vehículo conducido por palestinos que pasara y ordenaban al conductor o a uno de los pasajeros que recogiera el objeto y lo apartara, mientras que los soldados y colonos judíos veían este hecho desde una considerable distancia.

Menos reclutas

Aunque las encuestas muestran que la mayoría de la población israelí apoya la brutal política de Sharon contra los palestinos, otra cosa es lo que ocurre con respecto al reclutamiento militar, pues una gran parte de los jóvenes israelíes intenta por todos los medios buscar alguna exención para evitar, o al menos demorar, su incorporación. Según las propias cifras del Ejército, el 22% de todos los jóvenes llamados a filas encuentran un motivo válido para no tener que incorporarse. Normalmente la incorporación se produce a los 18 años y el servicio dura tres.

Según la organización pacifista New Profile, el número de reclutas que ha logrado evitar, de una forma u otra, su incorporación al Ejército ha crecido, especialmente tras el estallido de la intifada, y puede alcanzar ya un tercio de los llamados a filas. En lo que se refiere a las reservas -la mayoría de los israelíes deben servir como reservistas hasta que tienen 45 años y pasan por regla general varias semanas cada año en el servicio activo- esta cifra habría crecido aun más. El propio Ejército ha informado de que sólo un tercio de todos los hombres que se encuentran en esta situación cumplen con sus obligaciones, y de ese tercio, el 41% lo hace de muy mala gana. Entre septiembre de 2000, fecha del estallido de la intifada, y marzo de 2001, el número de reservistas que solicitan una demora del servicio se duplicó.

Aunque el Ejército insiste que estas estadísticas no representan una crisis en sus relaciones con la sociedad israelí, lo cierto es que el pasado mes de julio, el Ministerio de Defensa comenzó a hacer preparativos para llamar a decenas de miles de reservistas que están residiendo en el extranjero.

Algunos observadores consideran que esta actitud no es una muestra de rechazo a la ocupación, sino un mero intento personal de librarse de una pesada carga. Algunos pacifistas israelíes ven en ella, sin embargo, un rechazo tácito de muchos israelíes a la ocupación de los territorios palestinos. Existen en este sentido, algunos ejemplos como el del pacifista, Idan Landau, un reservista de 34 años, que pasó algunas semanas en la cárcel por negarse a servir en los territorios ocupados. Landau critica el que muchos reclutas busquen conseguir algún certificado médico o psicológico para librarse del servicio en lugar de expresar claramente su negativa a sacrificar sus vidas en tareas de represión contra los palestinos. En una declaración personal en la que comenta su decisión, y publicada por The Village Voice el pasado 22 de agosto, Landau señala: "La población palestina está siendo sometida a un proceso de muerte por inanición, negación de los servicios sanitarios, demolición de casas y estrangulamiento económico. Yo personalmente no quiero tomar parte en estos crímenes de guerra". Landau explica también en su declaración que él no es pacifista. Como capitán del Ejército se muestra dispuesto a defender a Israel, pero no de la ocupación de los territorios palestinos. "El mito es que nuestra opresión en los territorios protegerá a nuestro país y eso es falso. Eso es lo que produce más y más violencia".

Un caso similar es el del soldado David Haham-Herson, que acabó también en prisión por negarse a servir en los territorios ocupados. Herson afirmó en una carta pública: "Soy un soldado en el Ejército israelí que ha sido encarcelado por negarse a tomar parte en la represión, pues no veo el sentido de que un judío, hijo de un pueblo de refugiados, esté reprimiendo a otro pueblo de refugiados". Él continua diciendo: "Sufro angustia, pues sé que el terrible odio que los palestinos sienten hacia nosotros está justificado. Este odio ha llevado a manifestaciones horrorosas como la de los jóvenes kamikazes, pero nosotros creamos las condiciones que han conducido a esta monstruosidad".

La Carta de los Oficiales

En este sentido, no hay duda de que la declaración del pasado 28 de enero, que ha sido conocida con el nombre de la Carta de los Oficiales, reviste una importancia especial, ya que partió de dos capitanes de la reserva -David Sonnschein, de 28 años, un ingeniero de software, y Yaniv Itzkovich, de 26, un profesor adjunto de la universidad-, que sirvieron en los territorios ocupados durante los pasados 16 meses, período en el que más de 1.000 palestinos fueron asesinados por el Ejército israelí. En su declaración, recogida por el International Herald Tribune, ambos militares señalan que ya no quieren luchar por cuenta de los asentamientos judíos y recibir órdenes e instrucciones que "no tienen nada que ver con la seguridad del Estado, y cuyo único fin es el de perpetuar la dominación sobre el pueblo palestino". Esta "misión de ocupación y represión no sirve a este propósito (la defensa de Israel) y no tomaremos parte en ella".

Estos militares afirman también haber sido testigos con sus propios ojos del baño de sangre que la ocupación ha producido en ambos lados y comprenden que "el precio de mantener la ocupación es la pérdida de la humanidad en el Ejército y la corrupción de toda la sociedad israelí".

Los firmantes de la carta dicen que esperan recoger hasta 500 firmas de otros reservistas que se muestran igualmente contrarios a continuar asesinando a niños que tiran piedras, demoliendo las viviendas de la población palestina o bloqueando sus ciudades. Muchos consideran que el único propósito de la guerra que mantiene el gobierno israelí es defender a los colonos judíos de los territorios, muchos de los cuales son extremistas fanáticos que no ocultan su desprecio hacia los soldados y civiles judíos que no son ultraortodoxos, a la vez que mantienen un odio patológico hacia los árabes.

Como era de esperar, la publicación de la Carta de los Oficiales provocó una furiosa reacción del gobierno de Sharon y del Alto Mando del Ejército israelí, así como represalias contra los firmantes. Pese a los esfuerzos por acallar cualquier muestra de descontento en el Ejército, otros 50 reservistas contactaron con los oficiales con el fin de añadir sus nombres a la declaración, poco después de su publicación en Yedioth y otros periódicos.

"Sabíamos que íbamos a provocar muchas reacciones y algunas de ellas no han sido sólo críticas, sino también violentas", declaró Sonnschein al diario Yedioth. "Se trata de personas duras con creencias muy extremistas". Sin embargo, "todos tenemos un límite", dijo el militar. "Uno puede ser siempre el mejor oficial, siempre el primero.... y de repente te piden que hagas cosas que nadie debería pedirte como el disparar contra personas indefensas, detener ambulancias, destruir casas en las que no sabes si hay personas viviendo etc".

Según la organización Yesh Gvul (Hay un límite), un grupo de protesta israelí fundado en respuesta a la invasión del Líbano en 1982, desde el inicio de la intifada palestina en septiembre de 2000, más de 500 israelíes se han negado a servir en los territorios ocupados, incluyendo veteranos, reclutas y reservistas. De ellos, unos 40, incluyendo a 12 oficiales de la reserva, han sido sentenciados a penas de prisión militar, dado que la ley israelí no reconoce el derecho a la objeción de conciencia.

En los últimos 20 años, no ha habido, sin embargo, ningún tribunal militar que juzgara a uno de estos reclutas. La explicación de esto es sencilla. El Ejército teme que un juicio público de un recluta acabe por convertirse en un juicio sobre los crímenes cometidos por las fuerzas armadas israelíes en los territorios ocupados o las violaciones de los tratados internacionales de los que Israel forma parte, y que prohíben algunos métodos inhumanos como la tortura o las ejecuciones a sangre fría que los militares israelíes realizan de forma habitual.

Los miembros de Yesh Gvul distribuyen folletos entre los soldados cuando éstos suben a los autobuses que los llevan a las bases. En estos folletos se recoge un mensaje que lleva el título de: "Soldado, ¿Sabes adónde te llevan?". En el texto se recuerda a los soldados lo establecido en la Cuarta Convención de Ginebra sobre el tratamiento que los Estados han de dar a los civiles de los territorios ocupados militarmente, y se les pregunta si están dispuestos a ir a la guerra por defender los asentamientos. "La comunidad internacional ha enjuiciado a militares que cometieron crímenes de guerra en Serbia, Bosnia, Uganda, Chile y otras partes. Estos militares han sido condenados a penas de muchos años de prisión. ¿Te quieres arriesgar a lo mismo?".

Estas advertencias parecen, sin embargo, insuficientes para contrarrestar la carga ideológica recibida durante largos años por los jóvenes israelíes. Ruti Kantor, una diseñadora gráfica que es miembro de New Profile, cree que "el Ejército es prácticamente sagrado en Israel. A los niños se les educa para que lo adoren desde una temprana edad. A los jóvenes se les dice que es el medio para resaltar su virilidad y a las chicas se les enseña que deben admirar a estos jóvenes por servir en el Ejército". En los colegios israelíes se glorifica a las fuerzas armadas. A menudo se lleva a los niños a los cuarteles militares portando regalos para que los distribuyan entre los soldados. Más tarde, las oportunidades laborales están a menudo ligadas al servicio en el Ejército e incluso al tipo de unidad en la que la persona haya estado. "Lo militar penetra en todos y cada uno de los niveles de nuestra sociedad", señala Kantor.

Estas técnicas de manipulación psicológica no siempre funcionan. Un ejemplo de ello es Serguei Sandler, un recluta que fue condenado a dos meses de prisión por negarse a servir en el Ejército. Nacido en Ucrania, Sandler sí se declara pacifista. Tras emigrar a Israel a los seis años de edad, él recuerda el fuerte adoctrinamiento al que se vio sometido. Sus amigos se paseaban con metralletas sobre los hombros por las calles de Tel Aviv sintiéndose héroes. "Sin embargo, por alguna razón, aquello no funcionó conmigo", indica Sandler. Para su sorpresa ninguno de sus amigos le criticó por su decisión. "Todo aquí -el gobierno, la prensa, la educación- está completamente dominado por el Ejército. Sin embargo, de forma privada muchos comparten mi posición mucho más de lo que había imaginado".

En este contexto, es fácil comprender la necesidad que tenían los mandos israelíes de acallar cualquier crítica dentro de las filas del Ejército. El Alto Mando del Ejército reaccionó a la carta de los oficiales con una declaración en la que se decía: "Servir en el Ejército es una obligación legal y no hay lugar para que los soldados de la reserva escojan que trabajos quieren y los que no. Los firmantes de la petición no representan a los soldados y oficiales de la reserva, que entienden cuál es su misión...". Por su parte, el portavoz de Sharon, Raanan Gissin, condenó también la declaración de los oficiales y su negativa a servir en los territorios ocupados y calificó esta actitud de "fenómeno marginal".

Represalias

Las represalias contra los firmantes de la Carta de los Oficiales fueron rápidas. Un oficial en la reserva, Rami Kaplan, el más veterano de los que firmaron la carta fue cesado de su puesto en un batallón de tanques. Su superior en el batallón, el coronel Amit Regev, dijo al diario Haaretz, que la decisión de cesar a Kaplan había sido tomada hace meses después de que pasara "un tiempo difícil en un trabajo de exposición" en Gaza. "El trabajo de exposición" es un eufemismo utilizado por el Ejército israelí para referirse a la demolición de casas o granjas palestinas. En una entrevista con Haaretz el pasado mes de abril, Kaplan dijo que estaba asqueado por "la insoportable facilidad" con la que el Ejército llevaba a cabo la destrucción de tales propiedades. "No quiero tomar parte en acciones que son abiertamente inmorales".

Los capitanes Sonnschein e Itzkovitz fueron también oficialmente destituidos de sus puestos el 30 de enero como jefes de batallón en sus respectivas unidades paracaidistas. Yamit Mashiah, otro firmante de la declaración, manifestó que los miembros del grupo creían que el Ejército iba a tomar las medidas más duras posibles contra ellos. Algunos oficiales han comenzado también a difundir una misiva, en contra de la Carta de los Oficiales, firmada también por varios reservistas en la que acusan al grupo de "difamar al Ejército".

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