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Hacia un pacto de hermandad

02/02/2001 - Autor: Muhammad Mubin Medina
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En el nombre de dios, el clemente, el misericordioso

Alabado sea Al-lah Señor del Universo.

A El dirigimos nuestra súplica pidiendo la ayuda que purifique nuestro pensamiento y precise nuestras palabras  y  que sirvan de utilidad en estos momentos tan complicados de las relaciones internas y externas del colectivo islámico en nuestro país.

Todos sabemos que la razón de ser de los Mensajes de Al-lah y de la acción de sus Mensajeros y Profetas (p.b.) ha consistido en dotar a los seres humanos de la información y de la educación necesaria para elevarnos desde los niveles más inferiores de conducta a estadios superiores de moralidad, justicia y espiritualidad. Así, nuestro compromiso y nuestra responsabilidad como musulmanes, recordamos que consiste fundamentalmente en limpiar de nuestras personas y ámbitos de vida el lastre que impide elevarnos ya como seres humanos a esos estadios superiores en la emigración de nuestras vidas hacia Al-lah.

El acontecimiento del resurgimiento planetario del Islam en este tramo final de la historia del mundo caracterizada por la presencia apocalíptica de todos los males y tragedias realmente no puede ser un fenómeno aceptable por la pléyade de los gobiernos y sistemas al servicio de la injusticia y la destrucción. Cuando menos este resurgimiento es un acontecimiento traumático para los enemigos de Dios, pues rechaza todos los falsos fundamentos  filosóficos, políticos, económicos, educacionales sobre los que se asienta la barbarie. No es un movimiento reformador y por lo tanto no puede ser asumido, tiene que ser combatido de mil maneras, como así tenía que ser y está ocurriendo, por fuera y por dentro.

Por fuera,  militarmente  invadiendo países y provocando guerras y millones de muertos y diezmados en y entre los países musulmanes: Irán, Afganistán, Líbano, Palestina, Irak, Bosnia, Argelia, Chechenia, Kósovo … por citar los más significativos.  Económicamente, mediante sanciones, embargos y retención de capitales. Culturalmente de Salmám Rushdie hicieron el bufón y la estrella negra de la gran espiral mediática que contra el Islam y los musulmanes la macabra alianza judeo-cristiana intentó ridiculizar nuestras creencias. Socialmente discriminando y marginando a nuestra nación de hermanos y hermanas haya donde los tentáculos de la gran bestia han tenido y tienen influencia. Su política  realmente  es la más feroz de las cruzadas bajo la más perversa hipocresía diplomática.

Por dentro, sirviéndose de gente débil de sospechosa o marcadamente mala trayectoria  para  provocar  la desunión y  el enfrentamiento  entre musulmanes de diferentes agrupaciones, escuelas de enseñanza o caminos de realización.

En breves palabras ese es nuestro pensamiento, creemos que compartido por una gran mayoría de hermanos, acerca de la situación global de la dialéctica Islam-kufur.

Así, el  resurgimiento del Islam a través de las primeras generaciones de personas musulmanas que en la España actual  decidimos romper con ese curso decadente de la historia, también cuando menos significa el posicionamiento rompedor y revolucionario de un importante sector de la población española que no pocos contratiempos, burlas y ataques nos ha deparado del sector social más xenófobo y racista de toda Europa, a mujeres y hombres, a vivos y a muertos que en Paz descansen.

Frente a una sociedad española católica por  imperativo  legal,  la conquista de mayores espacios de libertad tras la dictadura franquista, inevitablemente repercute en la aparición de otros posicionamientos religiosos hasta entonces prohibidos y perseguidos; era necesario homologar los derechos democráticos de los españoles a los referentes sociales de los  países "avanzados".

Sin embargo al paso del tiempo el posicionamiento sub-liminal del jefe del estado y de los diferentes gobiernos de izquierdas o derechas,  aun bajo la neutral definición constitucional de "estado aconfesional",  ha sido descarada e hipócritamente tan nacional-católica como desde hace cinco siglos.  Hoy como entonces la cruz sigue presidiendo el escudo nacional.

Cua1quier acontecimiento local, provincial, nacional o internacional donde los musulmanes hayamos estado implicados ha significado cruzadas mediáticas para demonizarnos asociándonos siempre a la violencia y a las formas de vida de su edad media. Y es que las alarmas de la pérdida del monopolio religioso más caótico que católico comenzaron a encenderse. Ya no se trataba de permitir el asociacionismo de pequeños grupos de estudiantes transeúntes de identidad religioso islámica, éramos primero decenas y después cientos y miles los conversos en un lápsus de tiempo realmente corto los que  entroncábamos nuevamente con las creencias y el dín de nuestros perseguidos, masacrados o expulsados antepasados de Al-Andalus. En el horizonte aparecía posiblemente la  pesadilla que durante cinco siglos pretendieron evitar. Mal asunto para la impuesta identidad nacional.

A nadie le extrañe entonces que la "transición religiosa" en España no se haga,  como tampoco se ha hecho en el terreno político.  El país funciona con un más amplio sistema de libertades, mal llamado democracia, que en el régimen dictatorial, pero con los mismos beneficiarios y los mismos sectores perjudicados de la España nacional-católica que no sólo atropelló a nuestros ancestros musulmanes, si no que también devoró a sus hijos republicanos en otra solemne gran vergüenza histórica.

Hipotecar el desarrollo de nuestro tejido social de musulmanes a las formas y modos que determinan las instituciones de este estado actual español es como tropezar dos veces en la misma piedra, asunto que  en un creyente musulmán o la inteligencia  humana difícilmente podrá justificar. Durante más de diez años se viene haciendo con evidente torpeza en unos casos y perfecta mala fe en otros que en vez de ser útiles a su Ummah la enzarzan más sirviéndose como comodines y asesores para las trampas de un estado descaradamente confesional.  

Creemos que no sólo es necesario, sino también urgente el cambio de estrategia. No nos hemos hecho musulmanes para seguir el camino de nuestros verdugos. Nos hemos hecho musulmanes para seguir el camino de Dios, con nuestros fundamentos de vida, creencias, ética, organización y moral.

En un mundo dislocado hacia el desastre general y el caos apocalíptico más evidente, donde  los contundentes signos de Dios son cotidianos y claros,  los musulmanes debemos mirarnos fraternalmente y ser sinceros con nosotros mismos, analizar cada uno en qué hemos fallado, rectificar y como el primer día de la sáhada depositar en nuestro Señor, en nuestro dín y en nuestra Ummah las esperanzas de la edificación, frente a la hipocresía, la mentira, las trampas y la barbarie, de un mañana y un más allá mejor.

Estando un derviche sentado en contemplación, notó una especie de demonio a su lado. El derviche le dijo " ¿Por qué estás ahí quieto, sin hacer maldades? ". El demonio levantó la cabeza con aburrimiento y respondió " Desde que aparecieron tantos teóricos, emires y pretendidos maestros del camino, yo ya no tengo trabajo que hacer  "

Alhamdu lil- lahi Rabil Alamim.

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