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Arabia saudí intenta promover la inversión extranjera

05/12/1999 - Autor: Pablo García
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Este proyecto fue contemplado por primera vez a finales de 1.998, cuando los precios estaban críticamente bajos. En la actualidad los precios han subido y aunque no parece haber necesidad de permitir la inversión en estos sectores, los saudíes han promovido algunos contactos para el caso de que los precios vuelvan a declinar. Es dudoso que Riad tenga intención, sin embargo, de autorizar las inversiones en esos sectores mientras los precios continúen como están.

El pasado 26 de Septiembre el Ministro de Relaciones Exteriores saudí, Saud al-Faisal, afirmó que su país promovería negociaciones muy pronto con distintas compañías petrolíferas extranjeras con el fin de atraer inversiones hacia su industria petrolífera. Un comité ministerial ya habría realizado un estudio sobre la inversión extranjera en el sector energético y tenía previsto presentarlo al Príncipe Heredero Abdullah a finales de Noviembre.

La inversión extranjera en el sector del petróleo de Arabia Saudí no es nada nuevo. El reino nacionalizó su industria petrolífera hace 20 años y ha acudido periódicamente a las inversiones extranjeras para compensar su falta de fondos y expertos. Sin embargo, el país nunca ha permitido hasta la fecha la inversión extranjera en los sectores de la exploración y la producción, sino en los menos rentables del refinado y la distribución.

Arabia Saudí manifestó por vez primera su intención de acudir a la inversión extranjera en los campos de la exploración y producción durante el transcurso de un encuentro secreto celebrado el pasado Septiembre de 1.998 al que acudió el propio Príncipe Heredero Abdullah, el antiguo Presidente Georges Bush y representantes de las siete principales compañías petrolíferas de EE.UU. En ese año, el gobierno saudí había basado su presupuesto en unos ingresos petrolíferos de unos 16$ el barril. Sin embargo, los precios del crudo oscilaron entre los 10$ y los 13$ durante la mayor parte del año. Esto supuso una gran consternación para el gobierno de Riad, que empezó a estudiar la posibilidad de recurrir a la inversión extranjera para compensar las pérdidas ocasionadas por la bajada de los precios.

Sin embargo, estos precios volvieron a subir en febrero de 1.999, y durante una visita llevada a cabo al país por el Secretario de Energía de EE.UU., Bill Richardson, Arabia Saudí descartó el recurrir a la inversión extranjera en los sectores de la exploración y producción, aceptando tan sólo las inversiones en los sectores del refinado y la distribución. No obstante, desde entonces hay señales de que la posición saudí ha ido cambiando lentamente. El Ministro saudí del Petróleo Ali al-Naimi declaró en el Foro del Petróleo celebrado en Houston (Texas) el pasado 21 de Octubre que Arabia Saudí no estaba "por principio" contra la inversión extranjera en los sectores de la exploración y producción de gas y petróleo, pero añadió que tales inversiones habrían de ser mutuamente beneficiosas para todas las partes. Naimi dio que: "Lo que necesitamos no es a alguien que venga y produzca petróleo o gas y lo venda a otros. Necesitamos proyectos integrados".

La apertura saudí hacia las inversiones en esos sectores es una consecuencia directa de su situación económica. Arabia Saudí es un país cuya economía depende de la producción y exportación del crudo, así que su mayor preocupación es la de estabilizar los precios. Sin embargo, a pesar de su gigantesco peso en el mercado mundial del crudo, Riad posee un control muy limitado sobre los precios. Arabia Saudí fue uno de los tres arquitectos de un reciente acuerdo entre países exportadores para recortar la producción hasta Marzo del año 2.000 en un esfuerzo para estabilizar los precios. No obstante, los países más pobres no están respetando las estipulaciones del plan. Naciones como Nigeria, Venezuela e Indonesia están seriamente preocupadas por sus situaciones económicas internas y es probable que mantengan altas sus cuotas de producción, lo cual a buen seguro producirá un exceso de oferta y hará declinar de nuevo los precios. De hecho, algunos de estos países ya han superado las cuotas asignadas por la OPEP. Otros países no miembros de la organización como Chad o México no están siquiera limitados por cuota alguna y contribuyen también a la existencia de una sobreproducción.

Arabia Saudí está intentando en la actualidad atraer la inversión extranjera hacia los sectores del refinado y la distribución y está buscando hacer estos sectores atractivos para ella. Sin embargo, algunas compañías extranjeras tales como las firmas norteamericanas Arco, Chevron, Conoco, Exxon, Mobil, Phillips Petroleum y Texaco han sometido propuestas a la consideración del Gobierno saudí para realizar inversiones en los sectores de la exploración y producción también. Otras compañías extranjeras interesadas son Elf Aquitaine y Total, de Francia, Royal Dutch-Shell, de Holanda y el grupo ENI de Italia.

El 16 de Octubre pasado el Secretario de Comercio de EE.UU. William Daley declaró, tras reunirse con responsables saudíes, que EE.UU. y Arabia Saudí debían "dejar simplemente de ser compradores y vendedores para convertirse en auténticos socios comerciales". El Ministro saudí de Comercio afirmó por su parte, tras las conversaciones con Daley, que "Podremos concluir nuestras negociaciones en los próximos meses", cuando la nueva ley de inversiones extranjeras esté preparada. Arabia Saudí está reformando también su sistema fiscal para eliminar obstáculos a la inversión extranjera.

A pesar de todo parece difícil que los saudíes permitan la inversión en sus sectores de la exploración y la producción a menos que se produzca un nuevo declive de los precios del crudo. Si esto ocurriera los saudíes necesitarían sólo abrir la puerta. Las compañías extranjeras están ya esperando al otro lado.

La industria petrolífera no es, sin embargo, el único sector en el que los saudíes esperan inversiones. También el mercado de valores del país, el mayor en el Mundo Árabe, podría abrirse pronto a la inversión extranjera. El pasado 8 de Noviembre el Ministro saudí de Finanzas Ibrahim al-Assaf anunció que el capital extranjero podría entrar en el mercado saudí "de una forma organizada". Aparentemente, el Gobierno saudí desea permitir la inversión solamente en 12 fondos de compensación preexistentes, todos ellos gestionados por bancos saudíes.

La necesidad que tiene el país de atraerse inversiones extranjeras se explica por sus dificultades económicas internas. La caída de los precios del petróleo y la mala administración han colocado a la economía del país en una situación crítica, lo cual ha perjudicado a muchas de sus empresas. Así por ejemplo, la Compañía Saudí de Fertilizantes (SAFCO) ha sufrido unas pérdidas de 6 millones de dólares desde Enero hasta Septiembre y la Compañía de Desarrollo Al-Ahsa ha visto caer sus beneficios un 32% en un año. Las empresas productoras de cemento han sufrido pérdidas de hasta un 20% desde principios de año. La Compañía del Hierro y el Acero Saudí, por su parte, se ha sido obligada a renegociar su deuda de 1.260 millones de dólares con seis bancos distintos.

Mucha de la culpa de esta situación es del Gobierno saudí, que está profundamente endeudado. Tras 18 años de déficits presupuestarios, las deudas del Gobierno equivalen en la actualidad al 104% del Producto Interior Bruto del país. Una gran parte de este dinero es debido a las propias empresas saudíes. Muchas de éstas últimas han quebrado e incluso el propio gigante de la construcción Bin Laden ha despedido a la mitad de sus 20.000 empleados al no recibir los 5.000 millones de dólares que el Gobierno le adeuda. Gran parte de esta deuda está financiada por los bancos locales, que se están ya resintiendo y ven como sus beneficios disminuyen.

De este modo, la inversión extranjera podría suponer un alivio para el Gobierno saudí, que teme por otro lado un incremento de la inestabilidad social. No cabe duda de que un empeoramiento de la situación económica y social produciría un aumento de la disidencia política y del descontento en contra de la familia gobernante. Tradicionalmente la monarquía procedió a apagar las voces críticas mediante la oferta de puestos de trabajo en el sector público, pero eso ya parece hoy muy difícil. El paro está creciendo y no se ven soluciones a la vista.

Muchos analistas sugieren que la economía saudí necesita reformas tanto estructurales como en lo referente al gasto público. Sin embargo, aparentemente el Gobierno saudí no está dispuesto a llevarlas a cabo. Esto podría colocar a la economía del reino en una situación precaria y alimentar un creciente descontento en el país.
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