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Chechenia y la hipocresía de occidente

24/10/1999 - Autor: Yusuf Fernández
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Chechenia fue durante los años 1.994 a 1.996 escenario de una cruel guerra donde murieron 100.000 personas, en su mayoría civiles, a manos del Ejército de Yeltsin. La crueldad de las tropas rusas fue sólo comparable a su ineptitud. Los chechenos ganaron la guerra y humillaron al que una vez fue un orgulloso Ejército de una gran superpotencia.

Conforme se aproximaba la fecha de expiración del acuerdo que puso fin a la guerra, se multiplicaron las hipótesis acerca de cual sería la actitud de Yeltsin. Cabe señalar que el inicio de la guerra ha sido precedido por una serie de escándalos financieros que han salpicado a la casi totalidad del aparato de poder en Rusia. El escándalo de la compañía suiza Mabetex ha destapado la imagen de un Yeltsin corrupto aceptando sobornos para él y su familia a cambio de substanciosos contratos en Rusia. Los escándalos acerca del robo y desvío de miles de millones de dólares a bancos norteamericanos, procedentes de fondos públicos rusos o de préstamos internacionales, han acabado por influir en la esfera doméstica norteamericana donde ya se están pidiendo responsabilidades por la negligencia mostrada en los préstamos a Rusia. Yeltsin promovió a Putin para sucederle en la esperanza de que éste tapará sus escándalos tras su marcha de la Presidencia. La imagen de Putin era, sin embargo, desconocida así que el éxito de la apuesta de Yeltsin no estaba asegurado. Es sabido, sin embargo, que una aventura militar es el recurso más fácil para un dirigente débil que se ve acorralado. Sólo faltaba la excusa idónea para comenzar una guerra que ya estaba preparada con bastante antelación.

Esta excusa fue encontrada en los múltiples atentados que sacudieron Moscú en Septiembre. Moscú culpó de ellos a los chechenos aun cuando éstos rechazaron categóricamente cualquier implicación en tales hechos. Estas acusaciones no engañaron, sin embargo, a todos. El periódico Moskovski Komsomolets no estuvo solo al señalar a las fuerzas de seguridad como probables autoras de los atentados. El pasado 28 de Septiembre el periódico británico The Spectator afirmó que "muchos inteligentes moscovitas parecían inclinados a creer que sus gobernantes estaban perpetrando el mayor acto de cinismo político desde el incendio del Reichstag".

El ataque ruso contra Chechenia ha producido hasta el momento más de 2.000 muertos y 160.000 refugiados. Los bombardeos se cuentan ya por miles. Esto hace a Yeltsin, Putin y sus secuaces culpables de un genocidio varias veces mayor que el cometido por los serbios en Kosovo. Y además este genocidio ha sido cometido dos veces: una durante los años 1.994-96 y otra en el momento actual.

Cabe recordar, por otro lado, que hasta hace pocas fechas los medios de comunicación occidentales se movilizaron apasionadamente en defensa de la independencia de Timor Oriental. Esto era sorprendente por cuanto esos mismos gobiernos y medios de comunicación se mostraron de acuerdo en negársela al pueblo de Kosovo donde más del 90% de la población, de etnia albanokosovar, apuesta firmemente por ella. Ese interés parecía cuando menos exagerado ya que Timor Oriental era un país prácticamente desconocido para la mayoría de ellos hasta fecha reciente. Además, con ser condenables, los excesos cometidos allí por las milicias proindonesias no pueden ni de lejos ser comparados con la guerra de Chechenia.

Otro tanto cabría decir de Cachemira. El conflicto de proporciones bastante grandes que estalló allí a principios de año mostró al mundo la realidad de una situación de opresión de medio siglo contra todo un pueblo, al que el gobierno de Nueva Delhi no ha dejado hasta ahora la oportunidad de decidir acerca de su futuro, tal y como establecen las resoluciones de la ONU. Lejos de presionar a la India para que buscara una solución justa y negociada al conflicto y permitiera al pueblo de Cachemira manifestarse a través de un referéndum, la práctica totalidad de los gobiernos y los medios de comunicación occidentales comenzaron a culpar a Pakistán de haber permitido o alentado la infiltración de los combatientes de Cachemira en una región, la de Kargil, que había sido además dominada por Pakistán hasta hace pocos años. La única respuesta de EE.UU. fue la de presionar al entonces Primer Ministro pakistaní Nawaz Sharif para que procediera a ordenar la retirada de los combatientes de Cachemira, a los que Pakistán ha venido sosteniendo y dando refugio. El asunto pasó poco después al olvido.

¿Y qué decir cabe de la lucha por la autodeterminación de los musulmanes de Mindanao?. Filipinas es un país vecino de Indonesia y no es tampoco ninguna potencia a la que sería difícil de presionar para obtener una solución al conflicto que debería pasar, si acudimos al precedente de Timor, por un referéndum.

La propia actitud de los gobiernos occidentales hasta ahora ha sido de indiferencia, cuando no de complacencia con la agresión rusa contra Chechenia. La propia Unión Europea ha expresado su "preocupación", pero no parece que ni ella ni EE.UU. vayan a presionar a Yeltsin para cesar la ofensiva en Chechenia aun cuando hacerlo sería relativamente fácil dada la catastrófica situación de las finanzas rusas, cuya supervivencia depende en gran medida de los créditos occidentales.

Esta insólita doble moral y vara de medir occidentales sólo se explican por un factor: el mismo que hizo que estos gobiernos, que se autotitulan "paladines de la libertad y la democracia" guardasen un silencio total cuando los generales argelinos dieron el golpe de estado que acabó con el experimento democrático argelino, tras la victoria del FIS, en 1.992, y que cerraran los ojos ante las presiones militares que acabaron con el gobierno democráticamente elegido de Erbakan en Turquía. Este factor no es otro que la islamofobia, que aun preside buena parte de las estrategias políticas e informativas de los gobiernos y medios de comunicación occidentales. Los pueblos de Chechenia, Cachemira, Mindanao e incluso Kosovo son musulmanes. Ellos no tienen, pues, derecho a ser independientes. Ni siquiera a ser salvaguardados de una agresión. Si luchan contra ella serán ciertamente calificados de "fundamentalistas islámicos", un término que ha venido a sustituir al de "hereje" o "infiel" que era el que anteriormente se utilizaba para justificar la guerra contra el Islam. Otra cosa es el pueblo de Timor Oriental. Timor era una pequeña isla católica dentro de un gran país de mayoría musulmana, Indonesia. Eso hacía que cualquier supuesta o real violación de los derechos de ese pueblo resultara intolerable.

Hay en el mundo islámico quienes empiezan a considerar si toda la estructura ideológica occidental que afirma pretender la "defensa de los derechos humanos y la democracia" no será en realidad un montaje para justificar las intervenciones y el hegemonismo de los países occidentales en todos aquellos lugares del planeta donde a sus gobernantes les plazca hacerlo. Cualquiera que vea los acontecimientos que han venido teniendo lugar en el mundo en los últimos años no podrá sino darles la razón.
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