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Los adolescentes, un grupo social que inquieta a la OMS

03/06/1998 - Autor: Agencia Islámica de Noticias
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Vemos pasar por la calle, ruidosamente, a nuestro lado, una cuadrilla de adolescentes: vaqueros, camiseta de algodón, zapatos de deporte o botas de suela gorda, todos llevan el uniforme del joven urbano de nuestros días. Y no es fácil distinguir entre ellos a las chicas de los chicos. Hay cierta homogeneidad en los modos, no obstante, en la mayoría de los casos hay una aguda conciencia de ser chico o chica. En la primera fase adolescente (12-16 años) esta identidad básica suele parecer resuelta, pero en sus implicaciones y en los demás aspectos reina la indefinición, la confusión: ¿quién soy yo? Es la gran pregunta.

La adolescencia es bien conocida por ser una etapa de la vida en la que se experimentan grandes cambios físicos y psíquicos cuyas consecuencias causan desconcierto y profundo temor en un proceso a través del cual el adolescente, chico o chica, logra elaborar una imagen de sí mismo e instalarse en el mundo de los adultos con cierto grado de autonomía. Todo este proceso dura varios años y se acompaña de un cortejo de contradicciones que se expresan a menudo con agresividad, con violencia y a golpe de impulso.

El propio cuerpo sorprende al adolescente con sus transformaciones que, a veces, se viven como deformaciones. Y sobre todo sorprenden las emociones imprevisibles y contradictorias, la necesidad imperiosa de rechazar el ambiente familiar -aunque sea protector o tal vez por ello- y de alejarse de él, las ambivalencias frente a los padres y frente a los amigos, etc. El joven adolescente vive unas tensiones agudizadas hasta tal punto que generan gran ansiedad sin que sepa comprender porqué ni siquiera lo identifique como problema ni alcance a expresarlo verbalmente en cierta medida.

¿Quién soy yo? cuestiona, mientras se columpia entre el extremo de subrayar su individualidad, exagerando rasgos propios y el extremo de mezclarse e integrarse en el grupo, aniquilándose momentáneamente. Estas agitaciones e incongruencias han agitado el corazón y las mentes de los adolescentes en todo tiempo y lugar, estos seres hiperconscientes de que ocupan un espacio y cumplen una función correspondiente en un todo natural y social del que forman parte y saben que de algún modo pueden intercambiarse y pueden situarse aquí y allá y prueban y cambian de actitud sin venir a cuento manifestando comportamientos asociales o, antes al contrario, inseparables los amigos entre sí como si la existencia de cada uno dependiera de la de los otros.

Todas las culturas tienen sus ritos de iniciación, sus ceremonias de ingreso en la sociedad de los adultos, aunque unas resuelven pronto esta incorporación de los nuevos miembros, sin embargo, la nuestra tiende a alargar desmesuradamente estos periodos intermedios de la vida - la adolescencia y la juventud - y así tiene en su seno una extensa tropa de muchachos desconcertados que no atinan a saber lo que quieren, lo que esperan de sí mismos, lo que la sociedad espera de ellos y tardan años en superar esta crisis que, sin duda, el paso del tiempo alivia por sí mismo. Pero, algunos se quedan en el camino, otros se parapetan en desajustes emocionales, fracaso escolar, drogadicción, comportamientos hostiles e incluso violencia callejera.

Se interrogan los expertos acerca de los métodos para ayudar a este sector de la población de características tan específicas a asumir su dosis de responsabilidad en la trayectoria de su propia vida y en la marcha de la sociedad y evitar de ese modo que canalicen la tensión en la que se debaten en comportamientos autodestructivos. Todos coinciden en que el reconocimiento de los impulsos sexuales y agresivos, su identificación y la capacidad para comunicarlos verbalmente es el mecanismo de ayuda por excelencia. Eros y Tánatos. Amor y muerte: los dos polos entre los que discurre la vida.

Aunque el trabajo individual es aquí, como en otros aspectos, el factor decisivo a la hora de determinar el desarrollo personal, la integración en un grupo es fundamental, los otros son espejos y dan la medida de los propios progresos. Las relaciones sociales siempre implican el sometimiento a una norma y la consideración de los demás y esto es siempre mejor que permanecer aislado.

Las instituciones públicas competentes están realizando una intensa campaña para fomentar los compromisos de los adolescentes en tareas de recuperación de la naturaleza, haciendo coincidir un requerimiento medioambiental con la necesidad personal de desempeñar una actividad y cumplir con tareas que tengan sentido.

Aficiones, amigos, autoestima, una genuina confianza por parte de los padres, que han de fiarles largo en sus alternancias entre la exigencia de autonomía y la necesidad de dependencia, y la posibilidad de explayarse y contar sus temores, recelos, anhelos y sueños son los elementos cuya combinación permitirá una exitosa zambullida en el río de la vida
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