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La luz se cuela por la brecha que abre la paradoja

Entrevista a Marta Herrero, autora de 39 semanas y media. Un embarazo sufi

21/07/2016 - Autor: Webislam - Fuente: Webislam
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Portada del libro. Fuente: http://oceanoceleste.com/

Marta Herrero Gil, Mardía (Madrid, 1981), acaba de publicar, en Ediciones Mandala, 39 semanas y media. Un embarazo sufí.

P: ¿Qué es 39 semanas y media. Un embarazo sufí?
R: Formalmente, el libro es un diario de embarazo. Necesitaba una estructura clara y sencilla desde la que partir. Pero ese esqueleto permite la realización de diversas dimensiones literarias. El libro es también un compromiso con la sinceridad, una reflexión sobre el significado espiritual de la maternidad, una carta de amor al hijo o hija que vendrá, un ensayo sobre filosofía, literatura, sufismo e Islam, y sobre todo una autobiografía espiritual, el relato de una conversión hacia Dios, lo Real o la búsqueda de mí misma, en el intento de expresar auténticamente lo concreto para volverlo universal, o remontar las aguas del río (que son los hechos) hasta la fuente de la que proceden (la Unidad); poniendo en palabras el silencio.

P: ¿Cómo surgió la idea de escribir el libro?
R: Desde pequeña, siempre quise ser escritora. Durante los años en la universidad la vocación literaria se apagó, como frenada por un censor interno. Era como si ya no tuviera fuerzas para sostener una trama inventada; como si la ficción no fuera suficiente. Al acabar mi primer Camino de Santiago, en septiembre de 2004, después de una experiencia bellísima, tuve la intuición de que debía dedicarme a contar lo que había vivido, a ser testigo de la maravilla, con realismo radical porque es en la realidad y no en la ficción donde se abría el milagro, y porque solo merecía ser contado aquello que merecía ser vivido. Me demoré 10 años. Una mañana de principios de 2014, ya convertida al Islam, ya casada y con dos pequeños, mientras iba de camino al instituto en el que trabajaba, me vinieron a la vez un deseo (el de volver a ser madre), una estructura (un diario de embarazo), y un título (39 semanas y media). No estaba embarazada, pero me puse a escribir y concebí un hijo al mes siguiente. No sabía cuánto duraría el embarazo, pero duró exactamente 39 semanas y media. Me comprometí a escribir cada día, aunque fueran solo unas líneas. Y a intentar hacerlo desde el corazón. De algún modo se realizó la intuición que tuve diez años atrás. En realidad es como si toda mi vida me hubiera llevado a escribir esta obra.

P: ¿Qué es escribir con el corazón?
R: Para los teóricos del imaginario (Henry Corbin, James Hillman, Joël Thomas, Andrés Ortíz-Osés, etc.) el corazón no es la morada de los sentimientos (como se suele emplear ahora el término en Occidente), sino un sol microcósmico, brújula a lo absoluto, razón que sabe de la Unidad. Escribir con el corazón implica sinceridad (hacernos Uno con nosotros mismos y con lo Real), y asomar el tiempo a la eternidad, la palabra al silencio, y lo vivido al amor del que todo procede.

P: ¿Cómo una mujer o occidental, de padres occidentales, intelectual, independiente, pudo convertirse al Islam?
R: Por amor. No podría ser de otro modo. El amor de mis padres me enseñó que tenía que escribir con el corazón; el amor hacia el conocimiento derivó, cuando experimenté en la universidad las estrecheces del materialismo, en amor a la sabiduría, que es saborear la vida hasta el fondo, que es preguntarse por la verdad, el sentido, lo que hay antes de nacer y vendrá después de la muerte. Y por amor al amor: la búsqueda insaciable me llevó al Camino de Santiago y luego a Chipre donde encontré un maestro sufí (un santo o amigo de Dios) que me miró como nadie me había mirado jamás y que vivía con autenticidad radical. Entregado, con 90 años, la mayor parte del día a recibir a todo aquel que llegara a las puertas de su casa.

Tras conocer a alguien de verdad tuve que hacer un trabajo intensísimo para eliminar mis prejuicios contra el Islam, que eran los de cualquier ciudadano occidental medio y que se fueron disolviendo al experimentarlo. El Islam que yo viví en Chipre era amor, paz, sencillez, bondad y belleza. Vida que se desborda a través de cualquier acto cotidiano. Realización bendita de cada una de las dimensiones humanas.

P: Pasaste, como cuentas en el libro, de llevar una vida dedicada a lo intelectual a casarte, tener hijos y entregarte por entero a su cuidado. ¿No lo viviste como una renuncia?
R: Cuando Mawlana Sheij Nazim me habló por primera vez, me dijo: cásate. Yo tenía 26 años y una beca en la universidad y pasaba meses viviendo en el extranjero y disponía de todo mi tiempo para escribir y para estudiar; era, según el lenguaje moderno, libre. Sin embargo, no conseguía acabar casi nada. Y, desde luego, no era feliz. Me pasaba los días fantaseando; vivía en las nubes. Mi maestro me recetó el matrimonio. No me dijo que ingresara en una escuela coránica ni me dio tratados de metafísica o un manual para aprender árabe. Solo me dijo: cásate, y me dio un nuevo nombre, Mardía, que habla del alma satisfecha de lo divino y que provoca la satisfacción de Dios. Pasé unos años llenos de luces y de sombras, relatados en el libro, y luego, un 5 de enero, Rafa y yo nos casamos. Me quedé embarazada inmediatamente. Y mi vida completa cambió. El matrimonio es reverberación de la Unidad. Todas mis energías encontraron su cauce de realización. Planté mis raíces en el suelo y así empezaron a brotar ramas y flores. Empecé a dedicar mi tiempo a lo necesario y dejé de tener tiempo y entonces acabé la tesis; renuncié al ensueño y abrí las puertas al milagro. Me volví realista y empecé a realizarme. Juntos, la vida era mucho más grande. Me alejé del trabajo intelectual y escribí este libro. Las vocaciones personales se realizan cuando estamos dispuestos a renunciar a todo lo que nos aleja de Dios.

P: ¿En qué lector pensabas al escribir? ¿A quién crees que puede interesarle el libro?
R: Cuando me lancé a escribir este diario con voluntad de publicarlo (llegar, por tanto, a un lector) lo que me guió fue la certeza de que la experiencia particular, si es auténtica, puede volverse universal. El primer lector soy yo misma, que estoy clarificando mi vida para clarificarme; el diario es además una carta de amor al hijo que llevo dentro y una carta de amor a Dios, un intento de comunicarme con él. Creo que interesará especialmente a mujeres embarazadas, madres o personas interesadas en descubrir el sentido trascendente de la experiencia materna y a aquellos lectores con anhelo o inquietud espiritual, porque las biografías de los buscadores siempre sirven de brújula o espejo en el que mirarse. En definitiva, a todo aquel que quiera comunicarse de corazón con una persona que ha intentado escribir de corazón.

P: ¿Cuáles son los autores que más te han influido?
R: En el libro hablo de ellos. Mi padre estudió en Soria, en el aula de instituto donde daba Francés Antonio Machado. Hice la tesina sobre la conversión de San Agustín, y sus Confesiones son la base de toda autobiografía espiritual. Santa Teresa me acompañó desde pequeña y me guía tanto en lo literario como en lo que lo trasciende. En la adolescencia me interesó especialmente Henry David Thoreau, un escritor estadounidense del siglo XIX que puso toda su vida al servicio de la autenticidad y dijo aquello que sale en El club de los poetas muertos de “fui a los bosques porque quería vivir a conciencia (…) y extraerle todo el meollo a la vida (…) para no descubrir, en el momento de la muerte, que no había vivido”. Rumi e Ibn Arabî son dos autores sufíes imprescindibles para cualquier buscador. Y, entre los autores actuales, mis dos preferidos son el Alejandro Jodorowsky de La danza de la realidad, y el Pablo D'Ors de El olvido de sí o Biografía del silencio.

P: ¿Cómo cifras la influencia de Santa Teresa en tu vida y tu obra siendo ella cristiana?
R: Esto suena paradójico, pero la realidad mundana siempre lo es: Teresa me llevó de la mano hasta la mano de mi maestro sufí. Cuando era pequeña mis abuelos se fueron a vivir a Ávila y he pasado allí todas las Navidades de mi vida. La ciudad castellana está impregnada de Teresa. A la vez la santa aparece velada y para llegar a ella hay que humanizarla y bajarla del pedestal o del prejuicio. La lectura de las obras de Teresa me alimenta constantemente. Para mí está viva, y la siento muy cerca. Me han pasado tantas cosas relacionadas con ella que no podría ni empezar a responder. En breve, si  Dios quiere, publicaré un ensayo sobre esto.

Durante mucho tiempo busqué una concreción de mi vocación en el Cristianismo. Hice el camino de Santiago seis veces, visité el monasterio de Taizé en Francia, pedí una llamada concreta. Y  entonces apareció ante mí el maestro chipriota Mawlana Sheij Nazim y el sufismo y el Islam. Luché contra esa realidad durante años, quería cualquier cosa menos ser musulmana, pero a la vez el Islam se fue colando en mi corazón y revelándose igual a él.

P: En el libro dices que parte de tu vocación es fomentar encuentros interreligiosos. ¿Por qué?
R: Yo salté del Cristianismo al Islam sin querer. Al menos mi ego no quería. El camino ha sido muy lento. Y en él he aprendido que si abandonamos los literalismos y los formalismos, la distancia entre Cristianismo e Islam prácticamente no existe, y ser musulmán se reduce a entregarse a lo Divino o a la Unidad, exactamente lo mismo que hizo Jesús. También he aprendido que hay dos maneras de vivir la religión: como identidad exclusivista y como puente integrador, y que solo esta segunda forma tiene sentido para mí. Atrincherarse es señal de no vivir de verdad, porque la experiencia espiritual verdadera es la pura apertura a lo real, y porque lo real será siempre más grande que nuestra creencia. Además de todo esto, en la Tariqa Naqshbandi, a la que pertenece mi maestro, se dice que la bendición está en el encuentro. Y el encuentro con personas diversas, sin pretensiones, abre siempre una puerta a la desidentificación y al amor. La luz se cuela por la brecha que abre la paradoja.

P: ¿Qué es la “mística del pañal”? ¿Qué ha significado la maternidad para ti?
R: Mi marido, Rafa Millán, me sugirió el concepto cuando estaba leyendo el borrador de 39 semanas y media. Teresa reivindicaba el papel de Marta (la hermana de María y de Lázaro) y señalaba que si a una persona le tocaba cocinar, tenía que entregarse a la labor porque Dios estaba también entre los pucheros. La mayor parte de mi día a día está entregado al cuidado de mis tres hijos, que tienen cinco, tres y un año: cambio pañales, preparo comidas, lavo ropas, doy el pecho a mi hija pequeña, juego con ellos, etc. A mucha gente esto le parecerá muy poco místico. Y a mí, sin embargo, pocas cosas como la maternidad me han conectado tanto con lo divino. No solo me ha enseñado el amor (que conecta con Dios), sino que me ha dado raíces para crear ramas sólidas, ha colocado en su sitio todas mis energías para liberarme de mí y así ser libre, ha llenado de actividades necesarias todo mi día para dejar de neurotizarme y empezar a ser; incluso me ha dejado sin tiempo libre y así permitido escribir este libro. La maternidad me ha puesto, por así decirlo, a hacer una sola cosa: estar a lo que tengo que estar. Quizá por eso el profeta Muhammad (la paz sea con él) dijo aquello de que “El paraíso está a los pies de las madres”.

P: En el libro haces una crítica a Cervantes. ¿En qué sentido?
R: No se puede criticar a Cervantes. Su obra fue tan grande y a la vez tan a su pesar que solo puede maravillar. Él quería ser autor teatral como Lope o poeta como Góngora o Quevedo, y de todos sus fracasos (que no solo fueron literarios) nació el Quijote. No es a Cervantes a quien critico en el libro, sino la Modernidad que él vio nacer. El modelo heroico, plasmado en los libros de caballerías, no podía ya medirse con la vida. Es decir: el mundo concreto se había llenado de molinos y de Sancho Panzas. ¿Dónde podía entonces materializarse el anhelo sublime del alma humana?
Cervantes necesitó que su personaje se volviera loco. No había otra salida. Y la locura de Don Quijote fundó en realidad todo el mundo moderno. 50 años antes, sin embargo, Teresa, que amaba de pequeña los libros de caballerías, propuso una salida distinta al sueño heroico del alma humana: el viaje, la aventura, la caballería interior.
La literatura moderna se ha encargado de distinguir entre ficción y realidad, identificando la realidad con algo estrecho, materialista, sin sentido, y la ficción con el lugar al que escapar cuando no soportamos ser tan poca cosa. Para mí, encontrarme con el sufismo fue toparme con un horizonte totalmente diferente: a través de su mirada mi maestro me dijo que lo real no tenía techo y que la aventura interior era la verdadera y que si estábamos dispuestos a subirnos al caballo y dejar todo lo demás a un lado empezaríamos a vivir una aventura más grande aún que nuestros anhelos más hondos. San Jorge (nuestro corazón) está en lucha constante contra el dragón (nuestro ego).

P: Actualmente trabajas como profesora. ¿Qué has aprendido sobre la educación en tu  experiencia docente?
R: Muchas cosas. La más importante es, quizá, que el ser humano necesita de una tradición y de un principio de autoridad que emane del amor, para asomarse a algo que trascienda su ego y lo libere de sus impulsos narcisistas. Sin tradición ni principio de autoridad, una sociedad no puede sostenerse mucho tiempo. La Modernidad, como decía Octavio Paz, es la tradición de la destrucción, tiene como principio la crítica a lo establecido. Antes o después esa manera de plantear la vida nos asoma a la nada: el caos y la confusión lo ocupan todo. Y les enseñamos inconscientemente a nuestros hijos a no respetar a sus padres y a nuestros alumnos a no respetar a sus profesores.

P: ¿En qué se parecen escribir un libro y tener un hijo?
R: 39 semanas y media supuso un embarazo y un parto dobles. Para mí la literatura es una metáfora de la maternidad y la maternidad la mejor metáfora de nuestra relación con lo divino. Me explico. Para escribir un libro (para crear) hemos de aprender a recibir, quedarnos vacíos, quitarnos de en medio. Nuestro corazón es copa o útero lleno de distintos líquidos, no todos aptos para la vida. El camino espiritual (el sufismo insiste en estas imágenes) consiste en vaciarnos de esas aguas turbias para llenarnos solo de agua pura que procede del Gran Manantial y que rebosará y que nos permitirá ser precisamente por dejar de ser y reflejar con nitidez la grandeza de lo Real. Si nos internamos en esa aventura, la literatura y la maternidad (a la vez pasivas y activas) se vuelven Una.

P: ¿Qué te gustaría provocar en el lector que se asome a las páginas de 39 semanas y media?
R: Me gustaría que transmitiera vida; lo escribí con entusiasmo y con amor. Me gustaría que acompañara con calidez al lector, que hiciera espejo con sus intenciones nobles, que provocara una apertura.

P: ¿Estás trabajando ahora en alguna obra?
R: Estoy acabando de corregir un libro sobre la influencia de Santa Teresa en mi camino sufí y tengo un ensayo, Cárceles de amor, pendiente de un último esfuerzo desde hace años. Pero ahora mismo no estoy escribiendo nada nuevo. La vida siempre tiene que llevar la iniciativa. Intento vivir, eso sí, atenta y a fondo. La inspiración surge de donde menos se la espera. Dios dirá.

 

39 semanas y media. Un embarazo sufi.
ISBN: 9788416316977
Materia: Sufismo y Embarazo y parto
Editorial: Mandala Ediciones
Autor: Herrero Gil, Marta ( Mardía )

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