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Hamid y su tierra.

Por una Palestina libre y en paz.

09/01/2014 - Autor: Cristina L. Fombuena
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Palestina en paz.

Son las siete de la mañana, Ahmed se levanta como cada día para ir a trabajar al campo. Su hijo Hamid se despierta con el ruido de su padre aseándose y de un salto sale de la cama para darle un beso a su padre.

-Hamid, hijo mío, vuelve a la cama que hace frío- dijo su padre.
-Ya voy papi, solo quería desearte un buen día- respondió Hamid. Ahmed sonrió y devolvió el beso a su hijo que rápidamente volvió a la cama.

Ahmed era viudo, su esposa murió tras dar a luz a Hamid. Los dos estaban fuertemente unidos desde ese mismo día.
Hamid tenía siete años y era un niño muy responsable. Cada mañana se preparaba e iba solo al colegio. Tenía el sueño de ser un gran médico cuando fuese mayor para salvar muchas vidas y que ningún niño creciera sin su madre.
De camino al colegio iba encontrándose con algunos compañeros de clase y llegaban jugando hasta el colegio. Una mañana, mientras se dirigía al colegio oyó unos gritos que venían de una calle cercana. Hamid se acercó para ver que eran esos gritos, cuando llegó vio un grupo de soldados con sus metralletas apuntando a unos niños. Hamid no entendía nada de lo que allí ocurría. Se quedó mirando para intentar entender algo pero con su estatura y tanta gente allí no podía ver mucho así que decidió seguir su camino.
Cuando volvió a casa preparó la comida y esperó a que llegase su padre. Mientras comían, Hamid contó a su padre lo que había visto. Le dijo que unos soldados estaban apuntando a unos niños y le preguntó a su padre si sabía qué mal habían hecho. Ahmed no contestó, solo se limitó a bajar la cabeza y seguir con la sopa que tenía en su plato.
Ahmed, que sabía que tarde o temprano debía tener una conversación con su hijo supo que ese día había llegado. Así que esperó a terminar la comida para hablar con Hamid.
Cuando acabaron de comer cogió de la mano a Hamid y lo llevó al campo. Se sentaron en un prado que había no muy lejos de la casa.

- Hamid, tengo que contarte algo- dijo Ahmed.
- ¿Sí, papi?- preguntó el niño.
- Verás- dijo Ahmed, - Hace muchos años, esta tierra era una tierra tranquila donde todos vivíamos felices. Un día unos extraños empezaron a llegar y empezaron a decir que ésta era su tierra. Poco a poco nos fueron arrinconando, nos quitaron nuestros huertos, nuestros ganados y hasta nuestras casas. Cada vez nos fueron empujando más y más hasta tenernos casi acorralados-.
Hamid interrumpió a su padre, -¿acorralados como las gallinas en el gallinero?- preguntó inocentemente.
Ahmed sonrió, -sí, hijo mío, como las gallinas- respondió. –Así estamos, en un gallinero. Pero tienes que saber que esta tierra es tuya, de tu madre, de tus abuelos y que debes luchar por ella. Debes cuidarla y protegerla igual que haces con tu pajarito- continuó Ahmed.
-Hay algo más que debes saber, tú eres todo lo que tengo, mi único motivo de vida-, Hamid miró a su padre con los ojos bajos y lacrimosos.
- Verás- explicó Ahmed.
- Cuando tu madre estaba embarazada de ti, esa gente extraña nos robaron los hospitales y no nos dejaban entrar a ellos sin antes tener que pasar una serie de controles. Mientras estábamos pasando esos controles viniste tú. No tuvimos ninguna ayuda, nos apartaron para que no molestásemos mientras controlaban a otras personas. Cuando tú viniste tu madre perdió mucha sangre y por eso murió-.
Hamid, en silencio, comenzó a derramar lágrimas. Se abrazó fuertemente a su padre y solo acertó a decir, -padre, lucharé por nuestra tierra-.
Cuando empezó a oscurecer volvieron a casa pero por el camino les sorprendió una lluvia de disparos. Uno de ellos alcanzó a Ahmed que cayó al suelo. Mirando a su hijo y sacando su último aliento le dijo –hijo, lucha por nuestra tierra-. En ese momento Ahmed murió.
Hamid, abrazado a su padre llorando dijo, -padre, lucharé por ella-.
En ese momento Hamid comprendió que estaba solo en la vida pues no tenía más familia.
Siguió yendo cada mañana al colegio y se hizo cargo del campo que trabajaba su padre. Con ello ganaba lo suficiente para pagar sus estudios y comer.

Los años fueron pasando y Hamid empezó la universidad. Sabía que la mejor manera para luchar por su tierra, como le había prometido a su padre, era formándose y estudiando. Cumplió así su sueño de ser médico y comenzó a trabajar en el hospital Al-Awda.

Una noche al volver a casa, Hamid, volvió a verse envuelto en un campo de tiros y piedras. Corrió a refugiarse en el primer lugar que encontró. Se metió detrás de un camión de basura.

Su sorpresa fue mayúscula cuando encontró tras él a un matrimonio de “extraños”, como le había explicado su padre de niño. Ella estaba dando a luz a su hijo y el marido miró a Hamid pidiendo auxilio con su mirada.

Hamid, en un segundo retrocedió hasta aquella tarde en la que su padre le contó cómo los extraños dejaron morir a su madre, aquella misma tarde en la que los extraños acabaron con la vida de su padre. Un extraño sentimiento recorrió todo su cuerpo y en su cabeza solo oía –lucha por tu tierra, hijo-.

Hamid miró al hombre, más tarde miró a la mujer mientras oía tiros, gritos y llantos. Se acercó a la mujer y le dijo, -no se preocupe, soy médico-. La mujer lo miró esbozando una leve sonrisa.

Con la ayuda de Hamid y escondidos tras el camión nació Dael, un niño sano y ajeno a todo lo que estaba pasando en ese momento. Hamid lo tomó entre sus brazos y le dijo, - mi forma de luchar por mi tierra es esto, no guardar rencor ni recurrir a la violencia. Mi lucha es una lucha de paz, de convivencia y de ayuda. Tus hermanos me quitaron a mis padres y yo, sin embargo, te entrego a los brazos de los tuyos-.

Hamid entregó a Dael su madre y, como ya no se oían disparos, decidió salir para seguir su camino hasta casa. No había andado ni cien metros cuando un sonido atronador acabó con su vida. Hamid estaba muerto pero había luchado por su tierra de la única forma que sabía, sin odio y sin rencor. En realidad Hamid siempre pensó que la tierra no es de nadie, sino que es de todos, por eso nunca quiso echar a los “extraños” sino enseñarles a vivir desde el respeto y todos juntos en paz.

 


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1 Comentarios

Daniel Eduardo Martinez dijo el 11/10/2014 a las 10:10h:

Ojalá pues así pensaran todos!!!


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