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Ocurrió de verdad

Mini-historias de Victoria Jorrat

27/11/2013 - Autor: Victoria Jorrat - Fuente: Webislam
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Ocurrió de verdad

Lin aquella mañana se sentía enérgica y optimista. Después de tantos años sufriendo presentía que algo bueno iba a ocurrir. Por fin había encontrado un trabajo relacionado con su carrera, ya no volvería a trabajar con sus padres en aquel aburrido bazar con olor a plástico. Ahora podría demostrar que los inmigrantes también tienen sueños, los persiguen y…. como en su caso, hasta tienen la esperanza de verlos cumplidos. Por fin había conseguido un trabajo como actriz. Le dijeron en la entrevista que no importaba que fuese china siempre y cuando hablara español.

En cambio aquella mañana no parecía tan prometedora para Jalil. Echaba de menos su vida de estudiante. Había sido el protagonista de muchos éxitos durante su carrera y su formación siempre había ido acompañada de buenos empleos como traductor. Ahora de nuevo en su país nada importaba que fuera doctor en lenguas modernas. En un país desolado por las guerras es muy complicado alcanzar los objetivos que uno se propone. Es muy difícil encontrar un trabajo como traductor en un país en el que la mayoría de sus habitantes ni siquiera posee pasaporte. No obstante, Jalil no se rendía fácilmente y seguía, tras dos años, levantándose cada mañana para buscar un puesto de trabajo: unas mañanas más animado que otras. Pero quizás aquella mañana, a pesar de que no le pareció en absoluto prometedora, iba a recibir alguna oferta interesante.

Hasan y su esposa habían pasado una mala noche. Desde hacía ya un par de semanas no descansaban tan plácidamente como de costumbre… demasiadas preocupaciones ocupaban sus ilusas almas. Hasan había trabajado durante más de treinta y cinco años en un taller de reparación de automóviles que había heredado de su padre. Había trabajado mucho pero viendo, siempre, la recompensa. Su mujer preparaba laban en casa y lo vendía en el barrio. Gracias a sus ahorros habían podido enviar a su único hijo a estudiar a Europa. Ver a su hijo volviendo como cirujano, pediatra, o neurólogo significaba para ellos ser recompensados por todos y cada uno de los esfuerzos realizados. Por ello confiaban en él ciegamente.

Hasan se tomó un descanso en el trabajo para desayunar y entonces su hijo lo llamó desde Europa. – Papá, me lo han confirmado, ¡ya es seguro! Ahora sólo hace falta que nosotros cumplamos nuestra parte.- le dijo con tono seguro. El hombre no se entretuvo y se dispuso a buscar un buen traductor en la zona.

Jalil estaba saliendo de la mezquita, acababa de rezar la oración del medio día cuando un hombre mayor y algo nervioso lo llamó a su móvil. – Necesito que vengas a mi oficina para tratar un tema muy delicado. Tengo que hacer unos negocios muy importantes en España y el tema me urge.- Él quiso indagar un poco en la cuestión, pero Hasan no podía dar más detalles por vía telefónica. – Te aseguro que una vez finalizados tus servicios y solucionado el asunto recibirás una gran cantidad de dinero.–

Dio la casualidad de que Jalil en aquél momento disponía de coche, así que se fue al pueblo del extraño “hombre de negocios”.

-Mi hijo ha participado en un sorteo por internet y ha ganado ochocientos mil euros. ¡Tuvo mucha suerte! Sólo tuvo que responder a unas preguntas y fue el afortunado. Después abonamos una señal y hoy mismo lo han avisado de que podemos llamar cuando queramos a las oficinas. Pero las oficinas están en España y no hablamos español. – Jalil supo en seguida que algo muy extraño estaba ocurriendo… ¿Un sorteo? ¿Ochocientos mil euros? Se dispuso a realizar la llamada a España no sin antes preguntar a Hasan lo que quiso decir exactamente con “una señal”. – Tuvimos que entregar una fianza de veinte mil euros para los trámites. ¡No importa, nos lo devolverán con el premio! ¿Sabes cuánto son ochocientos mil euros?- le respondió ilusionado. Jalil puso en aviso al señor, cuya esperanza se mantuvo viva hasta el último momento: - Mire, toda esta historia es muy extraña, quizás usted haya sido víctima de una estafa.- Pero Hasan mostraba prisas por hacer la llamada: - Joven, no te preocupes, me han enviado todos los documentos. Son de fiar, además yo ya he pagado una buena cantidad para facilitar el proceso. Tú también recibirás tu parte. Adelante, ¡llama! –

- ¿Dígame?- respondió una voz femenina con acento extranjero. - Buenas tardes, ¿podría hablar con la señorita Carmen? - Sí, soy yo. - ¿Podría decirme para qué empresa trabaja? ¿Dónde se ubican exactamente las oficinas?- Preguntó Jalil insistentemente. Pero la chica evitaba responder y repetía una y otra vez: “¡Enhorabuena, usted está de suerte! ¡Enhorabuena, usted está de suerte!”. Y tras unos incómodos minutos tratando de descubrir alguna información colgó avergonzado, como si lo hubiesen estafado a él.
                                                                  * * *
- ¿Cuánto te debo?- Le preguntó Hasan cabizbajo y humillado después de respirar profundamente un par de veces mientras pensaba en su torpe inocencia… y en sus veinte mil euros – No se preocupe, no me debe nada.- Jalil salió triste de aquella oficina, volvió a su casa pensativo… y decidió guardar el secreto eternamente. Para Lin ese fue su primer y último día de trabajo… atender extrañas llamadas de teléfono ante una cámara de seguridad no se parecía en absoluto al trabajo de una actriz.


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