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Cuando algo llega a ser

Una sensación de plenitud adelantada me hacía sentir que ya era licenciada. Había estudiado mucho, aunque mi mente y mi alma no habían estado en sus mejores condiciones.

14/05/2013 - Autor: Victoria Jorrat - Fuente: Webislam
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Margaritas

Por fin había llegado la fecha de mi último examen; el último examen de la carrera. Una sensación de plenitud adelantada me hacía sentir que ya era licenciada. Había estudiado mucho, aunque mi mente y mi alma no habían estado en sus mejores condiciones.

Era veinte de diciembre, y me puse el despertador a las cinco de la mañana, pero no llegué a conciliar el sueño y minutos antes de que sonara lo apagué para evitar que su molesto y familiar sonido llegara a mis oídos. Quería sentirme, a pesar de todo, enérgica y optimista.

Durante el último mes había intentado con todas mis fuerzas que mi pobre alma se sobrepusiera del más duro golpe hasta entonces sufrido, al mismo tiempo que mi cabeza estudiaba sin descanso para dejar a mis ojos sin tiempo para llorar.

Tras repasar, desayunar y vestirme, salí hacia la universidad caminando, sintiendo el frío de la mañana y con tiempo suficiente como para ir meditando lo que tantas veces ya había meditado. ¿Cómo voy a seguir ahora mi vida sin él? Y mi lado más fuerte se enfrentaba con el más realista. Tardaré en recuperarme pero lo haré. Estando con él nunca había sido feliz. Cada minuto a su lado fue de goce y placer, pero de sin vivir y cansancio; cada día era el amor más sincero, y cuanto más sincero se hacía nuestro amor más cerca notábamos la despedida. Nunca me atreví a preguntarle cómo iba a ser capaz de abandonarme, mas vi con mis propios ojos desde ese portal del que ahora salía para ir a mi examen cómo se marchaba sin mirar atrás, sin ver cómo me desplomaba en el suelo, sin ver cómo mi vida dejaba de existir, sin querer ver que yo sólo veía mi futuro a su lado.

Sentir el frío de la mañana era muy agradable, especialmente en el rostro. Caminaba con las manos en los bolsillos y mirando al suelo, ensimismada… ¿cómo podía preocuparme el examen? Mi vida estaba totalmente destrozada. De repente me di cuenta de que otra vez me estaba atormentando con mi desdicha.
Respiré hondo, observé la belleza del aire y la belleza de mi ciudad, y para volver a sentirme optimista y enérgica y poder así recuperar mi felicidad fingida al menos hasta haber terminado el examen pensé en lo rápido que había pasado, en realidad, este mes sin él.

                                                 * * *

Tras cuatro horas escribiendo salí indiferente y volví caminando a casa. Ya está hecho- me dije- ahora me está permitido recordar cómo justo el veinte de diciembre de hace tres años él me proponía conocernos. ¿Por qué entonces, si tenía que marcharse, me pidió esto? Y con un frío algo más cálido por el Sol del medio día llegué a casa. Me quité el abrigo, y mientras lo hacía sonó el teléfono. Sin apenas tiempo para soltar las cosas contesté: ¿Dígame? - ¿María? - Sí – contesté  confundida.  - Soy yo, Said- me dijo su voz desde el otro lado del Mediterráneo. - ¿Cuándo estarán tus padres en casa? Quiero pedirles tu mano.


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