webislam

Miercoles 20 Noviembre 2019 | Al-Arbia 22 Rabi al-Auwal 1441
1248 usuarios en linea | Español · English · عربي

WebIslam.com

» Cuentos

?=0

A veces, hasta la soledad sabe diferenciar entre el capricho y el deber

09/08/2012 - Autor: Salam Adlbi Sibai - Fuente: Más De Una Voz
  • 5me gusta o estoy de acuerdo
  • Compartir en meneame
  • Compartir en facebook
  • Descargar PDF
  • Imprimir
  • Envia a un amigo
  • Estadisticas de la publicación


A veces, hasta la Soledad sabe diferenciar entre el capricho y el deber

Con una risa burlona añadió que le parecía una ridiculez que a estas alturas del siglo XXI hubiera “aún” personas que creen en el paraíso, el infierno, en Dios y en todas “esas cosas”. No supo qué contestarle porque su comentario le pilló desprevenido. Estaría semanas imaginándose su “súper respuesta hipotética”.

Muy típico; en el momento adecuado no sabes qué decir, y después te encuentras tan dolido, herido, molesto, dañado, lastimado y magullado, que pasas horas y horas recreando la escena en tu mente incluyendo sutilmente la respuesta que tenías que haber dado. Estaba cansado.

Se sentía como una pelota de ping-pong entre sus amigos que creen en “esas cosas” y los que no creen en “esas cosas”, ¡por llamarlos de alguna manera! Quedaba con los primeros y se sentía identificado con ellos a nivel de creencias y observancia religiosa, pero no conseguía encajar del todo. Quedaba con los segundos y se sentía identificado con ellos a nivel de algunas de sus críticas socioculturales, pero no conseguía encajar del todo. Había probado frecuentar durante una temporada entera solamente a los primeros. No funcionó. Así que decidió frecuentar durante una temporada exclusivamente a los segundos. Y el resultado fue tener que escuchar minuto sí, minuto también, comentarios como el de arriba. Tampoco funcionó. Respiraba ignorancia en ambos “bandos”, ¡por llamarlos de alguna manera! Existía cierta obsesión, más en los segundos que en los primeros, por descalificar y menospreciar a los “otros” y a sus convicciones, y en “demostrar” su superioridad frente a “ellos”. Se sentía perdido. Finalmente optó por la soledad.

Paseaba solo. Iba al cine solo. Cambió de gimnasio para no tener que ver a ninguno de sus amigos, ni de los primeros, ni de los segundos. Si había una buena función de teatro, ya no se lo anunciaba a nadie, se acercaba sigilosamente a la ventanilla, compraba su entrada y acudía solo. También cambió de mezquita; continuó frecuentando salat el fayir (1) como siempre, pero solo. ¡Hasta abandonó su biblioteca preferida!, y se resignó a ir a la del barrio de al lado, la cual no soportaba porque era demasiado moderna para su gusto; para él: “en una biblioteca tiene que haber libros y punto pelota”.

Incluso abrió una nueva cuenta de facebook, para poder seguir las noticias de la Revolución Siria sin necesidad de tener que soportar el síndrome infantiloide de algunos de sus colegas. El lenguaje de facebook mostraba con maestría la memez de algunos. Si alguien colgaba un post, aunque fuera excelente y les pareciera magnífico, el “me gusta” no lo ponían si la persona que había puesto el post no era “afín a ellos ideológicamente”. De hecho, era algo normal que mostraran su  idiocia a través de facebook, cuando, desde hace meses, algunos habían retirado el saludo a sus compañeros, solamente por pensar diferente a ellos y no tener miedo ni reparo en expresarlo en público. Es más, algunos hacían un seguimiento minucioso de las publicaciones de sus “enemigos”, y eran capaces de aguantar no poner “me gusta” a todos los aspectos positivos, para en el momento en el que apareciera un error o una crítica de terceros “saltar a la yugular” y lucir el “me gusta” donde más duele. No, definitivamente prefería su nueva cuenta de facebook. La soledad comenzó a convertirse en su mejor amiga  y sus padres, preocupados por él, decidieron que tenían que hacer algo. No podían cruzarse de brazos y dejar que su hijo hiciera menguar su propia juventud. Primero se reunieron con él:

“(…) la soledad tiene límites y la frontera entre elegirla y que te elija ella a ti es muy fina, y en el momento en el que menos te lo esperas y sin darte cuenta, apareces en el otro lado. En ese instante, ya no hay marcha atrás (…)”.

A pesar de lo terrorífico de la versión de sus padres acerca de la soledad, siguió sin hacer ningún cambio en su vida. Por lo que el segundo paso que dieron fue llamar a algunos de sus amigos y pedirles que le invitaran a salir. Los amigos, obedientemente lo hicieron. Pero él, les dio excusas suficientes para evitarles. El tercer y último paso, antes de caer ellos también en una depresión profunda, fue intentar propiciar las circunstancias adecuadas para que conociera a una buena chica, “¡quizás el amor le saque de la crisis en la que se encuentra!”, pensaban. Pero fracasaron. Ninguna chica consiguió estremecerle el corazón.

Y así fueron pasando los días y las semanas. Nada le había perturbado, ni sorprendido, ni extrañado, ni llamado la atención, excepto la presencia continua de aquella joven. Estaba en todos los lugares en los que él estaba. Haciendo lo mismo que él hacía. Mirara a dónde mirara, estaba allí, mirándole irritada. Continuamente pensaba en que tenía que averiguar quién era, pero no lo hizo hasta que llegó aquel martes, 13. Salía del cine enfurecido, había cometido el error de ir a ver la película de “El dictador”. Fue una tortura. Ver cómo se repiten los viejos estereotipos, con el mismo mal sabor sarcástico y necio. “¡Menuda porquería!” Exclamó indignado. Entonces volvió a ver esos grandes ojos de color miel, llenos de reproche. Lo curioso era que cuando la pillaba mirándolo, no se inmutaba, le seguía mirando. Cuando lo normal sería que, avergonzada, desviara la mirada rápidamente. Pero no. Ella sostenía con enfado la mirada durante unos segundos y después se daba media vuelta, dejando claro quién mandaba en esa toma y daca de miradas, dejando claro quién tenía el control. Ya lo había hecho en la biblioteca, en la mezquita, ¡y ahora en el cine! “¡Esto es el colmo de los colmos! ¿Será una espía?” Se había preguntado varias veces. Especialmente porque no era la primera vez que un activista era perseguido por un esbirro de la embajada del régimen en Madrid (2); habían perseguido a su prima, e incluso le habían dicho “que sabían dónde vivía y cuántos años tiene su hijo”. Aún así, no se podía creer que fuera una pro-régimen.

Creía haber visto que llevaba en la muñeca una pulsera con la bandera de la libertad ¿o fue un espejismo? Más de una vez se había dicho a sí mismo que se enfrentaría a ella. Pero al final nunca lo hacía. Le inspiraba mucho respeto, y sí, ¿por qué no admitirlo? También algo de miedo. Aquel martes, 13, había tomado una decisión. Era hora de preguntarle quién era, qué quería, por qué le perseguía, ¡por qué estaba siempre enfadada con él! La siguió. Era difícil, iba muy rápido y la lluvia, en más de una ocasión, iba a provocar que perdiera su rastro. Ni siquiera reconocía las calles por las que iba corriendo, a pesar de que conocía Madrid tramo a tramo y era la única ciudad en la que jamás se había perdido. Toda su concentración estaba en alcanzarla. ¡Cómo sea! Sentía que era su última oportunidad y que mañana no estaría en la biblioteca, ni en la mezquita, ni en el cine. Tenía que hablar con ella ahora…o nunca. Algo dentro de él se lo exigía.

-¡Espera! –Gritó- ¡espera! ¡Necesito hablar contigo! ¡¿Quién eres?! -Ante esta última pregunta, la joven, se paró en seco. Giró solamente el cuello y contestó fríamente:

-Sabes quién soy.

-No, no lo sé.

-Si no lo supieras no me hubieras seguido.

-¡Tú me has estado siguiendo a mí! –Le acusó señalándola con el dedo.

-¿Yo? –preguntó extrañada.

-Sí, ¡estás en todas partes! En la biblioteca, en la mezquita –cuando vio que su interlocutora fruncía el ceño con irritación, añadió tímidamente: ¿no vas a mi biblioteca, a mi…?

-No estoy en todas partes –le cortó con cara de pocos amigos- Solamente estoy dónde tú estás. –añadió enigmáticamente.

-¡A eso me estaba refiriendo! –Replicó disgustado, pensando que la chica le estaba tomando el pelo- ¡y siempre estás enfadada, ni siquiera sé quién eres!

Ante tal afirmación la chica mostró estar claramente ofendida:

-¡¿No sabes quién soy?! -exclamó- Debería de darte vergüenza -refunfuño-. ¡¡Todos sois iguales!! Eres tú el que me llevas persiguiendo desde hace un mes, reclamando mi presencia, suplicándome que esté a tu lado. Intento evitarte y no me dejas en paz. ¡Me quieres solamente para ti, apenas me dejas tiempo para respirar!

Miró a su derecha y a su izquierda, en busca de una cámara. Pensaba que alguien le estaba echando una broma de mal gusto. ¿Qué él la reclamaba, qué no la dejaba en paz? ¡Qué la quería solamente para él!

-Mira –comenzó a decir mientras agitaba la cabeza como si deseara despertar de un mal sueño- debe de haber un malentendido, no he querido ofenderte, ¿vale? Me voy.

-¿Para qué, para volver a encontrarte conmigo a la vuelta de la esquina? –Le dijo con tono de intencionada provocación.

-Oye, no sé qué te han contado de mí, pero soy un chico muy pacífico y no he acosado jamás a una chica, de hecho, aunque eres mi tipo –reconoció avergonzado- ese no es mi estilo –añadió con firmeza.

-¡Por Dios, qué insolente! –Exclamó indignada- Nadie me ha contado nada de ti. ¡Tú me lo has contado todo!, ¿no recuerdas? –le preguntó con más calma- aquel día, en el que estabas muy enfadado, porque una de tus amigas se mofó de tus creencias, y aquella tarde en la que estabas harto de la hipocresía de tu amigo de la infancia. ¿No recuerdas cuándo me contaste que ya no aguantabas que utilizara su supuesta religiosidad y memorización del Kur’an (3) para hacerse pasar por un ángel caído del cielo?

-¿Qué? ¿Pero cómo puedes saber todo…?

-¿Y aquella noche? –Le interrumpió convencida de que acabaría recordando- cuando juraste y perjuraste que no volverías a salir con ninguno de tus amigos, alegando que yo era suficiente para ti, ¿lo recuerdas? –Le apremió.

-¿Quién eres tú? –volvió a preguntar dando un paso hacia atrás, mientras sentía cómo se le erizaban los pelos de la nuca.

-Por eso estoy enfadada contigo. –Añadió con un tono amistoso, súbitamente lleno de cariño.

-No…no, no puede ser… -balbuceó- he debido de tomar demasiada…

-Haces mal -sentenció- No me debes lealtad. No soy buena compañía. Me necesitas, pero no solamente a mí. ¿No lo comprendes? ¡Tú eres de centro! Si no fuera por eso, no te hubiera avisado. ¡Esa es la única razón por la cual no puedo elegirte!

-¿Cómo que de centro? –preguntó por primera vez con interés, dejándose llevar por la incoherente conversación.

-De centro, de posición equilibrada, moderada, llámalo como quieras, ¡pero lo importante es que estás alejado de los extremos, estás en el medio!, ves los errores de los que están cegados por su ideología, por eso no encajas en ninguno de los dos lados. ¡Porque eres de centro! ¡Y una persona de centro nunca, nunca –repitió con insistencia- debe tenerme de amiga principal!

-Pero yo…yo…te quiero. –Dijo sin creer lo que acababa de decir, sin embargo y sencillamente, era lo que sentía.

-Pero no nací para ser querida, nací para ser necesitada, y más tarde odiada y repudiada –replicó con una sonrisa de madre consoladora.

-¿Repudiada? ¿Por quién? –Preguntó incrédulo.

-Por todas las personas, por todos los seres humanos, como tiene que ser… –dijo alegremente- ¿qué será del mundo si los del centro lo abandonan para estar conmigo? No te ofendas, pero elegirme a mí, es de cobardes. En lugar de lanzarte, discutir, razonar, dialogar, debatir, ¿te quedas conmigo? Yo solamente te puedo ayudar a aclararte las ideas, a tranquilizarte, a prepararte para enfrentarte a lo que te da miedo, a lo que amas, a lo que odias, pero después de eso, ¡te puedo deformar, atrofiar, volver loco!

-Creo que ya estoy loco… -murmuró.

-No nacisteis para estar conmigo. Nacisteis para estar con los demás. El mejor regalo que les puedes dar a los que están encerrados en el laberinto de sus ideas, es lavaros las manos y dejarles a ellos que lleven las riendas. Esa es la respuesta a tu pregunta.

-¿Por eso los de abajo nunca llegamos al poder? –preguntó inseguro.

-Elegís siempre el camino más fácil.

Un extraño silencio gobernó la conversación durante unos segundos interrumpido por una llamada lejana: “¡Soledad, soledad!” -Oyeron los dos.

-Me llaman –dijo mientras le comenzaban a caer tímidas lágrimas por los ojos –Créeme, me hubiera gustado embaucarte con mi compañía, pero a veces, hasta la soledad sabe diferenciar entre el capricho y el deber.

(1)   (صلاة الفجر el rezo del alba)
(2)  Actualmente el embajador del régimen en Madrid está expulsado. http://www.abc.es/20120529/espana/abci-espaa-expulsa-embajador-siria-201205291350.html Sin embargo, en los primeros meses de la Revolución (15.03.2011), la embajada del régimen en Madrid llevó a cabo actividades de acoso contra algunas de las personas que se manifestaban todos los domingos frente a la misma en apoyo a la Revolución legítima del pueblo sirio.
(3)  Se trata de una crítica sociocultural a la creencia de que por el hecho de memorizar el sagrado Kur’an (el sagrado Corán) se es automáticamente una buena persona.

Anuncios
Relacionados

Reflexión en el Polo

Artículos - 15/01/2001

Temas de reflexión

Artículos - 20/11/2004

En un momento de reflexión

Artículos - 10/03/2006



Escribir comentario

Debes iniciar sesión para escribir comentarios.

Si no estás registrado puedes registrarte en un minuto.

  • Esta es la opinión de los internautas, no de Webislam
  • No están permitidos comentarios discriminatorios, injuriantes o contrarios a la ley
  • Céntrate en el tema, escribe correctamente y no escribas todo en mayúsculas
  • Eliminaremos los comentarios fuera de tema, inapropiados o ilegibles

play
play
play
play
Colabora


 

Junta Islámica - Avda. Trassierra, 52 - 14011 - Córdoba - España - Teléfono: (+34) 957 634 071

 

Junta Islámica
https://www.webislam.co/cuentos/75896-a_veces_hasta_la_soledad_sabe_diferenciar_entre_el_capricho_y_el_deber.html