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La paloma y el cálamo

Cuentos de Damasco

19/06/2012 - Autor: Paco López Martín - Fuente: Blog del autor
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El Ocaso de la paloma, foto de Paco López

Érase una vez en Damasco, en aquellos días lejanos cuando reinaba la paz.

Se cuenta,  que el hijo del jardinero del palacio Azem encontró una paloma enferma, casi inmóvil en un parterre del jardín.

Agachándose, la acaricia y pregunta:
“¿Qué te ocurre?”
- “Estoy enferma  - responde la paloma - de miedo por el futuro que he visto, enferma de muerte por el sufrimiento y dolor que se cernirán sobre esta tierra”.
“¿No puedo curarte?”
- “Nada ni nadie puede curar el horror de la visión, nada más puedo decirte.
-  El futuro a los humanos se les revela sólo a su tiempo.
-  No obstante déjame cumplir con mi misión ya que me queda poco tiempo”.
“Escucha”:

“Arranca y toma para ti una pluma,
de mi pecho, junto al corazón,
la pluma tornasolada, verde. azulada.

Y mis ojos, serán tus ojos,
mis alas, tu dirección,
mi pluma, tu cálamo
mi vuelo, tu inspiración”

-  “Se me ha encargado revelarte – continuó la paloma -  que tu misión en la vida será la búsqueda y la lucha por la paz”.

-  “Pero… ¿Qué puedo hacer yo?  Desde mi nacimiento vivo entre estos altos muros mi señor, el gobernador, me cuida y sustenta, raras veces salgo salvo para ir a encargos al zoco. Apenas tengo contacto con el mundo exterior no hablo más que con el granado, los geranios,  las adelfas y ahora contigo. Y hasta dudo por ello de mi cordura. Sólo Salomón tenía esa cualidad y yo soy solo un labrador”.

- “Sigue estas simples instrucciones –le indicó la paloma -: Escribe con mi pluma y siempre con tinta verde, deja fluir tu pensamiento y libre el movimiento de tu mano”.
El muchacho acarició a la paloma mientras expiraba, la enterró cuidadosamente al pie de un olivo joven y se despidió de ella de la siguiente forma:

"¡Que la paz sea siempre contigo!
Que tu viaje sea como el del Profeta y que te dirija a los jardines prometidos
y que en ellos encuentres todo lo que te faltó en tu existencia terrenal.
Allí, si Dios lo quiere, nos reuniremos".

Después de lo acaecido, el muchacho siguió con su tarea meditando todo ello y decidió comprobar si todo había sido un sueño.
Al final del día fue al bazar, compró papel y tinta y en la soledad de su habitación tomó una hoja y en ella escribió cuatro preguntas:
¿Quién soy?
¿De Dónde vengo?
¿Cuál es mi fortuna?
¿A quién me dirijo?

Al cabo de un momento su mano, tenuemente iluminada  por la vela, como dirigida empezó a moverse y pausadamente a escribir:

Yo soy
El hijo de la palmera
del olivo y de la higuera.
de la parra y del jazmín
de la caña y la yuca
de la chumbera y la vid.

Yo soy
Del naranjo y el limonero,
del pino y el ciprés
Del tomillo y el romero,
hijo de jardinero.

Yo soy
de piedra y de hiedra.
del huerto y del jardín,
mi aliento es albahaca y yerbabuena.

La acequia, el manantial y la fuente,
son la sangre que corre por mis venas.

Mi piel las tierras y las arenas.

Mis ojos son agua del mar,
del color de los azules y las nubes,
del cielo.

Mi voz es la brisa del Mediterráneo.

Yo soy
hijo de Oriente,
del desierto y del oasis,
y del viento de Poniente,
del minarete,
y del sol naciente.

Yo soy

de la duna y de la luna.
Esta es toda mi fortuna.

Y esta es Padre, mi oración:

A Ti me dirijo:
Trátame con compasión.
Que vengo desde Ur, de Caldea.
De largo viaje, ya cansado.

Cuidadosamente apartó y limpió el cálamo y comprobó que nada era imaginario.

Meditó sobre el escrito, el extraño suceso de la paloma, y comprendió no solo de donde venía, sino a donde se dirigía, de quien finalmente era hijo, y,  que la misión de la paloma era muy simple: que continuara la labor que ella agotada, derrotada y desesperada no pudo acabar. Y a ello y con todas sus fuerzas dedicó el muchacho todos los días hasta el fin de su vida.

Este ¿cuento? no tiene final, lo busca y no lo encuentra.

Hoy, quien lea estas líneas habrá comprendido que el hijo del jardinero cumplió con su misión en un tiempo lejano y que a todos nosotros nos entrega el testigo de aquella “paloma de paz muerta”  por la visión del horror  de lo que hoy en día sucede en Siria.

Quizás comprendas: Que la pluma tornasolada, verde azulada, la tinta y el cálamo puede que sean estas líneas y las que tú escribas.
Tus obras. Tu lucha. Tu pluma y tu inteligencia contra la barbarie y el horror.
Yo, como el hijo del jardinero,  en mi hoja de papel, escribo la siguiente pregunta:

¿Cómo podemos desde aquí acabar con la guerra?
¿Cómo podemos desde aquí acabar con la tortura?
¿Cómo podemos desde aquí acabar con la muerte de niños inocentes?

Dejemos, como en el cuento, la imaginación y la mano libres, esperando respuesta… y Ayuda.
Y si te gané para el ejército de la paz, habrá sido mi mayor satisfacción y mi mayor logro.

¡Sea siempre la paz con Siria, con el mundo y contigo que me seguiste hasta aquí!


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